lunes, 17 de enero de 2011

Testimonio de María Isidra Bernaldo de Quirós Villanueva - Historia Oral - primera parte



Lugar de entrevista AGN
Fecha de la entrevista 12/07/2006
Investigador: Aquiles Castro
Transcripción: Esmirnalee Santana
Proyecto: Refugiados Españoles

*    Presentación. Nació en Madrid, España. (Dice que tiene 83 años).

Aquiles Castro (AC). Estamos en el Archivo General de la Nación en el programa de Historia Oral. Hoy es miércoles 12 de julio, 2006, son las nueve y unos minutos, ya, de la mañana, vamos a conversar con doña María Isidra Bernaldo de Quirós Villanueva; 83 años, sobre un tema acerca del cual el Archivo tiene interés, y es relacionado con sus vivencias en condición de partes de los Refugiados Españoles que llegaron, hace ya unas décadas, a República Dominicana, y a partir de este hecho, su experiencia de vida.

En ese sentido quisiéramos, primero; que usted, ya le dije antes, se sienta que es una conversación informal, y cabe la expresión que estamos en confianza, la seguridad que su testimonio va a ser dispuesto a favor de los investigadores, de las personas interesadas en conocer sobre estos hechos, y que en ese sentido se le dará el mejor de los usos en la institución.

Nos gustaría, en principio, que usted nos repita, para fines de registro, su nombre, su edad, su ocupación, estas generales, la dirección suya, para que quede registrado, y que de inmediato, luego, entonces usted nos cuente un poco de cómo era su vida antes de llegar aquí, o sea, en España; en el marco de la Guerra Civil o inmediatamente previo, un poco como para ambientarnos de dónde viene. Sabemos que, bueno, pocos años, muy, muy, muy joven, pero lo que usted, allá atrás, puede estar recordando, para tomarlo como punto de partida en esta conversación.

María Isidra Bernaldo de Quirós Villanueva (María Isidra). Bueno, yo soy María Isidra Bernaldo de Quirós Villanueva, tengo ambas nacionalidades, de lo cual, me siento muy orgullosa de tener la dominicana.

Mi vida en España, yo de jovencita…, iba al liceo de francés de Madrid, donde estudié, y luego, siempre estuve muy asociada a la sierra, a la montaña. Y qué más le puedo decir, llegó la Guerra Civil; ah, tengo 83 años, nací en Madrid, y allá viví hasta que nos trasladamos a Valencia y a Barcelona para el exilio.


*    Sobre la Guerra Civil Española: expresa que las mujeres también participaron. Anécdotas de la guerra.

La guerra empezó el 16 de julio de 1936, la primera intervención fue en el cuartel de la montaña, en Madrid, allá asaltaron el Ejército. El pueblo, inmediatamente, se tiró a la calle, y surgieron las milicias irregulares del pueblo, se unieron tanto hombres como mujeres; las mujeres, igual, cogieron las armas y se pusieron su traje de soldado. Yo no estaba en Madrid, yo en esos momentos estaba en Valsaín, o sea, la sierra, donde leganeábamos, yo me encontraba sola con mi hermano Juan.

Al principio de la guerra, el gobierno perdió un poco el control, y los pueblos del interior, tan pronto un día estaban los rebeldes, que eran los franquistas, como al otro día estaban los republicanos, ya.

Entonces yo estaba en Valsaín, como les dije, con mi hermano, y allá… un día pasó una caravana, mi hermano sí me había hecho observar, a pesar de yo era jovencita, de que se oían muchos cañonazos y mucho tableteo de ametralladora. En Segovia, que estaba muy cerca a Valsaín, estaba la escuela de artillería del Ejército, y era claro que ya se estaban preparando para la insurrección. Entonces, un buen día se pasaron unos camiones y empezaron a ametrallar unos aviones, no sabíamos si esos camiones eran republicanos o eran franquistas, pero inmediatamente nos dimos cuenta porque aparecieron los caza republicanos. Se tiraron de los camiones y nos tocaban en las puertas, porque ese sitio era un lugar: La Pradera de Valsaín, donde vivían obreros del corte de pino, de los aserraderos. Entonces nos dimos cuenta que eran franquistas, y claro, el pueblo de Valsaín, La pradera, no el pueblo La Pradera, cerró todas sus puertas. Los franquistas nos tocaban en la puerta y nos decían: “¡Obrero, obrero, somos tus amigos, abridnos!”, pero nadie abrió las puertas, Valsaín era republicano. Ahí iba el hijo de Lalo Caballero, que le llevaban prisionero desde Madrid, y luego, cuando llegaron a Segovia, le fusilaron, hijo de Lalo Caballero, yo no lo vi. 

AC. Lalo Caballero ¿quién era?

María Isidra. Era un líder socialista. Llegaron los aviones nuestros y empezaron a bombardear la caravana, y entonces imagínese usted, mi hermano Juan nos dijo: “¡todo el mundo debajo de la cama!”, y nos metimos debajo de la cama, porque eran casitas de madera. Bueno, eso pasó, y ya, volvimos a salir al pueblo, pero entonces los franquistas volvieron a casi todos los veraneantes, porque era un lugar de veraneo, en la montaña, a casi todos los veraneantes, y algunos obreros de allá se los llevaron al cementerio sin más ni más, y los iban a fusilar, entre ellos estaba mi hermano Juan y un hermano de uno que luego fue mi cuñado, Adolfo Cabeza; entonces se los llevaron al cementerio para fusilarlos, pero en ese grupo de gentes que se llevaron para fusilar había uno recién casado, se armó un problema, la mujer llorando, y qué sé yo qué, y pudieron escapar todos. Entonces, en casi todos los hombres de Valsaín, que eran los obreros de los aserraderos, y mi hermano, entre ellos, se unió ellos y se fueron al monte, yo me quedé con la familia de la casita que todos los años alquilábamos, una gente magnífica.

Me llevaron, entonces, para mayor seguridad con ellos, al pueblo de Valsaín, entonces ahí, en el pueblo de Valsaín, yo vivía con esta familia, no fueron muchos días, como una semana; y un día me llamaron allá, un campesino de los de allá, que entraban por la noche y salían, que por la radio, el general Pozas, que yo me imagino que en ese entonces era jefe del Ejército Republicano, llamaba por la radio, que mi hermano Juan Bernaldo de Quirós y su hermana, que si nos podían ayudar que nos ayudaran para pasar a las líneas republicanas. Me dijo esa persona que yo saliera al otro día sin nada en las manos, como yo acostumbraba a salir a andar por el campo y arriba a bañarme, sin nada en las manos y lo más corriente; pero que fuera a avisar al hermano del que era novio de mi hermana, luego mi cuñado, que se fueran conmigo a las líneas republicanas.

Yo lo hice como me dijeron, fui a casa de ellos, pero ellos no quisieron salir, ellos no eran políticos, igual que mi familia, mi familia no era política; pero claro, ellos se tiraban más a la derecha que a los republicanos. Las hermanas dijeron que no, que por qué se iban a ir, que eso pasaría en unos días y que a ellos no les iba a pasar nada ya. El hermano, claro, no dejó a las hermanas, eran ya mayorsitas, eran solteronas, y no se fue. Entonces yo bajé mis escaleras de esa casa, y cogí el camino que me indicaron, mi hermano me iba a estar esperando en el puente… un puente muy conocido por nosotros porque siempre andábamos por ahí, para ir a bañarnos a los ríos. Yo cogí el camino, y cuando llegué cerca del puente, de entre las yerbas salió mi hermano; entonces me dijo: “salte de la carretera, entra adentro del pinal, que vamos a caminar por pinal adentro”. Caminamos por pinal adentro entre helechos que casi nos cubrían, jara, que era la flor de la época, la flor de esa época, de la montaña, muy querida por mi padre.

Entonces, seguimos caminando cerca de la orilla de la carretera, no muy cercano, para oír alguien que pasara, que viéramos que era republicano y que nos pudiera ayudar; cuando oíamos que venía algún motor, mi hermano me decía: “¡tírate al piso!”, nos tirábamos entre los helechos. Pero ya en una de esas pasó un camión, que yo no sé cómo mi hermano lo identificó, pero era republicano, efectivamente; yo me imagino que mi hermano lo identificaría porque iban mujeres, que en el lado franquista no lo hubo, las mujeres se unieron a la milicia. Y entonces paramos el camión, el camión echó un poco para atrás, mi hermano se identificó, dijo que el general Poza nos estaba llamando por radio, que nos ayudaran y que si nos podían encaminar a donde ellos fueran. El camión se dirigía al Paular, el Paular era un sitio muy conocido en la tierra por su trayectoria histórica, bueno, eso se hablaría otro día; y entonces, allá estaba la primera línea republicana.

Cuando nos dirigimos al camión nos dimos cuenta que el camión, lo que iba todo, eran cajones de material bélico, y ahí hicimos todo el viaje hasta el Paular. En el Paular bajamos y nos dieron de comer, y llamaron al Ejército, al general Poza, para decir que habíamos aparecido; en el camión primero, que salió para Madrid, nos fuimos. El camión se paró en la plaza de Bilbao, a mí me emocionó mucho cuando llegué, porque había un movimiento, era un movimiento grande de mujeres y de hombres, y muchos camiones cargados de milicianos, que al paso, todo el mundo alzaba el puño y saludaba ¿verdad?

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