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 Independencia Nacioanal República Dominicana (Documento historico - original)











Mapas de la Isla de Santo Domingo

 


 

Acta de independencia de la República Dominicana de 1863.

Acta de independencia de la República Dominicana de 1863, en el contexto de la revolución restauradora

Nosotros,  los habitantes de la parte de España de la Isla de Santo Domingo, manifestamos por medio de la presente acta de Independencia, ante Dios, el mundo entero y el Trono de España, los justos y legales motivos que nos han obligado a tomar las armas para restaurar la República Dominicana y reconquistar nuestra libertad: el primero, el más precioso de los derechos con que el hombre fue favorecido por el Supremo hacedor del Universo, justificando así nuestra conducta arreglada y nuestro imprescindible obrar, toda vez que otros medios suaves y persuasivos, uno de ellos muy elocuente, nuestro descontento empleado oportunamente, no han sido bastantes para persuadir al Trono de Castilla  de que nuestra anexión a la Corona no fue la obra de nuestra espontánea voluntad,  sino el querer fementido del general Santana y de sus secuaces, quienes en la desesperación de su indefectible caída del poder, tomaron el partido de entregar la República, obra de grandes y cruentos sacrificios, bajo el pretexto de anexión al poder de España, permitiendo que descendiese el pabellón cruzado, enarbolado por el mismo general Santana, a costa de la sangre del pueblo dominicano, con mil patíbulos de triste recordación.

Por magnánimas que hayan sido las intenciones y acogidas de S.M. Doña Isabel II (Q.D.G.), respecto del Pueblo Dominicano, al atravesar el Atlántico, y al ser ejecutadas por sus mandatarios subalternos, ellas se han transformado en medidas bárbaras y tiránicas, que este pueblo no ha podido ni debido sufrir. Para así probarlo, basta decir que hemos sido mandados por un Buceta y un Campillo, cuyos hechos son bien notorios.

La anexión de la República Dominicana a la Corona de España ha sido la voluntad de un solo hombre que la ha domeñado; nuestros más  sagrados derechos, conquistados con 18 años de inmensos sacrificios, han sido traicionados y vendidos; el Gabinete de La Nación Española ha sido engañado, y engañados también muchos de los dominicanos de valía e influencia, con promesas que no han sido cumplidas, con ofertas luego desmentidas. Pronunciamientos, manifestaciones de los pueblos arrancadas por la coacción, ora moral, ora física,  de nuestro opresor y los esbirros que le rodean, remitidas al gobierno español, le hicieron creer falsamente nuestra espontaneidad para anexarnos; empero, muy en breve, convencidos los pueblos del engaño y perfidia, levantaron su cabeza y principiaron a hacer esfuerzos gloriosos, aunque por desgracia inútiles, al volver de la sorpresa que les produjera tan monstruosos hecho, para recobrar su Independencia perdida, su Libertad anonadada. Digan sino, las víctimas de Moca, San Juan, Las Matas, El Cercado, Santiago, Guayubín, Montecristi, Sabaneta, Puerto Plata.
¿Y cómo  ha ejercido España el dominio que indebidamente adquirió sobre unos pueblos libres? La opresión de todo género, las restricciones y la exacción de contribuciones desconocidas e inmerecidas, fueron muy luego puestas en ejercicio.

¿Ha observado por ventura para con un pueblo que se le había sometido, aunque de mal grado, las leyes de los países cultos y civilizados, guardando y respetando cual debía las conveniencias, las costumbres, el carácter y los derechos naturales de todo hombre en sociedad? Lejos de eso: los hábitos de un pueblo libre por muchos años han sido contrariados impolíticamente, no con aquella luz vivificadora y que ilustra sino con un fuego quemante y de exterminio, escarnio, desprecio, marcada arrogancia, persecución y patíbulos inmerecidos y escandaloso, son los únicos resultados que hemos obtenido, cual corderos, de los subalternos del Trono español, a cuyas manos se confiara nuestra suerte.

El incendio la devastación de nuestras poblaciones, las esposas sin sus esposos, los hijos sin sus padres, la pérdida de nuestros intereses, y la miseria, en fin; he aquí los gajes que hemos obtenido de nuestra forzada y falaz anexión al Trono Español.-Todo lo hemos perdido; pero nos queda nuestra Independencia y Libertad, por las cuales estamos dispuestos a derramar nuestra última gota de sangre.

Si el gobierno de España es político, si consulta sus intereses y también los nuestros, debe persuadirse de que a un pueblo que por largo tiempo ha gustado y gozado la Libertad no es posible sojuzgársele sin el exterminio del último de sus hombres. De ello debe persuadirse la augusta Soberana Doña Isabel II, cuya hermosa alma conocemos, y cuyos filantrópicos sentimientos confesamos y respetamos; pero S.M. ha sido engañada por la perfidia del que fue nuestro Presidente, el general Pedro Santana y la de sus ministros; y lo que ha tenido un origen vicioso, no puede ser válido  por el transcurso del tiempo.

He aquí las razones legales y los muy justos motivos que nos han obligado a tomar las armas y a defendernos como lo hemos hecho siempre de la dominación que nos oprime, y que viola nuestros sacrosantos derechos, así como las leyes opresoras que no han debido imponérsenos.

El mundo conocerá nuestra justicia y fallará. El gobierno Español deberá conocerla también, respetarla y obrar en consecuencia.

Santiago de los Caballeros, Setiembre 14 de 1863

Firmados: Gaspar Polanco, Gregorio Luperón, José A. Salcedo, Benito Monción, Benigno Filomeno de Rojas, P. Pujols, J. Belisario Curiel, Pedro francisco Bonó, Genaro Perpiñán, Juan Antonio Polanco, Ricardo Curiel, Pedro A. Pimentel, Ulises F. Espaillat, H.S. Riobé, F.A. Salcedo, Esteban Almanza, Juan V. Curiel, Cirilo castellanos, Juan A. Vila, F. Scheffemberg, Ramón Almonte, Dr. M. Ponce de León, Francisco Casado, J. Epifanio Márquez, Dionisio Troncoso, Pbro. Miguel Quesada, R. Velásquez, Gavino Crespo, Francisco Reyes, Anastasio Mercado, José Herrera, Juan María Jiménez, Santiago Petitón, José Miguel Reyes, Jacobo Rodríguez, Pedro E. Curiel, Rafael Gómez, Domingo A. Rodríguez hijo, José J. López, Pablo López, José Hernández, J. Ramón Valcárcel, Marcelino Rodríguez, Secundino Espaillat, R. Gómez, Joaquín Díaz, Manuel de J. Reyes, Ramón de Polanco, Andrés Tolentino, Francisco A. de Peña, Manuel Tejada, Ramón López, Bonifacio Saviñón, Ulpiano de Córdoba, Eugenio Valerio, Domingo Miguel Pichardo, Ramón Batista Remigio Batista Evaristo Aybar, José Espaillat, Federico Miranda, Tancredo Fondear, Miguel Muñoz, Faustino García, Wenceslao Reyes, M. R. Rodríguez, Juan de Jesús Megia,  Manuel López, Francisco Javier Angulo Guridi, Francisco Ángela, Furcy Fondear, Esteban Aybar, José J. Méndez, Santos Quesada, Miguel A. Román, Martín de Moya, Virgilio López, Sebastián María Poncerrate, Isidoro Pacheco, Feliz María García, Daniel J. Pichardo, Sebastián Pichardo, Manuel A. Román, Eugenio Fondear, Vicente Morel, Emeterio Disla, Alejandro A. Reyes, Vicente Tavares, Manuel de Jesús Tavares, José A. Olavarrieta, Macario de Lora, Juan E. Gil, Antonio Ureña, Juan Antonio Pichardo, Clisancio de los Santos, Pedro Tapia, Basilio Tapia, Doroteo A. Tapia, Tomas Cocco hijo, Manuel de Jesús de Vargas, Juan José de Vargas, Sebastián Valverde, Agustín F. Bidó, Santiago de Lora, Florencio Calderos, Telésforo Reynoso, Manuel María Grullón, Buenaventura Grullón, Juan Ricardo, Justiniano Curiel,  José R. Curiel, Manuel Ma. Curiel, Manuel María Abreu, Joaquín Valcárcel, Manuel María Ramos, Faustino Caballero, Ramos Guzmán, Bone Angrand, Simón Valdés, Santiago Ureña, Siverio Almonte, Pedro A. Batista, Ramón Calderón, José Michel, Tomás Morillo, Eusebio Gómez, Santiago Favera, Juan del Rosario, Zacarías Ferreira, Zacarías Espinal, Adolfo de Lara, Benigno de Lara, Gregorio Ureña, Fermín Cepeda, Manuel de Jesús Raposo, Tomás  Aybar, Raymundo Camejo, Narciso Román, Manuel de Jesús Núñez, Emeterio Morel, Joaquín Silva, José Gabriel García, Santos Murasachi, Narciso Quintro, Federico Morel, José María García, Filomeno Beato, Marcos Mejia, etc., etc., etc. (siguen más firmas).

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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