Criticas al libro: "Trujillo, mi padre en mis memorias" escrito por María de los Ángeles Trujillo de Domínguez, Angelita.
Valiente actividad efectuada en el Archivo General de la Nación www.agn.gov.do donde se aportan interesantes verdades sobre el triste periodo de la Dictadura de Trujillo (1930-1961)
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miércoles, 12 de marzo de 2014
Trujillo, mi padre en mis memorias
miércoles, 8 de junio de 2011
Roberto Cassá y el libro de Angelita: "La Perversidad Recurrente del Trujillismo"
Por Roberto Cassá






Hubo desarrollo económico capitalista pero no progreso. Por esto resulta inadmisible hablar de realizaciones o de aspectos “positivos”. Progreso implica la humanización progresiva de la sociedad, y el trujillato representaba lo contrario. No hay progreso sin dignidad, sin libertad, sin el imperio de la ética, sin participación, sin desarrollo educativo genuino. El avance material formó parte del remolino de horrores.
La comparación con el presente, a la que hice alusión más arriba, constituye otro de los tópicos del sofisma de la ideología trujillista. Es indiscutible que el esquema de la democracia posterior a 1978 no ha cumplido con un desideratum genuino. Es indiscutible también que han aparecido nuevos problemas que se adicionan a los anteriores. Pero no quiere decir que el ordenamiento político que existe hoy sea más negativo que el instaurado en 1930. Es fácilmente demostrable con indicadores económicos que el pueblo vive mucho mejor que antes, aunque las condiciones de la mayoría pobre continúe siendo altamente deplorables. El desarrollo económico impulsado por el régimen despótico no podía repercutir en una mejoría de la condición de vida de la gente ya que se puso en operación una maquinaria infernal que succionaba todas las riquezas, hasta los niveles más infinitesimales, hacia las arcas de papá y, en menor media, de los integrantes de la corte de familiares y secuaces. Todos los indicadores sociales resultan indiscutibles en cuanto a mejorías puntuales respecto al pasado. Y no es pequeña cosa y sin que por supuesto, en sentido contrario, se pretenda hacer la apología del presente. Pero si persisten graves problemas y han aparecido otros no se debe a que se haya dejado atrás el trujillato. Más bien es lo contrario: muchos de los problemas de que está aquejada nuestra sociedad todavía, como la persistencia de estilos autoritarios, son en parte atribuibles a que no se ha practicado la necesaria cirugía de las masas purulentas del espíritu del trujillismo.
La solución de los problemas no puede estribar en una reorientación hacia el pasado, como pretenden los sicofantes redactores de esta porquería. La agenda que tiene por delante el logro del progreso social presupone la orientación exactamente inversa de lo que representó el trujillismo. Nada es más importante, en primer lugar, que la libertad. El espíritu de la equidad social, obligado ingrediente del único progreso posible, también es lo inverso de aquel régimen en que se concentró la riqueza de forma inaudita.
(El evento tuvo lugar en el Archivo General de la Nación, el 20 de mayo del 2010)
Ponencia de Roberto Cassá en el debate del libro de Angelita "Trujillo mi padre".
Participo en este encuentro acerca del libro atribuido a María de los Ángeles Trujillo (Angelita), Trujillo. Mi padre con el fin de exponer opiniones personales. Aclaro que el hecho de ser yo director general del Archivo General de la Nación, institución que convoca esta noche, no la compromete en ningún sentido, puesto que posicionamientos de ese género no forman parte de sus atribuciones. He querido traer escrita la ponencia para, en aras de la economía del tiempo, obviar por adelantado hacer referencia a las posiciones que expresen los demás expositores que me acompañan.

Roberto Cassá junto a Mario Bonetti, Bernardo Vega y Euclides Gutierrez Felix debatiendo el libro de Angélita Trujillo
Este encuentro se celebra por haberse considerado valederos los motivos de la solicitud del profesor Mario Bonetti. Pero si asisto como expositor es porque pienso que lo que procede analizarse no es tanto el “libro de Angelita”, sino el reclamo anacrónico que contiene. Hoy el trujillismo carece de toda importancia práctica, por lo que ha optado por restringir su discurso a la validación de su pasado. Si bien tal reivindicación constituye un despropósito producto de una bancarrota política y cultural, no deja de tener posibles implicaciones. Finalmente, lo que aconteció durante los treinta y un años ha dejado no pocas estelas todavía no del todo superadas. Por tanto, puede ser esta una ocasión para desmontar argumentos con que se pretende cuestionar la lucha por la democracia que tanta sangre ha costado.
Sin embargo, no hay nada nuevo que decir a propósito de este libro, que no pasa de ser un pestilente desecho de infamias. Ahora no hago más que reiterar posiciones que he esbozado desde hace mucho tiempo como historiador social y antitrujillista de izquierda.
Parto de la premisa de que el libro no es “de Angelita”, sino una obra colectiva, en la cual se ha pretendido validar el trujillato con idénticos argumentos y procedimientos que los utilizados en su momento por los alabarderos del régimen. Carece de importancia quiénes han sido los autores de esta obra, puesto que al parecer participaron movidos por el interés mercurial. Lo interesante es que han aunado esfuerzos en el propósito para presentarse como la emanación actual del discurso despótico. De paso, cabe constatar la indigencia intelectual de esta capillita trujillista, que hace presencia en un libro muy mal escrito, plagado de faltas ortográficas, disparatoso, carente de todo ingrediente intelectual y de cualquier consistencia expositiva. Posiblemente estos señores han llegado a la conclusión de que el ordenamiento democrático vigente ha dado muestras de tal grado de incapacidad que hace creíble que se reproduzca al pie de la letra el discurso ideológico de antaño. A pesar de la indignación que suscita la intención malévola que guía este libelo de manchar las reputaciones de los antitrujillistas, en seguimiento de los moldes del discurso de la Era, no se le puede evaluar de manera emotiva, puesto que lo que requiere es de una refutación política. En el meollo del asunto, lo que está en juego es desmontar el supuesto balance favorable a la tiranía de los treinta y un años, que según ellos se define no más que por sus magnas realizaciones materiales.

Dr. Roberto Cassá, director del AGN y expresidente de la Academia Dominicana de la Historia
Ante sus seudo-argumentos del “libro de Angelina”, puesto que no trae nada nuevo, lo que queda es reiterar posturas que asumieron los antitrujillistas en sus luchas por la libertad. La “importancia” es del todo punto insustancial porque está hecho en pura clave retrospectiva. El libro parece estar escrito en 1961, como si el tiempo de la historia se hubiese detenido y la verdad horrorosa del esquema trujillista de dominación no se hubiese hecho inconcusa. Aquí se encuentra, por lo demás, una señal de uno de los rasgos de la elaboración ideológica del trujillato, que fue la alteración flagrante de la realidad de las cosas. La mentira hiriente se renueva en la tónica dominante de este libro, que intenta pasar por alto los charcos de sangre que dejó detrás de sí la larga noche del terror de Chapita.
A la luz del tiempo presente, esta operación adolece de falta de eficacia. El solo hecho de que estemos congregados aquí para cada quien expresar sus criterios de manera libre delata un progreso histórico que inutiliza los alegatos contenidos en el libro. Bajo el trujillato la mínima disidencia conllevaba muerte, tortura o exilio. El hecho de que todavía tengamos que afrontar este debate tiene una causa: Tras el ajusticiamiento del tirano no hubo una drástica solución de continuidad y no se ajustaron cuentas con los criminales materiales e intelectuales. De todas maneras qué bueno que este adefesio de libraco pueda circular, porque nos ayuda a ratificar el develamiento de las matrices ominosas del trujillismo.
Visto el contenido del libro, no es solo desfasado, sino sobre todo resulta infamante sin apelación. Por tal motivo, carece de objeto discurrir acerca de sus afirmaciones, todas cargadas de una perversidad inaudita. Nada lo hace merecedor de un debate historiográfico especializado o de una ponderación profesional como fuente. El libro destila mierda, es el peor desecho que puede emanar del ser humano, en este caso un excremento de un concierto de individuos que, desde sus antepasados legitimadores de la mentira y el crimen, perdieron la honra y, por ende, el atributo de la humanidad bien entendida. Solo hay que ver cuánta infamia recorre sus pestilentes páginas, cuando asevera mentiras flagrantes para traspasar los crímenes del tirano a otros. Es el caso de la trama fantasiosa para exculpar al inefable “papá” del crimen de las hermanas Mirabal, hecho que no puede negarse y que tiene que ser recogido por el espíritu malicioso como procedimiento para obviar miles de crímenes y de pasada y a conveniencia endilgar a otros algunos de ellos.
En el mismo tenor, pretende que el complot que desembocó en la muerte de Trujillo estuvo originado por una maniobra de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, que concibió y alentó el asesinato de las hermanas Mirabal a través de Luis Amiama Tió y José René Román Fernández. Ante un hecho de tal gravedad como ese crimen múltiple, se pretende que Chapita, que controlaba el mínimo movimiento de todos los dominicanos con significación social o política, iba a quedar impasible.

Parte del publico asistente al debate libro Angelita Trujillo
Vale reiterar lo que es ya un saber acerca del 30 de Mayo: Fue un hecho libre de dominicanos que decidieron correr todos los riesgos. Su hazaña los hace acreedores de la categoría de la heroicidad. Obraron por su cuenta, en suprema manifestación de libertad y bravura. Aceptaron la colaboración de la Agencia Central de Inteligencia, pero los conjurados del interior del país no eran sus agentes o instrumentos. Está documentado que el gobierno de Estados Unidos, ante el fracaso de la expedición contrarrevolucionaria de Bahía de Cochinos, ordenó detener el operativo y que los “disidentes” rechazaron ese criterio imperial.
Siempre dentro de ese tenor, se llega a la infamia de pretender que todos los antitrujillistas obraron con el propósito de apoderarse de la fortuna de “papá”, ese hombre angelical (como la hijita), tan bondadoso que parece alcanzar la santidad. Esa inmensa fortuna, labrada a costa de la sangre de todo un pueblo, parece que fue bien habida, pues ni siquiera se molestan los autores en explicar su origen. Se llega a lo grotesco cuando se asevera que los movimientos del héroe Antonio de la Maza durante la ejecución libertaria del 30 de Mayo tuvieron por móvil apoderarse del maletín del gran ladrón. Se le adjudica esta caricatura a quien durante años se dedicó a dilapidar el dinero que provenía de su aserradero en Restauración, penetrado por la amargura lacerante de la espera de la justa venganza.
Esta letrina descarta, pues, toda reflexión concienzuda en el terreno historiográfico. Nada de lo que contiene este libro alcanza la entidad que lo haga un medio de obtención de información o de replanteo de lo conocido. Su pretendido sustento documental está cimentado en documentos por encargo carentes de toda veracidad. Pongo el caso del propósito de presentar como dos cobardes a los presos Segundo Imbert y Rafael Sánchez Sanlley, asesinados al otro día del tiranicidio. Angelita y sus socios se amparan en unas declaraciones hechas años después y en el exterior, ante notario, por el coronel Horacio Frías, jefe del penal de La Victoria, un criminal cobarde que ese mismo día asesinó a un teniente del ejército. Dice Frías que hubo que cargar a Imbert mientras chillaba de miedo, al tiempo que Sánchez también se había desencajado por el temor a la muerte. Sin embargo, José Daniel Ariza, compañero de prisión de ellos, afirma que los vio salir sin que notara señal alguna que delatara el pánico que les atribuye Frías. Rafael Martínez, otro de los prisioneros, ratifica la versión de su compañero de celda. Ambos, al igual que otros del penal, como el fenecido doctor José Antonio Fernández Caminero, son categóricos en cuanto a que no es cierto, contrario al expandido mito retomado en este libelo, de que Segundo Imbert fue sacado del penal para dirigir el asesinato de las hermanas Mirabal.

El concurrido acto contó con la presencia de importantes personaliidades
Se exige la reiteración de la apología de quienes dieron sus vidas, al margen de deslindes ideológicos y políticos. Me permito hablar a nombre de los muertos, de los torturados, de los castigados, de todos, con independencia de las culpas que algunos pudieron albergar con antelación y de las diferencias que pueda haber, pasadas o presentes, con las posiciones de muchos de ellos. Aunque el antitrujillismo de derecha iba en sentido contrario a la historia, sus exponentes, como gran parte de los complotados para la gesta del 30 de Mayo, al igual que todos los demás antitrujillistas, tuvieron la razón, iban en el sentido progresivo de la historia, porque el trujillato representaba lo peor.
Este carácter se reitera cuando, a medio siglo de distancia, se reproduce en el libro la criminalidad inherente al orden trujillista. Angelita asume la desenfadada validación del asesinato como procedimiento político. Es lo que hace respecto al grupo de complotados del 30 de mayo en la Hacienda María. No fue únicamente Ramfis Trujillo, pues, quien asumió la criminalidad ante el futuro por sus actos desenfrenados y la remembranza de su amigo y no menos criminal ex marido de Angelita. No es casual que Angelita también se asocia con el crimen. La en apariencia cándida Reina de la Paz reunía desde entonces un complejo de figuras delictivas. Los encajes y diamante proveían resumían el crimen con glamour. La Reina de la Paz, la hija mimada, se devela en estas páginas como lo que es: una vampiresa, Reina de las Tinieblas de la Larga Noche. Esta abuela obesa de hoy y pretendida santurrona casi desde la niñez dio rienda suelta a delirios desenfrenados de connotación patológica. Es suficientemente elocuente el suicidio de su marido, tan denostado en el libelo pese a haber sido también un sádico criminal, al tiempo que portavoz retrospectivo de la criminalidad del hermano primogénito. Angelita pertenecía a una familia que reunía a varios criminales. Ella estaba enterada de todo lo que sucedía y no dejó de tener su cuota en el horror, como se podría demostrar con facilidad.
Bueno, ¿algo entonces razonable en esas páginas? Al menos que queda retratada la sustancia irremediable del trujillismo. Al fin y al cabo dicen verdades que todavía son aleccionadoras, aunque sean bien conocidas. Es el caso de la empatía de papá por Estados Unidos y su correspondiente furor anticomunista.

Igual de sintomática es la reiteración de la sustancia ideológica y cultural del trujillismo. En páginas escritas por algún idiota, que usa la ocasión para pretender erigirse en filósofo emergente del trujillismo, se recurre al argumento manido del progreso material como signo esencial de la Era, por consiguiente, como se afirma, el único periodo de realización del pueblo dominicano. Es lo que le dio la tónica a los discursos de Manuel Arturo Peña Batlle y demás intelectuales envilecidos. Todo lo que se dijo acerca de las excelencias de realización de aquel pasado no fue más que una falsificación colosal de la realidad. En realidad, se vivía bajo una opresión generalizada, en que campeaba el miedo, el crimen cotidiano, la deshonra colectiva, la tortura, la explotación social desenfrenada. Detrás del oropel de las obras públicas magnificentes, subyacía la miseria de las masas. Nadie podrá probar lo contrario. El país trabajaba a todo vapor y sin pausas en beneficio de este supremo señor de fortunas y vidas, de este Lucifer que se deleitaba sin ambages con la posesión de las esposas de sus áulicos, víctimas tristes al igual que victimarios feroces. Ahí, en tantas cosas, como la mentira y el comportamiento disoluto, se comprueba la validez del De tal palo tal astilla. Todo lo que se pretende acerca de una época de realización absoluta de todo un pueblo no es sino la pieza articuladora del discurso ideológico del trujillato, la mentira más mendaz jamás lanzada en la historia dominicana.

José Daniel Ariza, combatiente de la guerrilla de Manaclas, narra los crímenes de la dictadura
No significa, claro está, que bajo la Noche Larga no hubiese crecimiento económico y hasta desarrollo, según se le conceda una acepción al término. Aquel tirano ha sido hasta hoy el gran héroe del capitalismo dominicano. En ningún otro momento de nuestra historia se ha reiterado en igual manera la hegemonía del interés del capital. De acuerdo que, en términos materialistas, estaba implicado el avance del proceso histórico. Pero avance histórico no es sinónimo de realizaciones, por lo que la única posición correcta desde el punto de vista socialista era oponerse a esa situación. El capitalismo personalizado por el monstruo implicaba crimen y opresión en forma generalizada. No podía haber nada que pudiera hacer valer una solidaridad con el trujillato a nombre del capitalismo nacional y del progreso histórico que comportaba. En esa etapa todavía incipiente, el capitalismo en una formación periférica tenía por necesidad dosis de horror, que se magnificaban con los ingredientes particulares de la dominación trujillista. Los salarios eran miserables. Las masas sobrevivían en la indigencia atroz. Los campesinos iban descalzos, a lo sumo con soletas de cuero o de goma, o vestidos de harapos o no pocos hasta cierto momento con piezas burdas hechas de sacos de cabuya. Los niños estaban muy lejos del paraíso pretendido por la propaganda, aquejados de enfermedades crónicas que disparaban la mortalidad. Miles de campesinos trabajaban gratuitamente en las carreteras y en las empresas emblemáticas del supuesto progreso. No pocos murieron después de sufrir devastadoras palizas ejemplificadotas de la disciplina laboral. La explotación desenfrenada se amparaba en un miedo interiorizado por todos. La delación se tornó en virtud dentro de la proterva Cartilla cívica. Era frecuente que los esposos no se confiaban sus pensamientos ante lo que vivían. El que no se viviera así por muchos, la mayoría incluso en el campo, tiene su explicación materialista, en razón de los efectos de la imposición de un sentido del orden, que era el resultado de un estado interiorizado de temor. Buen discípulo de los infantes de Marina, el tirano dio el puntillazo a la subordinación de todos, en especial los del campo, a los designios del Estado.
Hubo desarrollo económico capitalista pero no progreso. Por esto resulta inadmisible hablar de realizaciones o de aspectos “positivos”. Progreso implica la humanización progresiva de la sociedad, y el trujillato representaba lo contrario. No hay progreso sin dignidad, sin libertad, sin el imperio de la ética, sin participación, sin desarrollo educativo genuino. El avance material formó parte del remolino de horrores.
La comparación con el presente, a la que hice alusión más arriba, constituye otro de los tópicos del sofisma de la ideología trujillista. Es indiscutible que el esquema de la democracia posterior a 1978 no ha cumplido con un desideratum genuino. Es indiscutible también que han aparecido nuevos problemas que se adicionan a los anteriores. Pero no quiere decir que el ordenamiento político que existe hoy sea más negativo que el instaurado en 1930. Es fácilmente demostrable con indicadores económicos que el pueblo vive mucho mejor que antes, aunque las condiciones de la mayoría pobre continúe siendo altamente deplorables. El desarrollo económico impulsado por el régimen despótico no podía repercutir en una mejoría de la condición de vida de la gente ya que se puso en operación una maquinaria infernal que succionaba todas las riquezas, hasta los niveles más infinitesimales, hacia las arcas de papá y, en menor media, de los integrantes de la corte de familiares y secuaces. Todos los indicadores sociales resultan indiscutibles en cuanto a mejorías puntuales respecto al pasado. Y no es pequeña cosa y sin que por supuesto, en sentido contrario, se pretenda hacer la apología del presente. Pero si persisten graves problemas y han aparecido otros no se debe a que se haya dejado atrás el trujillato. Más bien es lo contrario: muchos de los problemas de que está aquejada nuestra sociedad todavía, como la persistencia de estilos autoritarios, son en parte atribuibles a que no se ha practicado la necesaria cirugía de las masas purulentas del espíritu del trujillismo.
La solución de los problemas no puede estribar en una reorientación hacia el pasado, como pretenden los sicofantes redactores de esta porquería. La agenda que tiene por delante el logro del progreso social presupone la orientación exactamente inversa de lo que representó el trujillismo. Nada es más importante, en primer lugar, que la libertad. El espíritu de la equidad social, obligado ingrediente del único progreso posible, también es lo inverso de aquel régimen en que se concentró la riqueza de forma inaudita.
(El evento tuvo lugar en el Archivo General de la Nación, el 20 de mayo del 2010)
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domingo, 29 de mayo de 2011
Aída critica a su tía Angelita y reconoce que Trujillo fue un cruel dictador

SANTO DOMINGO, República Dominicana (EFE).- Aída Trujillo, hija de Ramfis, rechaza la defensa que hace su tía Angelita de Rafael Leónidas Trujillo, al afirmar que ella lo pinta como “una hermanita de la caridad" cuando las evidencias dicen lo contrario.
Aída reconoce que su abuelo, que fue ajusticiado hace 50 años, fue un cruel dictador, y narra que cuando se enteró de la verdad lloró mucho y hasta renegó de Dios.
Autodefinida como la "oveja negra" de la familia por rechazar el régimen que por 31 años implantó su abuelo en República Dominicana, la escritora Aída Trujillo dice que tal vez ese período pueda considerarse un "aprendizaje necesario" para saber que "no es necesaria" una dictadura para que un país funcione.
Esta menuda mujer de mirada profunda y fácil expresividad admite, eso sí, que ha sido "muy, muy duro", separar al "abuelo tierno y cariñoso" del político que -como lo juzga la historia- implantó el más tenebroso Gobierno que haya sufrido el pueblo dominicano.
"Yo soy Aída Trujillo, soy una persona individual, independiente dentro de unas normas libres, nací de un hombre de apellido Trujillo y de una mujer de apellido Ricart", dice a Efe la nieta de Rafael Leónidas Trujillo Molina, que hace más de un año volvió a Santo Domingo, donde nació en octubre de 1952.
Durante la conversación aflora el nombre de María de los Ángeles (Angelita) Trujillo, la última hija del dictador dominicano, quien "a capa y espada", defiende a su padre, a propósito de que mañana la República Dominicana conmemorará el cincuentenario de la muerte del tirano.
Mucha gente me dice: aquí lo que falta es un Trujillo, y les respondo, pues si viene otro Trujillo yo me voy, ya viví la dictadura de (el español Francisco) Franco, igualita o peor, depende de cómo se mire, a la de Trujillo"
"Me aburre", dice Aída en referencia al libro de su tía "Trujillo, mi padre, en mis memorias", en una opinión fundamentada en que "Angelita habla de su papá como una Hermanita de la Caridad", cuando las evidencias dicen lo contrario.
"Nunca nos hemos llevado bien, desde pequeña, para mí nunca ha sido como tía, es mi tía, pero no ha ejercido como tal", dice.
Aída afirma que "descubrió" casi por accidente al Trujillo dictador cuando en una visita que hizo al país en 1975 procedente de España, donde vivía, entró a una librería y adquirió varias obras que hablaban del régimen.
"Cuando veo esto no hice más que negarlo y ponerme a llorar inconsolablemente en el hotel donde me hospedaba", recuerda.
A raíz del suceso, decide renegar de Dios y asume la ideología comunista, como forma de rebeldía ante lo que acababa de enterarse.
"Pasó el tiempo y empecé a escribir recuerdos de mi infancia con mi familia en Santo Domingo y de ahí surgió el libro 'A la sombra de mi abuelo'".
La obra (Editora Norma 2008), resultó ganadora del Premio Nacional de Literatura en el renglón novela, lo que causó más de un revuelo en el país.
"Es bueno decir que en esa oportunidad no vine al país a recoger el premio no por temor, que quede claro, sino porque alguien me dijo que si lo hacía iba a opacar a los demás ganadores de los otros renglones y eso me tocó muy profundo".
En la actualidad, revela a Efe que escribe la novela de amor "Mas triste que la muerte es el olvido", y que también trabaja en un texto sobre los últimos días de su padre, que murió en Madrid en 1969, dos semanas después de sufrir un accidente de tráfico.
"Con esa obra termino de escribir sobre mi familia, es muy fuerte, duele mucho", suspira y da una mirada a su hija Haydee, la única mujer de cuatro hijos, uno de los cuales falleció el año pasado.
Lo que no entiende Aída es el interés y la pasión que 50 años después ejercen sobre los dominicanos el tema de la dictadura de Trujillo (1930-1961), "cuando en España, por ejemplo, casi nadie habla de Franco".
"No sé, habrá que hacer un estudio sociológico grande para determinar por qué sucede esto (...) es un fenómeno que no entiendo, mientras más se publiquen cosas menos se aprende, porque cada quien da su versión, creo que lo mejor es decir algo nuevo como dice mi libro sobre el momento en que mi madre vio a Trujillo llorando, después que pasó lo de las (hermanas asesinadas en 1960) Mirabal, eso no lo puede saber ningún historiador, nadie se imagina a Trujillo llorando", infiere.
Es ahí cuando la escritora agita las manos con más rapidez y ofrece su opinión "personal" sobre lo que fue la férrea dictadura de Trujillo.
"Yo no existía en los años (de la década del) treinta del siglo pasado, yo no sé si fue un error o un aprendizaje necesario para ver que no es necesario que haya dictadura para que un país funcione, mucha gente me dice: aquí lo que falta es un Trujillo, y les respondo, pues si viene otro Trujillo yo me voy, ya viví la dictadura de (el español Francisco) Franco, igualita o peor, depende de cómo se mire, a la de Trujillo", razona quien años antes fue una bailaora de flamenco.
"No estoy con dictaduras, ni de izquierdas ni de derechas, Trujillo fue un abuelito que nos daba todo, recuerdo en una ocasión que mi hermana mayor, María, le pidió un triciclo que tenía una niña vecina y obligó a que el abuelo cruzara al patio de esa vivienda y robara el triciclo, así era él, claro que al día siguiente lo devolvió y le compró varios a la niña de al lado", afirma.
Aída Trujillo ha logrado el equilibrio en sus dos mundos, acepta su origen, recuerda su niñez de privilegios y a la vez condena -de adulta- a quien utilizó el poder para ejercer la violencia, y hacerse cargo por su cuenta de la vida de otros seres humanos.
"Ha sido un trabajo de años, no ha sido fácil admitir cosas que no están bien, que no apoyas, que no son de tu agrado de alguien que tu quieres, es muy difícil separar una cosa de la otra, pero soy responsable (...) lo he logrado", finaliza. EFE
Imbert relató en documento cómo mataron a Trujillo

El relato le fue dictado a Liliana Cavagliano, hija de los esposos Mario y Dirse Cavagliano, donde se había refugiado Imbert
SANTO DOMINGO.- Tres días después del atentado en que fue muerto el generalísimo Rafael Trujillo, uno de sus matadores, el hoy general Antonio Imbert Barreras, relató en un documento que permaneció inédito hasta junio de 1991 la forma en que lo ajusticiaron, dice el periodista y escritor
En una declaración con motivo del cincuenta aniversario de la Gesta del 30 de Mayo, Guerrero señala que el relato le fue dictado a Liliana Cavagliano, hija de los esposos Mario y Dirse Cavagliano, donde se había refugiado Imbert, huyendo a la feroz persecución de los agentes de seguridad del régimen. Imbert había sido llevado en su automóvil a esa residencia por el cónsul honorario de Italia, Francisco Rainieri, después que los Cavagliano aceptaran esconderlo, a pesar de que no lo conocían.
Guerrero, Premio Nacional de Historia del año 2000 por su obra “Al borde del caos”, dijo que el documento fue escrito a máquina en una hoja de tamaño 8 x 13 el 2 de junio de 1961, la misma noche que se refugió en la residencia de la familia italiana, cuyo jefe, Mario, laboraba para la embajada de Italia. Dos años antes, los Cavagliano habían ocultado a Guido D’Alessandro, a quien luego pudieron introducir en un trasatlántico italiano que tocaba frecuentemente el puerto de Santo Domingo, entones Ciudad Trujillo, disfrazado de turista, lo que le permitió evadir la persecución y exiliarse.
Días después, Mario Cavagliano llevó el documento de una página al ingeniero Armando D’Alessandro, quien vivía en la calle Doctor Delgado una esquina más al norte del Palacio Nacional, ante el temor de que los agentes de seguridad, “calieses”, penetraran a la residencia consular, hicieran preso a Imbert y se apoderaran del escrito. Imbert estaba armado de una pistola y había dicho que no se dejaría matar sin defenderse, sostiene Guerrero.
Agrega que D’Alessandro acababa de ser puesto en libertad después de haber sido detenido al igual que su abuela, Isabel Mayer, quien había sido una destacada funcionaria del régimen caída en desgracia. El contenido del documento asustó tanto a Armando que inmediatamente lo escondió. Quitó la mesa del comedor, separó la alfombra, movió un ladrillo del piso y ocultó allí, dentro de una funda plástica, el documento.
Guerrero dijo que meses después, cuando ya no quedaban restos de la tiranía, D’Alessandro lo guardó en un archivo, donde permaneció treinta años hasta que “me entregó una copia en una de muchas entrevistas que le hice para mi libro Los últimos días de la Era de Trujillo”, cuya primera edición se publicó en junio de 1991.
“Hasta la salida de esa obra se desconocía dónde se había ocultado Imbert y no se tenía idea alguna de la existencia de ese escrito”, dijo.
Guerrero sostiene que la versión ofrecida por Imbert en ese documento, “escrito en momentos en que sentía la necesidad de dejar un legado a la posteridad ante el peligro de ser descubierto y asesinado, discrepa en algunas partes de otras versiones publicadas sobre cómo se dio muerte a Trujillo”. Sin embargo, resalta que “al dictarlo tres días después de los hechos del 30 de Mayo, con toda seguridad tenía entonces muy vivos en su mente los detalles de esa acción memorable”.
Guerrero destacó la valentía de la familia Cavagliano a quien, dijo, “nunca se le ha hecho un reconocimiento público” por esa y por otras muchas contribuciones a la democracia dominicana, ya que con riesgo para su propia seguridad, esa familia también ofreció su residencia para ocultar, en graves momentos de peligro, a Manolo Tavarez Justo, líder del Catorce de Junio, y viudo de Minerva Mirabal, y en varias oportunidades al líder del PRD, José Francisco Peña Gómez.
Mario y Dirse murieron años después de la publicación de “Los últimos días de la Era de Trujillo”, pero le sobreviven Gianni y Liliana, quienes han formado familias en el país, que gozan de gran aprecio de la sociedad dominicana, dijo Guerrero.
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jueves, 26 de mayo de 2011
CON LA HIJA DEL JEFE ‘Orden de matar a las Mirabal la dio un jefe militar’
“MAS VALE QUE LAS HUBIERA DEJADO PRESAS, Y ESTARÍAN VIVAS”


Miguel Franjul
miguel.franjul@listindiario.com
miguel.franjul@listindiario.com
Miami, Florida
La hija del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, Angelita, aceptó entrar en un diálogo amplio y franco con el director del LISTÍN DIARIO sobre muchos aspectos que jalonaron la vida suya y de su familia, tanto desde el poder como en el exilio, ante la proximidad del 50 aniversario del ajusticiamiento de su padre el 30 de mayo del 1961. Esta es la segunda parte.
Recientemente varios miembros de la resistencia contra Trujillo dijeron que el régimen de su padre había matado a más de cincuenta mil dominicanos. ¿Qué le parece a usted esa versión?De momento van a decir que cien o doscientos mil, eso no importa. Hay que ver las estadísticas. Eso lo que da es risa, porque la verdad es que van a perder la credibilidad de todo el mundo hablando estos disparates, ¡por Dios!
¿Entonces usted cree que es una exageración?
También se ha dicho, y yo le estaba contando a Ramfito hoy, que también han dicho que no fueron 30 años, que hay que agregarle ahora los 12 primeros de Joaquín Balaguer.
También se ha dicho, y yo le estaba contando a Ramfito hoy, que también han dicho que no fueron 30 años, que hay que agregarle ahora los 12 primeros de Joaquín Balaguer.
Yo quisiera saber ¿qué usted opina de Balaguer y el papel que jugó?
Él fue un gran colaborador de mi papá durante el gobierno de mi padre, y como yo estuve fuera durante el gobierno de Balaguer, o sea, yo no...
Él fue un gran colaborador de mi papá durante el gobierno de mi padre, y como yo estuve fuera durante el gobierno de Balaguer, o sea, yo no...
Pero cuando se produjo la muerte de su padre él queda más o menos al frente de los destinos nacionales, ustedes se marchan, y él se queda.
Bueno duró muy poco tiempo en el poder, casi en seguida tuvo que asilarse. Ramfis, bueno la familia lo ayudó a subir a poder de nuevo. Mi mamá no estaba de acuerdo con que lo ayudáramos.
¿Y qué tipo de ayuda era esa Angelita?
Económica. Lo apoyamos en todo lo que pudimos para que pudiera ganar las elecciones.
Económica. Lo apoyamos en todo lo que pudimos para que pudiera ganar las elecciones.
Ustedes apoyaron para que él ganara las elecciones, pero después ¿cuál fue el trato de él hacia ustedes, usted salió del país, pero jamás regresó?No, yo volví a la República Dominicana durante el gobierno de Balaguer.
¿Cuántas veces?
Una sola vez, dos veces, perdón, dos veces.
Una sola vez, dos veces, perdón, dos veces.
¿Pero eran visitas muy temporarias?
Una vez estuvimos diez días y después, creo que un fin de semana donde Guarién Cabrera.
Una vez estuvimos diez días y después, creo que un fin de semana donde Guarién Cabrera.
Usted dijo en su libro que todavía en el pueblo dominicano está muy enraizado el trujillismo. ¿Qué quiso decir con eso? Que hay mucha gente que admira a Trujillo por su obra o que admira la forma en que él manejaba los asuntos del país.No, yo no sé, seguro que por su obra de gobierno, porque hay que ver que la Era de Trujillo fue la era de oro del país. Eso es indudable, eso no hay quien lo discuta y no se puede tapar el sol con un dedo. Eso está a la vista.
En su libro también hay unas revelaciones muy fuertes que causaron mucho impacto, en relación con las hermanas Mirabal, porque la versión que usted dio difiere totalmente de la que mucha gente tiene. Usted dijo que esa muerte no fue ordenada por su padre y él inclusive se sorprendió al conocer la noticia. ¿Sobre que pruebas usted basa esa afirmación?La información de la CIA que le dio al Departamento de Estado y al Congreso Americano que decía la información sobre las actividades de la CIA para los asesinatos de líderes extranjeros, y ahí estaba la de mi padre, el contacto de la CIA en la República Dominicana era un cercano colaborador de Trujillo (cuyo nombre se reserva El Listín por razones legales) y entonces ellos le informaron a él que no iban a participar en el proyecto del asesinato de mi padre mientras él (Trujillo) tuviera el control absoluto del gobierno allá. Que tenía que haber un acto o algo contundente allá para ellos entonces colaborar. Entonces esa fue la sentencia de muerte de las hermanas Mirabal, porque como tú sabes eso afectó el régimen de mi padre absolutamente, mi padre no quería que esas muchachas sufrieran nada. Un alto jefe militar fue el que dio la orden para el asesinato, según declaró ese oficial en la Aviación y, sin tortura, él declaró que el cercano colaborador de mi padre le había dicho a él que había que echarle ese problema, con otras palabras, a mi papá.
Pero eso era insólito, porque él en ese momento ocupaba un alto cargo en las Fuerzas Armadas...
Pero él era de los complotados contra mi padre y entonces él aprovechó el momento en que Johnny Abbes estaba fuera para ordenar el asesinato de las Mirabal.
Pero él era de los complotados contra mi padre y entonces él aprovechó el momento en que Johnny Abbes estaba fuera para ordenar el asesinato de las Mirabal.
O sea, ¿esas órdenes las dio ese alto cargo militar?
Y eso fue con las declaraciones de él cuando lo tomaron prisionero en la Aviación.
Y eso fue con las declaraciones de él cuando lo tomaron prisionero en la Aviación.
A raíz de la publicación de su libro, nosotros en el LISTÍN recogimos muchos testimonios, especialmente de mujeres que narraron casos de torturas en La 40 y en La Victoria, porque habían estado enroladas en el Movimiento 14 de Junio, entre ellas estaban dos de las hermanas Mirabal y ellas contaron las penurias y los abusos que se cometieron.Bueno, ¿cómo te digo? Las hermanas Mirabal eran comunistas y lo que yo te dije de los comunistas te lo vuelvo a repetir ahora.
Ok, pero ellas y las otras sufrieron y denunciaron esas torturas. Cuando usted escucha esos testimonios, a usted como mujer ¿qué reacción le provoca?Bueno ya te lo dije anteriormente.
No en términos políticos, sino humanos.
Pero es que son cosas que yo en realidad dudo.
Pero es que son cosas que yo en realidad dudo.
O sea, ¿usted no las cree?
No, yo no creo. Los comunistas siempre inventan cosas y esas personas estaban muy envueltas en el comunismo. Hay que ver las cosas que suceden en Cuba, Dios mío.
No, yo no creo. Los comunistas siempre inventan cosas y esas personas estaban muy envueltas en el comunismo. Hay que ver las cosas que suceden en Cuba, Dios mío.
Ellas también hablaron de crueldades que se cometieron contra los hombres, algunos de ellos sus esposos, otros hermanos, tíos, padres y allegados y de las numerosas secuelas que dejó el régimen trujillista a cientos de dominicanos. ¿Qué piensa de todo esto?Son cosas muy penosas que ojalá y no hubieran pasado. Pero está muy claro que toda persona que se involucra en actividades subversivas y criminales para atentar contra la vida de un jefe de Estado tiene que saber que si lo agarran, salvo que no sea en un régimen totalitario, lo van a meter preso y lo van a interrogar, y si es culpable, lo van a condenar.
En mi país, con el afán de ser héroes, muchos se inventan toda clase de travesuras. Por eso soy muy escéptica para creer todo lo que dicen. Tengo entendido que en los países civilizados las cárceles han evolucionado mucho, pero en el siglo pasado no era así, y mientras más para atrás, cada vez peores, son sitios de horror.
Por eso no es equitativo pretender juzgar los métodos del pasado con los estándares del presente. Sencillamente no es justo.
Si usted hubiese tenido participación en la vida política, ¿qué le hubiese aconsejado a su padre. Cómo le hubiese recomendado que tratara a las damas que se alzaron contra su gobierno, y a los demás “rebeldes”?Mi papá nació el siglo antes pasado y se propuso superarse y cuando le llegó su tiempo se trazó el plan para la transformación del país en una nación próspera, y así lo hizo.
A lo largo de su vida pública, comenzando con su madre y terminando conmigo, sólo he oido cosas agradables acerca del trato que reciben las damas de mi padre... De eso se sentía orgulloso. “Es todo un galán”, escribió la periodista puertorriquena Marta Lomar.
Ahí tiene usted el caso de las hermanas Mirabal. El comunismo por esos años era virulento, sin embargo mi papá las invitaba a sus fiestas y siempre fue caballeroso con ellas.
Cuando fue develado el complot del 14 de Junio que planeaban asesinar a mi padre, claro que estuvieron presas y condenadas por la justicia junto a sus esposos. Pero al poco tiempo, fueron indultadas por mi papá, que tal vez, más vale que las hubiera dejado presas y estarían vivas.
Su desgracia comenzó cuando la CIA le informó a los conjurados para asesinar a mi papá, que no continuarían con el proyecto mientras tuviera el control que tenía en el país. Esto de acuerdo con el libro del Departamento de Estado que investigó los asesinatos de jefes de Estados realizados por la CIA. En consecuencia, había que producir un acontecimiento contundente que desestabilizara el gobierno. Esa fue la sentencia de muerte de esas señoras.
¿Quién las escogió? No sé, ni creo sea posible saberlo, ¿quien las mandó a matar? El alto cargo militar. En declaraciones que hiciera cuando estaba detenido en la Aviación, donde no se podía alegar que fuera torturado, dijo que fue el colaborador de mi padre quien le dio la orden diciéndole que: “había que echarle esa vaina al jefe”. El Servicio de Inteligencia era dependencia de la Secretaria de las Fuerzas Armadas. Johnny Abbes, jefe del SIM, se encontraba fuera del país.
Mientras se cometía el crimen, a cierta distancia, había un individuo verificando la ejecución del crimen. ¿Sabe usted quién era ese señor?
De manera que mi papá y su gobierno fueron víctimas del asesinato de las Mirabal. Ese fue el principio del fin. Y todo el mundo lo sabe, pero no es lo mismo ser “víctima de la tiranía” que víctima de los victimarios de Trujillo. Ejemplo a Taváres Justo lo cogieron prisionero y la oligarquía del Triunvirato lo mandó a fusilar. Sin embargo de eso no se habla, porque no deja dividendos.
¿Usted reconocería que su padre fue un dictador, un gobernante opresor, una persona que no respetó las libertades públicas, por una o más de estas causas: porque ese tipo de sistema era común en esa época, porque él estaba en pleno derecho de defender su vida y de proteger a los suyos, porque tenía muchos enemigos o contrarios que aspiraban a sustituirlo. Lo justificaría de esta manera?Cierto que mi papá gobernó autocraticamente, él reconocía que su gobierno era dictatorial. Pero también reconocía que de otra manera no hubiese podido realizar su obra. Y él sí que sabía porqué lo decía. Es un tema que lo trato ampliamente en mi libro.
La realidad es que logró hacer del país una nación próspera, pujante. Una mirada a lo que era el país en 1930 nos puede ayudar un poquito. Sin fronteras, sin instituciones, sin economía propia, sin programas sociales y un Estado de cosas anarquizadas con revoluciones al doblar de la esquina, los gobiernos en su mayoría duraban meses, y con el país repartido entre unos cuantos “generales”, caciques.
Cualquiera se hubiera transado por lo que fuera con tal que le sacaran de ese bache. La pregunta especulativa del millón es: ¿se podía realizar la obra que hizo mi padre con un régimen democrático? Pero si eso es lo que había tenido el país desde su independencia y el país iba de mal en peor.
Es que para que un sistema democrático funcione el país tiene que estar dotado, primero, de las condiciones de progreso y desarrollo que mostraba la República a la muerte de mi padre: moralidad, amor a la patria y respeto a sus símbolos, educación, cultura al alcance de los más desposeídos, autoridad y respeto, orden público, disciplina, institucionalidad del Estado, trabajo que fomente el desarrollo integral del país, respeto y celos por los bienes del Estado.
¿Cree que en algunas cosas se le fue la mano. Le hubiese gustado a usted que su padre no hubiese sido tildado de ruin, que el pueblo dominicano pudiera reconocer las obras que hizo. ¿Estaría dispuesta a reconocer que Trujillo pudo haber cometido algunos excesos. Le pediría usted perdón al pueblo dominicano por ellos?Cuando un médico acude a curar a un enfermo su intención es salvarlo, sanarlo aunque para ello tenga que usar, bisturís, lancetas, y cuantos procedimientos sean necesarios para sacar toda la malignidad. Es muy doloroso pero al final, cuando el paciente está curado, sano y salvo el paciente le da las gracias, no por el dolor que le causó, sino por haberlo curado.
Como dije anteriormente en 1930 el país era un enfermo y en muy mal estado, los gobernantes desfilaban uno tras otro y ninguno curaba al enfermo porque, como dice Abelardo Nanita, le faltaba lo que a Trujillo le sobraba, “patriotismo”, rodeándose siempre de lo mejor que tenía el país, arrancó con su proyecto. Lo primero fue pacificar el país. Ahí tenemos el caso de Desiderio Arias, que dicen que fue víctima de mi padre. Pero nadie cuenta que este era un señor de mentalidad montonera, que fomentaba revoluciones si los gobiernos no compartían el gobierno con él.
Mi papá fue completamente solo y desarmado al cuartel general de Desiderio Arias, donde estaba sublevado para hacerlo desistir de su actitud. Mi papá le ofreció muchas cosas, menos repartir el gobierno, como se usaba entonces. De regreso, volvió a pasar caminando por entre los guerrilleros armados que estaban con Desiderio. Ante esa situación mi papá dispuso que el Ejército actuara para reducirlo militarmente.
Es una historia verídica, auténtica, mostrando mi padre tener un valor y una sangre fría sin parangón. Cantidad de casos como este tuvo que afrontar para lograr un estado de orden y respeto en todo el terrritorio.
Años después vino la era del poderío comunista, queriendo la Unión Soviética adueñarse de nuestro territorio valiéndose de muchísimos tontos útiles que obedeciedo esas consignas no le daban tregua al gobierno de mi papá. Pero si ellos eran agresivos, el gobierno era más agresivo que ellos. Esa fue una constante hasta que bajó Fidel Castro de la Sierra Maestra con su aureola de libertador, jurando pegarle fuego a la cordillera de los Andes.
A nuestro país envió la invasión el 14 de junio de 1959, que venían a instaurar un sistema como el de Cuba y es una pena que tantos dominicanos se prestaron para eso. El resto de la historia es bien conocida.
Luego surgió el Movimiento 14 de Junio, que si bien no todos eran comunistas, la dirigencia sí que lo era. Sólo tiene que leer su declaración de principios. Para resumir, gracias a Dios que el país pudo ser librado de todas esas doctrinas malsanas, diabólicas. Como indico en mi libro, ese fue el último gran servicio que le hizo mi padre al país.
Claro que es inevitable que a lo largo de todo ese recorrer “haciendo camino al andar” tienen que haberse cometido muchos excesos. Pues siempre pasa cuando se tiene que emplear la fuerza de la autoridad. El doctor Balaguer le llamaba “fuerzas incontrolables”.
Me consta que mi papá sirvió al país inspirado por su patriotismo y con la mejor intención, queriendo librarle de todo lo malo y darle siempre todo lo mejor.
Me parece que el perdón debe pedirse cuando se ha cometido una maldad y existe el cargo de conciencia, pero cuando se actúa con la mejor intención para la consecusión de una noble causa, creo que es al revez, que los dominicanos tenemos una gran deuda de gratitud con el generalísimo Trujillo. Sin él no tuviéramos los dominicanos la democracia que vive hoy el país.
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miércoles, 25 de mayo de 2011
CON LA HIJA DEL JEFE “No siento ningún odio por Imbert Barrera”
SI TRUJILLO REVIVIERA AHORA EN REPÚBLICA DOMINICANA, “SE MORIRÍA DE UN ATAQUE AL CORAZÓN”
Miguel Franjul
miguel.franjul@listindiario.com
miguel.franjul@listindiario.com
Miami, Florida
La hija del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, Angelita, aceptó entrar en un diálogo amplio y franco con el director del LISTÍN DIARIO sobre muchos aspectos que jalonaron la vida suya y de su familia, tanto desde el poder como en el exilio, ante la proximidad del 50 aniversario del ajusticiamiento de su padre el 30 de mayo del 1961. Ella ha dicho que perdona y que no odia a los que mataron a Trujillo y admite que su padre fue autocrático y que cometió algunos excesos. He aquí la primera parte de la conversación:
Este 30 de mayo, se cumplen 50 años de la muerte de su padre, el dictador Trujillo. ¿Qué usted sintió cuando se enteró de su muerte?Mi ex esposo (el coronel Luis José León Estévez) recibió una llamada, se puso muy nervioso y salió. No me dijo nada. Entonces yo llamé a mi casa a mi mamá y ella no estaba. Mi papá me había visitado esa noche.
¿A qué hora?
Después que él salió, porque él salió de mi casa, de ahí se fue a donde mamá Julia y bajó para irse a su finca. Era muy tarde y él me dijo: “He venido tan tarde porque estaba esperando comunicarme con Ramfis y Radhamés que estaban en París en esa ocasión y no quería irme a la finca sin hablar con ellos”, y yo le dije: papá, es muy tarde, por qué no te quedas y te vas mañana? Me respondió, no, yo me tengo que ir esta noche. Insistí muchísimo con él, y me dijo, no, yo me tengo que ir. Cogió su carro y se fue.
¿Usted nunca tuvo preocupación que le fuese a pasar algo ese día?Nunca me pasó por la mente. Él salía solo todas las noches. Salía en un carro oficial, con placa oficial, pero como “Benefactor de la Patria”, salía a pasear, a dar vueltas, a ver...
¿Fue una noche como cualquier otra?No, él se iba todos los días a visitarme, pero esa noche llegó muy tarde porque quería hablar con Ramfis y Radhamés por teléfono, que estaban en París. Entonces salió de mi casa y al poco tiempo vino la llamada.
¿La noticia de que lo habían asesinado?
No, no me dijeron nada, el ex esposo mío levantó el teléfono, se puso muy nervioso, no me dijo nada y salió. Después llamé y cuando vi que no llegaba pensé: algo tiene que haber pasado, porque no había noticias, porque lo vi tembloroso. Llamé a casa de mis padres, que quedaba patio con patio, o sea, se comunicaba por el interior, y el oficial de servicio me dijo: “Ay doñita, no se preocupe, su mamá salió, pero no se preocupe”. Y yo dije: algo grande está pasando. Cuando mi mamá regresó a la casa me llamó y me dijo: “Ven para acá en seguida”. Yo estaba con mis tres hijos María de los Ángeles, Luis José y Rafael Leonidas. Me fui enseguida a casa de mi madre.
¿Dónde vivía usted?
Yo quedaba en la Máximo Gómez y ellos estaban en la César Nicolás Penson, pero por dentro del patio nos comunicábamos. Llegué a la casa y encontré a mi mamá muy preocupada con mi tía japonesa la hermana de mi papá. Y me dice: “Tu papá desapareció y no se ha encontrado nada”. Yo le dije: “Mamá, mi papá murió. Mi papá está muerto. No te hagas ilusiones, porque a mi papá no lo agarran vivo nunca. Si lo atacaron, él está muerto”. Entonces dije: “Lo único que yo voy a hacer es tomarme una pastilla, porque yo, cuando me digan y me den la noticia de que mi padre ha muerto, yo sé que no voy a resistir”. Entonces me fui. Ramfis tenía como una suite, donde se hospedaba cuando tenía que quedarse a dormir en casa. Ya él estaba casado y tenía su vida más independiente. En eso llegó el doctor Gómez Fabián, de la Aviación, y yo le dije: “Doctor, póngame una inyección, un calmante, porque en el momento en que digan que mi papá está muerto yo sé que no voy a resistir”. Como a las tres o cuatro de la mañana, entró mi tía Japonesa, llorando muchísimo y me dijo que habían encontrado el cadáver de mi papá y me dijo quiénes eran más o menos los complotados. Todavía no se sabía lo de Pupo Román. Para mí fue horrible.
Cuando le mencionaron algunos de los nombres de esas personas, ¿qué usted pensó? Lo que pensaba era en el dolor que yo tenía de perder a mi padre. Para mí se me estaba acabando el mundo, porque yo era muy apegada a mi padre.
Y supongo que su padre la quería mucho a usted también.También, y su trato hacia mí era muy cariñoso. Él era muy cariñoso y débil conmigo. Radhamés siempre me decía ve pídele permiso a papá para tal cosa para mí, porque tú eres su ojo derecho.
¿Usted se sentía una niña mimada porque él iba todos los días a su casa?Sí, todos los días, pero normalmente íbamos todos a la casa de él en la tarde cuando llegaba de la oficina. Él cenaba muy temprano y nosotros no podíamos cenar tan temprano.
¿Cómo tan temprano, a qué hora? A las 5:30 y a las 6:00 de la tarde, sí, y después se iba a caminar dos horas, por la George Washington, como dos kilómetros, por ahí, y después de comida también, le gustaba caminar.
¿Ese amor no la dejaba a usted ver algunos otros ángulos criticables de su padre? Bueno, en realidad, yo veía en él un gran estadista, veía la gran obra que él estaba haciendo, que indudablemente era una obra fabulosa y para llegar a hacer una obra como la que él hizo, había que hacer también sacrificios porque él tuvo que pacificar al país, que estaba bajo la montonera de Concho Primo.
¿Pero nunca sentía que en el gobierno de su padre se producía esa represión y había muchas limitaciones, usted no percibía que había represión y limitaciones contra la población? Yo lo que veía era mucho progreso y un país que iba desarrollándose en una forma increíble. Había que pensar en 1930, cuando él subió al poder, lo que era ese país.
Todavía persisten algunas de sus obras.Exactamente, yo considero que el país es un museo de Trujillo.
Esa es una expresión nueva.Exactamente, él creó todo en el país.
¿Y cuál usted cree que fue la motivación que tuvieron esos hombres para matar a su padre? Por ambición, absolutamente. No fue patriotismo. Eso se ve con claridad y a través de los años se ha visto.
Pero ellos tenían, de alguna manera algún tipo de vínculo con él.Sí, fueron muy favorecidos, en su gran mayoría. Es que la ambición es una cosa tremenda.
Pero lo que la historia recoge es que ellos querían cambiar el modelo político del país.Yo no creo que ellos quisieron cambiar el modelo político del país. Yo creo que fue por ambición más que nada y se demostró a través de los años.
Los que participaron en la muerte de su padre, bueno la mayoría, no vivió mucho tiempo para demostrar esa intención.Bueno quedaron algunos vivos, fueron muy favorecidos.
¿Qué siente usted por ellos?
No siento odio por nadie. Me costó mucho trabajo que se me quitara ese dolor que yo sentía.
¿Le costó mucho trabajo y mucho tiempo?
Yo dije, si yo no puedo perdonarlos, Dios ayúdame a que tú los perdones por mí.
¿Usted los perdonó a ellos ya?
Yo no siento odio, absolutamente por nadie. Los perdono a ellos y a cualquier otro ciudadano dominicano que por su actitud antitrujillista hubiese pensado en matarlo.
¿Si usted se encontrara de frente con el ahora general Imbert Barreras, qué sentiría?
Yo no se cómo se sentiría él conmigo, pero yo no sentiría ningún odio por él, no me daría alegría, no, pero...
Si Trujillo reviviera, en este momento, y ve a su país, ¿qué usted cree que pasaría?
Yo creo que se moriría del corazón.
¿Y por qué se moriría de un ataque?
Si ve su obra, como está la invasión haitiana y esas cosas.
Retomando una pregunta anterior, ¿usted nunca escuchó las versiones de que su padre era muy cruel con sus enemigos, con sus opositores?
Voy a decirte una cosa Miguel, normalmente los que hablan así son las personas que estubieron involucradas en complots contra él para asesinarlo. Dime tú, ¿en qué país donde hay un complot para asesinar un jefe de Estado, no son fuertes?
Tienen que interrogarlos, tienen que ponerlos en la cárcel y muchas veces, como en Cuba por ejemplo, los fusilan. Mi papá perdonó muchas personas que complotaron contra él.
Y de todas maneras, te voy a decir una cosa, también hay muchas personas que se inventan fantasías para hacerse mártires y héroes ante los demás y ante la opinión pública.
Dígame una cosa, para volver al principio, ¿cuándo usted vio a su papá ya muerto?
No, yo no lo vi muerto, no tuve el valor de verlo muerto, no quise verlo. Lo tenían en el cuarto. Yo no fui al entierro ni siquiera, estaba en mi cuarto y me tenían sedada porque yo estaba desesperada, tenía mis niños ahí pequeños.
¿Usted sintió que la Era se derrumbaba con él?
Yo nada más pensaba en la pérdida de mi padre, yo no pensaba en la política ni lo que podría pasar, de lo que nos podían hacer, yo no pensaba en nada... sólo en el dolor de perder a mi padre...
Cuando regresó mi hermano Ramfis de Europa, llegó muy ilusionado con un plan de transición que tenía, pero al no poderlo implementar, salió desilusionado. De todas maneras nosotros, como digo en mi libro, nos habíamos reunido y Ramfis tenía un plan de transición muy aceptable y muy bueno para el país.
¿Y en qué consistía ese plan?
Primero, apoyar al doctor Balaguer para que organizara elecciones libres y cuando hubiera un gobierno democrático en el poder, Ramfis saldría del país, pues a él no le interesaba la política.
Cuando ustedes se retiran del país se dijo que se llevaban una gran riqueza, cuéntenos esa parte de su vida.La transición a nuestra nueva vida comenzó en París. Allí vivimos un par de años. Luego todos estuvimos de acuerdo para irnos a residir a Madrid donde, después de siete años, con mi primer matrimonio terminado, vine a vivir a los Estados Unidos. Aquí me encontré con el coronel Domínguez, quien desde entonces ha sido mi esposo y si mal no cuento sumamos ya felizmente 43 años de unión matrimonial.
Aunque mi ocupación ha sido siempre de carácter doméstico, puesto que criar y educar correctamente a mis siete hijos es obra de tiempo completo, dejando muy poco tiempo para otras cosas. No obstante, en Europa estudié… Y aquí me incliné por la decoración en la academia de Anita Prist, así como también un curso de bienes raíces.
Después dediqué los siguientes seis o más años a escribir mi libro “Trujillo mi padre en mis memorias” no demasiado tiempo considerando que no soy escritora y la enorme cantidad de información que logré reunir para esta obra. Dicho sea de paso, te puedo decir que actualmente estoy a tiempo completo dedicada a la traducción de mi libro al idioma inglés.
Para las lecturas, no me gustan los libros ni las películas de ficción. En la biblioteca de mi casa abundan los libros de historia que me fascinan y que leo cuando el tiempo me lo permite. En cuanto a las películas Luis Jose se ríe porque yo digo que la última vez que fuimos al cine, fuimos a ver “Tora Tora”. A él no le gusta ir al cine pero ahora, con los adelantos tecnológicos, puedo ver en mi casa las películas clásicas de Hollywood que son las que más disfruto porque no muestran violencia y son inspiradoras y se pueden ver en familia. Y de último, lo más gratificante de todo, el tiempo que pasamos con los nietos. Es lo más adorable que tenemos los abuelos.
¿Con qué realmente se quedó la familia y qué fue lo más valioso que perdió?
El Consejo de Estado decretó la Ley de Confiscaciones, pero mucho antes de nosotros salir del país, le habíamos sometido al presidente Balaguer una correspondencia en la cual le informábamos que nuestra familia había tomado la decisión de crear, con la mayor brevedad posible, una fundación llamada “Rafael Leonidas Trujillo” la cual recibiría y sería propietaria única de todos los bienes que poseía la familia Trujillo Martínez, incluyendo todos los bienes de mi papá y los de mi mamá.
Esta fundacion sería administrada por el clero, un consejo de prestigiosos individuos que nada tuvieran que ver con nuestra familia. Los beneficios de dicho conglomerado serían para beneficio directo y exclusivo del pueblo dominicano como era la voluntad de mi padre. Este proyecto está ampliamente detallado en mi libro. A la salida de Ramfis aún no se había terminado y por eso todos esos bienes fueron confiscados por el Consejo de Estado y paulatinamente sustraídos, robados, pillados. Hicieron una verdadera piñata. Y lo más triste es que nadie jamás ha tenido que responder ante la justicia por semejante crimen.
Lo más valioso que perdimos fue el tiempo necesario para, formalmente, traspasar la posesión de nuestros bienes a la fundación, como era la voluntad de mi padre. Para que esos cuantiosos beneficios los disfrutara el pueblo dominicano.
¿Es cierto que los hijos de Trujillo quedaron en la ruina después de la desaparición de su padre y de la salida forzosa del país del resto de los suyos?
Miguel, bien sabes que la familia Trujillo era o es muy larga, y me imagino que a algunos les tiene que haber ido mejor que a otros, pues eso de la economía es así. Pero yo espero que todos hayan sabido nadar y guardar la ropa, como decimos allá.
Por mi parte solo puedo referirme a los Trujillo Martínez. No es un secreto que mi papá mantenía un control absoluto de las divisas. No sé si leiste en mi libro que en una ocasión mi papá se enteró que mi tía Japonesa y mi tío Luis Ruiz habían enviado un giro de $150,000 dólares al exterior. Los llamó al despacho y le dijo cuanto le disgustaba eso de sacar dinero al exterior, pero todo quedó aclarado al demostrar que esa suma era para cubrir el pago de una maquinaria nueva para la fábrica de zapatos Fadoc de su propiedad.
De manera que ninguno de nosotros tenía dinero fuera del país. Quiero aprovechar para testimoniar algo que también dejo bien claro en mi libro. Ninguno de nosotros recibíamos asignaciones del gobierno, ni contratas. Mi papá, que recibía millones de los ingenios azucareros y de la finca de San Cristóbal, cubría nuestras necesidades. Ramfis creó algunas industrias, como la Chocolatera, la fábrica de pintura, los Molinos Dominicanos, y nosotros éramos accionistas, así es como cada quien fue dándole forma a su economía. Claro, siempre asistido por la generosidad de mi padre.
Fue a raíz de la descomposición política de los últimos meses cuando consideramos que era prudencia necesaria tener algún dinero fuera del país. Mi papá, al enterarse, molesto le dijo a Ramfis: “Y ya te estás preparando para salir huyendo p...”
Quiero dejar constancia que en el capítulo VII pág. 360 de mi libro queda ampliamente demostrado y de manera irrefutable que mi papá, en ningún momento, tuvo fuera del país ni un solo centavo, ni bienes de ningún otro género. Nosotros cuando salimos no teníamos un consorcio, sino que cada quien era responsable de lo suyo.
A Ramfis le gustaba comentar de su éxito económico en un mercado tan competitivo como el europeo, pero murió cuando apenas tenía 40 años. De mi hermano Rahdamés no es mucho lo que puedo decir, pues su independencia, además de económica, era física también. En cuanto a lo que a mí respecta, le puedo asegurar que si me quejara sería muy ingrata.
Pero nosotros, mi mamá, cuando nosotros éramos pequeños, sacó una cuenta para cada uno de nosotros, para mi hijo menor, Rafael Leonidas Trujillo Martínez, allá estuvo poniendo dinero todos los años y logró sacar esas cuentas y de esas cuentas es que nosotros hemos vivido toda la vida. Nosotros no sacamos un centavo de las inversiones que habían allá en Santo Domingo. Mi mamá sabía la idea de mi papá, él decía “yo de aquí al cementerio” y nunca quiso sacar un centavo de la República Dominicana.
Todas las inversiones las hacía allá.
Desde entonces hasta ahora, ¿cómo ha vivido Angelita Trujillo?
Indudablemente que desde que nací hasta las 21 años que salí del país, yo viví una vida privilegiada por las atenciones de mi madre, el amor de mis padres, mis hermanos, muy buenas amistades que todavía conservo aparte de unas cuentas que han fallado, pero muy buenas amistades que están siempre y han sido muy consecuentes y sinceras conmigo.
Empezamos a vivir allá en París, estuvimos más o menos un año allá, de ahí fuimos de vacaciones a Madrid, mi mamá se entusiasmo porque sus padres eran españoles y quiso. Allá había muchas personas que ella conocía, tenía familiares allá en España y quiso que nos fuéramos todos a vivir a España. Allí viví 6 años más o menos hasta que terminó mi primer matrimonio entonces vine a Estados Unidos, donde encontré, nos encontramos el coronel Domínguez y yo, nos casamos.
¿Qué tiempo tienen ustedes ya de casados?
Tenemos 43 años.
¿Cuántos hijos tienen?
Son 3 del matrimonio anterior y cuatro del segundo.
¿Qué usted hace hoy, como vive, a qué se dedica?
Ahora mismo estoy traduciendo mi libro al inglés y después de terminar el inglés lo voy a traducir al francés también.
La familia Trujillo sigue siendo vista con muchos recelos en el país. ¿Qué ha significado para los hijos, nietos y biznietos de Trujillo llevar este apellido?
Llevar el apellido de mi padre es para mí, y afortunadamente para mis hijos, un privilegio y un honor.
Los enemigos políticos de mi padre han querido satanizar su nombre, pero a nosotros, conocedores de la verdad, nadie nos puede confundir.
Mi padre nació en San Cristóbal en el 1891, periodo de muchas limitaciones, por lo que su educación fue muy limitada, pero él era un ser excepcional, poseedor de cualidades que pocas veces se aunan en un sólo individuo. Superando todos los escollos, ingresó en el Ejército y a los ocho años era ya su jefe y un par de años después era presidente de la República y como si todo eso fuera poco, más tarde la universidad le entregó un doctorado…
Ya en la Presidencia, se trazó un ambicioso plan para sacar el país de la miseria y el atraso en que vivían los dominicanos y elevarlo al nivel de respeto y prestigio internacional de que gozaba en 1961.
Pero eso no vino como el maná del cielo, sino que fue un arduo proceso de lucha que comenzó con la pacificación del país en esos años difíciles de Concho Primo. Priorizó la creación de un sistema escolar que diera educación y cultura a todas las generaciones presentes y futuras del país entero.
Luchaba intensamente para sanear la economía recuperando las aduanas intervenidas y saldando la deuda externa. Para crear entonces un sistema financiero como el que tenemos hoy en el país.
Llevó a cabo programas sociales que hacían falta por todo el territorio. Los servicios públicos y de higiene se podían comparar a los de los países más adelantados del mundo. Asombroso fue también todo el inmenso programa de obras públicas. La electrificacion del país, construcción de carreteras, puentes, muelles etc.
Luego el impresionante desarrollo agrícola que tuvo el país, exportábamos arroz, habichuela, carne… hasta leche llevaba un avión carguero a Puerto Rico, al que le lamaban El Lechero. Otra hazaña fue la dominicanización de la frontera. Y así cientos y cientos de obras por todo el país.
De manera que al evaluar esa monumental obra de gobierno, ¿cómo podría yo permitir que moralistas sin moral me quiten el orgullo que siento de ser hija del hombre que construyó esa nación?
Este 30 de mayo, se cumplen 50 años de la muerte de su padre, el dictador Trujillo. ¿Qué usted sintió cuando se enteró de su muerte?Mi ex esposo (el coronel Luis José León Estévez) recibió una llamada, se puso muy nervioso y salió. No me dijo nada. Entonces yo llamé a mi casa a mi mamá y ella no estaba. Mi papá me había visitado esa noche.
¿A qué hora?
Después que él salió, porque él salió de mi casa, de ahí se fue a donde mamá Julia y bajó para irse a su finca. Era muy tarde y él me dijo: “He venido tan tarde porque estaba esperando comunicarme con Ramfis y Radhamés que estaban en París en esa ocasión y no quería irme a la finca sin hablar con ellos”, y yo le dije: papá, es muy tarde, por qué no te quedas y te vas mañana? Me respondió, no, yo me tengo que ir esta noche. Insistí muchísimo con él, y me dijo, no, yo me tengo que ir. Cogió su carro y se fue.
¿Usted nunca tuvo preocupación que le fuese a pasar algo ese día?Nunca me pasó por la mente. Él salía solo todas las noches. Salía en un carro oficial, con placa oficial, pero como “Benefactor de la Patria”, salía a pasear, a dar vueltas, a ver...
¿Fue una noche como cualquier otra?No, él se iba todos los días a visitarme, pero esa noche llegó muy tarde porque quería hablar con Ramfis y Radhamés por teléfono, que estaban en París. Entonces salió de mi casa y al poco tiempo vino la llamada.
¿La noticia de que lo habían asesinado?
No, no me dijeron nada, el ex esposo mío levantó el teléfono, se puso muy nervioso, no me dijo nada y salió. Después llamé y cuando vi que no llegaba pensé: algo tiene que haber pasado, porque no había noticias, porque lo vi tembloroso. Llamé a casa de mis padres, que quedaba patio con patio, o sea, se comunicaba por el interior, y el oficial de servicio me dijo: “Ay doñita, no se preocupe, su mamá salió, pero no se preocupe”. Y yo dije: algo grande está pasando. Cuando mi mamá regresó a la casa me llamó y me dijo: “Ven para acá en seguida”. Yo estaba con mis tres hijos María de los Ángeles, Luis José y Rafael Leonidas. Me fui enseguida a casa de mi madre.
¿Dónde vivía usted?
Yo quedaba en la Máximo Gómez y ellos estaban en la César Nicolás Penson, pero por dentro del patio nos comunicábamos. Llegué a la casa y encontré a mi mamá muy preocupada con mi tía japonesa la hermana de mi papá. Y me dice: “Tu papá desapareció y no se ha encontrado nada”. Yo le dije: “Mamá, mi papá murió. Mi papá está muerto. No te hagas ilusiones, porque a mi papá no lo agarran vivo nunca. Si lo atacaron, él está muerto”. Entonces dije: “Lo único que yo voy a hacer es tomarme una pastilla, porque yo, cuando me digan y me den la noticia de que mi padre ha muerto, yo sé que no voy a resistir”. Entonces me fui. Ramfis tenía como una suite, donde se hospedaba cuando tenía que quedarse a dormir en casa. Ya él estaba casado y tenía su vida más independiente. En eso llegó el doctor Gómez Fabián, de la Aviación, y yo le dije: “Doctor, póngame una inyección, un calmante, porque en el momento en que digan que mi papá está muerto yo sé que no voy a resistir”. Como a las tres o cuatro de la mañana, entró mi tía Japonesa, llorando muchísimo y me dijo que habían encontrado el cadáver de mi papá y me dijo quiénes eran más o menos los complotados. Todavía no se sabía lo de Pupo Román. Para mí fue horrible.
Cuando le mencionaron algunos de los nombres de esas personas, ¿qué usted pensó? Lo que pensaba era en el dolor que yo tenía de perder a mi padre. Para mí se me estaba acabando el mundo, porque yo era muy apegada a mi padre.
Y supongo que su padre la quería mucho a usted también.También, y su trato hacia mí era muy cariñoso. Él era muy cariñoso y débil conmigo. Radhamés siempre me decía ve pídele permiso a papá para tal cosa para mí, porque tú eres su ojo derecho.
¿Usted se sentía una niña mimada porque él iba todos los días a su casa?Sí, todos los días, pero normalmente íbamos todos a la casa de él en la tarde cuando llegaba de la oficina. Él cenaba muy temprano y nosotros no podíamos cenar tan temprano.
¿Cómo tan temprano, a qué hora? A las 5:30 y a las 6:00 de la tarde, sí, y después se iba a caminar dos horas, por la George Washington, como dos kilómetros, por ahí, y después de comida también, le gustaba caminar.
¿Ese amor no la dejaba a usted ver algunos otros ángulos criticables de su padre? Bueno, en realidad, yo veía en él un gran estadista, veía la gran obra que él estaba haciendo, que indudablemente era una obra fabulosa y para llegar a hacer una obra como la que él hizo, había que hacer también sacrificios porque él tuvo que pacificar al país, que estaba bajo la montonera de Concho Primo.
¿Pero nunca sentía que en el gobierno de su padre se producía esa represión y había muchas limitaciones, usted no percibía que había represión y limitaciones contra la población? Yo lo que veía era mucho progreso y un país que iba desarrollándose en una forma increíble. Había que pensar en 1930, cuando él subió al poder, lo que era ese país.
Todavía persisten algunas de sus obras.Exactamente, yo considero que el país es un museo de Trujillo.
Esa es una expresión nueva.Exactamente, él creó todo en el país.
¿Y cuál usted cree que fue la motivación que tuvieron esos hombres para matar a su padre? Por ambición, absolutamente. No fue patriotismo. Eso se ve con claridad y a través de los años se ha visto.
Pero ellos tenían, de alguna manera algún tipo de vínculo con él.Sí, fueron muy favorecidos, en su gran mayoría. Es que la ambición es una cosa tremenda.
Pero lo que la historia recoge es que ellos querían cambiar el modelo político del país.Yo no creo que ellos quisieron cambiar el modelo político del país. Yo creo que fue por ambición más que nada y se demostró a través de los años.
Los que participaron en la muerte de su padre, bueno la mayoría, no vivió mucho tiempo para demostrar esa intención.Bueno quedaron algunos vivos, fueron muy favorecidos.
¿Qué siente usted por ellos?
No siento odio por nadie. Me costó mucho trabajo que se me quitara ese dolor que yo sentía.
¿Le costó mucho trabajo y mucho tiempo?
Yo dije, si yo no puedo perdonarlos, Dios ayúdame a que tú los perdones por mí.
¿Usted los perdonó a ellos ya?
Yo no siento odio, absolutamente por nadie. Los perdono a ellos y a cualquier otro ciudadano dominicano que por su actitud antitrujillista hubiese pensado en matarlo.
¿Si usted se encontrara de frente con el ahora general Imbert Barreras, qué sentiría?
Yo no se cómo se sentiría él conmigo, pero yo no sentiría ningún odio por él, no me daría alegría, no, pero...
Si Trujillo reviviera, en este momento, y ve a su país, ¿qué usted cree que pasaría?
Yo creo que se moriría del corazón.
¿Y por qué se moriría de un ataque?
Si ve su obra, como está la invasión haitiana y esas cosas.
Retomando una pregunta anterior, ¿usted nunca escuchó las versiones de que su padre era muy cruel con sus enemigos, con sus opositores?
Voy a decirte una cosa Miguel, normalmente los que hablan así son las personas que estubieron involucradas en complots contra él para asesinarlo. Dime tú, ¿en qué país donde hay un complot para asesinar un jefe de Estado, no son fuertes?
Tienen que interrogarlos, tienen que ponerlos en la cárcel y muchas veces, como en Cuba por ejemplo, los fusilan. Mi papá perdonó muchas personas que complotaron contra él.
Y de todas maneras, te voy a decir una cosa, también hay muchas personas que se inventan fantasías para hacerse mártires y héroes ante los demás y ante la opinión pública.
Dígame una cosa, para volver al principio, ¿cuándo usted vio a su papá ya muerto?
No, yo no lo vi muerto, no tuve el valor de verlo muerto, no quise verlo. Lo tenían en el cuarto. Yo no fui al entierro ni siquiera, estaba en mi cuarto y me tenían sedada porque yo estaba desesperada, tenía mis niños ahí pequeños.
¿Usted sintió que la Era se derrumbaba con él?
Yo nada más pensaba en la pérdida de mi padre, yo no pensaba en la política ni lo que podría pasar, de lo que nos podían hacer, yo no pensaba en nada... sólo en el dolor de perder a mi padre...
Cuando regresó mi hermano Ramfis de Europa, llegó muy ilusionado con un plan de transición que tenía, pero al no poderlo implementar, salió desilusionado. De todas maneras nosotros, como digo en mi libro, nos habíamos reunido y Ramfis tenía un plan de transición muy aceptable y muy bueno para el país.
¿Y en qué consistía ese plan?
Primero, apoyar al doctor Balaguer para que organizara elecciones libres y cuando hubiera un gobierno democrático en el poder, Ramfis saldría del país, pues a él no le interesaba la política.
Cuando ustedes se retiran del país se dijo que se llevaban una gran riqueza, cuéntenos esa parte de su vida.La transición a nuestra nueva vida comenzó en París. Allí vivimos un par de años. Luego todos estuvimos de acuerdo para irnos a residir a Madrid donde, después de siete años, con mi primer matrimonio terminado, vine a vivir a los Estados Unidos. Aquí me encontré con el coronel Domínguez, quien desde entonces ha sido mi esposo y si mal no cuento sumamos ya felizmente 43 años de unión matrimonial.
Aunque mi ocupación ha sido siempre de carácter doméstico, puesto que criar y educar correctamente a mis siete hijos es obra de tiempo completo, dejando muy poco tiempo para otras cosas. No obstante, en Europa estudié… Y aquí me incliné por la decoración en la academia de Anita Prist, así como también un curso de bienes raíces.
Después dediqué los siguientes seis o más años a escribir mi libro “Trujillo mi padre en mis memorias” no demasiado tiempo considerando que no soy escritora y la enorme cantidad de información que logré reunir para esta obra. Dicho sea de paso, te puedo decir que actualmente estoy a tiempo completo dedicada a la traducción de mi libro al idioma inglés.
Para las lecturas, no me gustan los libros ni las películas de ficción. En la biblioteca de mi casa abundan los libros de historia que me fascinan y que leo cuando el tiempo me lo permite. En cuanto a las películas Luis Jose se ríe porque yo digo que la última vez que fuimos al cine, fuimos a ver “Tora Tora”. A él no le gusta ir al cine pero ahora, con los adelantos tecnológicos, puedo ver en mi casa las películas clásicas de Hollywood que son las que más disfruto porque no muestran violencia y son inspiradoras y se pueden ver en familia. Y de último, lo más gratificante de todo, el tiempo que pasamos con los nietos. Es lo más adorable que tenemos los abuelos.
¿Con qué realmente se quedó la familia y qué fue lo más valioso que perdió?
El Consejo de Estado decretó la Ley de Confiscaciones, pero mucho antes de nosotros salir del país, le habíamos sometido al presidente Balaguer una correspondencia en la cual le informábamos que nuestra familia había tomado la decisión de crear, con la mayor brevedad posible, una fundación llamada “Rafael Leonidas Trujillo” la cual recibiría y sería propietaria única de todos los bienes que poseía la familia Trujillo Martínez, incluyendo todos los bienes de mi papá y los de mi mamá.
Esta fundacion sería administrada por el clero, un consejo de prestigiosos individuos que nada tuvieran que ver con nuestra familia. Los beneficios de dicho conglomerado serían para beneficio directo y exclusivo del pueblo dominicano como era la voluntad de mi padre. Este proyecto está ampliamente detallado en mi libro. A la salida de Ramfis aún no se había terminado y por eso todos esos bienes fueron confiscados por el Consejo de Estado y paulatinamente sustraídos, robados, pillados. Hicieron una verdadera piñata. Y lo más triste es que nadie jamás ha tenido que responder ante la justicia por semejante crimen.
Lo más valioso que perdimos fue el tiempo necesario para, formalmente, traspasar la posesión de nuestros bienes a la fundación, como era la voluntad de mi padre. Para que esos cuantiosos beneficios los disfrutara el pueblo dominicano.
¿Es cierto que los hijos de Trujillo quedaron en la ruina después de la desaparición de su padre y de la salida forzosa del país del resto de los suyos?
Miguel, bien sabes que la familia Trujillo era o es muy larga, y me imagino que a algunos les tiene que haber ido mejor que a otros, pues eso de la economía es así. Pero yo espero que todos hayan sabido nadar y guardar la ropa, como decimos allá.
Por mi parte solo puedo referirme a los Trujillo Martínez. No es un secreto que mi papá mantenía un control absoluto de las divisas. No sé si leiste en mi libro que en una ocasión mi papá se enteró que mi tía Japonesa y mi tío Luis Ruiz habían enviado un giro de $150,000 dólares al exterior. Los llamó al despacho y le dijo cuanto le disgustaba eso de sacar dinero al exterior, pero todo quedó aclarado al demostrar que esa suma era para cubrir el pago de una maquinaria nueva para la fábrica de zapatos Fadoc de su propiedad.
De manera que ninguno de nosotros tenía dinero fuera del país. Quiero aprovechar para testimoniar algo que también dejo bien claro en mi libro. Ninguno de nosotros recibíamos asignaciones del gobierno, ni contratas. Mi papá, que recibía millones de los ingenios azucareros y de la finca de San Cristóbal, cubría nuestras necesidades. Ramfis creó algunas industrias, como la Chocolatera, la fábrica de pintura, los Molinos Dominicanos, y nosotros éramos accionistas, así es como cada quien fue dándole forma a su economía. Claro, siempre asistido por la generosidad de mi padre.
Fue a raíz de la descomposición política de los últimos meses cuando consideramos que era prudencia necesaria tener algún dinero fuera del país. Mi papá, al enterarse, molesto le dijo a Ramfis: “Y ya te estás preparando para salir huyendo p...”
Quiero dejar constancia que en el capítulo VII pág. 360 de mi libro queda ampliamente demostrado y de manera irrefutable que mi papá, en ningún momento, tuvo fuera del país ni un solo centavo, ni bienes de ningún otro género. Nosotros cuando salimos no teníamos un consorcio, sino que cada quien era responsable de lo suyo.
A Ramfis le gustaba comentar de su éxito económico en un mercado tan competitivo como el europeo, pero murió cuando apenas tenía 40 años. De mi hermano Rahdamés no es mucho lo que puedo decir, pues su independencia, además de económica, era física también. En cuanto a lo que a mí respecta, le puedo asegurar que si me quejara sería muy ingrata.
Pero nosotros, mi mamá, cuando nosotros éramos pequeños, sacó una cuenta para cada uno de nosotros, para mi hijo menor, Rafael Leonidas Trujillo Martínez, allá estuvo poniendo dinero todos los años y logró sacar esas cuentas y de esas cuentas es que nosotros hemos vivido toda la vida. Nosotros no sacamos un centavo de las inversiones que habían allá en Santo Domingo. Mi mamá sabía la idea de mi papá, él decía “yo de aquí al cementerio” y nunca quiso sacar un centavo de la República Dominicana.
Todas las inversiones las hacía allá.
Desde entonces hasta ahora, ¿cómo ha vivido Angelita Trujillo?
Indudablemente que desde que nací hasta las 21 años que salí del país, yo viví una vida privilegiada por las atenciones de mi madre, el amor de mis padres, mis hermanos, muy buenas amistades que todavía conservo aparte de unas cuentas que han fallado, pero muy buenas amistades que están siempre y han sido muy consecuentes y sinceras conmigo.
Empezamos a vivir allá en París, estuvimos más o menos un año allá, de ahí fuimos de vacaciones a Madrid, mi mamá se entusiasmo porque sus padres eran españoles y quiso. Allá había muchas personas que ella conocía, tenía familiares allá en España y quiso que nos fuéramos todos a vivir a España. Allí viví 6 años más o menos hasta que terminó mi primer matrimonio entonces vine a Estados Unidos, donde encontré, nos encontramos el coronel Domínguez y yo, nos casamos.
¿Qué tiempo tienen ustedes ya de casados?
Tenemos 43 años.
¿Cuántos hijos tienen?
Son 3 del matrimonio anterior y cuatro del segundo.
¿Qué usted hace hoy, como vive, a qué se dedica?
Ahora mismo estoy traduciendo mi libro al inglés y después de terminar el inglés lo voy a traducir al francés también.
La familia Trujillo sigue siendo vista con muchos recelos en el país. ¿Qué ha significado para los hijos, nietos y biznietos de Trujillo llevar este apellido?
Llevar el apellido de mi padre es para mí, y afortunadamente para mis hijos, un privilegio y un honor.
Los enemigos políticos de mi padre han querido satanizar su nombre, pero a nosotros, conocedores de la verdad, nadie nos puede confundir.
Mi padre nació en San Cristóbal en el 1891, periodo de muchas limitaciones, por lo que su educación fue muy limitada, pero él era un ser excepcional, poseedor de cualidades que pocas veces se aunan en un sólo individuo. Superando todos los escollos, ingresó en el Ejército y a los ocho años era ya su jefe y un par de años después era presidente de la República y como si todo eso fuera poco, más tarde la universidad le entregó un doctorado…
Ya en la Presidencia, se trazó un ambicioso plan para sacar el país de la miseria y el atraso en que vivían los dominicanos y elevarlo al nivel de respeto y prestigio internacional de que gozaba en 1961.
Pero eso no vino como el maná del cielo, sino que fue un arduo proceso de lucha que comenzó con la pacificación del país en esos años difíciles de Concho Primo. Priorizó la creación de un sistema escolar que diera educación y cultura a todas las generaciones presentes y futuras del país entero.
Luchaba intensamente para sanear la economía recuperando las aduanas intervenidas y saldando la deuda externa. Para crear entonces un sistema financiero como el que tenemos hoy en el país.
Llevó a cabo programas sociales que hacían falta por todo el territorio. Los servicios públicos y de higiene se podían comparar a los de los países más adelantados del mundo. Asombroso fue también todo el inmenso programa de obras públicas. La electrificacion del país, construcción de carreteras, puentes, muelles etc.
Luego el impresionante desarrollo agrícola que tuvo el país, exportábamos arroz, habichuela, carne… hasta leche llevaba un avión carguero a Puerto Rico, al que le lamaban El Lechero. Otra hazaña fue la dominicanización de la frontera. Y así cientos y cientos de obras por todo el país.
De manera que al evaluar esa monumental obra de gobierno, ¿cómo podría yo permitir que moralistas sin moral me quiten el orgullo que siento de ser hija del hombre que construyó esa nación?
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Voltaire