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sábado, 10 de abril de 2021

Cómo me siento con la partida física del Intelectual Don Marcio Veloz Maggiolo hoy sábado 10 de abril 2021

 

Le conocí personalmente en el Archivo General de la Nación. Sugerimos en reunión del POA (Plan Operativo Anual) crear un Proyecto de Historia Oral que incluya a los Personajes Destacados, protagonistas directos de la Cultura Dominicana en todos sus aspectos, preparamos un anteproyecto y lo incluimos como objetivo directo para la construcción de sus vivencias, anécdotas, reseñas e historia de vida. Un plan interesante con fuertes y exigentes compromisos para quien asumiera la tarea de realizar el levantamiento bibliográfico, las entrevistas y las catalogaciones de los encuentros.

Proyecto Voces de Personajes Destacados

Marcio Veloz Maggiolo

Guía temática y particular (1er y 2do encuentro)

A)    Aspectos generales:

  1. Su origen: fecha de nacimiento, lugar, padre, madre y hermanos
  2. Su infancia (vida de niñez, adolescencia y juventud) en el contexto (social, cultural y político) partiendo de su lugar de origen (Santo Domingo)
  3. Estudios realizados (nivel inicial, Básica y Bachillerato)
  4. Sus actividades socio-culturales (tradición, celebración, religiosidad, recreación)
  5. Personas que mas influyeron en su vida
  6. Hechos que impactaron en su vida
  7. Cambios observados (antes y ahora) en su vida y en la sociedad

B)    Carrera Profesional

  1. Sus estudios universitarios (en su contexto histórico – social)
  2. Ejercicio profesional y actividad literaria (como el más prolífero escritor dominicano contemporáneo) 
  3. Sobre sus investigaciones científicas (antropología, arqueología e historia)
  4. Alternabilidad entre lo social, lo familiar y lo profesional
  5. Sobre su experiencia como:

* Director del Departamento de Investigaciones del Museo del Hombre Dominicano

* Director del Departamento de Antropología e Historia de la UASD

* Director - fundador del Departamento de Extensión Cultural de la UASD

* Director del Museo de las Casas Reales

Fue aprobado el anteproyecto. Lo asumimos con timidez, tensión, gran admiración y nerviosismo constante!. No se cuantas veces pensé: "En que me metí.... Quien me manda... Estamos hablando de Marcio Veloz Maggiolo... Todos esos libros y yo no he leído ni la mitad... Cómo interactuaremos cuando lleguemos a sus experiencias literarias..."

Le contactamos vía teléfono y fue muy grata la accesibilidad y amabilidad que nos ofreció, concertamos día, lugar y hora para el encuentro - entrevista, llegamos en mutuo acuerdo que lo mejor sería en el estudio audiovisual del Archivo General de la Nación y así fue.

El encuentro fue grato, cuanta humildad en tanta majestuosidad!!!

Puntual, agradable, dispuesto a dar todo de si!!! 

Rompe los esquemas que hasta ese momento teníamos de las personas entrevistadas para el programa de historia oral, se interesa en nuestra persona, indaga con maravillosa sutileza lo que hacemos, que somos, que pensamos de lo que hacemos e infiere sobre nuestras motivaciones. A esa altura, nos sentimos nerviosos pero muy alagados, oh! estamos hablando con Don Marcio Veloz Maggiolo, oh!!!

Iniciamos el primer de varios encuentros, intentamos seguirle el ritmo meteórico de su prodigiosa memoria, uf!!!!!! cuantos datos, cuantas informaciones, que avalancha cronológica de detalles en relación a sus antepasados y todo a memoria pura sin ver libretas, les invito a escuchar en la entrevista las informaciones del árbol genealógico que compartió con nosotros y darse cuentas los minuciosos detalles que conforman el caudal de datos ofrecidos en la primera etapa de ese encuentro. 

Progresivamente entra al universo de su literatura! nos ayuda la dicha y suerte de compartir anécdotas sobre los recuerdos de infancia en relación a la dictadura de Trujillo, utiliza como guía su maravilloso libro: "Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas", por suerte le conocía y para ese momento fue agradable e inolvidable navegar entre sus páginas (escuchando la voz de su autor) y hacer ramificaciones sobre la época trujillista (utilizando a nuestro favor varios contextos de ese periodo histórico).













jueves, 16 de junio de 2011

Los amos [Cuento. Texto completo]

Juan Bosch

Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca, don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo.
-Le voy a dar medio peso para el camino. Usté esta muy mal y no puede seguir trabajando. Si se mejora, vuelva.
Cristino extendió una mano amarilla, que le temblaba.
-Mucha gracia, don. Quisiera coger el camino ya, pero tengo calentura.
-Puede quedarse aquí esta noche, si quiere, y hasta hacerse una tisana de cabrita. Eso es bueno.
Cristino se había quitado el sombrero, y el pelo abundante, largo y negro le caía sobre el pescuezo. La barba escasa parecía ensuciarle el rostro, de pómulos salientes.
-Ta bien, don Pío -dijo-; que Dio se lo pague.
Bajó lentamente los escalones, mientras se cubría de nuevo la cabeza con el viejo sombrero de fieltro negro. Al llegar al último escalón se detuvo un rato y se puso a mirar las vacas y los críos.
-Que animao ta el becerrito -comentó en voz baja.
Se trataba de uno que él había curado días antes. Había tenido gusanos en el ombligo y ahora correteaba y saltaba alegremente.
Don Pío salió a la galería y también se detuvo a ver las reses. Don Pío era bajo, rechoncho, de ojos pequeños y rápidos. Cristino tenía tres años trabajando con él. Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuido de los terneros. Le había salido trabajador y tranquilo aquel hombre, pero había enfermado y don Pío no quería mantener gente enferma en su casa.
Don Pío tendió la vista. A la distancia estaban los matorrales que cubrían el paso del arroyo, y sobre los matorrales, las nubes de mosquitos. Don Pío había mandado poner tela metálica en todas las puertas y ventanas de la casa, pero el rancho de los peones no tenía ni puertas ni ventanas; no tenía ni siquiera setos. Cristino se movió allá abajo, en el primer escalón, y don Pío quiso hacerle una última recomendación.
-Cuando llegue a su casa póngase en cura, Cristino.
-Ah, sí, cómo no, don. Mucha gracia -oyó responder.
El sol hervía en cada diminuta hoja de la sabana. Desde las lomas de Terrero hasta las de San Francisco, perdidas hacia el norte, todo fulgía bajo el sol. Al borde de los potreros, bien lejos, había dos vacas. Apenas se las distinguía, pero Cristino conocía una por una todas las reses.
-Vea, don -dijo- aquella pinta que se aguaita allá debe haber parío anoche o por la mañana, porque no le veo barriga.
 Don Pío caminó arriba.
-¿Usté cree, Cristino? Yo no la veo bien.
-Arrímese pa aquel lao y la verá.
Cristino tenía frío y la cabeza empezaba a dolerle, pero siguió con la vista al animal.
-Dese una caminata y me la arrea, Cristino -oyó decir a don Pío.
-Yo fuera a buscarla, pero me toy sintiendo mal.
-¿La calentura?
-Unjú, me ta subiendo.
-Eso no hace. Ya usté está acostumbrado, Cristino. Vaya y tráigamela.
Cristino se sujetaba el pecho con los dos brazos descarnados. Sentía que el frío iba dominándolo. Levantaba la frente. Todo aquel sol, el becerrito...
-¿Va a traérmela? -insistió la voz.
Con todo ese sol y las piernas temblándole, y los pies descalzos llenos de polvo.
-¿Va a buscármela, Cristino?
Tenía que responder, pero la lengua le pesaba. Se apretaba más los brazos sobre el pecho. Vestía una camisa de listado sucia y de tela tan delgada que no le abrigaba.
Resonaron pisadas arriba y Cristino pensó que don Pío iba a bajar. Eso asustó a Cristino.
-Ello sí, don -dijo-: voy a dir. Deje que se me pase el frío.
-Con el sol se le quita. Hágame el favor, Cristino. Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro.
Cristino seguía temblando, pero comenzó a ponerse de pie.
-Si: ya voy, don -dijo.
-Cogió ahora por la vuelta del arroyo -explicó desde la galería don Pío.
Paso a paso, con los brazos sobre el pecho, encorvado para no perder calor, el peón empezó a cruzar la sabana. Don Pío lo veía de espaldas. Una mujer se deslizó por la galería y se puso junto a don Pío.
-¡Qué día tan bonito, Pío! -comentó con voz cantarina.
El hombre no contestó. Señaló hacia Cristino, que se alejaba con paso torpe como si fuera tropezando.
-No quería ir a buscarme la vaca pinta, que parió anoche. Y ahorita mismo le di medio peso para el camino.
Calló medio minuto y miró a la mujer, que parecía demandar una explicación.
-Malagradecidos que son, Herminia -dijo-. De nada vale tratarlos bien.
Ella asintió con la mirada.
-Te lo he dicho mil veces, Pío -comentó. Y ambos se quedaron mirando a Cristino, que ya era apenas una mancha sobre el verde de la sabana.
FIN

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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