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miércoles, 14 de septiembre de 2011

El secreto de Guantánamo


por Thierry Meyssan (*)
Usted cree quizás que está informado sobre lo sucedido en Guantánamo y le sorprende que el presidente Obama no logre cerrar ese centro de tortura. Pues se equivoca. Usted no conoce la verdadera finalidad de ese dispositivo y lo que lo hace indispensable para la actual administración.
¡Cuidado! Si lo que usted quiere es seguir pensando que existen valores comunes entre nosotros y Estados Unidos y que debemos seguir siendo aliados de Washington, absténgase de leer este artículo.
Detenido a la salida de una sesión de “acondicionamiento” en Guantánamo.
Todos recordamos las fotos de torturas que circularon por Internet. Se presentaban como trofeos de guerra que habían recogido unos cuantos soldados estadounidenses. Pero, al no poder verificar su autenticidad, los grandes medios de difusión no se atrevían a reproducirlas. En 2004, la cadena CBS les dedicó un reportaje. Comenzó así un gran movimiento de denuncia de los malos tratos infligidos a los iraquíes.
Guantanamo
La cárcel de Abu Ghraib demostraba que la supuesta guerra contra la dictadura de Sadam Husein era en realidad una guerra de ocupación como cualquier otra, con la misma secuela de crímenes. Washington aseguró, como era de esperar, que se trataba de excesos cometidos a espaldas de los mandos por unos cuantos individuos no representativos, calificados como «manzanas podridas». Algunos soldados fueron arrestados y juzgados para que sirvieran de ejemplo. Y se cerró el caso hasta las siguientes revelaciones.
Simultáneamente, la CIA y el Pentágono iban preparando a la opinión pública, tanto en Estados Unidos como en los países aliados, para un cambio de valores morales. La CIA había nombrado un agente de enlace con Hollywood, el coronel Chase Brandon (un primo de Tommy Lee Jones), y contratado a célebres escritores (como Tom Clancy) y guionistas para escribir nuevos guiones para películas y series de televisión. Objetivo: estigmatizar la cultura musulmana y banalizar la tortura como parte de la lucha contra el terrorismo. Como ejemplo de ello, las aventuras del agente Jack Bauer, en la serie 24h, han sido abundantemente subvencionadas por la CIA para que cada temporada llevara un poco más lejos los límites de lo aceptable.
En los primeros episodios, el héroe intimida a los sospechosos para sacarles información. En los episodios siguientes, todos los personajes sospechan unos de otros, y se torturan entre sí, con más o menos escrúpulos y cada vez más seguros de que están cumpliendo con su deber. En la imaginación colectiva, siglos de humanismo fueron así barridos y se impuso una nueva barbarie. Esto permitía al cronista del Washington Post, Charles Krauthammer (que además es siquiatra) presentar el uso de la tortura como «un imperativo moral» (sic) en estos difíciles tiempos de guerra contra el terrorismo.
Guantanamo
La investigación del senador suizo Dick Marty confirmó al Consejo de Europa que la CIA había secuestrado a miles de personas a través del mundo, entre ellas varias decenas –posiblemente cientos– habían sido secuestradas en territorio de la Unión Europea. Vino después la avalancha de testimonios sobre los crímenes perpetrados en las cárceles de Guantánamo (en la región del Caribe) y de Baghram (Afganistán). Perfectamente acondicionada, la opinión pública de los Estados miembros de la OTAN aceptó la explicación que se le dio y que tan bien cuadraba con las novelescas intrigas que la televisión le venía sirviendo: para poder salvar vidas inocentes Washington estaba recurriendo a métodos clandestinos, secuestrando sospechosos y haciéndolos hablar mediante métodos que la moral pudiera rechazar pero que la eficacia había hecho necesarios.
Fue a partir de esa narración simplista que el candidato Barack Obama se levantó contra la saliente administración Bush. Convirtió la prohibición de la tortura y el cierre de las prisiones secretas en medidas claves de su mandato. Después de su elección, durante el periodo de transición, se rodeó de juristas de muy alto nivel a los que encargó la elaboración de una estrategia para cerrar el siniestro episodio. Ya instalado en la Casa Blanca, dedicó sus primeros decretos presidenciales al cumplimiento de sus compromisos en la materia. Aquella prontitud conquistó a la opinión pública internacional, suscitó una inmensa simpatía hacia el nuevo presidente y mejoró la imagen de Estados Unidos ante el mundo.
El único problema es que, al cabo de un año de la elección de Barack Obama, se han resuelto unos cientos de casos individuales pero en el fondo nada ha cambiado. El centro de detención creado por Estados Unidos en su base militar de Guantánamo sigue ahí y no hay esperanzas de cierre inminente. Las asociaciones de defensa de derechos humanos señalan además que los actos de violencia contra los detenidos han empeorado.
Al ser interrogado sobre el tema, el vicepresidente estadounidense Joe Biden declaró que mientras más avanzaba en el expediente de Guantánamo, más cosas que hasta entonces ignoraba iba descubriendo. Y después advirtió a la prensa, enigmáticamente, que no se podía abrir la caja de Pandora.
Por su parte, el consejero jurídico de la Casa Blanca, Greg Craig, quiso presentar su renuncia, no porque considere que haya fallado en su misión de cerrar el centro, sino porque estima en este momento que se le ha dado una misión imposible.
Guantanamo
¿Por qué el presidente de los Estados Unidos no logra que lo obedezcan en su propio país? Si ya todo está dicho sobre los abusos de la era Bush, ¿por qué se habla ahora de una caja de Pandora y qué es lo qué es lo que causa tanto temor?
El problema es que el sistema es en realidad mucho más extenso. No se trata solamente de unos cuantos secuestros y una prisión. Y lo más importante es que su finalidad es radicalmente diferente de lo que la CIA y el Pentágono le han hecho creer al público. Antes de emprender este descenso al infierno, es conveniente aclarar algo.
Lo que hizo el ejército estadounidense en Abu Ghraib no tenía nada que ver, por lo menos al principio, con los experimentos que está realizando la US Navy [la Marina de Guerra de los Estados Unidos] en Guantánamo y en sus otras prisiones secretas. Se trataba entonces simplemente de lo que hacen todos los ejércitos del mundo cuando se transforman en policía y se enfrentan a una población hostil. Tratar de dominarla a través del terror. En este caso, las fuerzas de la coalición reprodujeron [en Irak] los crímenes que los franceses cometieron durante la llamada batalla de Argel contra los argelinos, a los que además los franceses seguían llamando «compatriotas». El Pentágono recurrió al general francés retirado Paul Aussaresses, especialista en «contrainsurgencia», para que se reuniera con los oficiales superiores.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos instala dos centros de entrenamiento en esas técnicas, la Political Warfare Cadres Academy (en Taiwán) y la School of Americas [conocida en español como Escuela de las Américas] (en Panamá). En ambas instalaciones se impartían cursos sobre la tortura destinados a los encargados de la represión en el seno de las dictaduras asiáticas y latinoamericanas.
Durante los años 1960 y 70, la coordinación de ese dispositivo se desarrollaba a través de la World Anti-Communist League, de la que eran miembros los jefes de Estado interesados [1]. Aquella política alcanzó considerable extensión durante las operaciones Phoenix en Vietnam (“neutralización” de 80,000 individuos sospechosos de ser miembros del vietcong) [2] y Cóndor en América Latina (“neutralización” de opositores políticos a escala continental) [3]. El esquema de articulación entre las operaciones de limpieza en las zonas insurgentes y los escuadrones de la muerte se aplicó exactamente de la misma manera en Irak, sobre todo durante la operación Iron Hammer [4].
La única novedad en el caso de Irak es la distribución entre los soldados estadounidenses de un clásico de la literatura colonial, The Arab Mind, del antropólogo Raphael Patai, con un prefacio del coronel Norvell B. De Atkine, jefe de la John F. Kennedy Special Warfare School, nueva denominación de la siniestra Escuela de las Américas desde que ésta se mudó a Fort Bragg (en Carolina del Norte) [5]. Este libro, que presenta en tono doctoral toda una serie de estúpidos prejuicios sobre los «árabes» en general, contiene un célebre capítulo sobre los tabúes sexuales, utilizados en la concepción de las torturadas aplicadas en Abou Ghraib.
Las torturas perpetradas en Irak no son simples casos aislados, como afirmó la administración Bush, sino que se integran en toda una estrategia de contrainsurgencia. La única forma de ponerles fin no es la condena moral sino la solución de la situación política. Pero Barack Obama sigue dilatando el retiro de las fuerzas extranjeras que ocupan Irak.
Fue con una perspectiva muy diferente que el profesor Albert D. Biderman, siquiatra de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, estudió para la Rand Corporation el acondicionamiento de los prisioneros de guerra estadounidenses en Corea del Norte.
Mucho antes de Mao y del comunismo, los chinos habían perfeccionado refinados métodos destinados a quebrar la voluntad de un detenido e inculcarle el deseo de hacer confesiones. Su uso durante la guerra de Corea dio ciertos resultados. Prisioneros de guerra estadounidenses confesaban con toda convicción ante la prensa crímenes que quizás no habían cometido. Biderman presentó sus primeras observaciones durante una audiencia en el Senado, el 19 de junio de 1956, y más tarde, al año siguiente, ante la Academia de Medicina de Nueva York (Ver documentos disponibles en línea a través del vínculo que aparece al final de este artículo). Biderman definió 5 estados a través de los cuales transitan los «sujetos».
1. Al principio el prisionero se niega a cooperar y se encierra en el silencio.
2. Mediante una mezcla de brutalidades y gentileza, es posible hacerlo pasar a un segundo estado en que se le induce a defenderse de las acusaciones que se le hacen.
3. Posteriormente el prisionero empieza a cooperar. Sigue proclamando su inocencia pero trata de complacer a sus interrogadores reconociendo que quizás ha cometido alguna falta sin querer, por accidente o por descuido.
4. Cuando transita por la cuarta fase, el prisionero está ya completamente desvalorizado a sus propios ojos. Sigue negando las acusaciones de que es objeto, pero confiesa su naturaleza criminal.
5. Al final del proceso el prisionero admite ser el autor de los hechos que se le imputan. Incluso inventa detalles complementarios para acusarse a sí mismo y reclama que se le castigue.
Biderman examina también todas las técnicas utilizadas por los torturadores chinos para manipular a los prisioneros: aislamiento, monopolización de la percepción sensorial, cansancio, amenazas, gratificaciones, demostraciones del poder de los carceleros, degradación de las condiciones de vida, formas de sometimiento. La violencia física tiene un carácter secundario, la violencia sicológica se hace total y tiene carácter permanente.
Los trabajos de Biderman sobre el «lavado de cerebro» adquirieron una dimensión mítica. Los militares estadounidenses empezaron a temer que el enemigo pudiera utilizar contra Estados Unidos a los propios soldados estadounidenses ya acondicionados para decir cualquier cosa y quizás para hacer también cualquier cosa. Concibieron entonces un programa de entrenamiento destinado a los pilotos de caza estadounidenses para lograr que éstos se volvieran refractarios a aquella forma de tortura y evitar que el enemigo pudiera “lavarles el cerebro” si caían prisioneros.
Dicha forma de entrenamiento se denomina SERE, siglas que corresponden a Supervivencia, Evasión, Resistencia, Escape (Survival, Evasion, Resistance, Escape). En sus inicios, este curso se impartía en la Escuela de las Américas, pero hoy se ha extendido a otras categorías del personal militar y se imparte en varias bases. Este tipo de entrenamiento se ha implantado además en cada uno de los ejércitos que forman parte de la OTAN.
La decisión de la administración Bush, después de la invasión de Afganistán, fue utilizar esas técnicas para lograr inducir a los prisioneros a hacer confesiones que demostrarían, a posteriori, la implicación de Afganistán en los ataques del 11 de septiembre, validando así la versión oficial sobre los atentados.
Se procedió a construir nuevas instalaciones en la base naval estadounidense de Guantánamo y comenzó allí la realización de experimentos. La teoría del Albert Biderman se completó con los aportes de un psicólogo civil, el profesor Martin Seligman, conocida personalidad que fue presidente de la American Psychological Association.
Guantanamo
Seligman demostró que la teoría de Ivan Pavlov sobre los reflejos condicionados tenía un límite. Se pone un perro en una jaula cuyo suelo está divido en dos partes. De forma aleatoria, se envían descargas eléctricas a uno u otro lado del suelo. El animal salta de un lado a otro para protegerse. Hasta ahí no hay nada sorprendente. Posteriormente, se electrifican los dos lados de la jaula.
El animal se da cuenta de que nada puede hacer para escapar de las descargas eléctricas y que sus esfuerzos son inútiles. Y acaba entonces por rendirse. Se acuesta en el suelo y cae en un estado de indiferencia que le permite soportar pasivamente el sufrimiento. Se abre entonces la jaula y… ¡sorpresa! El animal no huye. En el estado psíquico en que se encuentra ya ni siquiera es capaz de hacer oposición. Permanece acostado en el suelo electrificado, soportando el sufrimiento.
La Marina de Guerra estadounidense formó un equipo médico de choque. Esta envió al profesor Seligman a Guantánamo. Conocido por sus trabajos sobre la depresión nerviosa, Seligman es una vedette. Sus libros sobre el optimismo y la confianza en sí mismo son best-sellers mundiales. Y fue él quien supervisó experimentos realizados con personas como conejillos de indias. Algunos prisioneros, al ser sometidos a terribles torturas, acaban sumiéndose espontáneamente en el estado psíquico que les permite soportar el dolor, y que los priva también de toda capacidad de resistencia. Al manipularlos de esa forma, se les lleva rápidamente a la fase 3 del proceso de Biderman.
Basándose también en los trabajos de Biderman, los torturados estadounidenses, bajo la guía del profesor Martin Seligman, realizaron experimentos con cada una de las técnicas coercitivas y las perfeccionaron. Para ello se elaboró un protocolo científico que se basa en la medición de las fluctuaciones hormonales. Se instaló un laboratorio médico en la base de Guantánamo y se recogen muestras de saliva y de sangre de los “conejillos de indias” a intervalos regulares para evaluar sus reacciones. Los torturadoras han ido refinando sus métodos. Por ejemplo, en el programa SERE se monopolizaba la percepción sensorial impidiendo, mediante una música estresante, que el prisionero pudiese dormir.
En Guantánamo se han obtenido resultados muy superiores con los gritos de bebés reproducidos durante días enteros. Antes, el poderío de los carceleros se demostraba mediante golpizas a los prisioneros. En la base naval estadounidense de Guantánamo se creó la Immediate Reaction Force. Se trata de un grupo encargado de castigar a los prisioneros. Cuando esta unidad entra en acción sus miembros portan corazas de protección al estilo de Robocop. Sacan al prisionero de su jaula y lo meten en una pieza de paredes acolchadas y recubiertas de madera enchapada.
Proyectan al “conejillo de indias” contra las paredes, como para romperle los huesos, pero el tapizado amortigua parcialmente los golpes de forma que el prisionero queda atontado sin que se produzcan fracturas.
Pero el principal “adelanto” se ha logrado con el suplicio de la bañera [6]. Antiguamente, la Santa Inquisición sumergía la cabeza del prisionero en un tina llena de agua y lo sacaba justo antes de que muriera ahogado. La sensación de muerte inminente provoca una angustia extrema. Pero se trataba de un procedimiento primitivo y los accidentes eran frecuentes. Actualmente, ni siquiera hace falta una tina llena de agua sino que se acuesta el prisionero en una bañera vacía. Se le ahoga entonces vertiendo agua sobre su cabeza, con la posibilidad de parar inmediatamente. Ahora hay menos accidentes.
Cada “sesión” se codifica para determinar los límites soportables. Varios ayudantes miden la cantidad de agua utilizada, el momento y la duración del ahogamiento. Cuando esta se produce, los ayudantes recogen el vómito, lo pesan y lo analizan para evaluar el gasto de energía y el agotamiento provocado.
En resumen, como decía el director adjunto de la CIA ante una Comisión del Congreso de los Estados Unidos: «Eso no tiene nada que ver con lo que hacía la Inquisición, con excepción del agua» (sic).
Los experimentos de los médicos estadounidenses no se hicieron en secreto, como los del doctor Josef Menguele en Auschwitz, sino bajo el control directo y exclusivo de la Casa Blanca.
Todo se informaba a un grupo encargado de tomar las decisiones, grupo que se componía de 6 personas: Dick Cheney, Condoleezza Rice, Donald Rumsfeld, Colin Powell, John Ashcroft y George Tenet. Este último atestiguó que había participado en una docena de reuniones de trabajo de dicho grupo.
Pero el resultado de esos experimentos no es satisfactorio. Son pocos los “conejillos de indias” que han resultado receptivos. Se logró imponerles lo que debían confesar, pero su estado se mantuvo inestable y no ha sido posible presentarlos en público ante una contraparte.
El caso más conocido es el del seudo Khalil Sheikh Mohammed. Se trata de un individuo arrestado en Pakistán y acusado de ser un islamista kuwaití, aunque es evidente que no se trata de la misma persona.
Al cabo de un largo periodo de torturas, durante las cuales fue sometido 183 veces al suplicio de la bañera sólo durante el mes de marzo de 2003, el individuo dijo haber organizado 31 atentados diferentes a través del mundo, desde el atentado cometido en 1993 en Nueva York contra el WTC hasta los del 11 de septiembre de 2001, pasando por la explosión de una bomba que destruyó un club nocturno en Bali y la decapitación del periodista estadounidense Daniel Pearl. El seudo Sheikh Mohammed mantuvo sus confesiones ante una comisión militar, pero los abogados y jueces militares no pudieron interrogarlo en público porque se temía que, ya fuera de su jaula, se retractara de lo que había confesado.
Para esconder las actividades secretas de los médicos de Guantánamo, la Marina de Guerra estadounidense organizó viajes de prensa a Guantánamo para periodistas complacientes. El ensayista francés Bernard Henry Levy se prestó así para desempeñar el papel de testigo moral visitando lo que quisieron enseñarle. En su libro American Vertigo, Bernard Henry Levy asegura que el centro de detención de la base naval estadounidense de Guantánamo no se diferencia de las demás penitenciarías estadounidenses y que los testimonios sobre las torturas «han sido más bien inflados» (sic) [7].
En definitiva, la administración Bush estimó que era muy reducido el número de individuos que podían ser “acondicionados” al extremo de creer que habían cometido los atentados del 11 de septiembre. Concluyó entonces que una gran cantidad de prisioneros debían ser puestos a prueba para seleccionar a los más receptivos.
Teniendo en cuenta la polémica que se desarrolló alrededor de Guantánamo y para garantizar que fuese imposible cualquier acción legal en su contra, la Marina de Guerra de los Estados Unidos creó otras prisiones secretas y las situó fuera de toda jurisdicción, en aguas internacionales.
Si se suman todas las personas que han sido hechas prisioneras en diferentes zonas de conflicto o secuestradas en cualquier lugar del mundo y transferidas a ese conjunto de prisiones durante los 8 últimos años, resulta que un total de 80,000 personas deben haber pasado por ese sistema, entre ellas por lo menos un millar pudieran haber sido llevadas hasta las últimas fases del proceso de Biderman.
A partir de todo lo anteriormente mencionado, el problema de la administración Obama se resume de la siguiente manera: No será posible cerrar Guantánamo sin que se sepa lo que allí se hizo. Y no será posible reconocer lo que allí se hizo sin admitir que todas las confesiones recogidas son falsas y que fueron inculcadas de forma deliberada a través de la tortura, con las consecuencias políticas que ello implica.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el tribunal militar de Nuremberg actuó en 12 juicios. Uno de ellos estuvo dedicado a 23 médicos nazis. Siete de ellos fueron absueltos, 9 fueron condenados a penas de cárcel y otros 7 fueron condenados a muerte. Desde entonces existe un Código Ético que rige la medicina a nivel mundial. Ese Código prohíbe precisamente lo que los médicos estadounidenses hicieron en Guantánamo y en las demás cárceles secretas.
(*) Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace.
Fuente: Red Voltaire

domingo, 11 de septiembre de 2011

Hoy se conmemoran dos dolorosos acontecimientos: Chile en 1973 y EEUU en 2001



Como resultado de las medidas de contrainsurgencia en respuesta al 11S, Estados Unidos se ha visto envuelto en escándalos de violaciones a los derechos humanos, debido a las torturas y a otros procedimientos ilegales que ha empleado contra cualquier persona sospechosa de tener vínculos con grupos a los que considera "terrorista"


Hoy se conmemoran dos dolorosos acontecimientos: Chile en 1973 y EEUU en 2001


ACENTO.COM.DO/CON DATOS DE EFE Y OTROS SERVICIOS.- Un día como hoy, pero en dos años distintos, ocurrieron dos dolorosas tragedias para las Américas y para la humanidad, que costaron decenas de miles de vidas, torturas, secuestros y desapariciones de ciudadanos.
La primera ocurrió el 11 de septiembre de 1973 en Chile, cuando un grupo de altos militares encabezados por Augusto Pinochet, con el apoyo de los empresarios, la cúpula de la Iglesia Católica y el gobierno de Estados Unidos, derrocó al presidente Salvador Allende e impuso una sangrienta dictadura que duraría hasta el año 1989.
La otra tragedia ocurrió el 11 de septiembre de 2001, cuando fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York, ataque en el que participaron grupos extremistas islámicos dirigidos por Osama Bin Ladem, atrapado y asesinado en mayo, en Pakistán, por soldados estadounidenses.
La destrucción de las Torres Gemelas se llevó a cabo mediante el secuestro de dos aviones, que fueron estrellados contra los edificios provocando un gran incendio que terminó destruyendo las edificaciones, y matando a cerca de 3 mil personas, sobre todo a empleados de las empresas que operaban en las torres.
En respuesta a este ataque, EEUU invadió a Afganistán y posteriormente a Irak, dos guerras en las que no ha podido obtener la victoria a pesar de haber derrocado a los gobiernos de ambos países, y que han generado más de un millón de muertos y han dejado a cientos de miles con lesiones permanentes. Tanto Afganistán como Irak siguen en guerra e invadidos, y no han podido estabilizarse.
En el caso de Chile, los militares que derrocaron a Salvador Allende mataron a miles de civiles y a militares fieles al gobierno legítimo, desaparecieron personas, torturaron, secuestraron y saquearon el país
También como resultado de las medidas de contrainsurgencia en respuesta al 11S, Estados Unidos se ha visto envuelto en escándalos de violaciones a los derechos humanos, debido a las torturas y a otros procedimientos ilegales que ha empleado contra cualquier persona sospechosa de tener vínculos con grupos a los que considera "terrorista". Estos escándalos llevaron al entonces aspirante presidencial Barack Obama, en 2008, a prometer el cierre definitivo de la cárcel de Guantánamo, territorio cubano bajo administración de Estados Unidos. Esta promesa no ha sido cumplida.
Asimismo, la administración esadounidense de Irak fue sacudida por escándalos de corrupción mediante los contratos dados a suplidores de alimentos, armas y para reparar y controlar las ricas refinerías de petróleo. En Afaganistán, la producción y exportación de heroína se ha disparado desde la invasión de EE.UU.
En el caso de Chile, los militares que derrocaron a Salvador Allende mataron a miles de civiles y a militares fieles al gobierno legítimo, desaparecieron personas, torturaron, secuestraron y saquearon el país.
Aunque durante muchos años se dudó de la versión “oficial” de que Allende se habría suicidado al verse rodeado por los golpistas en el Palacio la Moneda, recientemente se comprobó esta tesis mediante experticias hechas a sus restos, y su familia finalmente lo aceptó como un hecho. Allende prefirió inmolarse al ver lo que ocurría con su pueblo y para no entregarse a sus verdugos y verse expuesto a las humillaciones y a las torturas.
Uno de los asesinatos que más dolor causó en Chile y en América Latina fue el de Víctor Jara, un popular cantautor, que fue torturado y eliminado por los militares golpistas.
El 38 aniversario en calma
El Gobierno chileno manifestó su confianza en que la marcha que grupos de derechos humanos realizarán este domingo, 11 de septiembre, por el 38 aniversario del golpe militar que encabezó Augusto Pinochet en 1973 y en homenaje a las víctimas de la dictadura militar, "se haga con respeto y tranquilidad".
Los militares golpistas desataron una cacería en Chile en 1973.La titular de la Intendencia (gobernación) Metropolitana de Santiago, Cecilia Pérez, hizo un llamado este viernes para que las manifestaciones del domingo "sean de carácter pacífico" debido al ambiente de duelo que vive el país por la tragedia aérea del pasado viernes en el archipiélago Juan Fernández, que dejó 21 muertos, y por el fallecimiento del excanciller Gabriel Valdés.
Tras indicar a los periodistas que la Asamblea de Derechos Humanos recibió la autorización para marchar el próximo domingo en la capital chilena con motivo de los 38 años del golpe militar, la intendenta aseguró que tiene "confianza en que la marcha se realizará con respeto y tranquilidad".
"En una semana tan dolorosa para Chile, en la que todos estamos conmovidos por la tragedia aérea de Juan Fernández y la sensible partida de un gran demócrata, como lo fue don Gabriel Valdés, sólo cabe la reflexión profunda y el reencuentro con los que más queremos", recalcó Pérez. EFE
EEUU rinde tributo a las víctimas del ataque de 2001
NUEVA YORK (EFE).- El presidente de EEUU, Barack Obama, y su antecesor George W. Bush, entre otras personalidades como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, guardaron hoy a las 8:46 (12:46 GMT) un primer minuto de silencio junto a familiares de las víctimas del 11-S para conmemorar los diez años de los atentados.
Durante 60 segundos la "zona cero" se inundó de silencio para recordar el momento exacto del impacto del primer avión contra la Torre Norte, en un aniversario en el que se recordará a las víctimas con otros cinco minutos de silencio, y al que asiste por primera vez el presidente de Estados Unidos.
La ceremonia, que comenzó con el himno de Estados Unidos interpretado por el coro de Brooklyn, se lleva a cabo por primera vez desde el interior de la "zona cero", donde se ha construido un parque -que se inaugura oficialmente hoy- en memoria de las casi 3.000 personas que perdieron la vida el 11-S.
La imagen que cambió a EE.UU y al mundo.El sábado, el presidente Barack Obama llamó a la unidad de los estadounidenses en  el décimo aniversario de los atentados del 11S, mientras las autoridades continúan la investigación de la amenaza "creíble" de atentado durante la conmemoración.
En su alocución semanal de los sábados, dedicada a la conmemoración de los atentados, Obama afirmó que en los últimos diez años EE.UU. "se ha mantenido fuerte frente a amenazas, y hemos reforzado nuestra seguridad nacional, mejorado nuestras alianzas y puesto a Al Qaeda en el camino hacia la derrota".
"Al mirar hacia el futuro, seguiremos demostrando que los terroristas que nos atacaron son impotentes frente a la valentía, robustez y resistencia del pueblo estadounidense", agregó el presidente estadounidense, que este fin de semana se centrará en la conmemoración de los atentados que hace diez años costaron cerca de 3.000 vidas en Nueva York, Washington y Pensilvania.
Los terroristas "quisieron privarnos de la unidad que nos define como pueblo. No obstante, no sucumbiremos a la división o sospecha. Somos estadounidenses, y somos más fuertes y más seguros cuando seguimos leales a los valores, libertades y diversidad que nos hacen incomparables entre naciones", enfatizó. EFE

Paramédico dominicana cuenta experienci​as 9-11


POR JC. MALONE
Juana Lomisalió de Restauración, Dajabón, a los ocho años
Juana Lomi, nativa de Restauración, República Dominicana, fue la primera socorrista en las torres gemelas, la que más vidas salvo.

NUEVA YORK.- Todos sabemos que el día más claro llueve, pero Juana Lomi lo confirmó aquella mañana soleada, transparente y fresca, desayunando trocitos de piña, conversando con un policía. La paramédico dominicana narró lo que aún sigue vivo en su memoria. “Un silbido agudo y penetrante nos dejó sordos, sentimos un gran estruendo, como que se estremeció todo, luego el estallido”. Corrieron dos cuadras y vieron una de las torres gemelas en llamas; el primer avión la había impactado. 

Juana salió de Restauración, Dajabón, a los ocho años, y fue la primera socorrista en las torres gemelas, la que más vidas salvo. “Me tomó menos de un minuto llegar”. A las 8:47 de la mañana, martes 11 de septiembre del 2001, ella estaba en el centro de la Zona Cero.

“Estoy pensando en la logística de bajar 400 cadáveres del avión que se estrelló allá arriba”, recuerda Juana en entrevista exclusiva con el Listin Diario. Y sus pensamientos fueron interrumpidos por una multitud que salía despavorita del edificio, con rasguños y algunas quemaduras ligeras.  “A esos los mandé a que caminaran al hospital”, el New York Downtown Hospital, donde ella trabaja, a pocas cuadras del lugar.

“Manejando esa situación escuché el mismo silbido-zumbido ensordecedor de las turbinas, y la inmensa sombra del otro avión me pasó por encima, me tire al piso cubriéndome la cabeza.  De nuevo el estruendo, todo se estremeció otra vez, y el estallido. Comenzaron a llover escombros pequeñísimos, pero cuando impactaban mi casco protector sonaban como  martillazos, se sentían como balazos por la velocidad con la que caían”.

Se levantó indicándole a la gente rutas de salida,, pensando en el problema de bajar 800 cadáveres de los pasajeros de ambos aviones. “Nunca se me ocurrió que el edificio se caería”.

La única mujer
Siguiendo el “haz bien y no mires a quién”, Juana no siempre se fijaba en la cara de sus rescatados, aunque ellos ven claramente quien los rescata.  Ella recuerda más ciertos aspectos del rescate y la condición del rescatado.

“Un señor que salió agarrándose el pecho con el dolor reflejado en los ojos. Colapsó frente a mi y cuando le busqué el pulso no lo encontré. Murió y ahí lo dejé. Venía otro caminando lentamente, cuando lo fui a ayudar, cuando lo empujé para subirlo en la ambulancia, me quedé con toda la piel de su espalda untada en las manos; estaba muy quemado”.

“Cuando mire arriba, era una verdadera lluvia, llovía gente del cielo, saltaban de las torres, caían a mi lado con ese golpe sordo, seco, caían por todos lados. Vi unos saltar envueltos en llamas, otros como rezando, y vi a una pareja saltar y reventar contra el piso agarrados de la mano”.

Escogieron saltar a la muerte antes que morir quemados. Escuchó estruendos y estallidos, miró arriba, la torre comenzaba a derrumbarse.  Todos vimos la escena de los bomberos y socorristas huyendo hacia un edificio envuelto en llamas y una nube de humo negro.  En ese grupo, Juana era la única mujer.

“Corrí hacia el edificio a sacar gente, con todo esto oscuro, cubierto por un humo denso y negro.  Saqué tanta gente, que metía entre 10 y 12  personas en una ambulancia, cuando lo normal es que nunca pasen de dos. Ahí respire mucha fibra de vidrio”, recuerda.

“El edificio comenzó a explotar desde arriba, huí de manera instintiva  a la estación del tren, una multitud huyó detrás de mi y me cayó encima muchísima gente, cuando escuché un sonido estruendoso y todo se puso oscuro”.  Una plancha de acero cayó de la torre, sellando la entrada de la estación”.

Tenían una sola salida, los túneles soterrados del tren.

Como era la única persona con uniforme que inspiraba respeto y autoridad, Juana se levantó como pudo, adolorida por toda la gente que tenía encima. Ordenó que bajaran del andén a los rieles del tren, formando una cadena, tomados de las manos, pegando las espaldas a la pared. Así avanzaron; ella los dirigió hacia una salida varias cuadras al norte.

Avanzaban despacio, a tientas, por túneles oscuros, llenos de aguas pestilentes, cables de todo tipo, ratas y todas las alimañas del mundo, Se sintió como una eternidad.  “No me salio ni media lágrima, tenía el pecho congelado con un nudo en la garganta y el estómago,  no era yo misma, me empujaba el instinto de la sobrevivencia”. 

Esto no es verdad
En la estación de Church & Chambers Street, emergieron de los túneles, subieron a la calle, pero Juana perdió el balance, y cayó en un estado delirante.

“Todo estaba oscuro, bien oscuro, no se veía nada.  Decidí que nada de esto era verdad, no podia recordar que ocurrió o cómo ocurrió, pero sabía que no podia ser la noche”.

“Nadie lloró ni habló. Todos seguíamos agarrados de las manos que nos agarraron en los túneles del tren, mirándonos el rostro por primera vez y en silencio por unos instantes”. Y vivieron un momento mágico de comunión, solidaridad y esperanza humana.

“Cuando la persona, cuando el ser humano está en dificultad o peligro, se olvidan las razas, colores, origenes, rangos y todo lo demás, ahí  todos somos iguales. Estábamos agarrados blancos, morenos, todos. No había negros ni blancos, ni latinos, ni hombres ni mujeres, ni ricos ni pobres, ni jefes ni subalternos, todos éramos iguales, compartíamos el dolor, la tragedia, la esperanza, todos éramos uno”.

Luego, Juana deambuló durante horas.

Llevaba todo el cuerpo lleno del cemento del derrumbe.  “Las bases de mis botas militares se quedaron pegadas al piso. No sabía si era noche, día, o adonde iba.
 “Creí que tiraron la bomba atómica y nosotros somos los sobrevivientes.  Se acabó el mundo, ¿para dónde va esta gente, para dónde vamos todos?; nadie tiene a dónde ir. Se acabó el mundo”. 

“Caminando con la ceniza hasta las rodillas, sin saber donde  ponía los pies descalzos, caminando entre cadáveres desmembrados, brazos, piernas, despojos humanos y escombros. Estaba horrorizada, quise corer, pero no pude, no estoy programada para correr, siempre debo responder”.

El miedo la acorraló, se le cayeron las lágrimas.  Llorando, orando y deambulando Juana estaba perdida cuando sus compañeros de trabajo del New York Downtown Hospital la rescataron de una esquina cerca de las siete de la noche. 

Esto no acaba
Caía la tarde, “cuando el viento disipó el humo, aquello parecía un campo devastado por la guerra, sin agua, luz, teléfono ni nada”.  El Ejército, la Fuerza Aérea, el FBI, la CIA, todos los organismos de seguridad e inteligencia instalaron su estado mayor en la zona, desde ahí controlaban toda la ciudad.

A Juana se le armó un terrible conflicto interno. Tenía sed, mucha sed, pero creía que la sedarían con el agua y no bebió nada.

“Todos me decían que el mundo seguía, que no hubo bomba atómica, que todo estaría bien, pero yo no lo creía, en el hospital querían sedarme para que me tranquilizara, pero no podía”. En la madrugada decidieron sacarla del hospital, mandándola a llevar un paciente a un centro especializado de Cornell University en New Jersey.

Subió a buscar el paciente y cuando el sujeto la vió, estalló en sollozos, alabanzas y gracias a Dios.  “Usted no me vio la cara, estaba muy ocupada rescatándome, pero yo vi el rostro de la persona que Dios mandó a rescatarme. Fue mi espalda quemada la que se le pegó en las manos cuando me ayudaba a subir a la ambulancia. usted me salvo la vida”.

Cientos de personas vieron en Juana el rostro de la salvación.

Y así fue que ella retornó de su delirio.  “Oh Dios mío, todo esto valió la pena, entendí que el mundo seguía, y que yo debía seguir ayudando y rescatando gente. Cada año él me manda mensajes de texto”.

Tomó el paciente, lo subió a la ambulancia y salió rumbo a New Jersey.

La noticia se regó por el mundo, una paramédico, hija de dominicanos, murió en las torres gemelas rescatando heridos. Ella bajó de Yonkers a llevar un paciente al bajo Manhattan, y le ordenaron seguir a la zona de desastre y murió en el derrumbe de las torres.

Fue Yamel Meriño, una hija de dominicanos nacida en Nueva York, de 26 años y madre soltera de un hijo, la que bajó  de su empleo en Yonkers a encontrarse con la muerte.
Juana, la única paramédico dominicana del area, aún no se había comunicado con sus familiares hasta la tarde del día siguiente. Muchos creyeron que fue ella quien murió, hasta que hizo contacto con sus familiares y allegados. Permaneció una semana en la Zona Cero, “al humo que no acababa, se le sumó el olor de cadáveres quemados, cadáveres descompuestos, despojos humanos descompuestos estaban esparcidos por doquier, de cualquier lugar salía el olor”, recuerda.

Una década después, sigue en su trabajo, comiendo trocitos de piña por las mañanas en la misma esquina, como en aquella límpida mañana de hace 10 años.

¿Por qué sigues ahí? Puedes estar en tantos otros lugares…

“Disfrutando lo que hago soy muy feliz. La experiencia solo confirmó mis puntos de vista sobre mi empleo y la profesión médica; ésto es todo lo que yo siempre he querido hacer con mi vida.  Le he prometido a Dios que seguiré rescatando gente, porque él me rescató y me mantuvo en una actitud positiva en todo momento. Estoy extremadamente agradecida, siento que le debo todo esto a la sociedad.”

Juana, tu que has rescatado a tanta gente, que no has podido rescatar a otras tantas, sabes que un día de estos, nadie podrá rescatarte. Morirás. 

¿Cómo quieres que te recuerden?

Guardó silencio unos instantes y respondió “Quiero que me recuerden como alguien que admiró mucho a la Madre Teresa, como alguien que amaba profundamente al ser humano. Como alguien que realmente encontraba la felicidad ayudando a la gente. Como alguien que vivió para servir, y nunca aprendió a vivir sin ayudar a los demás.”

El Rostro del Rescate
Juana Lomi es una mulata dominicana con mucho orégano en su tonalidad de piel, como el buen chivo liniero. En el fondo de sus ojos, que han visto tantas cosas, convergen el amor, la solidaridad, tristeza, la compasión y la esperanza.

En el Time Warmer Building de Columbus Circle, se montó la exposición “Rostros del 9-11”. Fotografías de Juana adornaban la entrada de la muestra, conmemorando el décimo aniversario de la tragedia.  Ella fue la cara que más personas recuerdan por haberlas rescatado. Y donó  el uso de su imagen para recaudar fondos para obras de bien social.
Juana quiso ser monja, cuando niña, porque esas eran las únicas mujeres que se daban vuelta ayudando a la gente. Al crecer, encontró en la profesión de paramédico la oportunidad de ayudar a la gente, que es su verdadera pasión en la vida.

Cree que sus experiencias durante los ataques no deben ser comercializadas. Mantiene el mismo empleo que tenía y está envuelta en muchísimas labores voluntarias y de caridad.  Es intérprete médico voluntario en hospitales neoyorquinos y está envuelta en instituciones caritativas de la Iglesia Católica.

Juana es parte de la Reserva Médica para el Departamento de Salud Pública y Salud Mental y  es la co-fundadora  y Directora Ejecutiva de  Vision Internacional For The Blind; una Fundación dedicada  a ayudar a los ciegos dominicanos, buscando contribuir al mejoramiento de su calidad de vida; proveyéndoles bastones; herramientas para la educacion, medicinas y ropa; con oficinas  trabajando desde New York para brindarle mejoría a los no- videntes en la República Dominicana.

Ha sido objeto de innumerables homenajes y reconocimientos por el Gobierno e instituciones sin fines de lucro de Estados Unidos y la República Dominicana

sábado, 10 de septiembre de 2011

Casi 50 dominicanos murieron el 9 / 11, serán recordados por siempre

POR MIGUEL CRUZ TEJADA
mcruztejada@gmail.com
ULTIMA NOTA

casi-50-dominicanos-murieron-el-9-11-seran-recordados-por-siempre 
Parte de los casi 50 dominicanos y dominicanas que murieron en el ataque terrorista a las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001, muchos de los cuales, perecieron salvando vidas de otros.
NUEVA YORK, septiembre 8 (UN) — Los nombres de casi 50 dominicanos que perecieron en el ataque terrorista de Al Qaeda a las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001, estarán en el Museo Nacional y Memorial que será inaugurado el lunes 12, junto a las otras miles de víctimas que cayeron ese día. El número de víctimas de criollos es de 47, acorde con cifras oficiales. 
Entre los criollos abatidos por la asonada de los terroristas islámicos, figuraban varias mujeres y profesionales de distintas áreas entre estas, informática, comunicación, finanzas, gerentes, empleados de restaurantes, mensajeros, educadores y turistas.
Uno de los nombres más difundidos es el de Pedro Checo, quien tenía 35 años de edad y quien murió tratando de salvar otras vidas. Checo, era vicepresidente de operaciones de la financiera Fiduciary Trust y un fanático de los carros veloces.
Estaba casado con Milly Cabrera con la que procreó tres hijos: Jasen, Julián y Franklin y lka familia residía en Queens. No le gustaba su nombre por lo que su esposa lo apodó “Frank” y en el trabajo lo llamaban “Pete”.
Aunque oficialmente, las autoridades consulares de ningún gobierno luego del ataque a las torres, han elaborado un registro oficial de los muertos dominicanos ni se les ha levantado ningún monumento particular, una investigación de este reportero, localizó la mayoría de sus nombres hurgando en cientos de páginas cibernéticas y en memoriales virtuales.

FAUSTINO APOSTOL 
Con 55 años de edad y ayudante principal en el Batallón 2 del Departamento de Bomberos, también murió salvando otras vidas. Llevaba 28 años en el cuerpo uniformado.
Tenía 33 años de casado con dos hijos. Cuando se produjo el ataque, su familia sabía que él estaría en la escena rescatando víctimas.

VICTORIA ALVAREZ BRITO
Había ido desde Queens en vacaciones a Cancún (México) junto a su esposo Mario, lo que hacían una vez al año, recorriendo distintas partes del mundo. De allí partieron a Disney World en La Florida, desde donde regresaron a Nueva York.
Entre sus futuros planes para el 2002, estaba el de visitar los Países Bajos en Europa, ya que tenían familiares en Holanda. En Cancún tomaron fotos y videos del paseo. La pareja tenía dos hijos: Jamie y Raúl.
El lunes 10 de septiembre del 2001 el esposo tomó las fotos y el martes 11, la señora Brito salió temprano desde su casa en Elmhurst (Queens) para trabajar como cada día en el Departamento de Finanzas de la empresa Marsh & McLennan.
Le había prometido a su hija que llevaría bacalao a la residencia para cocinar su comida favorita con patatas en salsa criolla. “No llegé a ver las imágenes de la destrucción de las torres y ahora no podemos soportar ver ese video”, dijo su esposo.

JANET ALONSO
Llamó a su casa temprano en la mañana del 11 de septiembre. Tenía un segundo hijo, Robbie, nacido con Síndrome de Down, por el que se preocupaba todos los días y quien a esa fecha, contaba con 18 meses de edad.
Trabajaba como analista de la financiera Marsh & MacLennan.
Era una ama de casa muy activa, le gustaba la pintura y los muebles finos. Dos días antes del ataque, se la pasó limpiando el porche en Stony Point (Long Island).
Su última llamada se la hizo a su marido desde las torres para decirle que la oficina se estaba llenando de humo y ella no podía respirar.


DAVID AGNES
Vivía en Flushing (Queens) y con 46 años de edad, era asistente del vicepresidente de Cantor Fitzgerald.
Su viuda Inés, ahora con 71 años lo describe como un hombre devoto por su trabajo y entregado a su familia, al punto de que mantenía íntima amistad con su hermana Leslie.
Poco antes de perecer en las torres, pasó varios días al lado de la cama de su padre convaleciente en un hospital y de 81 años de edad. Había guardado un mechón de cabello de su hija Adriana en la caja fuerte de su residencia.

FRANK THOMAS AQUILINO
Con 26 años de edad, era uno de los empleados más sobresalientes de Cantor Fizgerald y tan laborioso que decía que el día debía haber tenido 27 y no 24 horas. Se convirtió en uno de los socios de la compañía y llegó a ser vicepresidente.
Fue uno de los pioneros en la creación de páginas Internet para juegos de azar, donde los jugadores podían apostar cualquier cosa: desde deportes hasta el tiempo. Residía en Staten Island.
Cuando niño, distribuía periódicos en los vecindarios del condado para lo que usaba una silla de ruedas en la que transportaba las copias..

LILIAN CACERES
Su familia la califica como un “ángel”, era amable y solidaria y dada a sentarse en la cama al lado de 
cualquier enfermo que conociera.
Durante 22 años militó en una secta cristiana y era una predicadora muy activa de la Santa Biblia. Tenía 48 años el día del ataque a las torres.
Un día antes, el 10 de septiembre, había ido a su iglesia en Staten Island para enseñar en la escuela dominical y cantar en el coro.
Su hermana, Aurea de la Cruz, la recuerda como la mujer que llevaba una vida profunda y dijo que la muerte de Lilian debe servir para que los demás se preparen en Cristo.
Cáceres era una administradora de tecnología y las 8:00 de la mañana estaba en su escritorio en la empresa Marsh & McLennan. Su trágico destino, hizo que cambiara el turno que tenía en la tarde para trabajar esa mañana, porque quería recoger a su hija a las 4:00 PM en la escuela.

EDDIE CALDERON
Residía en Jersey City (New Jersey) y contaba con 43 años de edad. Durante 22 años trabajó en el Centro Mundial de Comercio como guardia de seguridad de la Autoridad de Puertos de Nueva York y New Jersey. 
Fue visto por última vez corriendo hacia la torre Norte para tratar de salvar su vida, después de ayudar a docenas de otros como guía de guardias de seguridad.
Quería llegar a la estructura antes de que esta se derrumbara. No tuvo esa oportunidad. 

ALEJANDRO CASTAÑO
Era encargado de suministros de oficinas en las torres. Creció en Englewood (New Jersey) y su hermana Claudia Sánchez recuerda las pesadas bromas que le hacía entre las que estaba la de llamarla “adoptada”.
También la molestaba diciéndole que su moto era mejor que la de ella. Siendo el segundo hijo del matrimonio, su madre recuerda que todos los días le gustaba comer su plato favorito de arroz, chuletas de cerdo, habichuelas y plátanos. 
Lo describió como “un niño en el paraíso”.

JAIME CONCEPCION
Residía en el Alto Manhattan y era empleado de recepción del lujoso Windows in the World (Ventanas al Mundo) situadas en el piso 107 de la torre Norte. Tenía 46 años de edad.
Tenía una hija, Kirsy a quien trajo desde la República Dominicana, promesas que siempre le hacía por teléfono y que un día cumplió.
Ella llegó en julio del 2001.
Su vida de inmigrante no fue fácil en Nueva York. Trabajó en cocinas de restaurantes para ahorrar dinero, se 
separó de su primera esposa y se casó de nuevo. Su hija, llevaba sólo dos meses viviendo con su padre, antes del ataque terrorista.
Virginia, su hermana dijo que el padre, les prometió luchar para traerlas a Nueva York hasta el último día de su vida.
Ellas nunca olvidarán un solo momento del poco tiempo que estuvieron juntas con el progenitor. Llamadas telefónicas y fotografías de su papá, es todo lo que tiene, porque su visa fue aprobada en noviembre del 2001.

NESTOR CHEVALIER
Era inseparable de su hermano menor Mauricio.
Crecieron en el Alto Manhattan, trabajaron juntos en un gimnasio y bailaban salsa en discotecas y otros centros de diversión. 
“Fuimos los mejores amigos, todo lo hacíamos juntos”, recuerda Mauricio de su hermano que trabajaba como verificador de operaciones en Cantor Fizgerald y tenía planes de casarse con su novia Lilian Fermín cuya relación llevaba nueve años. La boda fue planeada para octubre, un mes después del ataque a las torres.
El dominicano tenía 30 años de edad y le encantaba contar historias sobre su vida en las que muchas veces exageraba detalles para hacer reír a la gente.
“Lo extrañamos muchísimo”, dice Mauricio.

"No he sido capaz de ir a la Zona Cero", asegura el padre de una víctima

Por Clara Ventura

MADRID (EFE).— “Sigo sin poder ir a la Zona Cero”, dice José Luis De San Pío, el padre de la única víctima española de los atentados del 11-S, Silvia De San Pío, que, a pesar de haber visitado en varias ocasiones Nueva York, no ha “sido capaz de ir” al lugar en el que murió su hija.

“El paso del tiempo consigue apaciguar los sentimientos, pero estos se repiten de una manera particular cada aniversario, sobre todo en los que son tan particulares como éste, el décimo”, expresa De San Pío en vísperas del décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Su hija, de 26 años y embarazada de siete meses, perdió la vida en el piso 92 de una de las dos Torres Gemelas de Nueva York, donde también murió su marido, John Resta, quien, como ella, trabajaba de analista para la firma Carr Futures.

De San Pío, abogado, tiene varias fotos enmarcadas de Silvia en su despacho y en su computadora. En una de ellas, la mujer sale vestida de novia y en otra baila con su padre el día de su boda.

“Recuerdo con dulzura a mi hija, era muy querida”, cuenta De San Pío, quien ha afirmado que, cuando vio las imágenes del atentado en la televisión en su despacho de Madrid, supo que ella había muerto.

“Estuvimos buscando en los hospitales de Nueva York, nos hicimos pruebas de ADN pero yo estaba convencido desde que vi las imágenes por primera vez, de que si ella había ido ese día a trabajar había fallecido”, explica.

Los amigos, la familia y su fe le ayudaron a superar la tragedia, pero también el hecho de poder “ser útil” para otras personas que pasaron por la misma experiencia que él.

“Intenté ayudar a otras víctimas de terrorismo, como a las del 11-M en Madrid. Me desplacé a Santa Eugenia (uno de los escenarios de esa cadena de atentados contra trenes) y estuve hablando con ellas, les transmití que la misericordia de Dios es más fuerte que cualquier maldad en el mundo y les dije que, trabajar intensamente, ayuda a superar el problema”, relata.

Según él, la experiencia le enseñó también a ser más solidario, por lo que estuvo colaborando como voluntario de la asesoría jurídica de la ONG Cáritas.

San Pío no ha tenido nunca “ningún sentimiento de rencor” hacia los que mataron a su hija, porque para él los terroristas “son piezas en manos del terrorismo”.

El abogado opina que “el terrorismo se aprovecha de la injusticia social que hay en el mundo y se alimenta de las personas que se prestan para ser, por ejemplo, inmolados a cambio de ser salvados".

A pesar de ello, se “alegró” de la desaparición de Osama bin Laden el 1 de mayo de este año- “no me alegré por su muerte, sino por la desaparición de, al menos, una parte del poder de Al Qaeda".

Este hecho, sin embargo, no le reconfortó- “la muerte de mi hija, mi nieto en ciernes y mi yerno ya había ocurrido, no se podía cambiar la situación, por lo que no me consoló que este señor muriese y tampoco lo habría hecho si hubiese ido a la cárcel".

“La legislación de EE.UU. es muy diferente a la nuestra. Este hombre (Bin Laden) era un terrorista, no hay ninguna ley estadounidense que impidiese que fuese capturado por la fuerza y asesinado. Bajo la perspectiva de Estados Unidos, este hecho no es ilegítimo”, agrega.

José Luis De San Pío tiene un pin con las banderas de Estados Unidos y de España que se pone todos los días tras el 11-S, y otra bandera también estadounidense en su despacho junto a la de Aragón, su tierra natal.
De San Pío y su familia recordarán a Silvia con una misa privada que se celebrará en Madrid.
“Me parece bien que en los aniversarios se recuerde lo que pasó, pero no tanto las anécdotas o los detalles del día, sino lo fundamental —que el terrorismo sigue existiendo”, aunque, añade, “se prometieron muchas cosas para luchar contra este problema y pocas se han hecho" 

El relato de un sobreviviente "Sal de ahí tan pronto como puedas, corre"

Ataques del 11 de septiembre de 2001
NUEVA YORK (The New York Times International Weekly).- Días después de los ataques del 11 de septiembre, investigadores del Centro de Historia Oral de la Universidad de Columbia comenzaron a entrevistar a neoyorquinos para que describieran sus experiencias en el día más horrendo en la historia de Nueva York.

A continuación uno de los relatos tomados entre más de 600 recabados dentro del Proyecto de Historia Oral 11 de septiembre de 2001.

Lucio Caputo, piso 78o., torre norte.- Alrededor de cuarto para las nueve hubo una gran explosión, y la torre estaba oscilando de un lado a otro, había polvo por todos lados, las sirenas comenzaron a sonar y las luces se apagaron. Pensé que la explosión había sido al lado, por lo fuerte y cercana que la sentí.

Salí de mi oficina y no pude ver nada por el polvo, que era como una densa niebla. Sin embargo, escuché a gente llorando o gritando, pero no podía verlos, así que pensé que estarían al otro lado, donde debió haber una explosión. Volví a mi oficina y luego decidí bajar las escaleras. Tomé unas toallas, una botella de agua mineral, mi teléfono celular, una linterna y bajé. En el camino recibí una llamada, era un amigo periodista que vio el suceso en CNN y me llamó para decirme, "un avión se estrelló en el World Trade Center, sal de ahí tan pronto como puedas. Corre, corre".

Así que corrí los primeros 30 pisos. No había mucha gente sino hasta que llegué al 50, ahí había muchas personas. De los pisos superiores bajaban personas terriblemente lesionadas. Había una mujer que no tenía piel. Como una papa cocida que pierde toda la piel. Ella estaba en carne viva.

domingo, 28 de agosto de 2011

Avalancha de libros y reediciones para el décimo aniversario del 11-S


NUEVA YORK — El décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 es objeto de una avalancha de publicaciones, con nuevos libros que interpretan lo ocurrido tras ese fatídico día y reediciones especiales de obras como '9-11' de Noam Chomsky.
Uno de los nuevos libros que se lanza es 'After the Fall: New Yorkers Remember September 11 and the Years that Followed' ('Tras la Caída: los Neoyorquinos recuerdan el 11 de septiembre y los años que le siguieron'), que busca detallar cómo cambio Nueva York tras los atentados.
La obra compila entrevistas con cientos de personas de diferentes barrios de la ciudad efectuadas por la Oficina de Historia Oral de la Universidad de Columbia.
'After the Fall' presenta "una selección de estos fascinantes testimonios, con historias desgarradoras y esclarecedoras de una amplia gama de neoyorquinos", afirma la editorial The New Press en su introducción del libro.
"El resultado es una excepcional secuencia cronológica de la ciudad y sus cambios en la estela del 11 de septiembre", agrega.
Otro libro nuevo es 'The Eleventh Day: The Full Story of 9/11 and Osama bin Laden' ('El Undécimo Día: la historia completa del 11 de septiembre y Osama bin Laden'), de Anthony Summers y Robbyn Swan Drawing, que la editorial Ballantine Books promociona como "la obra esencial" sobre los atentados.
"Con acceso a miles de documentos oficiales publicados recientemente, nuevas entrevistas y la perspectiva que solo puede dar una década de investigación y reflexión, Anthony Summers y Robbyn Swan entregan la primera mirada panorámica y autorizada del 11 de septiembre", asegura Ballantine Books.
Entre las publicaciones también hay espacio para la ficción, por ejemplo con la novela 'The Submission' (L'a propuesta') de una ex periodista del New York Times, Amy Waldman, que imagina lo que hubiera sucedido si un jurado a cargo de seleccionar el proyecto para el memorial de Ground Zero hubiera elegido un diseño presentado por un arquitecto estadounidese musulmán.
De su lado, se presentan también al menos dos libros de homenaje a las víctimas, entre ellos '9/11: The World Speaks' ('11 de septiembre: el Mundo habla'), que incluye más de 200.000 mensajes de personas de otros países que han visitado el Tribute WTC Visitor Center, que abrió en 2006 frente al sitio donde se encontraban las Torres Gemelas.
'The Legacy Letters: Messages of Life and Hope from 9/11 Family Members' ('Las cartas del legado: mensajes de vida y esperanza de familiares del 11 de septiembre') recopila los homenajes a sus seres queridos de cien personas que perdieron a un familiar en los atentados.
El décimo aniversario de los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono sirve también para la reedición de obras consideradas fundamentales para tratar de comprender el 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo que siguió a lo largo de estos diez años.
Uno de esos libros es '9-11', de Noam Chomsky, que fue publicado originalmente apenas un mes después de los ataques y en el que el activista e intelectual estadounidense retrata lo que a su entender son las raíces de los atentados y presenta una crítica visión de la politica exterior de Estados Unidos.
Otro es 'The 9/11 Commission Report' ('El Informe de la Comisión del 11 de Septiembre'), lanzada por la Comision Nacional estadounidense de Ataques Terroristas en 2004 y que en su momento integró la lista de bestseller del New York Times.
La nueva edición incluye un epílogo del director de la Comisión en el que analiza lo que sucedió con las recomendaciones presentadas en aquel momento por este grupo de expertos.

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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