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miércoles, 14 de septiembre de 2011

El secreto de Guantánamo


por Thierry Meyssan (*)
Usted cree quizás que está informado sobre lo sucedido en Guantánamo y le sorprende que el presidente Obama no logre cerrar ese centro de tortura. Pues se equivoca. Usted no conoce la verdadera finalidad de ese dispositivo y lo que lo hace indispensable para la actual administración.
¡Cuidado! Si lo que usted quiere es seguir pensando que existen valores comunes entre nosotros y Estados Unidos y que debemos seguir siendo aliados de Washington, absténgase de leer este artículo.
Detenido a la salida de una sesión de “acondicionamiento” en Guantánamo.
Todos recordamos las fotos de torturas que circularon por Internet. Se presentaban como trofeos de guerra que habían recogido unos cuantos soldados estadounidenses. Pero, al no poder verificar su autenticidad, los grandes medios de difusión no se atrevían a reproducirlas. En 2004, la cadena CBS les dedicó un reportaje. Comenzó así un gran movimiento de denuncia de los malos tratos infligidos a los iraquíes.
Guantanamo
La cárcel de Abu Ghraib demostraba que la supuesta guerra contra la dictadura de Sadam Husein era en realidad una guerra de ocupación como cualquier otra, con la misma secuela de crímenes. Washington aseguró, como era de esperar, que se trataba de excesos cometidos a espaldas de los mandos por unos cuantos individuos no representativos, calificados como «manzanas podridas». Algunos soldados fueron arrestados y juzgados para que sirvieran de ejemplo. Y se cerró el caso hasta las siguientes revelaciones.
Simultáneamente, la CIA y el Pentágono iban preparando a la opinión pública, tanto en Estados Unidos como en los países aliados, para un cambio de valores morales. La CIA había nombrado un agente de enlace con Hollywood, el coronel Chase Brandon (un primo de Tommy Lee Jones), y contratado a célebres escritores (como Tom Clancy) y guionistas para escribir nuevos guiones para películas y series de televisión. Objetivo: estigmatizar la cultura musulmana y banalizar la tortura como parte de la lucha contra el terrorismo. Como ejemplo de ello, las aventuras del agente Jack Bauer, en la serie 24h, han sido abundantemente subvencionadas por la CIA para que cada temporada llevara un poco más lejos los límites de lo aceptable.
En los primeros episodios, el héroe intimida a los sospechosos para sacarles información. En los episodios siguientes, todos los personajes sospechan unos de otros, y se torturan entre sí, con más o menos escrúpulos y cada vez más seguros de que están cumpliendo con su deber. En la imaginación colectiva, siglos de humanismo fueron así barridos y se impuso una nueva barbarie. Esto permitía al cronista del Washington Post, Charles Krauthammer (que además es siquiatra) presentar el uso de la tortura como «un imperativo moral» (sic) en estos difíciles tiempos de guerra contra el terrorismo.
Guantanamo
La investigación del senador suizo Dick Marty confirmó al Consejo de Europa que la CIA había secuestrado a miles de personas a través del mundo, entre ellas varias decenas –posiblemente cientos– habían sido secuestradas en territorio de la Unión Europea. Vino después la avalancha de testimonios sobre los crímenes perpetrados en las cárceles de Guantánamo (en la región del Caribe) y de Baghram (Afganistán). Perfectamente acondicionada, la opinión pública de los Estados miembros de la OTAN aceptó la explicación que se le dio y que tan bien cuadraba con las novelescas intrigas que la televisión le venía sirviendo: para poder salvar vidas inocentes Washington estaba recurriendo a métodos clandestinos, secuestrando sospechosos y haciéndolos hablar mediante métodos que la moral pudiera rechazar pero que la eficacia había hecho necesarios.
Fue a partir de esa narración simplista que el candidato Barack Obama se levantó contra la saliente administración Bush. Convirtió la prohibición de la tortura y el cierre de las prisiones secretas en medidas claves de su mandato. Después de su elección, durante el periodo de transición, se rodeó de juristas de muy alto nivel a los que encargó la elaboración de una estrategia para cerrar el siniestro episodio. Ya instalado en la Casa Blanca, dedicó sus primeros decretos presidenciales al cumplimiento de sus compromisos en la materia. Aquella prontitud conquistó a la opinión pública internacional, suscitó una inmensa simpatía hacia el nuevo presidente y mejoró la imagen de Estados Unidos ante el mundo.
El único problema es que, al cabo de un año de la elección de Barack Obama, se han resuelto unos cientos de casos individuales pero en el fondo nada ha cambiado. El centro de detención creado por Estados Unidos en su base militar de Guantánamo sigue ahí y no hay esperanzas de cierre inminente. Las asociaciones de defensa de derechos humanos señalan además que los actos de violencia contra los detenidos han empeorado.
Al ser interrogado sobre el tema, el vicepresidente estadounidense Joe Biden declaró que mientras más avanzaba en el expediente de Guantánamo, más cosas que hasta entonces ignoraba iba descubriendo. Y después advirtió a la prensa, enigmáticamente, que no se podía abrir la caja de Pandora.
Por su parte, el consejero jurídico de la Casa Blanca, Greg Craig, quiso presentar su renuncia, no porque considere que haya fallado en su misión de cerrar el centro, sino porque estima en este momento que se le ha dado una misión imposible.
Guantanamo
¿Por qué el presidente de los Estados Unidos no logra que lo obedezcan en su propio país? Si ya todo está dicho sobre los abusos de la era Bush, ¿por qué se habla ahora de una caja de Pandora y qué es lo qué es lo que causa tanto temor?
El problema es que el sistema es en realidad mucho más extenso. No se trata solamente de unos cuantos secuestros y una prisión. Y lo más importante es que su finalidad es radicalmente diferente de lo que la CIA y el Pentágono le han hecho creer al público. Antes de emprender este descenso al infierno, es conveniente aclarar algo.
Lo que hizo el ejército estadounidense en Abu Ghraib no tenía nada que ver, por lo menos al principio, con los experimentos que está realizando la US Navy [la Marina de Guerra de los Estados Unidos] en Guantánamo y en sus otras prisiones secretas. Se trataba entonces simplemente de lo que hacen todos los ejércitos del mundo cuando se transforman en policía y se enfrentan a una población hostil. Tratar de dominarla a través del terror. En este caso, las fuerzas de la coalición reprodujeron [en Irak] los crímenes que los franceses cometieron durante la llamada batalla de Argel contra los argelinos, a los que además los franceses seguían llamando «compatriotas». El Pentágono recurrió al general francés retirado Paul Aussaresses, especialista en «contrainsurgencia», para que se reuniera con los oficiales superiores.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos instala dos centros de entrenamiento en esas técnicas, la Political Warfare Cadres Academy (en Taiwán) y la School of Americas [conocida en español como Escuela de las Américas] (en Panamá). En ambas instalaciones se impartían cursos sobre la tortura destinados a los encargados de la represión en el seno de las dictaduras asiáticas y latinoamericanas.
Durante los años 1960 y 70, la coordinación de ese dispositivo se desarrollaba a través de la World Anti-Communist League, de la que eran miembros los jefes de Estado interesados [1]. Aquella política alcanzó considerable extensión durante las operaciones Phoenix en Vietnam (“neutralización” de 80,000 individuos sospechosos de ser miembros del vietcong) [2] y Cóndor en América Latina (“neutralización” de opositores políticos a escala continental) [3]. El esquema de articulación entre las operaciones de limpieza en las zonas insurgentes y los escuadrones de la muerte se aplicó exactamente de la misma manera en Irak, sobre todo durante la operación Iron Hammer [4].
La única novedad en el caso de Irak es la distribución entre los soldados estadounidenses de un clásico de la literatura colonial, The Arab Mind, del antropólogo Raphael Patai, con un prefacio del coronel Norvell B. De Atkine, jefe de la John F. Kennedy Special Warfare School, nueva denominación de la siniestra Escuela de las Américas desde que ésta se mudó a Fort Bragg (en Carolina del Norte) [5]. Este libro, que presenta en tono doctoral toda una serie de estúpidos prejuicios sobre los «árabes» en general, contiene un célebre capítulo sobre los tabúes sexuales, utilizados en la concepción de las torturadas aplicadas en Abou Ghraib.
Las torturas perpetradas en Irak no son simples casos aislados, como afirmó la administración Bush, sino que se integran en toda una estrategia de contrainsurgencia. La única forma de ponerles fin no es la condena moral sino la solución de la situación política. Pero Barack Obama sigue dilatando el retiro de las fuerzas extranjeras que ocupan Irak.
Fue con una perspectiva muy diferente que el profesor Albert D. Biderman, siquiatra de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, estudió para la Rand Corporation el acondicionamiento de los prisioneros de guerra estadounidenses en Corea del Norte.
Mucho antes de Mao y del comunismo, los chinos habían perfeccionado refinados métodos destinados a quebrar la voluntad de un detenido e inculcarle el deseo de hacer confesiones. Su uso durante la guerra de Corea dio ciertos resultados. Prisioneros de guerra estadounidenses confesaban con toda convicción ante la prensa crímenes que quizás no habían cometido. Biderman presentó sus primeras observaciones durante una audiencia en el Senado, el 19 de junio de 1956, y más tarde, al año siguiente, ante la Academia de Medicina de Nueva York (Ver documentos disponibles en línea a través del vínculo que aparece al final de este artículo). Biderman definió 5 estados a través de los cuales transitan los «sujetos».
1. Al principio el prisionero se niega a cooperar y se encierra en el silencio.
2. Mediante una mezcla de brutalidades y gentileza, es posible hacerlo pasar a un segundo estado en que se le induce a defenderse de las acusaciones que se le hacen.
3. Posteriormente el prisionero empieza a cooperar. Sigue proclamando su inocencia pero trata de complacer a sus interrogadores reconociendo que quizás ha cometido alguna falta sin querer, por accidente o por descuido.
4. Cuando transita por la cuarta fase, el prisionero está ya completamente desvalorizado a sus propios ojos. Sigue negando las acusaciones de que es objeto, pero confiesa su naturaleza criminal.
5. Al final del proceso el prisionero admite ser el autor de los hechos que se le imputan. Incluso inventa detalles complementarios para acusarse a sí mismo y reclama que se le castigue.
Biderman examina también todas las técnicas utilizadas por los torturadores chinos para manipular a los prisioneros: aislamiento, monopolización de la percepción sensorial, cansancio, amenazas, gratificaciones, demostraciones del poder de los carceleros, degradación de las condiciones de vida, formas de sometimiento. La violencia física tiene un carácter secundario, la violencia sicológica se hace total y tiene carácter permanente.
Los trabajos de Biderman sobre el «lavado de cerebro» adquirieron una dimensión mítica. Los militares estadounidenses empezaron a temer que el enemigo pudiera utilizar contra Estados Unidos a los propios soldados estadounidenses ya acondicionados para decir cualquier cosa y quizás para hacer también cualquier cosa. Concibieron entonces un programa de entrenamiento destinado a los pilotos de caza estadounidenses para lograr que éstos se volvieran refractarios a aquella forma de tortura y evitar que el enemigo pudiera “lavarles el cerebro” si caían prisioneros.
Dicha forma de entrenamiento se denomina SERE, siglas que corresponden a Supervivencia, Evasión, Resistencia, Escape (Survival, Evasion, Resistance, Escape). En sus inicios, este curso se impartía en la Escuela de las Américas, pero hoy se ha extendido a otras categorías del personal militar y se imparte en varias bases. Este tipo de entrenamiento se ha implantado además en cada uno de los ejércitos que forman parte de la OTAN.
La decisión de la administración Bush, después de la invasión de Afganistán, fue utilizar esas técnicas para lograr inducir a los prisioneros a hacer confesiones que demostrarían, a posteriori, la implicación de Afganistán en los ataques del 11 de septiembre, validando así la versión oficial sobre los atentados.
Se procedió a construir nuevas instalaciones en la base naval estadounidense de Guantánamo y comenzó allí la realización de experimentos. La teoría del Albert Biderman se completó con los aportes de un psicólogo civil, el profesor Martin Seligman, conocida personalidad que fue presidente de la American Psychological Association.
Guantanamo
Seligman demostró que la teoría de Ivan Pavlov sobre los reflejos condicionados tenía un límite. Se pone un perro en una jaula cuyo suelo está divido en dos partes. De forma aleatoria, se envían descargas eléctricas a uno u otro lado del suelo. El animal salta de un lado a otro para protegerse. Hasta ahí no hay nada sorprendente. Posteriormente, se electrifican los dos lados de la jaula.
El animal se da cuenta de que nada puede hacer para escapar de las descargas eléctricas y que sus esfuerzos son inútiles. Y acaba entonces por rendirse. Se acuesta en el suelo y cae en un estado de indiferencia que le permite soportar pasivamente el sufrimiento. Se abre entonces la jaula y… ¡sorpresa! El animal no huye. En el estado psíquico en que se encuentra ya ni siquiera es capaz de hacer oposición. Permanece acostado en el suelo electrificado, soportando el sufrimiento.
La Marina de Guerra estadounidense formó un equipo médico de choque. Esta envió al profesor Seligman a Guantánamo. Conocido por sus trabajos sobre la depresión nerviosa, Seligman es una vedette. Sus libros sobre el optimismo y la confianza en sí mismo son best-sellers mundiales. Y fue él quien supervisó experimentos realizados con personas como conejillos de indias. Algunos prisioneros, al ser sometidos a terribles torturas, acaban sumiéndose espontáneamente en el estado psíquico que les permite soportar el dolor, y que los priva también de toda capacidad de resistencia. Al manipularlos de esa forma, se les lleva rápidamente a la fase 3 del proceso de Biderman.
Basándose también en los trabajos de Biderman, los torturados estadounidenses, bajo la guía del profesor Martin Seligman, realizaron experimentos con cada una de las técnicas coercitivas y las perfeccionaron. Para ello se elaboró un protocolo científico que se basa en la medición de las fluctuaciones hormonales. Se instaló un laboratorio médico en la base de Guantánamo y se recogen muestras de saliva y de sangre de los “conejillos de indias” a intervalos regulares para evaluar sus reacciones. Los torturadoras han ido refinando sus métodos. Por ejemplo, en el programa SERE se monopolizaba la percepción sensorial impidiendo, mediante una música estresante, que el prisionero pudiese dormir.
En Guantánamo se han obtenido resultados muy superiores con los gritos de bebés reproducidos durante días enteros. Antes, el poderío de los carceleros se demostraba mediante golpizas a los prisioneros. En la base naval estadounidense de Guantánamo se creó la Immediate Reaction Force. Se trata de un grupo encargado de castigar a los prisioneros. Cuando esta unidad entra en acción sus miembros portan corazas de protección al estilo de Robocop. Sacan al prisionero de su jaula y lo meten en una pieza de paredes acolchadas y recubiertas de madera enchapada.
Proyectan al “conejillo de indias” contra las paredes, como para romperle los huesos, pero el tapizado amortigua parcialmente los golpes de forma que el prisionero queda atontado sin que se produzcan fracturas.
Pero el principal “adelanto” se ha logrado con el suplicio de la bañera [6]. Antiguamente, la Santa Inquisición sumergía la cabeza del prisionero en un tina llena de agua y lo sacaba justo antes de que muriera ahogado. La sensación de muerte inminente provoca una angustia extrema. Pero se trataba de un procedimiento primitivo y los accidentes eran frecuentes. Actualmente, ni siquiera hace falta una tina llena de agua sino que se acuesta el prisionero en una bañera vacía. Se le ahoga entonces vertiendo agua sobre su cabeza, con la posibilidad de parar inmediatamente. Ahora hay menos accidentes.
Cada “sesión” se codifica para determinar los límites soportables. Varios ayudantes miden la cantidad de agua utilizada, el momento y la duración del ahogamiento. Cuando esta se produce, los ayudantes recogen el vómito, lo pesan y lo analizan para evaluar el gasto de energía y el agotamiento provocado.
En resumen, como decía el director adjunto de la CIA ante una Comisión del Congreso de los Estados Unidos: «Eso no tiene nada que ver con lo que hacía la Inquisición, con excepción del agua» (sic).
Los experimentos de los médicos estadounidenses no se hicieron en secreto, como los del doctor Josef Menguele en Auschwitz, sino bajo el control directo y exclusivo de la Casa Blanca.
Todo se informaba a un grupo encargado de tomar las decisiones, grupo que se componía de 6 personas: Dick Cheney, Condoleezza Rice, Donald Rumsfeld, Colin Powell, John Ashcroft y George Tenet. Este último atestiguó que había participado en una docena de reuniones de trabajo de dicho grupo.
Pero el resultado de esos experimentos no es satisfactorio. Son pocos los “conejillos de indias” que han resultado receptivos. Se logró imponerles lo que debían confesar, pero su estado se mantuvo inestable y no ha sido posible presentarlos en público ante una contraparte.
El caso más conocido es el del seudo Khalil Sheikh Mohammed. Se trata de un individuo arrestado en Pakistán y acusado de ser un islamista kuwaití, aunque es evidente que no se trata de la misma persona.
Al cabo de un largo periodo de torturas, durante las cuales fue sometido 183 veces al suplicio de la bañera sólo durante el mes de marzo de 2003, el individuo dijo haber organizado 31 atentados diferentes a través del mundo, desde el atentado cometido en 1993 en Nueva York contra el WTC hasta los del 11 de septiembre de 2001, pasando por la explosión de una bomba que destruyó un club nocturno en Bali y la decapitación del periodista estadounidense Daniel Pearl. El seudo Sheikh Mohammed mantuvo sus confesiones ante una comisión militar, pero los abogados y jueces militares no pudieron interrogarlo en público porque se temía que, ya fuera de su jaula, se retractara de lo que había confesado.
Para esconder las actividades secretas de los médicos de Guantánamo, la Marina de Guerra estadounidense organizó viajes de prensa a Guantánamo para periodistas complacientes. El ensayista francés Bernard Henry Levy se prestó así para desempeñar el papel de testigo moral visitando lo que quisieron enseñarle. En su libro American Vertigo, Bernard Henry Levy asegura que el centro de detención de la base naval estadounidense de Guantánamo no se diferencia de las demás penitenciarías estadounidenses y que los testimonios sobre las torturas «han sido más bien inflados» (sic) [7].
En definitiva, la administración Bush estimó que era muy reducido el número de individuos que podían ser “acondicionados” al extremo de creer que habían cometido los atentados del 11 de septiembre. Concluyó entonces que una gran cantidad de prisioneros debían ser puestos a prueba para seleccionar a los más receptivos.
Teniendo en cuenta la polémica que se desarrolló alrededor de Guantánamo y para garantizar que fuese imposible cualquier acción legal en su contra, la Marina de Guerra de los Estados Unidos creó otras prisiones secretas y las situó fuera de toda jurisdicción, en aguas internacionales.
Si se suman todas las personas que han sido hechas prisioneras en diferentes zonas de conflicto o secuestradas en cualquier lugar del mundo y transferidas a ese conjunto de prisiones durante los 8 últimos años, resulta que un total de 80,000 personas deben haber pasado por ese sistema, entre ellas por lo menos un millar pudieran haber sido llevadas hasta las últimas fases del proceso de Biderman.
A partir de todo lo anteriormente mencionado, el problema de la administración Obama se resume de la siguiente manera: No será posible cerrar Guantánamo sin que se sepa lo que allí se hizo. Y no será posible reconocer lo que allí se hizo sin admitir que todas las confesiones recogidas son falsas y que fueron inculcadas de forma deliberada a través de la tortura, con las consecuencias políticas que ello implica.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el tribunal militar de Nuremberg actuó en 12 juicios. Uno de ellos estuvo dedicado a 23 médicos nazis. Siete de ellos fueron absueltos, 9 fueron condenados a penas de cárcel y otros 7 fueron condenados a muerte. Desde entonces existe un Código Ético que rige la medicina a nivel mundial. Ese Código prohíbe precisamente lo que los médicos estadounidenses hicieron en Guantánamo y en las demás cárceles secretas.
(*) Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace.
Fuente: Red Voltaire

miércoles, 27 de abril de 2011

Condenan ex presidente de Costa Rica a cinco años de cárcel por corrupción

Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002) es el segundo mandatario costarricense condenado por dolo

SAN JOSE.- El expresidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002) fue condenado hoy a cinco años de prisión por el delito de corrupción agravada en la licitación pública para telefonía celular, otorgada a la firma Alcatel durante su mandato. 

Rodríguez, exsecretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), se convirtió así en el segundo exmandatario costarricense condenado por un caso de corrupción, luego de que Rafael Ángel Calderón (1990-1994), recibiera una sentencia de cinco años de prisión en 2009. 

El Tribunal de Juicio de Hacienda, en el Segundo Circuito Judicial de San José, absolvió a Rodríguez de otros cuatro delitos por presunto enriquecimiento ilícito, que también le imputó la Fiscalía y por los que había pedido siete años de prisión para el exgobernante. 

Rodríguez quedó, además, inhabilitado para ejercer cualquier puesto en la función pública por un período de 12 años, de acuerdo con la sentencia.

El ex jefe de Estado, que mantuvo la compostura durante la lectura de la sentencia, ha insistido siempre en su inocencia y denunciado que el caso en su contra ha sido un "circo político" y mediático. Momentos antes de ingresar a la sala de juicio, vestido con un traje entero gris, reiteró ante la prensa su confianza en recibir una sentencia justa que lo absolviera de todos los cargos. 

El expresidente se vio incriminado en el caso luego de que uno de sus asesores de confianza, José Antonio Lobo, afirmara que lo instigó para que aceptara una comisión de Alcatel de dos millones de dólares para asegurar la licitación, de la cual el exmandatario pidió recibir el 60 por ciento. 

El monto de la licitación del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), monopolio de las telecomunicaciones en la época, adjudicada a Alcatel fue de 149 millones de dólares para la instalación de 400.000 líneas de telefonía celular en 2001. 

La acusación de la Fiscalía involucró además a otros ocho imputados, entre funcionarios públicos, asesores, abogados y el entonces representante de Alcatel en Costa Rica, Edgar Valverde, quienes se vieron involucrados con sobornos girados por la empresa francesa por un total de 14 millones de dólares. Todos ellos recibieron penas diversas entre cinco y 20 años de prisión. 

domingo, 3 de abril de 2011

Corrupción Policias de Villa Faro

Miren este muchacho... cree que después de esta denuncia, puede ser asesinado por el mayor Sugilio de puesto en Villa Faro

Por Robert Vargas
Leuris Omar Díaz Gómez
Santo Domingo Este.- Sería interesante que el Fiscal Perfecto Acosta, el coronel Ludwig Suardí y el jefe de la policía José Polanco Gómez presten atención a esta denuncia.
Si no lo hacen, es posible que este chico, en pocas horas, sea asesinado por una banda policial que opera en el cuartel de Villa Faro, que tiene socios delincuentes que actúan en perfecta coordinación.
Dicho esto, que después no aleguen ignorancia.
Si a Leuris Omar Díaz Gómez lo asesinan, el primero que debe ser invesitigado es el mayor Sugilio; y, con él, a un tal "Juan Bosch".
Ya les explicaremos los motivos.
Pero antes, vamos a decirle que la tragedia que se abate sobre este chico es del conocimiento de la oficina del Fiscal Perfecto Acosta y del Coronel Suardí, quienes han preferido meter la cabeza en un hueco para "no enterarse" de lo que ocurre.
Díaz Gómez es uno de esos banilejos emprendedores. Tiene 32 años. Es graduado de la carrera de Enfermería en el Instituto Técnico Loyola.
Llegó a hacer el sexto semestre de la carrera de Medicina, que tuvo que suspender porque se vió en la necesidad de viajar a Europa a atender un pariente enfermo de Sida.
De regreso ya en el país, con sus ahorros pagó el inicial de una vivienda para comprarla a la Asociación Duarte de Ahorros y Préstamos para la Vivienda. Ya la pagó.
En el camino, como buen banilejo al fín, instaló un colmado en la misma vivienda. En la marquesina. En Villa Faro.
Allí tiene dos años, el mismo tiempo que tiene en el país tras regresar de Europa.
Su desgracia fue ir a vivir en un lugar donde delincuentes vulgares y policías se confunden. Ha sido víctima de los dos.
Ocurre que, según nos comenta el chico, el pasado día 21 de Enero, Día de la Altagracia, y en medio de un fin de semana largo, un vecino que dice ser "Director de la CAASD", se levantó temprano.
El vecino, Pedro Julio Mateo Rodríguez, tomó una lata que tenía llena de "mierda" suya y de los perros que posee.
Mateo Rodríguez tiene por costumbre "almacenar" todos sus excrementos y los de sus perros.
Ese día, por tercera ocasión, le repartió mierda a todos los vecinos. Embarró el colmado propiedad de Leuris y regó un poco más en las viviendas de los vecinos.
Para condimentar el asunto, Mateo Rodríguez regresó a su casa y retornó con un galón lleno de orina y "roció" las casas del vecindario.
Cuando terminó su "obra" Mateo Rodríguez entró su vivienda, se bañó, y se vistió de saco y corbata. Partió entonces a "su oficina" en la que es "Director de la CAASD".
Por acciones como estas y otras más los vecinos han ido en múltiples ocasiones a la dotación policial de Villa Faro a solicitar auxilio y protección. Ningún oficial le hace caso.
Mateo Rodríguez es un tipo extraño. En su residencia tiene varias calaveras de sus "parientes" que, supuestamente, fue y sacó de la tumba en el cementerio de la avenida Máximo Gómez.
En dos sillas coloca dos de estas calaveras y en una tercera se sienta él. Entre los tres se toman algunas cervezas. Y así, son felices.
El asunto es que, entendiendo que en la Policía nadie les hace caso, los vecinos tomaron todos excrementos que pudieron recoger y los lanzaron a la casa de su propietario.
El asunto se embrollaba.
Cuando Mateo Rodríguez regresó de su "trabajo" de "Director de la Caasd", dijo que había sido Leuris, sólo él y nadie más que él, quien le había lanzado los excrementos al interior de su casa.
Entonces, le advirtió cuán poderoso es y cuán grande es su influencia.
Tomó camino del cuartel de Villa Faro y de allá regresó con varios policías, que penetraron al colmado.
Uno de los agentes tomó a Leuris por el cuello de la camisa y lo arrastró. Se lo llevó al cuartel como si el chico fuera un delincuente.
Ahora es que el asunto s epoone interesante
Entró en escena el tenebroso Mayor Sugilio quien inició un interrogatorio.
-"¿Usted tiene arma de fuego?".
-"Si", respondió.
-"¿Qué tipo de armas?", insistió.
-"Una escopeta".
-¿Tiene permiso?".
-"Si, tengo permiso".
-"¿Donde los tiene?"
-"Aquí, en mi bolsillo".
Tan pronto dijo esto, uno de los policías presentes en el interrogatorio se le abalanzó y le sacó la cartera, de la que extrajo el carnet que le autoriza a portar y tener la escopeta.
-"¿Dónde está esa escopeta?", continuó el mayor Sugilio.
-"Guardada en el segundo piso de mi casa".
-"Nosotros necesitamos esa escopeta", dijo Sugilio alegando que con ella, Leuris había "disparado a dos perros" del hombre que regó la mierda por todas partes.
Sugilio también argumentó que, con esa escopeta, Leuris, supuestamente, le dispararía al "Director de la CAASD".
Dicho esto, corrieron los policías hacia la vivienda del comerciante, penetraron hasta el segundo piso, con Sugilio a la cabeza, y obligaron a la esposa del chico a mostrarle el lugar donde estaba el arma. Se la llevaron.
Así, Sugilio actúa como le da la gana. Primero se metieron en su colmado y se  lo llevaron como si fuera un delincuente y, después, se meten en la casa y se roban una escopeta que tiene permiso legal y con la que no ha sido cometido ningún delito.
Peor aún, actuaron sin orden de un juez y sin la presencia de un fiscal.
El asunto no se detiene ahí..."Juan Bosch" entra en escena
Ya con la escopeta en las manos, el mayor Sugilio, según explica Leuris, se mostró conciliador y le sugirió que el asunto podía "arreglarse" con 25 mil pesos que Mateo Rodríguez reclamaba "para dejar eso así".
Leuris se negó a entregar esa cantidad de dinero puesto que no había cometido ningún delito.
Ya Leuris tenía casi 18 horas detenido. Ningún fiscal lo había interrogado. Solo estaban de por medio las presiones de Sugilio, que quería que "el asunto se resuelva" con los 25 mil pesos en las manos.
-"Yo no tengo porque dar 25 mil peso, yo no he hecho nada", reclamó Leuris.
-"Yo tampoco hice nada y un día tuve que gastar 70 mil pesos porque un civil dijo que yo le saqué un arma", respondió Sugilio.
Como Leuris se resistía a buscar los 25 mil pesos, entonces, el mayor Sugilio obtuvo la "mediación" de un sujeto conocido como "Juan Bosch", que se hacía pasar por "abogado". Sería el hombre responsable de "mediar" en esas situaciones en el destacamento de Villa Faro, según comenta Leuris.
Juan Bosch rebajó la cuota y dijo que resolvería todo, incluso devolverle la escopeta, por apenas diez mil pesos. ¡Todo una ganga!
Esa noche, la noche del sábado, Sugilio y "Juan Bosch" le dijeron a Leuris que le permitirían ir a su casa con el requisito de que no ingresara a su residencia, la que compró con su dinero, por la puerta delantera, sino volando la pared del patio.
Leuris comenta que se lo encontró extraño, y que también ya tenía miedo tanto de Juan Bosch como del mayor Sugilio.
Asegura que "la sugerencia" se la hicieron después que accedió a entregarle los diez mil pesos. Se los entregó y pudo ir a su casa.
Sin embargo, a las 7.00 am del domingo, recibió una llemada de "Juan Bosch", quien le explicó que "las cosas se complicaron" y, por tanto no podría devolverle la escopeta y tenía que regresar rápido al cuartel porque Mateo Rodríguez se enteró de que él no estaba preso y, aseguidas, "hizo un escándalo".
Entonces, le reclamaron que buscara otros 15 mil persos "para dárselos al fiscal porque en caso de no hacerlo me dictarían medidas de coerción y me enviarían a La Victoria".
Precisó que, ante esas presiones y amenazas del tal "Juan Bosch" y del mayor Sugilio, accedió a entregarle los otros 15 mil pesos que, supuestamente, serían para entregarselos al fiscal Neftalí Santana Féliz.
El domingo fue llevado preso al Palacio de la Policía. De poco sirvió que la comunidad fuera a apoyarle.
En el Palacio de la Policía el fiscal Santana Feliz, adscrito a la sección de Tráfico de Armas, lo interrogó a él y a otros cuatro testigos comprobando que todo era una farsa y dispuso que fuera liberado.
El asunto es que ahora Leuris, un profesional, un emprendedor, quiere que le devuelvan su arma y su dinero y teme ser asesinado por el mayor Sugilio y por Juan Bosch.
Leuris no puede irse de su propia casa por temor a la Policía, al "Director de la CAASD" y a "Juan Bosch".
El asunto es peor, porque Leuris logró grabar dos conversaciones con el socio del mayor Sugilio, el tal Juan Bosch.
En esas grabaciones, este individuo admite que recibió el dinero. Ahora lo amenaza con matarlo.
Y, como el mayor Sugilio y Juan Bosch parecen ser socios, cualquier cosa puede ocurrir.
Leuris está dispuesto a ir al Departamento de Asuntos Internos de la Policía.
Sin embargo, está conciente que, dadas las cirunstancias, y dada la complicidad de la Policía de Villa Faro con los delincuentes, su vida vale menos que una cucaracha en un gallinero.
Así es que, Perfecto Acosta, Coronel Ludwig Suardí y Jefe Polanco Gómez: la bola está en sus manos. La próxima jugada es de ustedes.
No permitan que el mayor Sugilio y Juan Bosch lo asesinen.
No pueden alegar ignorancia, ni siquiera el coronel Ludwig Suardí, ante quien Leuris asegura que fue en varias ocasiones a pedirle ayuda.
¡Ah! Leuris anda desarmado y nervioso.
Vive en la carretera de Mendoza, Residencial El Parque. No puede esconderse. Está al alcance de los matones.
Las cosas que se dicen por ahi del cuartel de Villa Faro son horribles. Y los jefes lo saben.
¿A cuántas personas más le habrá ocurrido algo similar, pero no se atreven a denunciarlo por miedo a los policías y delincuentes que actúan aliados?

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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