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martes, 17 de abril de 2012

La historia, la memoria y el olvido

La historia está hecha de lo que unos quisieran olvidar y otros no pueden. El historiador debe averiguar el porqué


Por  

El libro de Francesc-Marc Álvaro Entre la mentira y el olvido (La Magrana, 2012) cae como pedrada en ojo de boticario en medio de la viva polémica sobre la memoria histórica, los memoriales democráticos, la historia oral, el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historiay el “contradiccionario” dirigido por Ángel Viñas. Comparto la reticencia de Francesc-Marc Álvaro ante la historia oral. Hay que recoger los recuerdos de los testigos de la Guerra Civil antes de que acaben de desaparecer, pero se han de controlar con otras informaciones y documentación fiable. Una señora fue al Servicio Histórico Militar de Madrid y pidió ver el expediente personal de su padre, un héroe de la División Azul —decía— caído en Rusia luchando contra el comunismo. Le mostraron el expediente y, efectivamente, su padre había estado en la División Azul y había muerto en Rusia… ¡fusilado por desertor! De no haber visto la documentación, nadie habría podido convencerla de la falsedad de la versión que circulaba en la familia.
Sin que Francesc-Marc Álvaro lo pretenda, el lector podría quedarse con la impresión de que, si hay tantas memorias como recordadores y tantas historias como historiadores, la verdad histórica objetiva es una utopía inalcanzable. Como dice el proverbio, cada cual cuenta la feria según como le fue en ella. Sin embargo, dejando de lado a los panfletistas o propagandistas de tal o cual ideología, con el acceso a los archivos y la diligencia de historiadores honestos se van aproximando las historias distantes.
El subtítulo de Álvaro, El laberint de la memòria col·lectiva, expresa mejor el contenido. Maurice Halbwachs formuló la teoría de la memoria colectiva, según la cual solo recordamos aquello que tiene sentido en la comunidad en la que vivimos. Mi profesor de Psicología Social Jean Stoetzel lo ilustraba con la anécdota de unos zulúes, pueblo africano de pastores dotados de una memoria proverbial, pues conocen una por una todas las vacas de sus numerosos rebaños. Llevaron a unos cuantos de ellos a Londres, los pasearon por la ciudad, y al regreso les preguntaron qué recordaban. No recordaban prácticamente nada, porque nada habían entendido. Lo único que les quedó fue el gesto de los guardias urbanos dirigiendo con la mano el tráfico, porque era como los zulúes se saludan.
Nos extraña que haya tanto público adicto a la seudohistoria revisionista o neofranquista, que sin una investigación histórica rigurosa confirma los prejuicios que ya tenían aquellos lectores. Como escribe Francesc-Marc Álvaro, “la educación es la base” (p. 67). Otro profesor mío, Maurice Duverger, explicaba que las ideas políticas que raramente cambiarán a lo largo de la vida se nos infunden subrepticiamente en nuestra infancia en la clase de historia nacional, que es cuando se nos dice quiénes fueron los buenos y quiénes los malos. Hay en España toda una generación que tuvo que aprender una historia patria impregnada de los mitos franquistas. Algunos han cambiado de ideas a la luz de nuevas lecturas o informaciones, pero otros siguen aferrados a la visión de su infancia. No pueden recordar, y en parte ni siquiera advirtieron, los crímenes de la dictadura. Son como zulúes en Londres.
Lo que resulta intolerable es que semejante bazofia se haya deslizado en el monumental diccionario biográfico editado por la Real Academia de la Historia y costeado por toda la ciudadanía a través del presupuesto estatal. Participé en él ajustándome a las rigurosas normas impartidas a los colaboradores, pero viendo que no se habían observado en numerosos artículos tendenciosos, he aceptado con mucho gusto la invitación a redactar dos voces clave, “Iglesia” (en la Guerra Civil) y “nacionalcatolicismo” (en el franquismo) para el volumen Los combates por la historia, dirigido por Ángel Viñas (Pasado&Presente, 2012). Como decía Pierre Vilar, la historia está hecha de lo que unos quisieran olvidar y otros no pueden olvidar, y la tarea del historiador es averiguar el porqué de lo uno y de lo otro.

sábado, 31 de marzo de 2012

Piero Gleijeses desnuda políticos y critica actitud de los “gringos”



Dijo que García Godoy y Balaguer eran cínicos
Escrito por: Yanet Féliz


Santo Domingo.-El reconocido politólogo e historiador italiano Piero Gleijeses calificó de “cínico” al expresidente provisional Héctor García Godoy; criticó de atrasada la política de Norteamérica hacia los pueblos de América Latina y otros países del mundo, al tiempo que ponderó la postura de Antonio Guzmán en defensa de la democracia ante los “gringos”.
“García Godoy fue tremendamente cínico y Balaguer lo mismo. García tenía que pagar un precio  para ser presidente provisional, y el precio era entregar el mando militar a los norteamericanos, usando lo que a los “gringos” les parecía mejor en el sentido humano”, puntualizó.
El profesor e investigador de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, de Washington, autor entre una decena de libros de la “Esperanza desgarrada”, sobre la revolución constitucionalista y la intervención militar de Estados Unidos,  puesto a circular  aquí, dijo que si bien es cierto que los “gringos” están avanzados tecnologícamente, en cuanto a la cultura política y cívica están tremendamente atrasados.
Citó como ejemplo el racismo norteamericano y recordó que el primer embajador latino, nombrado   en   1961 en Costa Rica, tuvo muchos  problemas con su embajada, ya que la actitud “gringa” siempre ha sido egocéntrica hacia América Latina.
Al participar en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicación Corripio,  Gleijeses  pasó revista a los acontecimientos históricos ocurridos luego del ajusticiamiento del tirano Rafael Leonidas Trujillo, la Revolución de Abril de 1965 y la invasión norteamericana.
Explicó que a raíz de una petición que le hiciera  hace un año  la presidenta del Instituto de Historia de Cuba para que le publicara una edición cubana de su libro, entendió válido publicar los nuevos documentos,  que considera una  novedosa contribución hacia la República Dominicana. 
Al referirse a la postura de Antonio Guzmán ante las exigencias que le  hacían los norteamericanos de entregarles a unos ocho presuntos comunistas, dijo que este les dio cátedras de honestidad y de dignidad  y se negó,  pese a no ser un hombre de izquierda. 
Significó que Guzmán suspendió  una negociación  porque los “gringos”   vieron su postura  como un exabrupto y endurecieron su posición, pese a que habían ablandado algunos aspectos. 
Para el historiador, Fidelio Despradel representa lo peor del Movimiento 14 de Junio en términos humanos, teóricos  y  en  valores personales. 
Dijo que Despradel y parte  del grupo político chantajearon a Manolo Tavárez Justo  con amenazas de denunciarlo  como traidor y cobarde, porque éste sabía que la guerrilla de  Las Manaclas era un suicidio. 
“La esperanza desgarrada”
 “La esperanza desgarrada” fue puesto en circulación el martes  en el Paraninfo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Será la primera edición dominicana de la obra, publicada por primera vez en español en México en 1980, y ahora ampliada con nuevos documentos del Gobierno de Estados Unidos que han sido desclasificados.
El mismo reseña el  período de inestabilidad vivido tras el   ajusticiamiento de Trujillo en 1961, para concentrarse en la revolución constitucionalista y la invasión militar norteamericana de 1965.
El lilibro también será puesto en circulación en el Centro León de Santiago hoy,   a las 7:00  de la noche.
Piero Gleijeses vino al país como invitado del  telediario Uno+Uno, que dirige   Juan Bolívar Díaz, en ocasión de su  25 aniversario.

Fuente www.hoy.com.do

jueves, 9 de febrero de 2012

50 aniversario de la masacre del Parque Independencia

Por VIRGILIO GAUTREAUX
Economista e historiador. Reside en Santo Domingo
Los oportunistas conservadores de siempre, han logrado mediante un eficiente control mediático, que esos acontecimientos dramáticos y tan importantes para la democracia dominicana, queden en el olvido.
Reviste suma importancia conmemorar una gesta cuando ésta cumple 50 años. Es motivo de reflexión, discusión y jornadas intelectuales, en las cuales pueden participar algunos de los actores de dicho acontecimiento desde una perspectiva académica, despojada ya de las pasiones del momento.
Desafortunadamente por motivos conocidos, son muchos los que desean que los hechos ocurridos en Enero de 1962, permanezcan fuera de la memoria de las grandes mayorías del pueblo dominicano. Por eso, este cincuentenario y las acciones que le precedieron y le prosiguieron se mantienen sepultados por una pesada losa de hormigón.
Los oportunistas conservadores de siempre, han logrado mediante un eficiente control mediático, que esos acontecimientos dramáticos y tan importantes para la democracia dominicana, queden en el olvido. Para ello han contado con la complicidad de algunos intelectuales que se han lucrado presentando a Trujillo y sus secuaces como personajes conchoprimescos o folklóricos, despojados de toda sospecha. Se nos presentan esas hienas, como poseedores de gran habilidad y sagacidad, que logran sus objetivos.
Enero de 1962 debió ser objeto-en este cincuentenario-de seminarios y tertulias.
Ajusticiado el tirano, el pueblo dominicano reprimido por tres décadas rompió sus cadenas. Ya a los 45 días de “la muerte del chivo”, las multitudes llenaban las calles del país reclamando su libertad. El sólido régimen, a pesar de los grandes esfuerzos de los trujillistas (muchos de ellos actualmente funcionarios), no pudo con la avalancha popular. Los mítines y discursos de adhesión trujillista, servían para instigar que las fuerzas armadas, la policía nacional y los paleros de Balá, fueran más crueles contra la población indefensa. Es increíble que remanentes de esa gente tan perversa, se presentan todavía en los medios de comunicación.
El ajusticiamiento de Trujillo “en tiempos de guerra fría” provocó una grosera intromisión norteamericana en los asuntos internos nacionales, que a la postre distorsionaron la “hoja de ruta de la democracia dominicana”. Las sucesivas apreciaciones interesadas yanquis sobre lo que mejor convenía al pueblo dominicano, así como los temores de una “nueva Cuba en el Caribe”, provocaron sangrientas represiones, Golpes de Estado, guerrillas, una Guerra Patria y la intervención de 42 mil soldados estadounidenses en 1965. Fueron muchas las víctimas dominicanas (jóvenes, intelectuales y el pueblo en general) que ocasionó la errónea política de John Kennedy y Lyndon Johnson. Las soluciones “Made in USA” que aplicaron, se tradujeron en sangre, sudor y lágrimas para la patria de Duarte, Sánchez y Mella.
El periódico New York Times que se mostraba “preocupado” por la situación dominicana, en la práctica sólo reflejaba los intereses estratégicos del gobierno norteamericano y las tácticas político-militares del Departamento de Estado y el Pentágono. La fiebre anti-Castro que padecía EUA, se convirtió en el trapiche de la democracia a que aspiraba nuestro pueblo luego de 30 años de tiranía.
Los ocho meses que abarcan el período Junio 1961-Enero de 1962, fueron de gran impacto político. Todo el país estaba movilizado pidiendo libertad. El gobierno se apoyó en los hombres de uniforme, sus aviones, tanques y barcos de guerra. Los trujillistas-encabezados por Ranfis y Balaguer intentaban manipular la situación en su provecho y se presentaban como preparados para dirigir la transición. Promulgaron una “Ley anticomunista” para alagar a Estados Unidos y para acusar de marxista a todo el que se les opusiera. Mientras tanto, el país se llenaba de cadáveres.
El servil Congreso Nacional era un apéndice del Partido Dominicano y un sello gomígrafo del binomio Ranfis-Balaguer. Por instrucciones de ambos los legisladores aprobaron la Ley 5545 del 2 de Junio de 1961 que creaba el ESTADO MAYOR GENERAL CONJUNTO, cargo que concentraba todo el poder de las tres ramas militares del país, en una sola persona. Ese mismo día, Balaguer emitió el Decreto 6729 designando a Ranfis en dicha posición.
Los congresistas lambones y desvergonzados despojan de condecoraciones a los militares que participaron en el ajusticiamiento del Sátrapa. En una acción igualmente deleznable, el Senado de la República y la Cámara de Diputados aprobaron la Ley 5558 del 23 de Junio de 1961 mediante la cual se canceló la pensión de RD$ 60.00 que cobraba la Sra Mercedes Fernández viuda Román, madre del General Román Fernández. Sin duda alguna que cuando el Congreso Nacional se convierte en un sello gomígrafo del Poder Ejecutivo, el excremento llega hasta la azotea !!!!!!
También mediante decreto, el Presidente Balaguer expulsó algunos profesores universitarios que tenían vínculos familiares con los complotados.
Mientras el dúo Balaguer-Ranfis decían que conducían la “transición democrática”, arreciaron la violencia contra el pueblo en todo el territorio nacional. A mayor represión, mayores compensaciones, medallas y ascensos a los militares más abusadores y comprometidos con el trujillismo y el pos-trujillismo. De manera especial durante los meses de septiembre y octubre, la oficialidad de la aviación era las más compensada por su destacado papel represivo. El mismo Ranfis es condecorado por Balaguer mediante Decreto No 7057 del 01 Septiembre del 1961, con la Orden al Mérito “14 de Junio” en la clase militar primera categoría.
En un aprieta-afloja, los desafueros cívico-militares eran mezclados con leyes y decretos de destrujillización, en un afán de confundir al pueblo, que sólo quería ver saltar del poder la pareja que representaba el despotismo de los últimos 30 años. Los universitarios encabezaron todo el estudiantado nacional en la cruzada libertaria, razón por la cual fueron objeto de persecuciones, golpizas y asesinatos. Balaguer dispone en Octubre de 1961 el cese de actividades de la universidad, razón por la cual los estudiantes ocupan las azoteas de las viviendas de varias casas de Ciudad Nueva, especialmente en las calles Noel y Espaillat. La cruel represión contra ellos, conmueve la nación, cuya rabia aumentó cuando Balaguer felicita a quienes se ensañaron contra los estudiantes. Este asalto gubernamental, desnudó la mascarada. A finales de ese mes hubieron masivas promociones militares.
El país levantado logra en Noviembre de 1961 la salida de la familia Trujillo, pagando una elevada cuota de sangre. Al momento de la huida de Ranfis asesina cobardemente los ajusticiadores del tirano que estaban encarcelados. A pesar de que se produjeron algunos cambios políticos, Balaguer se apoya en otro hombre de uniforme-el General Rodríguez Echavarría-en un esfuerzo más por permanecer en el poder, hasta el 16 de agosto de 1962.
En los primeros días de Diciembre de 1961 se produce una huelga general que concluye con la formación de un Consejo de Estado integrado por siete Miembros. Este organismo está encabezado por Balaguer y el Dr Rafael F. Bonnelly como Vice-Presidente.
Sin embargo, el pueblo en general, las organizaciones políticas, los sindicatos y dentro del mismo Consejo de Estado, se quiere la salida de Balaguer y aumentan las presiones para que éste renuncie. Dentro del gobierno recién creado hay fuertes contradicciones. Los representantes de la Unión Cívica encabezados por Rafael F. Bonnelly impulsan la salida de Balaguer, quien fija diferentes fechas para su renuncia, apelando a diversos pretextos. Juan Isidro Jiménez Grullón en un artículo de primera página publicado el 2 de Enero de 1962 por el diario La Información de Santiago, señala “Desgraciadamente, el trujillato no ha sido totalmente erradicado. Y como consecuencia de ello vemos al gobierno del Dr Balaguer dictando medidas que obedecen a la técnica caudillista del servicialismo. Lo que están haciendo (repartiendo) los bienes de la familia Trujillo, es clara expresión de ello”.
La gente en las calles de todo el país, se pronuncia contra la presencia de Balaguer como Presidente de la República. El levantamiento de las sanciones económicas impuestas por la OEA el 4 de enero de 1962, aumenta el clima de agitación nacional que reclama la salida definitiva de todo vestigio de trujillismo dentro de las estructuras de poder. La prensa internacional publica que el Capitán Enrique Prestol Castillo y los Tenientes Octavio Rafael Alba Minaya y Eddy Francisco Tineo entregaron una carta al Dr Bonnelly pidiendo la destitución del General Rodríguez Echavarría como Secretario de las Fuerzas Armadas o que acepte sus renuncias si no es relevado de dicho cargo. Ya anteriormente el 2 de Diciembre de 1961, trece oficiales habían formulado una petición similar.
Mientras aumentaba el vacío en torno a la pareja Balaguer-Rodríguez Echavarría, ambos pretendían aparentar lo contrario. Un Comunicado de fecha 14 de Enero firmado por la Agrupación de Abogados de Santiago, exige la inmediata renuncia del Dr Balaguer y la destitución de Rodríguez Echavarría como Jefe de las Fuerzas Armadas. Ya los abogados de San Francisco de Macorís, días antes habían formulado este mismo reclamo.
Es en medio de esta situación que se produce LA MASACRE DEL PARQUE INDEPENDENCIA. .
A partir del mediodía del 16 de Enero de 1962, comienzan a concentrarse en el parque Independencia grupos reclamando la renuncia de Balaguer y la salida de su jefe militar. Bocinas colocadas en el local de la Unión Cívica difundían arengas, música y discursos del presidente de esa organización, el Dr Viriato Fiallo. Más contingentes humanos se suman a la protesta popular, en la medida que se conoce lo que está pasando.

Los gorilas de la base aérea de San Isidro y los funcionarios trujillistas que aún estaban en el Palacio Nacional, ordenan reprimir la manifestación. Por el tipo de contingente que se envía, cinco tanques de guerra AMX y cinco carros de asalto con potentes ametralladoras, desde un principio quienes impartieron la orden sabían cuál sería el desenlace. Efectivos militares con ametralladoras, completaban la formación militar. El entusiasmo de la multitud es ahogado por el ruido de las diez pesadas unidades blindadas, las cuales se despliegan casi en medio de los manifestantes. El Teniente Coronel Cuervo Gómez, comandaba la tropa.
Superada la sorpresa inicial la gente se reagrupa y vocifera contra la presencia militar. Varios corre-corre, amenazas, rastrilleo de armas y uno que otro culatazo, caldea más los ánimos. Cuervo Gómez ordena que silencien las bocinas y tanto los manifestantes, como los que manejaban los micrófonos se oponen. El oficial instruye a varios militares que suban al segundo piso donde estaba la UCN, los cuales luego de intentar infructuosamente de ingresar por una puerta que estaba bloqueada, intentaban subir mediante una escalera.
En medio de este forcejeo, arriba al lugar de los hechos el Dr Rafael F. Bonnelly-Vicepresidente del Consejo de Estado-quien llama a la cordura de los presentes, a la vez que le dice al oficial que detenga la operación contra la UCN. Recibe una negativa como respuesta. En esos momentos uno de los militares que estaba en la escalera cae al suelo, momento en que se inicia una balacera contra la multitud congregada. Los valientes hombres de uniforme disparaban a sus anchas contra gente inocente y desarmada.
El saldo trágico son 5 muertos y numerosos heridos. Concluída la masacre, el contingente sale hacia su base en San Isidro. Ya la misión había sido cumplida. El “combate” resultó con una resonante victoria y ningún efectivo militar resultó herido.
Quedaron para siempre tendidos en el suelo el barahonero y dirigente político, Pío Varona y otros 4 ciudadanos, Los heridos fueron trasladados a hospitales y clínicas. El dolor era inmenso.
Al conocerse en la ciudad capital el saldo trágico, la multitud indignada incendió el cine Olimpia, propiedad de uno de los adulones de Trujillo, algunos vehículos militares, así como la vivienda de la familia del Teniente Coronel Cuervo Gómez, ubicada en la calle 19 de Marzo. La gente colocó barricadas y escombros en varias calles, por si retornaban los tanques.
El país estaba al borde de la guerra civil, aumentan las presiones contra el “dúo malvado” y dentro del Consejo de Estado se solicita de manera firme a Balaguer que renuncie inmediatamente.
En respuesta a las manifestaciones populares y a los aprestos del grupo que lo repudia dentro del Consejo de Estado, Balaguer organiza una asonada golpista y tras bastidores forma una Junta cívico-militar, encabezada por Huberto Bogaert, e integrada por Armando Oscar Pacheco, Antonio Imbert Barreras, Luis Amiama Tió, el Contralmirante Enrique Valdez Vidaurre, el Coronel EN, Neit Nivar Seijas y el Mayor Piloto, Wilfredo Medina Natalio.
La Junta establece el Estado de Sitio, la censura a la prensa, el toque de queda y la conculcación de las libertades alcanzadas. Algunos miembros del Consejo de Estado derrocado son mantenidos bajo arresto.
La prensa nacional el 17 de Enero contenía diversos comunicados amenazantes firmados por los títeres de opereta que integraban la “Junta Cívico-Militar”. Rodríguez Echavarría también colocó un Comunicado donde justificaba todo lo ocurrido, afirmando que ello se evitó una trama de agitadores perversos y capitalistas con sus conciencias envilecidas por las pasiones, los cuales habían ofrecido fuertes sumas de dinero por cada arma que se le despojara a los militares.
La reacción del pueblo fue inmediata. Una poderosa huelga general paralizó el país. Varios Ministros renunciaron y gran parte de los empleados públicos del país, no acudían a sus labores. En medio de la situación, el General Rodríguez Echavarría-el poder detrás del trono-dictaba medidas atentatorias contra la democracia. La represión era el soporte de la frágil dictadura de último recurso, creada por el Dr Balaguer. Había una gran tensión nacional.
Aislada y repudiada por todo el país, vista de mala manera por los países democráticos del continente y hostilizada por la prensa internacional, se desplomó en 48 horas, la última maniobra del trujillismo activo en la República Dominicana. Rodríguez Echavarría fue apresado y el Dr Balaguer saltó la verja de la Nunciatura papal, situada al lado de su casa en la Avenida Máximo Gómez. Una transmisión por radio y televisión, le anunció al pueblo dominicano la noche del 18 de Enero de 1962, que la pesadilla, había concluido. La nación se lanzó a las calles desbordada de entusiasmo. Se formaron caravanas por todas partes. La gente se subió a los tanques de guerra y los camiones de los militares que habían depuesto la pandilla usurpadora.
En Barahona esa misma noche se formó una caravana de vehículos que recorría la ciudad tocando sus bocinas anunciando el derrocamiento de la junta. El jefe de la base aérea local-apellidado Beauchamps Javier-envió una patrulla a emboscar los alegres manifestantes, los cuales recibieron ráfagas de ametralladoras, resultando muerto el Fiscal Rafael-fello-Méndez y otros resultaron heridos.
Resulta paradójico que un barahonero es ametrallado al comienzo de la Junta Cívico-militar en el parque Independencia y otro compueblano es ametrallado en Barahona, al final de la intentona.
Un nuevo capítulo se abrió para el país a partir de ese Enero de 1962. Un nuevo Consejo de Estado-encabezado por el Dr Rafael F. Bonnelly- asume al poder. Su mandato concluye once meses después, al entregar a Juan Bosch la presidencia el 27 de Febrero de 1963.
Es bueno precisar que este Consejo encabezado por Bonnelly tuvo ribetes de autoritarismo. Persiguió y deportó muchos dominicanos. A algunos exiliados por Trujillo, se les mantuvo el impedimento de entrada al país. Ese gobierno se manejó promoviendo un sentimiento ultra-antitrujillista y hostigamiento al movimiento izquierdista, a intelectuales y a todos aquellos luchadores por una auténtica democracia. Todos estos últimos el Consejo los calificaba de comunistas. También resulta curiosos que este equipo gobernante que nació en medio de una verdadera masacre, concluyó sus días haciendo su propia masacre en Palma Sola.


Foto del periódico El Caribe con pueblo y guardias celebrando

lunes, 28 de noviembre de 2011

Embajadores de EU y Gran Bretaña, ¡Gracias!!



Por VENECIA JOAQUIN*


Es preferible y más digno, un Embajador extranjero rompiendo el protocolo para hacer sugerencias a un gobierno descuidado, que tener diplomáticos designados en el exterior, callados o que se han quedado en el país atendiendo negocios particulares

Muchas veces quien más te quiere te hace llorar y, cueste lo que cueste, dice cosas para hacerte reaccionar. Es lo que, a mi juicio,  han hecho  los embajadores de  Estados Unidos y Gran Bretaña en el país. Señalaron aspectos que andan mal, que afectan el desarrollo  de la nación.

Dieron un doloroso pellizco público al gobierno para que reaccione.  ¡Que bueno!! Han demostrado que quieren el pueblo.

Pudo más la fuerza del amor, que la  burocracia y diplomacia. Hablaron, interpretando el sentir de la mayoría y su impotencia para quitar obstáculos que impiden el progreso.

Aunque el gobierno argumente que rompieron normas protocolares y  los acuse de meterse en  asuntos internos,  la mayoría del pueblo, en lo intimo de su ser, esta feliz, radiante.

Yo lo estoy. ¡Es nuestro sentir!! y lo escucharon. Quizás comiencen a reflexionar o  al menos  cuidar un poco, aspectos imprescindibles para el desarrollo. Estos embajadores, se han hecho eco  de nuestros reclamos.

El Embajador de los EU, Raúl Yzaguirre, expresó su apoyo al movimiento cívico que exige al gobierno prioridad a la educación, mejorar su calidad, al tiempo que abogó  por transparencia en las acciones. Dice que la economía globalizada necesita sustentarse en un buen sistema educativo para poder competir con éxito.

Considera que la sociedad dominicana debe confrontar el clientelismo político y la falta de transparencia, pues muchos han perdido la fe en las instituciones. Si el gobierno no cuenta con la confianza de su pueblo, no puede hacer reformas para salir adelante.

El Embajador de Inglaterra, Steven Fisher, atacó el soborno. Confesó que empresas de su país se vieron precisadas a retirarse porque no soportaron la extorsión. Sugirió redoblar los esfuerzos y contratar expertos internacionales para controlar el flagelo de la corrupción.

Advirtió que hay inversionistas que tienen miedo de entrar en países con este problema tan marcado.. ¡Que vergüenza!!. Sobornan  por doquier. ¡ Que falta le hace Juan Bosch y sus olvidados principios, a este gobierno!.

Me complace que tengamos en el país embajadores capaces de romper el protocolo y decir en público lo que de seguro,  están hartos de repetir a través de los canales burocráticos.

Que bueno que piensan  en mejorar las instituciones, en quitar barreras que frenan el desarrollo, en unir al mundo por lazos de buena lid,  amor, respeto, educación. Eso repercute en las buenas relaciones entre las naciones.

Tranquiliza que en este momento en que se retuercen los valores para frenar el desarrollo, surjan luces, actitudes valientes como las de estos embajadores, a fin de atacar el mal  desde las raíces. ¡Adoro este tipo de diplomático!!..Modernos, globalizados, responsables, con coraje, con la mirada fija en el corazón del lugar donde se encuentran, quienes hastiados de observar como juegan  con la ignorancia de un pueblo, son capaces de reaccionar sin importar las consecuencias.

Ojala que el Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país sea juicioso en sus reacciones. Debe proceder a revisar los criterios y principios que rigen el  cuerpo diplomático, para que  imiten los de estos embajadores. Deben aprender de sus lecciones.

Es preferible  y más digno, un Embajador extranjero rompiendo el protocolo para hacer sugerencias a un gobierno descuidado, que tener diplomáticos designados en el exterior, callados o que se han quedado en el país atendiendo negocios particulares bajo la mirada indiferente del gobierno. Es decir, cobrando salarios de lujo con los impuestos que pagan los pobres. Deberían ser más elegantes en sus actos de corrupción. Simular que salieron a trabajar, aunque nunca puedan ni se atrevan, por falta de capacidad, coraje  y moral,  adoptar  el tipo de posiciones de estos embajadores.

Mis respetos, admiración  y agradecimientos  para los embajadores de EU y Gran Bretaña, naciones que tanto admiro. Hermosas lecciones. Misión cumplida, ¡!muy bien cumplida!!. Gracias.

lunes, 10 de octubre de 2011

Trujillo, el Arco y los desfiles en Santiago

Por GIANNELA PERDOMO FELIZ*

Finalizó la “Era”, empezamos a vivir el proceso de democratización del país y entendí la posición de mi papá. Cuanto valoro que nos impidiera transitar debajo del Arco de Triunfo de Rafael Leonidas.
El Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, para los actos conmemorativos a la batalla del 30 de marzo del 1844 o Batalla de Santiago, a principios de la década del 1940 y hasta el 30 de marzo del 1960, -período que no registran los expedientes consultados- ordenó la construcción de un arco de triunfo, en la hoy calle El Sol, próximo a la 30 de Marzo, con sus bases montadas en las aceras del Parque Duarte, las oficinas de la Gobernación Provincial y Policía Nacional.
A fin de compilar los datos que conciernen a esta edificación, además de su destino final y los festejos que se llevarían a cabo con motivo de las referidas efemérides patrias, la documentación personal que conserva el señor Darío Nicodemo nos facilita los datos siguientes:
“El programa, entre otras actividades, consistía en bailes y fiestas que celebraban los distintos clubes sociales de la ciudad, destacándose los del Centro de Recreo, Club Santiago, Centro Sirio Libanés, "La Protectora de los Pobres”, además de los desfiles que constituían la atracción principal. Con esta finalidad se construía el arco de triunfo. En Azua se hizo erigir otra obra similar que aun se reconoce como el Arco del Triunfo, además de los que se conservan en Villa Vásquez y Dajabón.
”Federico Villamil, ingeniero, propietario de dos talleres de ebanistería y carpintería ubicados en unos terrenos próximos a la base aérea de Santiago y otro pequeño, entre las calles 30 de Marzo casi esquina Independencia, dirigía los trabajos de las obras”.
Contrario a la conservación de estos monumentos, el Dr. Pedro Fernández Salcedo, en plática con el Sr. Nicodemo le refiere: “cada año, una vez finalizado el desfile, el arco se destruía y la madera era donada a familias de escasos recursos económicos para la construcción de sus viviendas. De parte del “Benefactor de la Patria” y como ayuda humanitaria, estas donaciones las entregaban el Secretario del Partido Dominicano o el Gobernador de Santiago.
En sillones perfectamente alineados, colocados en la tarima del arco, el Generalísimo ocupaba la posición central de la primera fila y desde allí disfrutaba el esplendor del desfile. El Dr. Fernández también comenta: “Muy pocos funcionarios podían tomar asientos en el arco acompañando al Perínclito Barón de San Cristóbal. Entre ellos y como invitados especiales, podemos nombrar a los hermanos José Antonio y Pedro M. Hungría, Pedro Jorge y Rafael "Fello" Vidal, personalidades infaltables en el arco; también los Gobernadores y Síndicos de turno. Los funcionarios restantes debían desfilar por debajo de él, como expresión silente de exquisita humillación a sus servidores”.
Respecto a la conocida desconfianza de Trujillo, también explica: “mientras permanecía en la Ciudad Corazón, permitía ser atendido únicamente por un camarero apellidado Portorreal, quien gozaba de su extrema confianza”.
Discretamente y sin nombres registrados, en determinados círculos de alta clase se comentaba que determinadas personalidades y funcionarios debían estar presentes en la plataforma superior del arco, antes de la llegada de Trujillo y retirarse luego de que él lo hiciera.
Relacionado con los desfiles, Darío recuerda: “mi padre no me dejó desfilar aquel 30 de Marzo de 1959, aunque yo sí había desfilado anteriormente, pero como los muchachos éramos cabezotas, puras vainas, me fui con dos amiguitos a ver el desfile, un poco mas arriba del arco para ver el gran espectáculo.
Próximo a nosotros, sin percatarnos, un oficial observó el grupo poco numeroso que se aproximaba al dichoso arco y sin pérdida de tiempo, recriminó a dos policías de guardia en el área.
Pestañamos y le escuchamos con voz autoritaria dirigirse a los agentes: "Que hacen estos pendejos nada mas viendo, métanlos al final de las filas". Allí nos "ajustaron" y no tuvimos mas remedio, ¡nos obligaron a pasar por debajo del arco!
Con sentimientos iguales a los del padre de Darío, a Eugenio Perdomo, nuestro progenitor, no parecía agradarle la idea de que sus hijos transitaran debajo de los pies del “Padre de la Patria Nueva”.
Recuerdo la tardecita anterior al evento, -precedente al 1960, año de su muerte en “La 40”-, regresó del trabajo y conversó sobre la monstruosidad del arco.
Escuché decirle a mi mamá: “Mis hijos no son heces fecales –evito la expresión grosera de llamarlas!- para caminar debajo de la cloaca por donde pasará mucha basura”.
Con tono un tanto enérgico casi le ordenó: “enférmalos”. Una simple mirada entre ambos originaba su diálogo mudo.
No entendí ni papa de todo aquello. Nuestros uniformes ya estaban impecablemente planchados y colgados; los zapatos limpios y relucientes, un adorno discreto para mi cabeza, además de la inquietud por la llegada del nuevo día y vivir la experiencia de desfilar junto a mis compañeros de colegio.
Sentados a la mesa nos disponíamos a cenar. Nuestro padre nos miró a mi hermano Virgilio Eugenio y a mi, frunció el entrecejo y comentó a Quisqueya, su fiel esposa y compañera: “estos niños parece que están enfermos, creo que tienen fiebre”.
Acto seguido ella nos palpó caras y brazos respondiéndole: “están tibiecitos”.
Llegó la tan esperada mañana, nos despertamos mientras él confirmaba las calenturas de nuestras frentes y estómagos. Casi gritando, exclamó: “tienen mucha fiebre, ven y ponles el termómetro”.
De inmediato, mamá se nos acercó colocándonos “su termómetro” rectal.
Empezamos a sentir mucho calor, la fiebre subía y debíamos mantenernos en cama. Él día posterior al desfile tampoco asistimos a clases, ¡persistía la fiebre! Así que dieta de sopitas y reposo para curarnos.
Por qué tan de repente nos arropó la fiebre? La aplicación de supositorios de ajo no falla para provocar subidas de temperaturas en los seres humanos. El “termómetro” de nuestra madre resultaba infalible.

Finalizó la “Era”, empezamos a vivir el proceso de democratización del país y entendí la posición de mi papá. Cuanto valoro que nos impidiera transitar debajo del Arco de Triunfo de Rafael Leonidas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Un testamento de Juan Bosch



Notario inventarió las pertenencias del derrocado presidente
Escrito por: ANDRÉS L. MATEO
El tres de mayo del año 2007 publiqué en el desaparecido periódico “Clave” el acta de los muebles y efectos personales de la Familia Bosch-Quidiello, levantada por el notario Francisco Sánchez Báez, unos días después del golpe de Estado de 1963.  El acta del notario se ha transformado en un testamento revelador. Quiero reproducir ese artículo pidiéndoles a los lectores que lean atentamente las descripciones del notario, y que piensen, no sin sonrojos, en lo que ocurre hoy. He aquí el artículo:
 “A las siete de la mañana del día 28 de septiembre de 1963, el abogado notario de los del número del Distrito Nacional, doctor Francisco Sánchez Báez, entró a la casa del profesor Juan Bosch, Presidente de la República que hacía tres días había sido derrocado. Los golpistas le habían confiado la misión al notario de levantar un acta de comprobación de los muebles y efectos que había en la residencia del expresidente derrocado.
Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto: “Una mesa  de metal de hierro con tope de vidrio y seis sillas, dos mesas más del mismo material, dos mamparas, una de tela, otra de pajilla con marcos de madera; una alfombra de guano, dos alfombras de algodón, un juego de muebles de ratán acojinados color verde, compuesto de cuatro butacas y dos mesas; una televisión Admiral con pantalla de veintiuna pulgadas, una consola color crema, una lámpara de pie de bambú, un adorno de pared con motivos indígenas, dos juegos de muebles estilos danés acojinados color caoba, compuestos de siete sillones y cuatro mesas; dos lámparas de sala, una con pantalla de cabuya y una de cartón; siete cuadros ornamentales y una Virgen de la Altagracia, dos camitas gemelas de madera americana pintadas de gris con sendos colchones, dos camitas sin espaldar con sus colchones, cuatro mecedoras de madera simulando bambú o pajilla, un archivador de metal color gris de dos gavetas, una máquina de escribir UnderwoodFive, color gris; un escritorio de playwood y formica con sillón forrado de cuero color negro, un tintero de mármol con dos plumas fuentes, una lámpara de mesa con base de metal y tubo de vidrio, un cuadro holográfico del señor Juan Bosch y varias fotografías del mismo, un escudo nacional labrado de caoba, un cofre de caoba, una mesita para teléfono de caoba, tres tomos de la obra “Tres años de Gobierno Democrático”, por Rómulo Betancourt, ciento setenta y dos volúmenes de libros y revistas diversos, dos ídolos de madera, una grabadora, un cenicero de mármol blanco, un cortapapel y una tijera cromados, un cofre de madera forrado de metal, tres floreros y trece ceniceros.
Esos eran los modestos objetos caseros del Presidente Bosch, y el acta no habría sido más que un aburrido documento jurídico si en la misma el apurado notario no hubiera consignado que: “Los muebles y efectos descritos precedentemente, según declaración de la señora Carmen Quidiello de Bosch, son propiedad de ella y de su esposo, señor Juan Bosch, y que muchos de estos muebles han sido adquiridos en ventas a plazos y serán devueltos a los vendedores correspondientes por no haber sido pagados en su totalidad”.
Esa aclaración convierte esta acta en un documento histórico, y nos permite recuperar unas cuantas emociones ineludibles. ¿Un Presidente de la República con siete meses en el ejercicio del poder, coge fiao a plazos los muebles de la casa en que vive? A los funcionarios peledeístas de hoy esto les debe parecer una vanidad inocente, pero todos esos nuevos ricachones deben saber que son esas epifanías las que transforman a un líder en un personaje decisivo e inevitable. Ese Juan Bosch que debía los muebles cuando lo derrocaron, no cabe en los afanes de enriquecimiento de un discipulado que enarbola una hipocresía insolente cuando lo nombra, y que exhibe un confort ofensivo. Diómedes Núñez Polanco debería mandar a enmarcar esta acta notarial, y ponerla en las oficinas públicas, junto a la foto de Leonel Fernández, para que muchos sepan por qué yo llamo a Juan Bosch moralista problemático”.  

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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