jueves, 1 de septiembre de 2011

Un testamento de Juan Bosch



Notario inventarió las pertenencias del derrocado presidente
Escrito por: ANDRÉS L. MATEO
El tres de mayo del año 2007 publiqué en el desaparecido periódico “Clave” el acta de los muebles y efectos personales de la Familia Bosch-Quidiello, levantada por el notario Francisco Sánchez Báez, unos días después del golpe de Estado de 1963.  El acta del notario se ha transformado en un testamento revelador. Quiero reproducir ese artículo pidiéndoles a los lectores que lean atentamente las descripciones del notario, y que piensen, no sin sonrojos, en lo que ocurre hoy. He aquí el artículo:
 “A las siete de la mañana del día 28 de septiembre de 1963, el abogado notario de los del número del Distrito Nacional, doctor Francisco Sánchez Báez, entró a la casa del profesor Juan Bosch, Presidente de la República que hacía tres días había sido derrocado. Los golpistas le habían confiado la misión al notario de levantar un acta de comprobación de los muebles y efectos que había en la residencia del expresidente derrocado.
Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto: “Una mesa  de metal de hierro con tope de vidrio y seis sillas, dos mesas más del mismo material, dos mamparas, una de tela, otra de pajilla con marcos de madera; una alfombra de guano, dos alfombras de algodón, un juego de muebles de ratán acojinados color verde, compuesto de cuatro butacas y dos mesas; una televisión Admiral con pantalla de veintiuna pulgadas, una consola color crema, una lámpara de pie de bambú, un adorno de pared con motivos indígenas, dos juegos de muebles estilos danés acojinados color caoba, compuestos de siete sillones y cuatro mesas; dos lámparas de sala, una con pantalla de cabuya y una de cartón; siete cuadros ornamentales y una Virgen de la Altagracia, dos camitas gemelas de madera americana pintadas de gris con sendos colchones, dos camitas sin espaldar con sus colchones, cuatro mecedoras de madera simulando bambú o pajilla, un archivador de metal color gris de dos gavetas, una máquina de escribir UnderwoodFive, color gris; un escritorio de playwood y formica con sillón forrado de cuero color negro, un tintero de mármol con dos plumas fuentes, una lámpara de mesa con base de metal y tubo de vidrio, un cuadro holográfico del señor Juan Bosch y varias fotografías del mismo, un escudo nacional labrado de caoba, un cofre de caoba, una mesita para teléfono de caoba, tres tomos de la obra “Tres años de Gobierno Democrático”, por Rómulo Betancourt, ciento setenta y dos volúmenes de libros y revistas diversos, dos ídolos de madera, una grabadora, un cenicero de mármol blanco, un cortapapel y una tijera cromados, un cofre de madera forrado de metal, tres floreros y trece ceniceros.
Esos eran los modestos objetos caseros del Presidente Bosch, y el acta no habría sido más que un aburrido documento jurídico si en la misma el apurado notario no hubiera consignado que: “Los muebles y efectos descritos precedentemente, según declaración de la señora Carmen Quidiello de Bosch, son propiedad de ella y de su esposo, señor Juan Bosch, y que muchos de estos muebles han sido adquiridos en ventas a plazos y serán devueltos a los vendedores correspondientes por no haber sido pagados en su totalidad”.
Esa aclaración convierte esta acta en un documento histórico, y nos permite recuperar unas cuantas emociones ineludibles. ¿Un Presidente de la República con siete meses en el ejercicio del poder, coge fiao a plazos los muebles de la casa en que vive? A los funcionarios peledeístas de hoy esto les debe parecer una vanidad inocente, pero todos esos nuevos ricachones deben saber que son esas epifanías las que transforman a un líder en un personaje decisivo e inevitable. Ese Juan Bosch que debía los muebles cuando lo derrocaron, no cabe en los afanes de enriquecimiento de un discipulado que enarbola una hipocresía insolente cuando lo nombra, y que exhibe un confort ofensivo. Diómedes Núñez Polanco debería mandar a enmarcar esta acta notarial, y ponerla en las oficinas públicas, junto a la foto de Leonel Fernández, para que muchos sepan por qué yo llamo a Juan Bosch moralista problemático”.  

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Voltaire

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