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sábado, 27 de agosto de 2011

FELIZ DÍA DEL ARCHIVERO



El 28 de agosto del año 1821, el gobernador Martín Rodríguez, a instancias de su Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, creó por decreto el Archivo General de la Provincia en Buenos Aires, convencido de que "la conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los documentos más exactos de ella. Más el arreglo y la clasificación por ramos y épocas de las distintas oficinas, que hacen el servicio de una administración, contribuye a un tiempo a la prontitud y al acierto de ldespacho".

En 1880, cuando se federaliza la ciudad de Buenos Aires, el Archivo General de la Provincia quedó bajo dependencia del gobierno nacional, transformándose en el actual Archivo General de la Nación.

La comunidad archivística de todo el país siempre reconoció como Día del Archivero el 28 de agosto, atento a la creación del Archivo General.
Es por ello que renovamos el espíritu de todos aquellos incansables trabajadores, que aportan al crecimiento de nuestra comunidad.
Msc. Víctor Hugo Arévalo Jordán
Director
Mundo Archivístico

    martes, 14 de junio de 2011

    EE UU publica los Papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam

    Desclasificados los palpeles del Pentágono

    Los documentos desclasificados prueban las revelaciones de engaños sobre el conflicto que reveló 'The New York Times' en 1971

    Por YOLANDA MONGE 



    Cuarenta años después se confirma lo que ya se filtró en 1971, que dos Administraciones distintas de Estados Unidos mintieron a sus ciudadanos sobre la guerra de Vietnam. Aquella revelación, que entonces se filtró primero por el diario The New York Times y luego por otros periódicos, queda ahora probada con la salida a la luz de las 7.000 páginas de documentos desclasificados por el Departamento de Defensa denominadosPapeles del Pentágono. Excepto por 11 palabras que siguen tachadas y permanecerán desconocidas para el gran público.
        Vietnam

        Vietnam

        A FONDO

        Capital:
        Hanoi.
        Gobierno:
        República comunista.
        Población:
        86,116,560 (est. 2008)

      La noticia en otros webs

      Podría decirse que los Papeles del Pentágono yDaniel Ellsberg son -en los años setenta y la edad de la fotocopiadora- los antepasados de Wikileaksy Julian Assange -en pleno siglo XXI y la era de Internet.
      Ellsberg, analista en nómina del grupo de estudios (think tank) Rand Corporation -organización que fue contratada por el Pentágono para realizar una serie de análisis secretos sobre la guerra-, descubrió que tanto la Administración de Kennedy como la de Johnson engañaron a la opinión pública sobre la guerra de Vietnam, desde los ataques del Golfo de Tonkin hasta el bombardeo de Camboya y Laos pasando por las declaraciones de Johnson en 1964 que aseguraban que se estaba procediendo a una salida del conflicto cuando en realidad se preparaba una escalada. Todo era una fabricación para implicar más al país en un conflicto que perdió y cuyas cicatrices siguen sin cerrarse. El presidente Richard Nixon no estuvo implicado en los Papeles del Pentágono aunque dos de sus cercanos colaboradores intentaron un robo frustrado con el que buscaban información para desacreditar la salud mental de Ellsberg.
      Ellsberg, quien trabajó durante dos años en la embajada de EEUU en Vietnam, conoció de primera mano que era imposible que su país ganase aquel conflicto. Tras mucho elucubrar una salida a la contienda y contactar con diferentes grupos de defensores de la paz y anti Vietnam concluyó que la única manera de hacer reaccionar a la sociedad y a la Casa Blanca era filtrando los documentos que el Pentágono había preparado durante años y que oficialmente se llamaban Relaciones Estados Unidos-Vietnam, 1945-1967: Un estudio preparado por el Departamento de Defensa y que fue solicitado por el entonces secretario de Defensa Robert McNamara. En esos 7.000 folios, funcionarios de los departamentos de Estado y de Defensa documentaron al detalle la historia previa a la guerra y el proceso de decisiones en Washington. Ellsberger tardó días en copiar los textos y finalmente ofreció el resultado al New York Times y luego a otros diarios.
      Desde hoy, la documentación completa se puede consultar en la sede del Archivo Nacional que existe en College Park (Maryland, afueras de Washington) así como en tres bibliotecas presidenciales.
      El escándalo provocó que tanto Ellsberg como el Times acabasen en los tribunales. A Ellsberg se le acusó de espionaje pero los cargos fueron retirados. Y el Tribunal Supremo acabó dando la razón al rotativo de Nueva York en una decisión histórica en la que prevaleció la Primera Enmienda, el derecho a la libertad de información.
      Con la guerra de Vietnam (1964-1975), Estados Unidos intentó frenar lo que en Washington se denominaba la Teoría del Dominó: Los avances del comunismo preocupaban casi más que el fin de la Segunda Guerra Mundial. Países como Malasia, Indonesia o Filipinas habían estado muy cerca de caer del lado comunista; ya lo habían hecho China, Vietnam del Norte, Birmania, Cuba y todas las naciones europeas bajo la ocupación soviética. Estados Unidos temía quedar rodeada de una constelación comunista de la que Vietnam sería una pieza más de una cadena. El caos en el que se sumió EEUU en Vietnam ha dejado amplias lecciones para la historia. EEUU perdió casi 60.000 hombres. Vietnam contaba con una cifra de tres millones y medio entre muertos y desaparecidos.

      lunes, 16 de mayo de 2011

      De fiesta el arte internacional



      martes, 17 de mayo de 2011
      Redacción A Tu Manera / Primera Hora

      El Museo de Arte de Ponce anunció que se une a los esfuerzos educativos de la Asociación Americana de Directores de Museos de Arte y al Consejo Internacional de Museos y abre sus puertas al público, libre de costo, a partir de las 2:00 de la tarde, mañana, miércoles 18 de mayo, para conmemorar el Día Internacional de los Museos 2011.



      Este día el Museo lo dedicará al lema de esta celebración global, Museo y memoria, e invitará a los amantes del arte a compartir, las memorias que atesoran del Museo. Esto será en la Biblioteca Rosario Ferré, donde personal designado grabará sus narraciones para comenzar a construir un archivo de historia oral en torno al Museo que formará parte del Archivo Histórico Luis A. Ferré.

      “El Día Internacional de los Museos no sólo es una oportunidad para celebrar el rol de los museos como guardianes del arte — de objetos que representan memorias individuales y colectivas y trasmiten historias de la humanidad —, sino también para brindarle la oportunidad al público de participar en los programas del Museo y relacionarse con el arte que éste alberga y la historia que le rodea”, dijo Taína Caragol Barreto, curadora de Educación del Museo de Arte de Ponce.

      Como parte de la celebración, también se presentará un documental histórico del Museo de Arte de Ponce -producido por Sonia Fritz- en el Salón Fundación Plaza del Caribe. Este documental narra en voces de artistas y allegados al Museo la historia de la institución.
      Fritz, nacida en México pero residente de Puerto Rico por más de 25 años, ha dedicado buena parte de su carrera profesional al documental, la dirección y producción, tanto en cine como en televisión, y es la cofundadora de Isla Films.
      Ha recibido varios reconocimientos a través de su destacada carrera, entre éstos Cineasta destacada de la Unesco.
      “Nos enorgullece grandemente apoyar la iniciativa del Consejo Internacional de Museos y la Asociación Americana de Directores de Museos de Arte ya que a través de ésta más puertorriqueños podrán disfrutar de la valiosa colección del Museo y conocer un pedazo importante de sus 50 años de historia”, añadió Caragol.
      Para información y reservaciones: 787-840-1510, 787-848-0505 o envíe un correo electrónico a edreservaciones@museoarteponce.org.

      miércoles, 11 de mayo de 2011

      Trelew en la Memoria...a 38 años

      La Historia Oral se puede confrontar con documentos como el que sigue: Según una conocida enciclopedia virtual se conoce como La masacre o fusilamientos de Trelew al asesinato de 16 miembros de distintas organizaciones armadas peronistas y de izquierda, presos en el penal de Rawson, capturados tras un intento de fuga y ametrallados posteriormente por marinos dirigidos por el capitán de corbeta Luis Emilio Sosa. En el desarrollo de la noticia se encontrarán con uno de los tantos recuerdos de ese día...


      Los sucesos tuvieron lugar en la madrugada del 22 de agosto de 1972, en la Base Aeronaval Almirante Zar, una dependencia de la Armada Argentina próxima a la ciudad de Trelew, provincia del Chubut, en la Patagonia austral. Confrontemos esta definición con el siguiente testimonio de un militante. La entrevista fue realizada para el Archivo Vivir en Dictadura, por adolescentes, y pertenece al Programa de Historia Oral de ORT.
      El siguiente es un fragmento del testimonio de nuestro entrevistado:


      Trelew en la memoria from Laura benadiba on Vimeo.

      jueves, 31 de marzo de 2011

      Documentado un antes y un después en el AGN



      El Archivo General de la Nación (AGN), presentó un documental que recopila los cambios y transformaciones introducidos en su organización institucional, la descripción y conservación de documentos, la rehabilitación de su planta física y los servicios al Estado y a la ciudadanía.   

      El documental, de 16 minutos, ofrece una panorámica acerca de las condiciones en las que se encontraba el AGN y las transformaciones promovidas por su director Roberto Cassá y el equipo de historiadores, técnicos y colaboradores.

      “La realidad era desastrosa, había un deterioro creciente y las administraciones posteriores al gobierno de Trujillo mostraron una ineptitud y perdieron de vista la importancia que tiene un archivo para el desarrollo cultural de la nación”, explicó Cassá.

      El reportaje, además, exhibe los avances alcanzados en las áreas de indexación  que tiene a su cargo la descripción de los documentos,  y  particularmente de las más de 30,000 cajas de pliegos pertenecientes al fondo archivístico del Palacio Nacional, transferidas recientemente al AGN.

      Asimismo, se muestran los avances en materia de digitalización de documentos con escáneres cenitales de última generación, la integración de software y capacitación de personal informático para facilitar que los usuarios e investigadores puedan acceder a través del portal www.agn.gov.do a más de ocho millones de páginas que contienen información acerca de los fondos desde la Colonia (año 1611) hasta la República (1930).

      De igual forma, se presentan los cambios en el departamento de Conservación y Servicios Técnicos, con la adquisición de equipos especializados, mejoramiento del control y supervisión de las condiciones ambientales en los depósitos impidiendo que la humedad, el calor y las plagas deterioren los documentos, del mismo modo, la adecuación del departamento de Sistema Nacional de Archivos el cual cumple la función de asesorar y asistir a diversos archivos de instituciones públicas y privadas.

      Los departamentos de Referencia,  Materiales Especiales, Investigación y Divulgación, con las Áreas de Publicaciones y de Fuentes Orales, así como también  el programa radial “La Voz del AGN” del Área de Comunicaciones y RR. PP. presentaron  importantes avances en cuanto a la organización, la descripción, recuperación de documentos,
      servicios a los usuarios, registro de testimonios orales y la canalización de la difusión de las actividades que realiza el AGN,  respectivamente.


      La producción de este material fílmico estuvo a cargo del Área de Audiovisuales del AGN, cuyo encargado es Iván Henríquez, con la asistencia de Jocelyn Espinal, Robert Rodríguez y la asesoría de Rosanna Capella y el historiador Raymundo González, entre otros.El Área de Audiovisuales forma parte del Departamento de Materiales Especiales que dirige el Sr. Aldriano Pérez.
       

      lunes, 20 de diciembre de 2010

      Testimonio de José Candal Candal - Proyecto Refugiados Españoles-

      Lugar de entrevista Santo Domingo
      Fecha de la entrevista
      Investigador: Pedro De León C.
      Transcripción: Esmirnalee Santana
      Proyecto: Refugiados Españoles

      Pedro De León C. (PDL). Siendo las 12:27 minutos de la tarde, nos encontramos en Santo Domingo, Distrito Nacional, específicamente en la calle Horacio Blanco Fombona, número 7, en el Ensanche la Fe.

      José Candal Candal (JCC). En la Benéfica.

      PDL. En una institución de la Sociedad Benéfica Pro-emigrantes Españoles. Estaremos compartiendo las vivencias, la historia, parte de lo que es su vida, del señor José Candal Candal. Por el Archivo General de la Nación Graciela Azcárate, Yoselyn Espinal, asistiéndonos en video, el señor Alfredo Vázquez en fotografía y un servidor, Pedro De León. Esto está enmarcado, esta conversación, dentro del proyecto Refugiados Españoles. Hoy, martes 20 de enero del año 2009.

      Buenas tardes señor Candal.

      JCC. Buenas tardes.

      PDL. Gracias por recibirnos.

      JCC. Y a ustedes gracias por venir.

      PDL. Estaremos conversando así, como usted ha compartido parte de sus vivencias y queremos que nos hable de sus inicios. Ocasionalmente le haremos algunas preguntas, pero la idea es que usted nos cuente su vida. Para iniciar vamos a empezar con la fecha de su nacimiento.

      JCC. ¿Bueno, la forma de cómo yo regresé a la República Dominicana?

      PDL. Empecemos un poquito atrás, por favor. Dónde nace y la fecha de su nacimiento.

      JCC. Bueno, yo nací en España, provincia La Coruña; municipio, le dicen Órdenes. Pero que entonces yo nací en una casa de un tío mío, la mamá mía vivía arrimada, porque nosotros éramos una gente pobre. Y entonces ella, en lo que estaba arrimada ahí me tuvo a mí, nada más una mujer soltera, me tuvo a mí solamente. Entonces ahí nos quedamos, trabajando, trabajando ahí, pero trabajando para el tío, no pa´ nosotros, sino para el tío donde estábamos viviendo ahí; como quien dice trabajaba uno por la comida.

      Después nos cogió la guerra civil en España y entonces se puso la cosa más mala, hasta que un día yo trabajando ahí, ya yo tenía 18 años, y dije: “yo trabajando aquí, yo puedo salir a buscarme la vida”. Yo me fui de la casa, me fui; y entonces alquilé en un sitio, trabajando, porque nosotros trabajábamos en agricultura, era agricultor. No era un pueblo, era un pueblecito de agricultura, y la gente lo que vivía de agricultura. Allá es un trabajo fuerte allá, aquí es fuerte, pero en España es más fuerte el trabajo de agricultores.

      PDL. ¿Y por qué?

      JCC. Digo, antes, yo no sé ahora. Sí, porque antes España era un país atrasado en maquinarias, quiero decir maquinarias para agricultura; porque tú sabes que en la era de Franco, Franco estaba sancionado por la dictadura, Europa lo tenía sancionado, tenían comercio, pero no ayuda como a tecnología y esto, bueno, en fin. Entonces yo me fui de la casa, me alquilé en un sitio, trabajando también ahí. Me dijo el dueño: “Yo le voy a dar 40 pesos mensuales, 40 duros”. 40 duros, que un duro tiene 5 pesetas, ¿cuántos son? Un duro tiene 05 pesetas, cuarenta duros al mes.

      PDL. Al mes.

      JCC. Al mes, exactamente 04-15 _____ descuento, él nunca me dio na´.

      PDL. ¿No? Le prometió y no le dio.

      JCC. Eso es, trabajando y nunca me dio. Yo duré dos años allá, duré dos años en la casa, entonces después sí yo me fui de la casa y me alquilé en otra parte, en La Coruña, pero trabajando en agricultura también; ahí, en agricultura. Dice: “Ganando 04 pesetas diaria”. ¿Usted sabe qué es una peseta española?

      PDL. Cuatro pesetas españolas diarias.

      JCC. Cuatro diarias, cuatro pesetas diarias. Al mes eran cuántas.

      Graciela Azcárate (GA). 120.

      JCC. ¿Por 30?

      PDL. Sí.

      JCC. ¿Cuánto es?

      PDL. 120.

      JCC. 120 pesetas, eso era. Entonces ahí –trabajando- tuve como un año o dos, o tres, trabajando ahí. Entonces me dijeron: “pero mira, tú debes dejar ese trabajo”. Y dice: “vete al consulado dominicano y apúntate pa´ la República Dominicana, porque están pidiendo emigrantes para trabajar en agricultura”.

      PDL. ¿Quién le dijo eso?

      JCC. Me dijo un amigo mío.

      PDL. Un amigo.

      JCC. Un amigo. Dice: “Están pidiendo para trabajar en agricultura, usted nada más tienen que apuntarse, no le vale nada el viaje porque el gobierno le paga todo”. Dice: “Si le gusta se queda, y si no le gusta puede regresar otra vez”. Yo me quedé, porque éramos una gente tan pobre, en España, y por lo menos aquí estaba uno trabajando para uno. Bueno, entonces yo me apunté; dijeron que no cobraban nada, pero cobraron 500 pesetas.

      PDL. Antes de venir.

      JCC. Sí, porque había una mafia, eso cómo se dice, había una mafia; el viaje era gratis, gratuitamente, pero entre los que manejaban ese asunto, entre ellos había una mafia, había que pagar 500 pesetas por el viaje.

      PDL. ¿Y cómo usted la consiguió? ¿Las tomó prestadas o las ahorró?

      JCC. No, una tía mía me las prestó, una tía que yo tenía; no me prestó 500 pesetas, sino, me prestó 2,000 pesetas, 2,000 pesetas me prestó. Con 2,000 pesetas pude yo comprar ropa pa´ venir pa´ca; entonces compré ropa, compré zapato, hice un traje, compré camisa, bueno, en fin. Entonces nos montamos en el barco, un barco que le decían Ascania, italiano. Duramos once días con once noches navegando; llegamos aquí a las once de la mañana al puerto Santo Domingo, ahí en el puerto Santo Domingo, ahí desembarcamos. Cuando desembarcamos eran como las cuatro de la tarde, porque traía mucha gente el barco, traía como mil y pico, todos pa´ca, todos pa´ca.

      GA. La fecha es 14 de noviembre de 1955.

      JCC. 14 de noviembre de 1955 llegamos aquí, a las once de la mañana y desembarcamos como a las cuatro o las cinco de la tarde. Entonces aquí nos destinaron: unos pa´ Baoba del Piñal, otros pa´ Constanza, otros pa´ Azua, otros pa´ Miches, en un pueblo que le decían Miches, otros pa´ San Juan de la Maguana. Entonces me recuerdo que salieron las guaguas como a las seis de la tarde de aquí, tres o cuatro guaguas pa´lla, pa´ Baoba, los otros iban pa´ otra parte. Salimos como a las seis de la tarde, llegamos de madrugada allá, de madrugada, a Baoba del Piñal.

      PDL. La carretera, ¿cómo le pareció a usted?

      JCC. No, las carreteras eran estrechitas, puente de madera; cuando los camiones venían cargados de naranja y plátano, iban unos franqueadores alante y lo paraban, los franqueadores, pa´ que las guaguas pasaran. Bueno, paramos en San Francisco de Macorís, y entonces en San Francisco de Macorís yo había gastado todos los cuartos en el barco (risas), lo que traía era seis pesetas: un billete de cinco pesetas y una peseta. Y entonces yo fumaba, tenía ganas de fumar, un apetito de fumar; bueno, y hay como una paletera ahí, yo voy a comprar y digo: “déme un paquete de cigarrillo de crema”. Cuando voy a pagar, yo voy a pagar con cinco pesetas, y me dijo ella: “no, ese dinero no vale aquí” (risas), y es verdad que no valía. Bueno, pero entonces yo tenía un familiar aquí que era segundo primo mío, que vino en otro viaje primero, entonces me fue a esperar al muelle, entonces me regaló 10 cheles para comprar un paquete de cigarrillo crema, pa´ yo fumar.

      Bueno, llegamos al destino de Baoba del Piñal, ahí nos metieron en unas casitas que estaban ahí, era un monte; había mosquitos que eso no tiene…, mosquito. Yo me recuerdo que llegamos y yo me tiré en la cama, saqué la camisa, los zapatos y me tiré atravesao´ en la cama; y por la mañana, cuando me levanté, tenía esto [los brazos], parecía como los muchachos cuando tienen sarampión, igualito como el sarampión. Y por la mañana dije a uno: “¿Y de qué será esto?”. Dice: “Ay hombe, eso fueron los mosquitos, que tú no pusiste el mosquitero”, porque la casa estaba amueblada con todo, tenía su sábana, colchón: un par de sábanas, un par de fundas de almohadas, una almohada, tenía su mosquitero, tenía una mesa, tenía útiles para cocinar también, sí, estaba amueblada con todo, lo que no tenía luz, porque el contrato decía: “agua, casa; agua, luz”, no, decía: “una casa amueblada con agua y luz”, pero la luz era de esa de lámpara de gas; no había luz eléctrica, pero está bien.

      Y ahí estuvimos como un año sin trabajar, porque todavía estaban preparando la tierra para trabajar. Entonces yo echaba días explotando maní a otros españoles que habían llegado primero; nos pagaban el saco de maní, explotado, que lo arrancan, eso es, entonces la vainita, sacarla de la rama, el saco a 50 centavos, el saco.

      PDL. El saco.

      JCC. El saco a 50 centavos. Yo llegué con seis pesetas y me recuerdo que al otro día llegó un pagador del Estado, de Trujillo, que Trujillo era el Estado, como quien dice, y nos dio nueve pesos a cada uno, nueve pesos. Dice: “repártanlos para 15 días, a 60 centavos diario”; y se comía con 60 centavos diario.

      PDL. Nueve pesos por un mes.

      JCC. No, por quince días.

      PDL. Por quince días.

      JCC. Sí. 18 pesos al mes, era 60 centavos diario, que comía uno con ello. Nos daban la leche gratis, y leche buena, eh, cuando Trujillo, nos daban una botella de leche a cada uno. Antes de repartirnos nos dieron la tierra, nos sembraron la primera cosecha, ya nos quitaron el subsidio, pero ya cuando los frutos estaban para coger. Yo me recuerdo que la fanega de arroz yo la vendía a ocho pesos, ahora vale como 700.

      PDL. Una fanega de arroz, ocho pesos.

      JCC. Sí, un saco lleno, de 100 kilos, a ocho pesos; y un quintal de maní valía ocho pesos también.

      PDL. También.

      JCC. Sí, ocho pesos, pa´ la Manicera.

      PDL. Ambas cosas usted las cultivaba, arroz y maní.

      JCC. Sí, yo cultivaba maní y cultivaba arroz también; y entonces la protección era por nosotros. Nosotros vinimos libres de impuestos pa´ la República, libres de impuestos, el contrato fue eso, libres de impuestos: no había que pagar cédula, ni había que pagar impuesto al Estado, libres de impuestos, trabajar en agricultura. Ahora, era pa´ trabajar en agricultura, pa´ venir aquí, a la Capital, había que pedir permiso a una colonia, porque allá había un encargado, en la colonia, había un encargado para todo; y uno decía: “Bueno, yo voy a la Capital, a la Ciudad Trujillo”, que se decía Ciudad Trujillo. Entonces decía: Bueno, si era por enfermedad, no le daban límite; pero era para hacer diligencias, tres días: uno pa´ venir, otro pa´ hacer la diligencia y otro pa´ regresar. Cuando uno regresaba tenía que presentarse en la oficina, otra vez ahí, como decir: “estoy listo para la tarea (risas)”.

      PDL. Y esa autoridad era civil, o militar, dominicana.

      JCC. No, no, había policía, pero el encargado era civil.

      PDL. Un civil.

      JCC. Era un civil, sí; era encargado de eso, encargado de la colonia.

      PDL. Ese era el trabajo.

      JCC. Como trabajaban los españoles, había que trabajar, en ese tiempo había que trabajar, no era así, venir acá a pasear. Había algunos que no trabajaron y los botaron pa´ España, sí, los botaron pa´ España.

      PDL. ¿Y conoció algunos de esos casos usted, allegados, amigos suyos?

      JCC. Sí, que no trabajaban; el encargado, de una vez: “páseme el pasaporte”

      PDL. Tomaba nota.

      JCC. Sí, le pedían el pasaporte, lo tenían ahí hasta que llegara el barco, cuando llegara el barco, ¡prepárate! Nos trajeron en guagua, pero cuando iban pa´ ciudad Trujillo, pa´ los viajes pa´ embarque era en Catarey. ¿Usted sabe qué era un Catarey? Un camión

      PDL. Un camión.

      JCC. De cargar caña (risas).

      PDL. Incómodo para moverse.

      JCC. Incómodo, eh; porque es lejos eso, debe ser como 200 kilómetros de aquí a Nagua, o 200 o 200 y pico debe ser.

      PDL. Y más para la época, quizás los caminos incómodos, pedregosos.

      JCC. Eso es un camino incómodo, y de noche, porque venían de noche pa´ llegar de madrugada, eso es en el camión.

      Bueno, entonces ahí nos dieron la tierra, comenzamos a trabajar, eran ciénegas, eso eran ciénegas. Cuando el tiempo estaba seco era bueno, pero cuando estaba mojado, para sacar ese arroz, los mulos se caían: uno aquí y el otro caía allá, había que cargarlo otra vez (risas), porque no había carretera, eran caminos malos, porque no había carretera, porque si la agricultura tuviera carretera sería otra cosa, pero eran caminos que no tenían carreteras.

      Bueno, entonces ahí tuvimos trabajando en agricultura hasta que murió Trujillo. Cuando Trujillo murió entonces nos quitaron la tierra, porque la tierra dizque era del Estado, dizque una finca del Estado, no sé. Entonces nos dieron 2,100 dólares a cada uno, 2,100 pesos, pero el dólar estaba casi al par con el peso. Y ahí me dio ese dinero, muchos se fueron pa´ España, yo quería regresar a España, pero dije: “si yo voy a España voy a estar en la misma cosa”. Porque una gente pobre lo que iba a alquilarse pa´ trabajar en agricultura y ganar poco, porque entonces se ganaba poco, ahora no, porque ahora es otra cosa, porque eso hace 53 años de eso. En 53 años España cambió muchísimo, digo, según dicen los que van allá, yo no he vuelto allá.

      PDL. ¿Nunca ha vuelto?

      JCC. No, no he vuelto a España, 53 años llevo aquí y no he vuelto a España.

      PDL. ¿Y sus familiares?

      JCC. Mi mamá, porque yo no tenía hermanos, era una mujer soltera, y ya ella se murió.

      PDL. Me puede decir el nombre de ellos, por favor, de sus padres.

      JCC. Ella, Josefa Candal.

      PDL. ¿Estuvo siempre con su madre, no hubo relación con su padre?

      JCC. No, porque mi padre nunca me ayudó, nunca me ayudó a mí.

      PDL. Entonces me dice que usted fue hijo único.

      JCC. Sí, porque era soltera, ella, y nada más me tuvo a mí solo, solamente a mí solo, no tuvo a más nadie. Pues sí, entonces me dieron 2,100 pesos, yo quería regresar a España y dije: “voy a regresar a España, voy a estar en la misma allá”. Entonces vine pa´ca, me metí en una pensión, en el Mercado Modelo y ahí duré un año sin trabajar hasta que alquilé una casita en Villa Juana, ahí fue en el 63.

      PDL. En el 63.

      JCC. 63, 1963.

      PDL. Alquila una casita en Villa Juana.

      JCC. Y ahí puse un negocito de enmarcación de cuadros, pero para uno levantar la comida, no más, no a gran escala, pa´ uno levantar la comida. Me llevaban una foto, yo la montaba, me llevaban un diploma, yo lo montaba, me llevaban una pintura, yo la encuadraba, la enmarcaba también y de eso yo vivía ahí. Hasta que después yo me enfermé de la vista, casi no veía, vaina de catarata, entonces me tuve que operar de la vista, ya yo dejé el negocio, dejé de trabajar, después me operé de una hernia ahí, después me operé de otra hernia ahí, después me dio un dolor en la columna; ahí, en la Plaza de la Salud fue que me dieron terapia; me mejoré ahí, sí, me mejoré ahí, en la Plaza de la Salud. Y entonces fueron un día las muchachas de la Embajada, por allá. Dice: “¿Usted vive solo aquí?”. Digo: “Sí”. Dice: “Usted no puede vivir solo, aquí, que no sé qué, que esto, aquello”. “Bueno, está bien ¿y pa´ dónde voy a ir, entonces?”. Dice: “Venga, que lo vamos a llevar a la Benéfica”. Y me trajeron aquí.

      PDL. ¿Quiénes fueron las muchachas?

      JCC. Una muchacha de la Embajada Española.

      PDL. Fueron allá y lo localizaron a usted.

      JCC. A visitarme, porque como ellos tienen todas las notas de donde viven los españoles, más o menos tienen todas las notas; a la mañana, como a las diez de la mañana tocaron la puerta ¡pun pun pun pun!, yo voy a abrir la puerta y me dice: “Yo soy de la Embajada Española, vengo a ver cómo usted vive aquí”. Digo: “Bueno, yo vivo solo, aquí”. Le abrí la puerta, miró, dice: “¿Usted vive solo?”. Digo: “Sí”. Dice: “Usted no puede vivir solo aquí, porque usted está enfermo”. Digo: “Sí, estoy medio enfermo”. Dice: “Vamos a llevarlo a la Benéfica; si le gusta, usted se queda; si no le gusta no es obligao´ tampoco”, me dijo ella. Y bueno, me trajeron aquí y me quedé aquí hasta hoy.

      PDL. Se repitió la historia que le dijeron allá, en España: si le gusta, se queda; si no, regresa.

      JCC. La misma cosa, exactamente, porque no es obligao´ aquí tampoco.

      GA. Señor Candal, ¿y eso en qué año fue?

      JCC. En el año 2000, que vine pa´ca; es decir, que llevo ocho años aquí.

      GA. Nueve.

      JCC. Bueno, sí, nueve, pero no cumplido, pero ponle nueve.

      PDL. Volviendo un poquito atrás, señor Candal, el año de su nacimiento.

      GA. 1928.

      JCC. 1928.

      PDL. Quisiera que nos profundizara sobre la fecha en que le despojan a usted de la tierra, después de la muerte de Trujillo. A Trujillo lo matan en mayo.

      JCC. A Trujillo lo mataron en el 61, en el 62.

      PDL. ¿A principio o a mediado, que usted recuerde?

      JCC. No, la fecha, fecha.

      PDL. Pero fue en el 62 que lo despojaron.

      JCC. Eso es.

      PDL. ¿Cómo fue? ¿Recuerda esos detalles?

      JCC. En el 62.

      PDL. ¿Cómo fue? ¿Llegó una comisión, le hablaron?

      JCC. No, turbas, turbas.

      PDL. ¿Cómo así?

      JCC. Turbas de gentes, sí

      PDL. Civiles o militares, ¿cómo era?

      JCC. No, civiles.

      PDL. Fueron allá.

      JCC. Sí, y le quitaban; nosotros teníamos mulos que pertenecían a la colonia, que eran de la Secretaría de Agricultura, pa´ cargar el arroz, nos quitaban el mulo también. Eran turbas, fueron allá y saquearon tres colmados que había, los saquearon.

      PDL. ¿Y qué hicieron ustedes? ¿No se quejaron? ¿No había una autoridad representante?

      JCC. No, la guardia fue allá, yo me recuerdo, la guardia fue allá, había un coronel de Nagua; estuvieron allá, investigaron, llevaron algunos presos, pero no era como decir: “usted fue”, como fue de noche. Ellos los llevaban pa´ interrogarlos, no más, pa´ interrogarlos, pero no decir: “usted fue el que robó o que no robó”. Y la tierra, como era un contrato del Estado y la tierra era del Estado, parece que cuando mataron a Trujillo caducó el contrato, digo yo.

      GA. Cuando ustedes llegaron, ¿usted firmó algún contrato?

      JCC. Sí, claro que firmamos un contrato.

      PDL. ¿Cuántos eran ahí, más o menos, cuántas familias, cuántos trabajadores como usted estaban en esa zona?

      JCC. Éramos muchos, donde yo estaba eran 65 casas.

      PDL. Y a todas usted dice que hubo ahí saqueo de noche, persecución.

      JCC. No, los colmados.

      PDL. A los colmados.

      JCC. Solamente a los colmados.

      PDL. Y a ustedes, diríamos, en el traslado de la mercancía, ¿tenían inconvenientes con los animales, se los robaban?, usted nos contó eso ahorita.

      JCC. No, ellos nos paraban en el camino y nos sacaban la…

      GA. La mercancía.

      JCC. No la mercancía, la mercancía no; sacaban al mulo y tiraban los sacos en el suelo.

      PDL. Era para accidentar eso.

      JCC. Eso, pa´ decir: “esto no le pertenece a ustedes, nos pertenece a nosotros”.

      GA. Para echarlos.

      JCC. Eso es. Entonces el gobierno hizo así y nos dio una indemnización, como teníamos un contrato negociaron con la Embajada, con el…

      GA. Con el Embajador.

      JCC. Con el Embajador o el cónsul, yo no sé, negociaron con eso, como había un contrato de trabajo negociaron eso, los 2,100 pesos.

      PDL. Quisiéramos entrar, un poquito más profundizar, porque esos son hechos históricos que queremos esclarecer para que queden en la memoria y no se olviden. ¿Recuerda usted alguno de los nombres de los que acosaron a esa población, algunos de los civiles líderes?

      JCC. No, no, pero ya esos son viejos, imagínate.

      PDL. Pero algunos nombres, quizás usted recuerda, o se barajaron algunas personas de los que estaban haciendo eso.

      JCC. No, no, no conozco, no; no conozco nombres. Esos eran viejos y muchos talvez se murieron ya, porque yo era un hombre joven todavía, eso es. Del 63 al 2009, ¿cuántos años hay? Van muchos años.

      PDL. Hay varios, hay varios, pero es bueno que quede eso para la historia si usted recuerda algún detalle extra. Por ejemplo, La Embajada, el Consulado Español aquí, ¿que hizo?, a parte de buscar ese arreglo de indemnización.

      JCC. Eso, buscó arreglo pa´ indemnizarnos a nosotros.

      PDL. ¿Pero le visitó después, cuando ocurrieron esos incidentes, hubo visita oficial?

      JCC. No, no hubo visita allá.

      PDL. Tanto de las autoridades españolas como de las dominicanas, ¿no hubo visita?

      JCC. No hubo visita, hubo una negociación, no más.

      PDL. Solamente.

      JCC. Eso solamente, para indemnizarnos, entonces el que quería iba pa´ España, sí, muchos se fueron pa´ España, yo me quedé, porque no tenía vida en España tampoco, somos gente pobres.

      PDL. Señor Candal, para ubicarnos, el dinero de esa indemnización se lo llevaron allá mismo o ustedes pasaron a recogerlo en algún lugar.

      JCC. No, fuimos a Bienes Nacionales, que estaba en la esquina del Conde con Arzobispo Meriño, un edificio que había ahí, esquina el Conde con Arzobispo Meriño, cerca de la Catedral, frente de la Catedral, ahí estaba Bienes Nacionales; ahí fue que nos entregaron el cheque.

      PDL. El mismo 1963.

      JCC. En el 63, nos entregaron el cheque.

      PDL. Y al momento de entregárselos todavía ustedes estaban viviendo, durmiendo allá o ya estaban fuera.

      JCC. No, estábamos allá todavía, porque ellos lo que quería era la tierra, ellos no querían la casa; la casa también, pero lo que nos despojaron fue de la tierra, pero no de la casa.

      PDL. Y no estaba integrado o la tierra de trabajo estaba separada de la casa.

      JCC. No, estaba muy lejos, estaba como a dos kilómetros o tres kilómetros.

      PDL. Separada de las viviendas.

      JCC. Sí, sí, estaban lejos, eran ciénegas, estaban lejos, no estaban cerca.

      PDL. Así que después de despojados de esas tierras de trabajo ustedes permanecían viviendo en el lugar.

      JCC. Ahí, sí, sí; lo que pasa que como no estábamos trabajando, no estábamos haciendo nada, bueno.

      PDL. Pero podían permanecer ahí si en dado caso hubiesen encontrado otro medio de producción.

      JCC. No, a nosotros nos avisaron que teníamos que…

      PDL. ¿También?

      JCC. Sí.

      PDL. Que mudarse de ahí.

      JCC. Claro, porque ya el contrato caducaba, con indemnizarnos el contrato caduca.

      PDL. También la casa había que dejarla

      JCC. Pero claro, porque imagínese, eso es como el que trabaja en una fábrica, cuando lo liquidan…

      PDL. Ya.

      JCC. Ya el contrato terminó, así mismo es.

      PDL. ¿Y cómo usted recuerda ese ambiente? Las personas tienen que dejar ya esos sueños que tenían de prosperar y trabajar ahí, y con ese dinerito, ¿qué hicieron algunos de sus amigos y algunos de sus vecinos?

      JCC. Bueno, es como le digo, que muchos se fueron pa´ España, otros compraron tierra allá y se quedaron y tienen finca de ganado por allá, fueron comprando tierrita, tierrita, tierrita, tierrita. Porque fue cuando la gente comenzó a emigrar a la ciudad, porque cuando Trujillo no podían emigrar a la ciudad, entonces cuando dieron libertad de tránsito el campesino comenzó a vender la tierra y a emigrar a la ciudad. Entonces muchos españoles que quedaron allá, algunos que quedaron allá se aprovecharon y fueron comprando baratas, porque el dominicano la vendía barata, porque ya la tierra estaba cansada, estaba cansada sin abono ni nada; una cosecha, otra cosecha, otra cosecha, otra cosecha.

      GA. Entonces las cosechas no eran productivas.

      JCC. El maní no era productivo, el arroz sí, porque el arroz es de agua y en ciénega el arroz se da, y además al arroz le puedes echar abono. Pero el maní no, el maní en tierra seca no 32-08 ______, se cansa la tierra, se cansa. Entonces el campesino estaba cansado ya de trabajar y siempre lo mismo, siempre lo mismo, “vamos a emigrar a la ciudad”. Porque me recuerdo que aquí, Balaguer, cuando murió Trujillo, Balaguer aquí estaba regalando paletera, triciclos y motoneta; y muchos decían: “yo me voy pa´ la Capital y me dan una paletera y allá vivo yo bien sin trabajar, vivo sin trabajar (risas)”.

      PDL. Recuerda usted, don Candal, el precio de la tierra, de cómo se vendía, a qué precio más o menos.

      JCC. No, cuando nosotros el precio no sé cómo se vendía, como la tierra era del Estado.

      PDL. Usted dice que en el 63 algunos de sus vecinos optaron por comprar algunas tierras.

      JCC. Sí, pero yo no sé a cómo la compraban, ellos la compraban, “te voy a dar tanto por el conuco y la casa”, era un ranchito, “dame tanto”. Y algunos que se quedaban en el medio, y por no tener problemas con el ganado, el ganado se rompía los alambres, le comía la cosecha y esto y aquello, pa´ salir de ese pleito se la vendía también. Así se fueron haciendo de cantidades de tierra, cantidades grandes de tierra, ganaderos fuertes.

      PDL. El caso que usted vino en un período de un gobierno duradero, una dictadura, ese cambio, esa experiencia, usted estando en República Dominicana, de una dictadura a unos gobiernos inestables. ¿Cómo usted percibe la sociedad dominicana en ese cambio? 60, 63, luego 64. ¿Qué usted recuerda de esos tiempos?

      JCC. Bueno, yo de eso no puedo decir, porque yo de política entiendo poco, yo lo que sé es que yo vine a trabajar pa´ la República; cuando Trujillo, en el gobierno de Trujillo uno trabajaba, nadie se metía con uno, eso es; y uno tenía que trabajar. Lo que pasa es que no había libertades, porque había una ley, pa´l campesino había una ley de vagancia, no sé si ustedes tienen oído de eso, una ley de vagancia, las diez tareas, todos los campesinos tenían que tener las diez tareas pa´ trabajar. No podían venir aquí, a la Capital, a pasear, cuando Trujillo no; había una ley de vagancia. Y nosotros, mira que estábamos en la colonia, y para venir a hacer una diligencia en la Ciudad teníamos que pedir permiso, no era así, arrancar, ¡vete p´allá!, había que pedir permiso en la colonia al jefe de la colonia.

      PDL. Entonces usted interpreta

      JCC. Pero lo que pasa es que cuando Trujillo no se hablaba de política, eso es; lo que se hablaba era “¡viva el Jefe! (risas)”, exactamente, pero de política yo entiendo poco, no entiendo eso.

      PDL. Pero el orden establecido después del 63 y el 64, ¿de qué forma alteró eso su vida?, ya el Jefe muerto. ¿Cómo se alteró su vida en lo económico y en lo social?, cuando se le despoja de su tierra.

      JCC. Bueno, como a mí me dieron los chelitos, yo dije: bueno, pues yo no voy a malgastar los chelitos. Pa´ ir pa´ España no alcanzaba para nada, alcanzaba poco; me voy a ahorrar esos chelitos y voy a poner un negocito, un negocito pa´ levantar la comida, como se dice, la comida.

      PDL. Don Candal, y de los vecinos conocidos de la colonia, amigos, compañeros de trabajo, ¿usted recuerda alguno quizás con intenciones, ideologías políticas o que hablaba de política?

      JCC. No, en ese tiempo no, en la colonia no se hablaba de política, no se podía hablar de política, ¡viva el Jefe!, sí.

      PDL. Solamente.

      JCC. Exactamente.

      PDL. Porque siempre aparece uno que opina.

      JCC. Pero que yo me recuerdo que el agua era un molino de viento, y entonces unos llegaron del trabajo y subieron arriba a darle vueltas al molino, pa´ que bombeara el agua ahí. Y dice: “pero mira como Trujillo nos tiene aquí, dando vueltas…”

      PDL. Al molino (risas).

      JCC. No tardaron ni ocho días, vino el jefe de la colonia y les cogió el pasaporte y los mandó, eran tres, y los mandó derechito pa´ España.

      PDL. Ese es un ejemplo.

      JCC. No que tiene un sembrado, que tenga sembrado, nada, el pasaporte y si tiene sembrado se queda ahí el sembradío, eso es.

      PDL. Pero por ese comentario solamente.

      JCC. Por ese comentario. No, y peor fue unos, una vez, que iban pa´ la playa, iban hablando y entonces había una cañada en la carretera, no había puente, pero un riachuelo, y entonces había que sacar los zapatos pa´ pasar, y cuando uno regresaba p´acá, volver a quitar los zapatos. Iban hablando, iba uno, porque en la calle habían mucho calié, cuando Trujillo; y había uno que iba descalzo con ellos, descalzo y un machete guindado ahí, un machete como agricultores.

      PDL. Un campesino.

      JCC. Eso, un campesino, iba hablando, y entonces ellos llegaron a decir: “yo no sé cómo Trujillo no hace un puente aquí pa´ pasar, porque eso de quitar los zapatos pa´ pasar, y p´allá y p´acá y eso, debiera hacer un puentecito aquí, Trujillo”. El hombre, más p´alante hay un destacamento de la policía, un cuartel. Entonces más p´alante él le dice: “bueno, yo me voy a apurar el paso porque tengo que hacer un trabajito, ustedes vienen más al paso”. Y él se apuró el paso p´alante, entonces cuando los españoles iban frente al destacamento de la policía: “párense ahí, están detenidos”. “¿Pero por qué?”. Dice: “ustedes venían hablando mal de Trujillo”, eran como tres, los metieron presos. Estuvieron como tres meses presos, a los tres meses los mandaron pa´ España.

      PDL. Por ese comentario.

      JCC. Por eso, que debían hacer un puente, pero que el calié le dijo a la policía “esos vienen hablando mal de Trujillo (risas)”, y por eso los mandaron pa´ España.

      PDL. ¿Recuerda el nombre de esas personas?

      JCC. No, no recuerdo el nombre.

      PDL. Pero eran vecinos suyos.

      JCC. Vecinos, sí, pero no recuerdo, fue al poco tiempo de nosotros llegar aquí, no recuerdo el nombre. Los tuvieron en Samaná presos, tres meses.

      PDL. Y después de tres meses…

      JCC. Los mandaron pa´ España.

      PDL. Entonces, don Candal, ¿sentían ustedes temor, algún comentario, ya con esos ejemplos?

      JCC. ¿Cuando Trujillo?

      PDL. Sí.

      JCC. Bueno, uno sentía el temor de no meter la pata, como dice el refrán, había que cuidarse mucho hablando, exactamente. Digo, yo nunca hablé mal, porque yo nunca me metí en política y esto y aquello, pero cuando Trujillo uno se cuidaba mucho, porque por cualquiera cosita. Porque no era Trujillo, eran los calié que ponían 42-12 ______.

      PDL. ¿Y en esa colonia había dominicanos, una gran cantidad?

      JCC. No, eran españoles todos.

      PDL. ¿Todos?

      JCC. Todos españoles, todos.

      GA. Y la colonia, ¿cómo se llamaba?

      JCC. Baoba del Piñal. Mira cuántos barrios había: Baoba del Piñal, 01; no, Baoba del Piñal era el municipio, quiero decir la colonia, pero había: Vista Linda, 01; Los Pajuiles, 02; Ochoa, 03; Payita, 04; San Rafael, que es donde yo vivía, 05; Doña Julia, 06; Santa María, 07, y San José de Pastrana, 08, ocho pueblos. Y tenían los ocho pueblos de 40 a 60 casas cada uno; éramos muchos.

      PDL. Y usted recuerda, por favor, dénos una idea de cómo se fue construyendo eso: los negocios, la dependencia para comprar comida, el traslado de las mercancías a un lugar de venta, ¿cómo fue evolucionando eso, don Candal?

      JCC. ¿Cómo comprando la mercancía?

      GA. Ustedes producían el arroz, ¿y a dónde lo llevaban a vender?

      PDL. ¿Cómo era eso?

      JCC. No, eso lo iba a comprar uno que le decían Mariano Palmero, de Pimentel.

      PDL. Iba allá.

      JCC. Sí, que tenía una factoría, y él iba allá casi todos los días con camiones, a comprar, todos los días iba.

      PDL. ¿Todo era así, no había que trasladarlo de un lugar a otro?

      JCC. No, no, no, ellos iban allá a comprar. El maní no, porque le maní había que llevarlo a La Manicera.

      PDL. ¿A dónde?

      JCC. A Río San Juan o a un sitio que le decían Entrada de Cabrera, en Nagua.

      PDL. ¿Ustedes sí tenían que llevar ese maní allá?

      JCC. El maní sí, había que llevarlo allá.

      PDL. El arroz no, el arroz lo iban a buscar.

      JCC. El arroz iban a la misma casa a comprarlo; el arroz tenía tres precios: si era seco, 08 pesos, 100 kilos; si era acabado de cortar, 110 kilos, 08 pesos; si era mojao´, acabado de cortar, pero mojao´, 120 kilos, 08 pesos también.

      PDL. Usted lo recuerda muy bien, esos detalles.

      JCC. Sí, sí. Y el maní, lo que pasa es que el maní daba mucho trabajo, había que limpiarlo muy bien, había que darle soles, y muchas veces uno lo llevaba a La Manicera y en La Manicera le decían: “Le faltan dos soles”. Porque ellos tenían sequeros allá, ponerlo a secar otra vez, allá; recogerlo, al otro día volverlo –otra vez- a extender al sol; y después, cuando uno lo entregaba allá, en la oficina, le dicen: “Venga dentro de 15 días, que no hay dinero (risas)”, dentro de 15 días, que no hay dinero. Eso lo compraba La Manicera, era que compraba el maní.

      GA. Cuando iba dentro de 15 días, ¿le pagaban?

      JCC. Sí, sí, ello aparecía, pero había veces que al momento había, pero otras veces había que esperar 15 días pa´ que llegara, ¿cómo es?

      PDL. ¿Le daban un documento, un papel, o algo?

      JCC. Sí, claro, un vale.

      GA. Un vale.

      JCC. Exactamente, le daban un vale a uno.

      PDL. Entonces, Candal, los negocios de la zona, ¿empezaron uno, dos, tres y fueron creciendo?

      JCC. Los negocios de los colmados, iban camiones por allá que llevaban de Constanza: llevaban ajo, llevaban cebolla, llevaban papa; llevaban cosas a vender por allá. Llevaban aceite, camiones que iban vendiendo de colmado en colmado, de colmadito en colmadito. Eso era de Constanza que lo llevaban, la papa, el repollo, bueno, en fin.

      GA. Y esos camiones, ¿de quiénes eran? ¿Del gobierno?

      JCC. No, no, no, eran privados; gente que se dedicaba así, a la venta, exacto; eran privados.

      PDL. De acuerdo, porque he profundizado eso, he querido que usted profundice esos aspectos porque ese es el día a día de una comunidad: ¿cómo se relaciona, cómo crece? Esos son detallitos muy importantes, el ambiente.

      JCC. El ambiente allá, en el tiempo ese, yo no sé ahora, pero en el tiempo ese había pocas relaciones entre uno y otro, porque entonces uno lo que estaba era atento al trabajo. No había relaciones de estar hablando uno entre otros, esto y aquello; no, cada uno a su trabajo y llegaba de noche, preparaba su cena, al poco rato a acostarse.

      GA. Y las casas ¿qué? ¿Se las asignaban por familia, por persona? ¿Cómo era, cómo vivían en esa casa?

      JCC. Las casas vinieron pa´ tres personas.

      GA. Por casa.

      JCC. Por casa, tres, porque la casa tenía tres habitaciones, tres habitaciones. Tenía cocina, tenía sala, sala-comedor, todo junto, y tenía el inodoro afuera.

      PDL. Separado.

      JCC. Separado, exactamente.

      PDL. En el caso suyo, ¿usted llegó a vivir con alguna persona o le asignaron un lugar aparte?

      JCC. ¿Cómo?

      PDL. ¿Con quién compartió usted la casa?

      JCC. No, cuando yo llegué estábamos tres en casa, éramos tres; después los otros se fueron pa´ España, me quedé yo solo.

      PDL. Ah, los otros dos se fueron para España y usted se quedó solo.

      JCC. Sí, se fueron para España.

      PDL. ¿Recuerda los nombres de sus compañeros?

      JCC. No me recuerdo ahora, de verdad; la mente, no sé. El nombre sí, pero no el apellido.

      PDL. Sí, pero puede decirlo, es una forma de uno tener un dato.

      JCC. Sí, uno se llamaba Antonio y otro se llamaba Juan, me parece, sí, Juan, pero el apellido no sé.

      PDL. Antonio y Juan, eran los compañeros suyos. Dice que ellos se fueron.

      JCC. Sí, ellos se fueron.

      PDL. ¿En qué tiempo?

      JCC. Ellos se fueron cuando le dieron…

      PDL. En el 63, cuando le dieron la indemnización.

      JCC. Eso, cuando le dieron.

      PDL. ¿Hablaron con usted, quisieron convencerlo o compartieron esa información de que se iban a ir?

      JCC. Algunos me decían: “vámono´, hombe, vámono´, entrega el pasaporte, vámono´”. Yo dije: “yo no voy p´allá, porque voy a estar en lo mismo allá”. Si yo tuviera una herencia allá, entonces sí, pero nosotros no teníamos nada, era una gente pobre, imagínate tú, ¿qué uno iba a buscar allá?, ¿a estar en lo mismo, echando día? Para echar días, mejor echa días para uno mismo.

      PDL. Don Candal, cuéntenos un poquito más, por favor, de su experiencia aquí, cuando usted sale, en el 63, alquila una pieza, dura un tiempo sin trabajar, coloca un negocio para enmarcar. ¿Cómo empieza ese negocio, la clientela?

      JCC. Bueno, la clientela hay que hacerla, pero yo –normalmente- me dedicaba más a vender en la calle. Tenía un negocio en la casa, enmarcaba, pero había días que salía a la calle a vender, vendía espejo, que es lo que más se vende en la calle, había días que uno no vendía nada, otro día vendía algo, otro día no vendía nada. La vida es así, un día hay buenos negocios, un negocio bueno, otro día malo.

      PDL. Y el trato de los vecinos, de los dominicanos, ¿cómo era?

      JCC. No, los tratos de los vecinos eran buenos, lo que pasa es que muchos tígueres (risas) ayayayayayay. Yo creo que ahora hay más todavía, muchos tígueres, pero los vecinos no, los vecinos eran buenos, eran buena gente, pero los tígueres, imagínate tú.

      PDL. ¿Y cómo lo trataban a usted? ¿Como al español?, porque generalmente siempre le colocan apodo aquí, a las personas, y más a los extranjeros.

      JCC. El español. Me tiraban piedra a la puerta, qué sé yo, pero no los vecinos, los tígueres; muchas veces estaba uno durmiendo, la casa arriba era de zinc, o a la puerta o arriba, en el zinc: ¡PUN!, uno se despertaba. Yo le digo la verdad, yo vivía ahí, pero vivía con miedo, con mucho miedo; uno solo, vivía uno con miedo, porque yo decía: muchas veces creen que uno tiene dinero, vienen y le matan a uno creyendo que uno tiene dinero. Nunca me atracaron, ellos hacían eso, pero no, nunca me atracaron a mí. Bueno, yo viví al lado, que tal vez usted lo conoce, el hijo de Balaguer, Alexis Castillo, ese lo vi yo desde chiquito, criando, al lado mío (risas), Alexis Castillo.

      PDL. Alexi Joaquín Castillo, sí, buen fiscal.

      JCC. Era fiscal.

      PDL. Sí, sí, dirigente político.

      JCC. Sí, cerquita, él nació al lado de donde yo vivía.

      PDL. Y usted lo vio crecer y todo.

      JCC. Sí señor.

      PDL. Se dice, de lo que es la farándula, la política, que llegaban a recogerlo algunos vehículos, a veces, para llevarlo allá, al palacio.

      JCC. ¿Dónde?

      PDL. A la casa de donde Alexis, se dice.

      JCC. No, nunca vi yo eso.

      PDL. Que era uno de los que se reconocía como tal, como hijo del Doctor.

      JCC. No, no, no, no, pa´ mí él siempre fue un muchacho bien, bueno, él nunca se metió en eso, que yo sepa, eh.

      PDL. Señor Candal, en los sucesos del 65, aquí, en la República Dominicana, específicamente en la zona de la Capital, la Guerra Civil, la Guerra de Abril.

      JCC. Ah, esa la pasé yo ahí.

      PDL. ¿Dónde usted estaba?

      JCC. Ahí, en Villa Juana la pasé yo.

      PDL. ¿Y cómo usted se entera, cómo son esos recuerdos?, que usted nos pueda decir, que pueda compartir con nosotros, sobre la Guerra de Abril.

      JCC. Bueno, en la Guerra de Abril, donde yo estaba, al lado, había un taller de muebles y lo saquearon, en el mío no se metieron, pero al lado lo saquearon todo. Duré dos noches y no se podía dormir con los tiros, eso es ¡PIN PAN, PIN PAN PIN PAN! Y ellos nos decían: “España, no tenga miedo que nosotros lo cuidamos a usted”. Me decían eso, pero yo no tenía confianza (risas). “Nosotros lo cuidamos a usted; España, no tenga miedo”, los muchachos de Villa Juana, los que estaba al lado de Caamaño.

      PDL. Los constitucionalistas.

      JCC. Exactamente, esos eran los que tiraban tiros ahí. Saquearon la mueblería y entonces se quedó vacío y entonces ahí hicieron ellos un…

      PDL. Un comando.

      JCC. Un comando, exactamente, un comando; y entonces los tiros pegaban arriba, arriba de la casa, en la esquina de concreto: ¡PRAN PRRRRAN! Entonces ya la guardia venía bajando por la Américo Lugo, casi llegando a la María Montés, porque yo vivía en la Américo Lugo, casi esquina Moca, entre la Juan Horacio y la Moca, por ahí. Y por ahí ya yo no aguantaba más, dije yo: “me voy”.

      Salí un día por la mañana hacia el banco de Reservas, por la calle Moca, no, por la María Montés, cuando llego al banco de Reservas ahí hay un tiroteo, que tuve que devolverme, me metí en una casa que había vacía (risas), me metí ahí y ahí esperé el tiroteo. Cuando calmó un poco, voy y atravieso la San Martín, cuando atravieso la San Martín otro tiroteo; un carro que viene por la Kennedy, pero el carro no siguió p´alante y dio reversa p´atrá´ con pasajero, entonces yo andaba en un motor, no se podía andar en motores.

      PDL. Ah, usted andaba en un motor.

      JCC. En un motor, y no se podía andar en motores ni en bicicleta. Yo me metí del otro lado del carro, aguantado, ahí; entonces, cuando llegamos a la Leopoldo Navarro, ahí yo dije: “me voy hacia la Policía”. Cuando llego allá, a la Policía, donde está ahora la 27 de Febrero, ahí hay la alambrada de los americanos y no me dejan pasar. Dice: “no puede pasar”. Dice: “Usted puede pasar, pero el motor…”.

      PDL. Se queda.

      JCC. “Se queda, no puede pasar”. Digo: “Pues entonces yo no paso tampoco”. Entonces yo me devolví por Naco, era un monte todavía, Naco, no había casa por ahí, todavía se veía la pista de aterrizaje de los aviones, era un monte. Y de ahí salí ahí, a la Kennedy, donde está la bomba esa, Shell, ahí salí yo, ahí, a la Shell. Entonces voy dizque a echarle gasolina al motor pa´ ir p´al 9, donde había un español, ahí, en el 9, y entonces, ahí en la bomba había dos españoles, entonces dicen: “No, hombre, quédate aquí, que no sé qué, que no sé cuánto, porque aquí ta´ tranquilo esto”. Bueno, ta´ bien.

      PDL. ¿A dónde usted iba? ¿Cómo se llama el español que está en el 9?

      JCC. Lorenzo.

      PDL. Lorenzo, usted iba para allá.

      JCC. Lorenzo Gutiérrez, yo iba p´allá, pero no llegué.

      PDL. Se encuentra con dos españoles en la bomba.

      JCC. Me quedé donde los que estaban ahí, en la bomba. Me quedé ahí, ahí tenía un radito, ya por la mañana, al otro día, escuché la radio, decía que la Operación Limpieza, que eran los guardias del CEFA, Operación Limpieza había bajado hasta la Normal. ¿Usted sabe dónde queda la Normal? Y dije yo: “Ah, po´ yo me voy, entonces”. Pues cuando fui me habían robado todo (risas), ya habían robado todo, me robaron todo. Robaron lámina, cañuela, vidrio; imagínate, un negocio solo ahí, me habían robado todo.

      PDL. ¿Pero se enteró quiénes?, si eran los tígueres o los del CEFA o los constitucionalistas. ¿Llegó a saber usted quiénes, más o menos?

      JCC. ¿Que robaron?

      PDL. Sí.

      JCC. No, porque según iban limpiando.

      PDL. La Operación Limpieza.

      JCC. Eso es, había otros ladrones que se metían a robar, a mirar a ver si había algo que robar. Y ahí me quedé, me quedé porque después ya no había tiro.

      Me recuerdo una noche, una noche que era toque de queda en la calle, y entonces yo salí a la puerta del patio, estaba yo tomando el fresco en la puerta del patio, y un marino vino con una ametralladora, pero yo ni lo vi, y era de noche, dice: “¡mano arriba!”. Levanté la mano, digo: “mano arriba, ¿qué pasa?”. Dice: “¿Qué usted hace aquí?”. Digo: “no, yo vivo aquí”. Dice: “¿Usted es español?”. Digo: “Sí”. “Métase p´adentro, que a usted lo estamos asechando desde allá, de la esquina, a usted no lo matamos de casualidad, porque hay toque de queda”. Me metí p´adentro y dije: “bueno, me salvé, compai´ (risas), me salvé de ésta, por lo menos”. Sí, porque en toque de queda matan a uno, imagínate, una patrulla de la Marina y de la Guardia, que andaba mixta, una patrulla mixta, porque ellos creían que era uno que los estaba asechando, porque en la puerta del callejón y con la puerta medio abierta y yo mirando dizque pa´ la calle, era un peligro, sí, era un peligro. Y ahí me quedé trabajando –después- normalmente.

      PDL. Señor Candal, si doña Graciela quiere preguntarle algo, de nuestra parte yo no quisiera abusar más, sino dar por terminada esta sesión.

      JCC. Yo no tengo nada que preguntar.

      PDL. No, el caso es que queremos dejar la oportunidad, cerrar esta sesión y ver su disponibilidad si en otro momento podríamos tener otro encuentro.

      JCC. ¿Pero esto va a pasar por televisión?

      PDL. Podría pasar, lo importante es que quede en la historia, que quede para el Archivo General de la Nación, ¿qué le parece? Gracias por si tiempo, de verdad.

      JCC. Bueno, siempre a la orden.

      PDL. Gracias por sus memorias, por compartir con nosotros.

      JCC. A la orden. Yo no le he hecho más porque la memoria mía está fallando.

      PDL. En otro encuentro hay cosas que usted se va a recordar a partir de ahora.

      JCC. Tal vez, exactamente, pero ya la memoria, porque son 81 años.

      GA. Sí, pero se acuerda bien y ha contado muchas cosas importantes.

      PDL. Muchos detalles.

      JCC. 81 años ya arriba y la memoria va fallando

      PDL. No, pero demasiados detalles de mucho interés, de verdad que sí.

      JCC. La memoria va fallando.

      PDL. De esta forma finaliza este interesante encuentro con el señor José Candal Candal.

      JCC. Gracias por la visita, entonces.

      PDL. No, no, gracias a usted, de verdad, y esperamos que ya con este encuentro, doña Graciela Azcárate y Pedro De León, un servidor, estaremos visitándole.

      JCC. Ah, po´ ta´ bien.

      PDL. Y estos muchachos, con fotografía y video estaremos aquí en varias ocasiones, usted nos verá aquí.

      JCC. Ta´ bien.

      GA. Eso quiere decir que si usted se acuerda de más cosas, si quiere volver a contarnos algo, nosotros encantados regresamos.

      JCC. Sí, si me recuerdo, eso es.

      TRANSCRIPTA 30/04/2010

      miércoles, 15 de diciembre de 2010

      Testimonio de Juan Benito Zaragoza/ Guerra civil española

      Testimonio de Juan Benito Zaragoza
      Lugar de entrevista Santo Domingo
      Fecha de la entrevista 18/03/2009
      Investigadores: Pedro De León C. y Natalia González
      Transcripción: Esmirnalee Santana
      Proyecto: Refugiados Españoles

      • Presentación.
      Pedro De León C. (PDL). Hoy es miércoles 18 de marzo del año 2009, nos encontramos en el Respaldo Eda, Santo Domingo, República Dominicana, en la residencia del señor Juan Benito, con el cual estaremos conversando sobre su vida, su vivencia0. Enmarcada esta conversación dentro del proyecto Refugiados Españoles en la República Dominicana. La destacada profesora Natalia González estará dirigiendo esta interesante entrevista, y por el Archivo General de la Nación la asistencia técnica en video de Juan Sánchez y un servidor Pedro De León, nos acompañará también la señora esposa del señor Juan Benito, la señora Josefina Cáceres de Benito. Siendo las 11:27 minutos de la mañana inicia esta interesante entrevista.

      Natalia González (NG). Buenos días don Juan.

      Juan Benito Zaragoza (JBZ). Buenos días

      NG. Vamos a empezar recordando, usted nos dice su nombre, dónde nació y sus vivencias, las primeras experiencias de antes de llegar a la República Dominicana. Puede empezar, tiene el micrófono.

      JBZ. Antes de comenzar la narración quiero dar las gracias a Juan Gil, a Eduardo Paíno, porque a través de ellos fue que yo me enteré del movimiento de los Niños de la Guerra, que me agradó mucho, porque por primera vez a los Refugiados Españoles se le está dando un valor que nunca se lo habían dado, porque éramos simplemente apátrida y refugiados. Quiero también agradecer al gobierno español de ahora, por ese motivo y por el otro, que es que ya los nietos de nosotros pueden ser nacionales españoles. Dicho estas palabras de reconocimiento, comienzo mi narración.

      Mi nombre es Juan Benito Zaragoza, nacido en Madrid, España, el 17 de junio de 1931. Cuando comenzó la guerra vivíamos en Madrid, cuando la guerra fue empeorando nos fuimos a vivir pa´ Carabanchel. Hay dos Carabanchel: el alto y bajo, pero yo no recuerdo cuál de los dos era, porque mi padre, mi padre y mi tío fueron a luchar en defensa del gobierno español legítimamente legítimo.

      De Carabanchel, cuando ya la cosa se fue poniendo peor, mi padre nos trasladaron, y mi tío, nos mandaron para Barcelona. Llegando a Barcelona hubo un bombardeo grandísimo, y tuvimos que guarecernos en un almacén de bebida de cava, que es parecida al champán. Cuan paró el bombardeo, al otro día fuimos a Moncada y Reixach, que es un pueblecito en la cercanía de Barcelona, ahí estuvimos bastante tiempo hasta que ya de ahí pasamos para ir para Francia. Cuando salimos para Francia, salimos en unos camiones, y en la carretera íbamos recorriendo niños y personas ya de cierta edad. Pasamos por un pueblo, que no recuerdo el nombre, que ahí no había pueblo, ahí lo único que había eran escombros. Llegamos a Francia, la familia que íbamos era mi mamá, mi abuelito, mi abuelita y mi bisabuela, llegamos a Francia, y ahí le doy gracias al gobierno francés, porque nos dio refugio, y eso fue lo que hizo con nosotros, nos dio refugio.

      Lo que yo sentí, a la edad que yo tenía, sin saber por qué salí de mi tierra, sin saber por qué yo no me entendía en la tierra que yo estaba, porque ellos hablaban francés, yo hablaba español, y sin saber qué le había pasado a mi padre y a mi tío, porque nosotros salimos pero ellos se quedaron. Pasaron muchos meses, meses y meses sin saber ni de mi padre ni de mi tío. Nos escribieron de España, un familiar que se quedó, diciendo que donde estaban mi tío y mi padre ahí habían muerto todos. Gracias a Dios, a los ocho meses, o seis meses recibimos que ya mi padre estaba vivo, y mi tío; estaban en un campo de concentración que le llamaban Perpiñán.

      Nosotros nos refugiaron en Francia, en un pueblecito cerca de Angers, que se llamaba Trélazé, y era en una mina abandonada de pizarra, que la mina se hundió en una parte y había una lago, entonces en los horcones que quedaron, ahí nos refugiaron a nosotros. Como no había divisiones de ninguna clase, cada familia se la ingenió para, con cuerdas y con sacos, independizarnos, buscando cierto tipo de privacidad entre cada una de la familia.

      En el transcurso que estábamos no había ninguna comisión sanitaria, todo se hacía en una cubeta, y se subían por la noche, porque era en una guardilla en el día, ahí se hacían todas las necesidades y al otro día, por la mañana, los mayores la bajaban, yo no sé qué hacían con ella. Se murió un niño de difteria y nos vacunaron a todos, y nunca se me olvidará, porque a mí nunca me habían puesto una inyección, es decir, que ese día me la pusieron detrás de omóplato, y eso produce una fiebre, que estuvimos varios días que no podíamos ni caminar y con una fiebre altísima.

      Después entramos ya en un colegio, y en el colegio ya yo tuve contacto con niños franceses, no nos entendíamos pero por lo menos aprendí el francés, a hablarlo, no aprendí a escribirlo, pero terminé hablando el francés con una pronunciación muy buena.

      Después que supimos ya de mi padre, él se trató de escaparse de ese campo de concentración, porque quería vernos a nosotros, lo detuvieron y lo mandaron pa´ otro campo que era como una playa, que ahí no había nada, nada más que una playa, que era mucho peor que el otro, nunca recuerdo el nombre, pero yo sé que era en una playa y que era peor que el otro.

      Cuando llegó la hora de que ya los alemanes le declaran la guerra a Francia, entonces nosotros, ya los refugiados teníamos otros; o nos devolvían para España o nos mandaban pa´ otro sitio, ninguno de nosotros queríamos ir para España, sobre todo por mi tío y por mi padre, porque si iban a ir, iban a morir fusilados, desde que entraran en territorio español los iban a fusilar, porque pelearon en la Guerra defendiendo lo que ellos entendían que tenían que defender.

      Cuando llegamos a Burdeos, que fue donde nos llevaron para subir al barco, mi padre llegó, pero mi tío no llegó. Entonces, mi tía Manolita, que era la esposa de mi tío, se quedó en Burdeos; usted no se puede imaginar, con una niña chiquita, que se llamaba Lina, el dolor para nosotros, de ver que mi tío no pudo coger el barco, que se quedaba Manolita sola con esa niña.

      Cuando llegamos al país, primero fuimos en un barco que se llamaba La Salle, el barco fue a Marrueco, estuvimos no sé si un mes, estuvimos mucho tiempo, porque era esperando que se juntaran muchos barcos para formar un convoy para ir escoltados, para que no nos hundieran, porque ya la guerra con Alemania y Francia ya había comenzado. En el trayecto de llegada para acá hundieron uno de los barcos, por suerte era un barco de carga, no era de los que iban con refugiados. En el barco veníamos nosotros en las bodegas, en las bodegas hicieron unos obliteres, camarotes de madera, y ahí era que dormíamos, pero parece ser que ese barco había transportado reiterada veces tabaco, y eso era un olor a tabaco que yo creo que por eso es que hoy yo tengo enfisema, porque me gusto tanto, al final, el olor, que he sido un fumador empedernido, después de eso.

      Cuando llegamos a República Dominicana, llegamos a Puerto Plata, nos recibieron con los brazos abiertos, con mucho cariño, y el pueblo dominicano demostró que cuando un español viene aquí, no se siente como un extranjero, sino se siente como un dominicano más. El agradecimiento que yo le tengo a este pueblo, no hay ni palabra ni dinero, palabra para expresarlo, y dinero con qué pagar.

      De Puerto Plata fuimos en un tren muy pequeñito, hasta una población, que no recuerdo cuál era, y de ahí nos montaron en un camión y nos llevaron para Dajabón. Estuvimos viviendo en Dajabón muchísimo tiempo, nos dieron una casita que era de madera, techada de cana, el piso no era de concreto, era piso de tierra, y estuvimos ahí hasta que mi papá consiguió un empleo. Mi papá consiguió un empleo de peón, haciendo zanja, después de peón pasó a capataz, porque el ingeniero se dio cuenta de los conocimientos, que no era de un peón. Pero de ahí nos mandaron, nos buscaron en camiones, nos mandaron para Medina, y nos entregaron una casita, en Medina, un burro, -que yo le puse Carmelo- y una finca, que lo que había era hierba pangola y mucho aguacate. Estuvimos varios meses comiendo aguacate, nada más, que Dios bendiga ese fruto, qué bueno es, y estábamos gorditos. Y le pusimos Carmelo, al burro, porque la única distracción que yo tenía –como niño- era el burro. Pero ese burro tenía una peculiaridad, que él no tenía na´ de burro, a él no le gustaba andar. Entonces no le daban agua en el día, pa´ que le diera sed, pa´ entonces llevarlo pa´l río, porque como tenía sed. Entonces me montaban en el burro y el burro me llevaba al río, bebía agua y me devolvía pa´ la casa, y ahí me bajaba.

      Después, como mi papá no sabía nada de agricultura, ni era campesino, él habló con unas personas dominicanas, entonces lo pusieron en contacto con la compañía Silver Standard Oil, era en una compañía que vino al país para hacer estudio de búsqueda de petróleo. A mi papá le entró, llevó su documentación y lo pusieron a trabajar primero como delineante, y después ya trabajó en el campo, en las perforaciones.

      NG. Don Juan, perdone que lo interrumpa. Quisiéramos saber cual era la profesión, qué había estudiado su padre o en qué se había especializado. Otra pregunta también, a parte de esa, es que usted nos cuenta que él estuvo de la defensa de Madrid y que de ahí ustedes pasaron entonces a Barcelona. ¿Su padre pertenecía a algún partido político o era simple y llanamente un republicano más, como la mayoría de las personas?

      JBZ. No, mi padre era republicano, pero era de izquierda, lo que yo nunca supe a qué partido pertenecía, y mi tío también. Yo sé que era de izquierda, pero republica.

      NG. Republicano, era como la mayoría. Otra cosa, Don Juan, ¿usted recuerda alguna anécdota de su vida en Francia, a parte de que fue a la escuela y que aprendió francés? ¿Se reunían ustedes con otros españoles que estaban en las mismas condiciones que ustedes?

      JBZ. Bueno, nosotros vivíamos –como yo le dije- en una guardilla, un grupo de muchos refugiados que estábamos ahí, y ahí había niños, había niñas, y ahí jugábamos y nos entreteníamos juntos. Pero fuera de ese entorno no conocí a más españoles, nada más que los que estábamos en el Refugio.

      NG. En ese entorno, en donde ustedes vivían –que usted nos dijo que era una mina de pizarra-, cancelada, ¿había una organización específica de que “por la mañana vamos a hacer esto”? ¿Había maestras que se preocupaban por enseñarles a leer y cosas de esas?

      JBZ. Déjeme explicarle, tenía que haberla, porque dentro del –con las limitaciones que teníamos- había mucha organización, y había mucho respeto, y había mucha unión, porque yo digo que los problemas aúnan las personas, y más si son de la misma nacionalidad. Tenía que haber eso, pero no recuerdo quiénes eran las personas que estaban encargados de eso, ni los que dirigían, yo sé que había reuniones, pero que los niños no participaban nunca en nada de eso.

      NG. En la ficha de su padre, su padre está como delineante.

      JBZ. Déjeme explicarle, mi papá estudiaba medicina, comenzó estudiando medicina, y tuvo que dejarlo, porque la primera vez que vio abrir un cadáver, se mareó y casi pierde el conocimiento, entonces tuvo que suspender la medicina, y se puso a estudiar Ingeniería de Puerto Canino y Canaé.

      Cuando él comenzó a estudiar, entonces hay una anécdota muy buena de mi padre, cuando ganó la República, que ya se instauró el gobierno, mi padre fue a hablar con un profesor de él, de cuando él estudiaba medicina, para comentar con él, porque era un republicano y un socialista de esos de primera; y le dijo: “profesor, lo veo muy triste, ¿por qué usted está tan triste, si ya tenemos un gobierno restaurado, republicano, y ya hay una democracia, y va a haber un socialismo?”. “Ah, porque yo, como médico, te digo que un parto sin sangre, es un matrimonio”. Palabras y así sucedieron; la cantidad de muertos que hubo en España con la Guerra Civil Española, eso es una cosa incalculable. Y yo le pido a Dios que nunca jamás en España vuelva, ni aquí, en República Dominicana suceda tampoco, una lucha entre personas de la misma nacionalidad, entre hermanos, se lo pido a Dios, eso.

      NG. Nos quedamos cuando su padre llega a la Capital y comienza a hacer sus diligencias de trabajo.

      JBZ. Pero me faltó decir que mi papá trabajaba pa´ la compañía (…), que era una compañía alemana, que era la que se encargaba de hacer todos los estudios de las vías férreas de España. Entonces, cuando llegamos aquí ya él trabajaba, entonces fuimos a Azua. Vivimos en Azua muchísimo tiempo, en Azua yo era el niño lindo, porque era un hijo de la Madre Patria, el dominicano tan cariñoso, tan afectuoso, yo me adueñé de Azua. Yo, después, yo decía que yo era azuano, hasta que me casé con mi esposa y ahora soy mocano, yo no me pierdo en eso. Pero donde quiera que yo estuve yo me sentí como si hubiera sido un dominicano de nacimiento.

      Cuando ya vinimos a la Capital, ya mi padre trabajaba en la Silver Estándar Oil, como vice, pero esa compañía acabó los estudios, tenía que irse para Venezuela. Entonces a mi padre querían trasladarlo para Venezuela, pero mi abuelito –que en paz descanse- estaba en muy mala situación mental y física, estaba muy mal; entonces le dijeron que si cogía un avión (era muy peligroso), pero a papa le gustó este país, y nos quedamos aquí.

      Entonces trabajó en Esteban, y mi papá, como había sido estudiante de medicina, lo hicieron encargado, un laboratorio; representante y visitador médico en un laboratorio que se llamaba “Ledsay”, que era un laboratorio americano. Después que trabajó muchos años en el Esteba Elba, fue a trabajar para la Casa Ciba, que es una compañía suiza muy poderosa, en medicina, que la representaba el señor Lolón Guerrero, y mi padre entonces era el representante de la Ciba en el país. Ahí estuvo hasta que ya por la edad se retiró, entonces ya con otra razón más, mi papá.

      NG. Don Juan, ¿dónde estudió usted –en Azua y en la Capital- y si en algún momento, en esos momentos de estudios, usted se reunió con otros refugiados como usted?

      JBZ. Bueno, sí; yo me junté con algunos refugiados. Yo, con los que no hice mucha liga, no sé por qué, me arrepiento ahora, era con los españoles que ya vivían aquí. No hice liga nunca, yo no fui socio de la Casa España, ni lo soy todavía, me gustaría serlo, porque ya yo he olvidado todo y yo digo que todos somos hermanos; y yo perdono a todos los que son franquistas, todos yo los perdono ya, dentro de mi corazón no hay odio, para mí todos somos hermanos españoles; aunque nos hicieron sufrir mucho, pero somos hermanos españoles; pero me reunía con refugiados.

      Yo tuve la suerte de que antes de ingresar en la universidad yo estudiaba pintura y escultura en Las Mercedes, en la escuela; y ahí los profesores estaban Vela Zanetti, español, Manolo Pascual, escultor español; Cauchá, gran paisajista español; Audor, fue un alemán también refugiado. Prat Bentó y una cantidad de profesores dominicanos que eran los menos, porque quien fundó aquí esa escuela fueron los españoles refugiados.

      NG. Los estudios.

      JBZ. Entonces ahí conocí yo a Eduardo Ubago, que yo tengo un cuadro de él ahí, Eduardo Ubago, que era español. Y entonces en La Salle me reuní con los Villacañas, con Pedro Villacañas, Antonio Villacañas y Dorca; y nos conocimos un grupo y teníamos cierta relación.

      NG. Y afinidad.

      JBZ. Después estudié en la Santa Teresita, donde los profesores eran españoles, ahí estaba Funcia y, ahora no me acuerdo del apellido del esposo, que era un refugiado español también. Una eminencia, estaba la esposa, y eso. Bueno, que una hija de ellos fue vicerrectora en la universidad.

      NG. Sabater, Don Poncio Sabater.

      JBZ. Poncio Sabater, eran españoles. Después ya, cuando ya yo entré en la universidad, salí de Bellas Artes, y me faltaba un año para graduarme, no me gradué. En la universidad entré a estudiar Ingeniería y Arquitectura, porque en ese entonces no había arquitectura, sino el título era Ingeniero Arquitecto: a mí lo que me gustaba era la arquitectura. Estudié Ingeniería y Arquitectura y ahí me encontré entonces con Amós Sabrás, otro Refugiado Español que daba una cátedra brillante de ecuaciones diferenciales y cálculos integrales; y el que daba Química, que era otro hijo de español. O sea, donde quiera que iba yo encontraba un pedacito de España, pero de la España buena, no me malinterpreten, todos son buenos.

      Entonces, ya cuando iba avanzando en los estudios me hicieron monitor, después de monitor me hicieron profesor, después de profesor yo fui director del departamento de prisión mucho tiempo. Yo daba Diseño 8, Diseño 3, Geometría descriptiva, que se la daba a los civiles, a los arquitectos y a los electromecánicos. Después fui vice-decano, después fui Decano en dos oportunidades; y después ya yo me enfermé y me jubilaron, entonces me dediqué, dentro de lo que podía, a mi profesión, a nivel ya personal.

      NG. Don Juan, otra pregunta, si es muy difícil para usted contestarla, usted me la soslaya. Ustedes no volvieron a España, ¿habían quedado en España más familiares? O sea, ya usted dijo que vinieron los abuelos y la bisabuela, ¿Pero había quedado algún otro familiar, se mantuvo el contacto con esos familiares?

      JBZ. Sí, quedaron los padres de mi mamá, que vivían en Madrid; y él tenía el primer taller que hubo en España de Mecánica de Vehículos, los primeros vehículos que llegaron a España fue él que los sacó. Y me quedaron una hermana de mi papá, que era mi tía Milagritos, que murió hace tiempo, que esa estaba casada con un señor que trabajaba en el ministerio de guerra, cuando Franco, que era Franquista; pero que como familia nos escribíamos y todo.

      Nunca viajé a España mientras estuvo Franco vivo, y después que él murió me pasaba algo; que cuando tenía dinero para viajar a España, entonces tenía mucho trabajo; entonces cuando dejaba el trabajo, no tenía trabajo, que podía ir a España, entonces no tenía el dinero. Y fui hace a penas como quince años, fui a España por primera vez. Y ahí me junté con un primo, que mi esposa fue que lo localizó a través de la vía telefónica, y lo cogió la señora, y le dijo: “mire, le habla fulanita de tal, que es la esposa de un primo de su esposo”. “Anda, ¿y de dónde ha salido ese primo?”. Entonces ella como que se asustó, y yo: “pónmelo a mí”. Entonces yo le expliqué, y nos juntamos y salimos varias veces, y fue muy emocionante.

      Quiero dejar asentado, que no soy una persona muy llorona, pero cuando en el avión dijeron: “estamos entrando en el aeropuerto de Barajas”, eso fue un lloriqueo, y un lloriqueo, y un lloriqueo, que cuando yo bajé todavía seguía llorando. Pero qué lloro tan bonito y qué lloro tan bueno, yo nunca había sentido tanta tranquilidad y tanta paz; porque no quería morirme sin conocer España, sin volver a ir. No he vuelto más, por motivo de salud y a veces por motivo económico, porque como ya no trabajo no he podido volver más; pero ya por salud estoy muy limitado.

      PDL. ¿Y esa experiencia allá, en España, a parte de la reunión con su primo? ¿Qué lugares visitó?, cuéntenos eso.

      JBZ. Bueno, nosotros primero fuimos a Portugal, porque viajamos por la vía República Dominicana a Lisboa. Estuvimos una semana en Lisboa, me gustó mucho Lisboa, me gustaron mucho más los portugueses, gentes muy afables, muy buenas, muy bonachona. Y después de una semana ahí fuimos a Madrid. Ya de Madrid fuimos a un apartementito pequeño, porque no teníamos pa´ pagar un hotel, que me lo facilitaron a mí, un amigo; un amigo que es dominicano, que se fue a vivir para allá, y tenía ese apartamento y me lo facilitó. De ahí fuimos entonces a conocer parte de España y a comer, porque a los españoles nos gusta comer mucho.

      Quiero decirle que allá caminaba como aquí no podía caminar, no me dio dolor en el pecho más nunca en la vida, aquí vivía dándome dolor en el pecho, porque tengo una 27-51 _____ en el pecho, y tengo ______, allá no me dio nada de eso. Comía de todo y fui y conocí, visité los museos: el Museo Naval, el Museo del Prado, fui al Monasterio, fui al Palacio, fui a muchísimos sitios. Y hacíamos tour en autobús, se pagaba y nos llevaban. Me comí mi cochinito, en Segovia; fui a Toledo, fui a Barcelona, porque un pariente de mi esposa era cónsul de República Dominicana en Barcelona, y si lo íbamos a visitar iba a armar un chisme, fuimos para allá, y allá la pasamos muy bien. No conocí lo que yo hubiera querido haber conocido más, porque en un mes, y no con mucho dinero, pues no se pudo conocer tanto, pero me hubiera gustado.

      PDL. Don Benito, por favor repítanos esa experiencia suya de la primera vacuna; por el sonido yo sé que quizás no quedó muy bien grabado, hubo un sonido muy fuerte. Por favor, repita esa partecita.

      JBZ. Sí, resulta que murió una niña y un niño de difteria, en Francia, cuando estábamos en Francia, entonces el gobierno nos mandó a vacunar a todos. Y yo nunca había visto, porque era una vacuna que era con una jeringa grande, una aguja grandísima, en el omóplato, aquí; entre la espalda y el omóplato, la metía ahí, así. Estuvimos andando así, parecíamos el Jorobado de Nostre Dame, bastante tiempo, todos. Nos dio una fiebre monstruosa, pero no se volvió a morir más nadie de difteria.

      PDL. Y más o menos ¿cuántos niños, usted recuerda, jugaban?, más o menos, una idea numérica.

      JBZ. Mira, mi mejor amiga era una niña, pero que era una niña que le gustaba el fútbol y le gustaba todo lo que le gustaba a los niños. Ella estaba pelada a coco, porque nos pelaban a coco a todos, porque apareció –en un momento dado- que todos teníamos piojo, entonces nos pelaron a coco, a todos nos pelaron a coco; y gracias a Dios, junto con la pelada, y con eso, desaparecieron los piojos. Y había otros más, pero que hoy ya no recuerdo; hace tanto tiempo, que no recuerdo los nombres, ni nada, pero había muchos niños. Jugábamos fútbol y jugábamos cuarenta mil cosas, porque juguetes no teníamos.

      PDL. ¿Pero serían docenas? Docenas de niños, adultos, mucha familia.

      JBZ. Sí, sí, había muchos, fueron dos o tres camiones cargados de gentes.

      PDL. A ese lugar.

      JBZ. Sí, de Refugiados Españoles, no fuimos nosotros solos, fuimos muchos, muchos; después algunos se fueron yendo y nos fuimos quedando algunos.

      NG. Y en la Colonia de Medina, donde ustedes fueron, después de Dajabón, ¿había muchos españoles?

      JBZ. No, había pocos españoles, donde había muchos españoles fue en otra Colonia, que inclusive hicieron un teatro, lo improvisaron, y hacían obras teatrales y todo, y había mucha liga cultural. Donde estábamos nosotros no había, porque la casa, primero, estaba muy distante, y eran pocos, y se fueron de una vez, se fueron. Porque imagínate, la mayoría de los españoles que vinieron eran casi todos profesionales, y los ponen dizque a sembrar, agricultura tropical, que no sabíamos ni la agricultura de allá. Entonces una finca sin medio, porque lo que le daban era una pala, un machete y un pico, eso fue lo que le dieron a mi padre. Vivimos de aguacate, comiendo aguacate, con todo cariño y con toda sinceridad, se lo merece.

      PDL. Don Juan, después de la muerte de Trujillo ¿se efectuaron cambios en el trato, en la política, en la asignación de las tierras, los derechos que ustedes tenían? ¿No hubo merma en eso, se mantuvo todo así?

      JBZ. No, bueno, mire, según lo que yo tengo entendido, Trujillo le vendió esa tierra al gobierno Español, o a una institución española, o sea, no fue que se la regaló, fueron compradas. Pero nosotros no teníamos, si había alguna documentación, yo nunca la vi; mis padres murieron, o sea, que yo no sé si esa propiedad legalmente es de nosotros o no. Ni sé dónde queda, porque un día fui a caminar por Medina, y lo que me perdí, salí por la carretera del Cibao y no vi la casita ni nada, donde vivimos. Pero tengo entendido que fue un convenio con el gobierno español, o uno dizque que había pagado y comprado la tierra y la casita; o sea, no fue una donación de Trujillo.

      PDL. Pero le digo eso porque no tuvieron ningún inconveniente, la familia de usted.

      JBZ. No, ¿allá?

      PDL. Sí.

      JBZ. ¿Con los dominicanos?

      PDL. A nivel de las autoridades, porque tenemos algunas experiencias ya de que a la hora de la muerte de Trujillo, después de la década del 60, hubo algún tipo de inconveniente con ciertas autoridades.

      JBZ. No, no, no, porque como nosotros ya abandonamos eso, no pudimos, no. Nosotros, en República Dominicana solamente tuvimos un problema una vez, que fue cuando Trujillo iba para España para visitar a Franco; que un día nos llamaron a todos y nos llevaron para una cosa que está cerca del Palacio, que había una institución policial ahí, de la secreta, yo no sé, y ahí nos juntamos todos los Refugiados Españoles; entonces determinaron que nos iban a mandar para México en una goleta. Pero después, como mi papá tenía muchas relaciones aquí, pues a nosotros nos sacaron, a los Rodríguez Villacañas los sacaron, y finalmente yo creo que se fueron dos nada más para México, que ellos querían irse y se fueron, pero no hubo más problema. Parece que fue una denuncia que hubo, de que éramos comunistas, pero no pudieron, no había nada, y nosotros teníamos muy buenas relaciones ya con funcionarios del gobierno de Trujillo, a nivel personal, con los Peña Batlle, con muchísimas gentes de eso, porque eran intelectuales, eran personas que servían a un régimen porque tenían que servirle, pero como personas eran personas buenas.

      PDL. Si la señora Josefina Cáceres quiere decir algo, tiene toda la oportunidad, de verdad.

      Josefina Cáceres. Yo oigo, nada más.

      PDL. Si quiere abundar, o decir algo más, quizás una anécdota.

      JBZ. No, quiero darle las gracias a ustedes.

      NG. Perdón, Don Juan, la anécdota del pasaporte, yo quiero que la repita para que la grabemos. Cuando usted contaba de que lo acusaron de comunista cuando usted fue a buscar. Cuéntenos qué edad tenía.

      JBZ. Yo no recuerdo bien la edad, pero ya yo tendría, no sé: 14, ó 13, ó 15, ó 16, yo no sé. Yo tenía que salir a viajar para Panamá con mi papá, mi papá tenía pasaporte, y yo fui a la Embajada a solicitar el pasaporte, y lo primero que me preguntaron era que si yo era comunista. Yo le dije que yo no conocía en ninguna parte del mundo un niño tan inteligente y tan genio, y tan fuera de todo, que a la de seis años –que fue cuando yo salí- yo formara parte de un partido. Que no, que yo no, ahora, que si me preguntaban si yo era franquista, le decía que no, que yo era el anti franquista más grande que había en este país. Eso sucedió.

      NG. Otra cosa, Don Juan, ¿el único hijo que tuvo su padre fue usted?

      JBZ. Yo soy mellizo, pero –según mi mamá- el hermanito mío murió a los 26 días de nacido, porque yo me comía todo y el otro no comía nada, y yo me sentía a veces como el asesino de mi hermanito, porque decían que yo me lo comía todo, sí, que fue el mellizo. Y el mellizo mío se llamaba Antonio Benito Zaragoza.

      NG. Y sus padres no tuvieron más hijos aquí.

      JBZ. No pudieron tener más hijos, pero yo viví con mucha preocupación muchos años, porque yo no sabía que se había muerto él, pero era yo el que me había muerto, y eso me tenía muy preocupada. Pero mi papá, como inteligente que era, le puso Juan al que nació fuertecito, y le puso Antonio, el nombre de mi mamá, al que nació debilito.

      PDL. ¿Su mamá solamente se dedicaba a los quehaceres domésticos?

      JBZ. Mi mamá sí, se dedicaba solamente a los quehaceres domésticos.

      Pero quiero decirle, que me faltó decirle, que cuando llegamos a Francia yo no hablaba francés, y la mayoría de los que estaban allá no hablaban francés, pero mi mamá y mi abuelito hablaban el francés igual que el español, mi abuelito hablaba el francés igual que el español y mi mamá también.

      NG. Eran madrileños los dos.

      JBZ. Mi abuelito era madrileño también, todos, el apellido de él era Benito Galván, madrileño. Mi abuelita no hablaba francés, ni mi bisabuela, porque mi bisabuela paterna era de origen vasco, el apellido de ella era Bendía Isás, de origen vasco. Una mujer altísima, porque los madrileños somos chiquitos todos, pero los vascos son altos.

      PDL. Si no hay más nada.

      JBZ. No, darle las gracias a ustedes por la atención y la gentileza que han tenido de venir aquí, que yo me imagino que debe ser organizar y preparar y cargar con todo eso. Gracias del alma, que Dios me los bendiga.

      PDL. Para nosotros es un privilegio. Y cualquier otra cosa, en un segundo encuentro podríamos profundizar algunos aspectos que usted mismo quiera contarnos, que recuerde, junto con los documentos revise.

      JBZ. Cuando ustedes gusten. Yo voy a llevar los documentos, ¿a quién se los llevo allá?

      NG. Usted se comunica conmigo y tratamos de ver cómo nos juntamos con Jesús Díaz, que es el jefe del departamento.

      PDL. De esta forma finaliza este interesante encuentro con el señor Juan Benito, también su señora esposa Josefina Cáceres de Benito. En el respaldo Eda, Santo Domingo, República Dominicana. Proyecto Refugiados Españoles.


      FIN DE LA ENTREVISTA
      29-09-2009


      No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

      Voltaire

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