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miércoles, 23 de abril de 2014

Guerra de Abril de 1965: Historia Oral de José Noboa Garnes









Testimonio de Noboa Garnes, José (Parte 1)
Lugar de entrevista AGN
Fecha de la entrevista 2007-02-02
Investigador: Pedro de León Concepción


*      Retorno a San Isidro/ Pocos comentarios en era de Trujillo/ Muerte de Trujillo.

PDL. Y cuando retorna a San Isidro, esos compañeros que estuvieron y participaron en San Isidro, en otras misiones, usted y otros compañeros que fueron reasignados a algunas provincias, cuando se encuentran, ¿qué comentan, qué hablan?

JNG. En realidad, en la llamada “Era de Trujillo” uno comentaba poco y había un sentimiento de desconfianza mutua, a pesar de que entre los compañero de promoción uno se permitía ciertas libertades, pero esas libertades no significaban por ejemplo, hacer una crítica contraria a la política que se implementaban en ese momento, a penas cositas simples, pero no quiere decir que yo  no recuerde excepciones, recuerdo que estando de servicio en Valverde Mao, en la Fortaleza de Valverde Mao, yo era oficial del día, llegó una señora llorando y no quería pronunciar palabra alguna, tenía mucho temor, temblorosa, quejosa, y como era el oficial del día me correspondía hacerle pregunta, ¿qué le pasa señora?, y ella no me quería hablar, hasta que llegó un momento que le dije; bueno señora, pero si usted no me puede decir lo que está pasando entonces a qué usted vino, entonces es ahí cuando ella me dice, ¡que, que, que me están diciendo por ahí que dizque mataron al jefe!, y es ahí cuando yo me entero de lo que llamamos el ajusticiamiento de Trujillo, esa señora había escuchado que a Trujillo lo habían matado y ahí cuando ella llega a la Fortaleza y me comunica a mí en función de oficial del día de que a Trujillo lo habían matado y ahí es cuando nosotros nos enteramos. Pero lo que quiero resaltar en esa parte es que en la segunda planta del edificio de la Fortaleza, donde se encuentran o se encontraban las habitaciones de los oficiales, nosotros subimos y en la intimidad de otros oficiales y de un capitán cuyo nombre no recuerdo y es una pena no recordarlo, cuando yo le dije lo que había escuchado, la versión de la señora que me dijo que habían matado a Trujillo él se paró de la cama donde estaba, dijo una mala palabra ¡Gracias a Dios!, y  yo me quedé petrificado porque yo no esperaba ese tipo de reacción en ese tiempo, porque como le dije anteriormente, uno no era capaz de hacer ningún comentario, sin embargo, ese capitán dijo esas palabras, de alegría porque se había enterado de que habían matado a Trujillo, eso ocurrió en la Fortaleza de Valverde Mao.


*      Guerra de Abril de 1965/ Acuerdo con la ONU y la OEA/ Exilio de oficiales

JNG. Para concluir ese evento del 65 hubo un acuerdo patrocinado por la ONU y el gobierno de García Godoy, la OEA, donde 4 oficiales del gobierno de Imbert Barreras, el llamado Gobierno de Reconstrucción Nacional y el gobierno del Coronel Caamaño, cuatro oficiales fueron señalados por el presidente García Godoy para salir de la República Dominicana, quien le habla parece que estaba entre los jefecitos, entonces, salimos cuatro de nosotros, el Coronel Álvarez Holguín, el Coronel Milito Fernández, otro coronel de apellido Fernández y quien le habla que soy el oficial de menos graduación era mayor en ese entonces, salimos extrañados, yo fui designado en República Oriental del Uruguay, ellos fueron a Europa, Álvarez Holguín fue a Francia, Milito fue creo que Roma o Italia, y yo a Uruguay.

PDL. ¿Usted dice que había otro oficial de apellido Fernández también, con ese se complementan los cuatro?

JNG. Sí, entonces por el lado de ellos hay unos cuatro oficiales que dicho sea de paso, ninguno no salió, o sea, que ese acuerdo no se cumplió, en modo alguno, eso fue vamos a decir, una buena excusa para sacar los cabecillas del movimiento constitucionalista, pero del lado de ellos ninguno salió para afuera, para el extranjero, solo nosotros, salimos cuatro, los oficiales que mencioné y yo que fui a parar en Uruguay.


*      Wessin cancela sus compañeros

JNG. Yo acababa de regresar de Panamá, a donde había ido a ser un curso de Ingeniería Militar y me encuentro con el evento de la cancelación de ellos (sus compañeros), y eso me impactó enormemente porque son tus compañeros de promoción y usted no puede ver un compañero, un hermano, que lo más grande que le pasa a un militar es que lo echen, entonces ese grupo de oficiales fueron sacados y yo no fui, yo acababa de regresar de Panamá y lo que hago es que me pongo, me designan suerte de la Cadena Militar para la carrera y lo que hago es que me dedico a la enseñanza, a enseñar las cosas que había aprendido en Estados Unidos, fui nombrado profesor y esos muchachos fueron cancelados, y yo le atribuyo Elías Wessin no me echa porque acabo de regresar de Panamá, pero no habían pasado muchos días cuando recuerdo que el hoy General retirado Pumarol me invitó a dar una vuelta en su auto, en los alrededores del campamento y hablábamos cosas intrascendentes y él nunca había hecho eso conmigo y yo empecé a sospechar qué podía estar pasando conmigo, y e al final que me dice ¡mira, recoge tu cosa y vete inmediatamente!, el general no quiere que tú pases 15 minuto más aquí, o sea, no me canceló pero me sacó y me trasladó al ejército.


*      Estallido de la Guerra

PDL. ¿Cuando estalla el movimiento, cómo encaja usted, cómo los oficiales se agrupan al lado de la constitucionalidad?


JNG. Bueno, tengo que seguir hablando de mí. El 24 de Abril se inicia con el apresamiento nuestro, el 24 de Abril a mí se me hace prisionero en la jefatura del ejército, o sea, que lo nuestro estaba ya rebelado, y se hace preso a 5 oficiales, siendo yo el de menor jerarquía, era capitán del ejército, ese día, el 24 de Abril estábamos rutinarios, llegando como de costumbre a la hora reglamentaria, cuando llego a la casa de guardia, el oficial del día me informa que tenía que reportarme a la jefatura del ejército, que había instrucciones de que yo llegase a la jefatura, yo me devolví inmediatamente de la Fuerza, ni siquiera entré, ni nada y llegué a la jefatura, me hicieron pasar a un salón pequeño que constituía la Biblioteca del Ejército Nacional, estaba contigua a la oficina del jefe de Estado Mayor, a pena separaba una puerta. Encontré cuando llegué a cuatro oficiales del ejército sentados alrededor de esa mesa vamos a decir, rectangular, en la biblioteca. ¿Qué pasa?, y ellos me dicen ¡quédese tranquilo, a nosotros también nos mandaron a venir!, estuvimos ahí, ahí vivimos momentos dramáticos y hubo sincerisaciones y cosas a favor nuestro porque parecía viendo así que el Coronel Lora Fernández, mi hermano, no confiaba mucho en mí en ese tiempo, ¿por qué?, por lo que le conté anteriormente, yo venía de San Isidro y era amigo de Wessin, no me tenían confianza en el sentido de que pienso que podía ser un integrante, un enemigo de esos, un agente, no era nada de eso, pero en ese momento yo recibí un apoyo que me animó mucho y me hizo sentir muy bien, que fue el Mayor Eladio Ramírez Sánchez, que era de los que estaban preso ese día, que delante de mí le dijo a Lora Fernández, era más o menos estas palabras ¡Te dije que te iba a poner la mano por este muchachito!, esas fueron las palabras más o menos, entonces me hizo así en la espalda, le dio una palmada en la espalda y le dijo a Lora ¡míralo donde está preso con nosotros! 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Roberto Cassá, Lorenzo Sención Panel Derrocamiento de Juan Bosch Download

Roberto Cassá, Lorenzo Sención, Leonardo Mercedes, Jesús de la Rosa y José Landestoy en el Panel "Repercusiones del derrocamiento de Juan Bosch en la democracia dominicana" impartido en el Archivo General de la Nación de la República Dominicana el 22-9-2010.


lunes, 18 de febrero de 2013

Una Orgía de sangre en la tierra de Trujillo




Con cariño para Angela Méndez hija de Prin Ramírez


El asesinato de Nizao y la matanza de El Número. – El tétrico relato de un superviviente. – Un general trujillista, jefe de forajidos del régimen –Cómo ha sido posible describir la maquinaria de terror de la tiranía. – Escenas dantescas de crueldad inaudita.

Por: Juan Bosch

Desde su lecho de hospital en una ciudad de provincias, un joven malherido y quemado, con el alma espantada por el terror pero el corazón templado por la lealtad, iluminó con un relato dantesco la tenebrosa cueva del trujillismo. Ese joven, chofer de camión, logró sobrevivir al abominable crimen de Nizao y a la matanza de El Número, perpretados el primero de junio de este año por el jefe de la aviación dominicana a instancias de su amo y señor, el dictador Rafael L. Trujillo. Asesinado inmediatamente después de haber hecho su macabra historia, Juan Rosario, de 21 años, murió con el triste privilegio de haber sido el único hombre que en veinte años de horrendos crímenes testimonió letra a letra su experiencia. Por primera vez a lo largo del trujillato, una persona supervivía el tiempo necesario para denunciar los métodos con que la maquinaria de terror del tirano ha estado exterminando a los dominicanos y paralizando de miedo a su desamparado pueblo.

El Tigre Ronda en la Sombra:

En la tarde del primero de junio, Juan Rosario atendía a la carga del camión que manejaba, el “ International” placa Núm. 9754, propiedad de Porfirio Ramírez Alcántara, “ su patrón”, según decía. Con cierta prevención, el chofer vió pasar por allí, varias veces, a Augusto María Ferrando, excapitán del Ejército, y recordó que tres días antes ese mismo Ferrando había suplicado a Ramírez Alcántara que lo condujera en su camión, pues se había quedado a pie en el entronque de dos carreteras.

Porfirio Ramírez Alcántara era comerciante, con establecimientos puestos en San Juan de la Maguana, en el sur del país, y en la Capital; desde su almacén de la Capital iba a salir al anochecer de ese día hacia San Juan, con doscientos quintales de harina, un chofer de reemplazo y tres peones; de manera que irían seis hombres en total, a menos que el tal Ferrando pidiera que lo llevaran de nuevo, en cuyo caso serían siete. Pero Ferrando desapareció a poco. En lugar suyo un hombre y una mujer de pueblo suplicaron al dueño que los dejara ir con él. Así, cuando el camión inició su partida, eran ocho los que salían hacía el sur, en un viaje llamado a terminar en la muerte. Ferrando no iba; Ferrando estaba allí cumpliendo su papel de “ chequeador”, como lo había cumplido tres días antes, cuando pidió un puesto en el vehículo con el encargado expreso de conocer desde adentro los movimientos del dueño. Ferrando era la mirada del tigre, que rondaba en las sombras.

Cuatro y medio kilómetros después de haber dejado la ciudad, el “ International” placa Núm. 9754 se detuvo en el puesto de guardia conocido por El Escuadrón. Allí como en todos los puestos similares a lo largo de las carreteras del país, el propietario dió los nombres de las personas que viajaban con él, él número de cédula de identidad de cada uno, marca, placa, capacidad y carga. Ya iba a reanudar viaje, cuando el sargento le pidió que llevara a ocho soldados que debían llegar esa noche a Nizao, un río que cruza entre las ciudades de San Cristóbal y Baní. Los soldados no portaban armas largas, cosa de tomarse en cuenta.

Juan Rosario la tomó, como tomó nota también de la salida de un

“comando”, que se adelantó dos o tres minutos al camión y partió en las sombras de la noche en dirección Sur. En la oscuridad, el
“comando” no se había dejado ver antes. El chofer llamó la atención del patrón. Los dos ignoraban que, tanto como Ferrando, ese vehículo era el tigre que rondaba en la noche.

“ El Patrón Luchaba como un León”

En la entrada del puente de Nizao el “International” se detuvo porque había que comprar el boleto para el cruce, y Ramírez Alcántara recordó a los soldados que debían bajarse, puesto que habían llegado a su destino. “No es aquí; es en la entrada del poblado”, respondió uno por todos. Allí era la criminal cita. Al frenar para dejar en tierra a los ocho soldados, vieron de pronto el “comando” en las sombras

-¡ Muchachos, pie a tierra que estos bandidos nos han puesto una emboscada! - gritó Porfirio Ramírez.

En medio de la noche había distinguido uniformes de oficiales que portaban palos, y los había visto caminar sobre él con el paso aterrador de los felinos. Allí estaban Federico Fiallo, general de brigada y jefe de la aviación; los capitanes Alcántara y Almanzar, del Ejército, y con ellos el excapitán Augusto María Ferrando, el cobarde de “chequeador”. Acercándose a Ramírez Alcántara, el general Fiallo preguntó”

-“¿ Me conoces?”

Ciego de cólera, y seguro de que su hora final había llegado, Porfirio Ramírez, un hombrón de más de doscientas libras, de casi seis pies, valiente hasta la temeridad, respondió:

-¿Cómo no te voy a conocer, asesino?- y agregó de inmediato:

-¿ Es así que matan ustedes a hombres machos?

Federico Fiallo, ejecutor de mil crímenes, no esperaba semejante reacción. Tal vez por eso no atacó antes. Con la rapidez de la centella, Porfirio Ramírez saltó sobre él y le pegó en la quijada; y cuando el orondo general de brigada rodaba por tierra, mientras los soldados encañonaban a choferes, peones y acompañantes, avanzaron los oficiales con los palos en alto. Uno de ellos se lanzó sobre Ramírez. Pero Ramírez le arrebató el tronco y de un solo golpe lo dejó muerto. Dos oficiales más cayeron, abatidos por el brazo vigoroso de aquel hombre que defendía su vida con la fiereza de un héroe.

-El patrón luchaba como un león, doctor – relataba al doctor Víctor Manuel Ramírez hermano de la víctima, horas después, el chofer Juan Rosario.

Porque era un león lo asesinaron. Desde tierra, magullado, humillado por el puño de Porfirio Ramírez, el general Fiallo ordenó que le dispararan. A los tiros cayó el bravo. Con la vehemencia de los saqueadores, antes aún de pensar en recoger los cadáveres de los oficiales muertos a palos de Ramírez, Fiallo y sus soldados se lanzaron a registrar los bolsillos de Ramírez, de donde extrajeron poco más de dos mil dólares; después arrastraron el cuerpo hasta un bosquecillo cercano.

La matanza de los Testigos:

Muerto Porfirio Ramírez Alcántara, cuyo imperdonable delito era ser hermano del general Miguel Angel Ramírez, -el hombre que dirigió en Costa Rica la batalla de San Isidro del General y batió allí a las fuerzas combinadas de la guardia nacional nicaragüense y del partido comunista centroamericano-, quedaban vivos siete testigos de la macabra acción dirigida por el jefe de la aviación trujillista: dos choferes, tres peones, un hombre y una mujer del pueblo.

“ Entonces—contaban en el umbral de la muerte Juan Rosario al atribulado hermano de Ramírez Alcántara - - Fiallo dió órdenes al jefe de los soldados que nosotros mismos habíamos transportados, para que se pusiera a manejar el camión y nos llevara al lugar que ellos sabían”

Ese lugar era El Número, vertiginosa curva en la ladera de las montañas, a cincuenta y cuatro kilómetros del sitio donde quedaba el cadáver de Porfirio Ramírez. Allí había otro “comando”, y, armados de palos, numerosos soldados y oficiales, entre los cuales el chofer Juan Rosario reconoció al capitán Almonte Mayer, al teniente Almánzar, al sargento de la policía nacional Alejandro Méndez, llamado a ser la última víctima del siniestro complot, y a un policía nombrado Horacio. A las Conminatorias voces de los asesinos, los aterrorizados del camión descendieron. Pero no se entregaron sin luchar. “Nos mataban a palos como si fuéramos fieras malas, doctor”, contaba Rosario. Y relató que él vió a la mujer pedir misericordia de rodillas, y caer después con el cráneo destrozado a resultas de un terrible garrotazo; que vió a uno de los peones saltar enloquecido al abismo, tras haber recibido un feroz golpe en la frente.

Tendido allí, como muerto entre los cadáveres, Juan Rosario advirtió que los tomaban uno a uno, los metían en el camión, descargaban el tanque auxiliar de gasolina que llevaban en todos sus viajes, regaban la gasolina sobre los cuerpos y en todo el vehículo, le pegaban fuego y luego empujaban el International hacia el derriscadero. El camión fue cayendo, envueltos en llamas; pero los troncos y los grandes pedruscos lo pararon cuando apenas llevaban veinticinco metros barranco abajo. Vivo y consciente, el chofer Juan Rosario sentía el fuego quemándole las carnes; y no lanzaban un quejido porque sabía que si los monstruos que desde el filo del abismo esperaban que todo quedara consumido por las llamas le oían, iban a rematarlo a tiros. Aunque era parte del complot no disparar, para que no se oyeran las detonaciones, lo harían en última instancia, como lo hicieron en Nizao cuando comprendieron que sólo a fuerza de balas podían liquidar al

“patron”. Así, Juan Rosario prefirió el fuego. Y cuando oyó a los criminales alejarse, se arrastró como pudo, abandonó el humeante montón de hierros y cadáveres y se lanzó a cortar monte, camino de la salvación.

Ese muchacho de 21 años, hombre de pueblo, que tenía en el pecho un corazón de roca, aprovechaba el fúnebre privilegio de superviviente de los millares de crímenes con que Trujillo ha aterrado al país. Antes de ser rematado en el hospital de Baní pocas horas después, su voz apasionada de indignación y de hombría iba a alumbrar la cueva siniestra del trujillato. Por esa voz iba a conocerse pieza a pieza el engranaje de asesinatos y despojos que ha puesto a funcionar la tiranía.

Los Conjurados de la Dignidad:

En la mañana del dos de junio, el doctor Víctor Manuel Ramírez Alcántara, médico que ejercía en San Juan de la Maguana, recibió una llamada telefónica. Un amigo le avisaba que el Cónsul de Suecia, en viaje desde la Capital, acababa de informarle que en la curva de El Número había un camión, el cual ardía con sus ocupantes todavía en la mañana; según el Cónsul, gente del lugar afirmaba que el camión era propiedad de un señor Ramírez de San Juan. El doctor Ramírez Alcántara no había colgado aún el teléfono cuando ya estaba pensando salir hacia El Número. Cuando llegó allí el “International” ardiendo veinticinco metros abajo, en los abismos. Quiso lanzarse en pos de los cadáveres, siquiera; pero tres soldados, un fiscal y un juez se lo impidieron. La indignación cundía entre los campesinos que presenciaban la escena. Uno de ellos se acercó al médico.

-Dicen que en Baní hay un herido. Vaya a verlo, porque a su hermano lo asesinaron éstos -dijo señalando hacia los soldados.

Una hora después, el doctor Ramírez Alcántara estaba en el hospital de Baní, la ciudad donde el buen destino de Cuba quiso que naciera su libertador. Valiéndose de toda suerte de argucias, se acercó al herido. Era Juan Rosario, malamente golpeado en la cabeza, quemado y pálido de angustia.

-¡Doctor, anoche mataron al patrón! -dijo el muchacho.

Y tratando que no le oyeran las enfermeras, hizo el tremendo relato del espantoso crimen de Nizao. No olvidó un detalle. El sabía que estaba condenado a muerte, y no precisamente por sus heridas, pues el doctor Ramírez Alcántara calculó que podía curar en cuarenta días, sino porque la bárbara cuadrilla que Trujillo mandó a la masacre volvería por él. El grave error tenía que ser subsanado cuanto antes. Lo fue. Dos horas después, Juan Rosario sería ultimado en la misma cama donde hizo la trágica denuncia.

Y con ella, el médico volvió a Nizao en busca del cadáver de su hermano. No estaba, aunque se veían por allí charcos de sangre. Un viejo campesino le contó que en la alta noche había oído tiros y que un nieto suyo había visto al amanecer el cuerpo de un hombre. Estando allí oyó referir que en las cercanías de Baní enterraban un hombre. Corrió allá; pero el muerto no era su hermano, sino el peón que al golpe del madero con que se le asesinaba había saltado al fondo del abismo, en un grotesco y terrible salto mortal.

Por donde se moviera, el médico hallaba gente de pueblo acumulando detalles. Había en medio del terror una conjura, la de la dignidad; y anónimamente todo el que podía se enrolaba en ella. Nadie quería que por cobardía suya quedara en las sobras la triste hazaña del tirano. El último en formar fila entre los conjurados de la dignidad fue el sargento Alejandro Méndez. Llegó a la consulta del doctor Ramírez y contó su tortura: él había participado en el crimen, aunque no a conciencia. Estando en su puesto en San Juan, a prima noche del jueves día primero, había recibido órdenes de hacerse acompañar de un policía y trasladarse en un “ comando” al lugar que se le indicara. El “comando” pasó a recogerlo; iban montándolo el Capitán Almonte Mayer, el teniente José de las Cruz Almánzar y varios números. Ya en El Número, se detuvieron a esperar, hasta que asomó por la curva el camión que poco antes había sido el instrumento de trabajo de Porfirio Ramírez.

-Su hermano no estaba en él, doctor; lo habían matado en Nizao, según dijeron después los soldados que venían en el camión. Nos dieron orden de asesinar a los peones, a los choferes, a una pobre mujer... A usted van a matarlo también. Cambie de aposento, porque lo vigilan.

En la cueva del Monstruo:

En Santo Domingo es tradicional que entre los Ramírez de San Juan el valor se da silvestre; y el médico Víctor Manuel y su hermana Genoveva viuda de Iriarte no iban a ser excepción en la familia. Con toda entereza se dieron a denunciar el crimen de esquina en esquina. Conocían al dedillo cada paso de los asesinos; habían tenido la amarga fortuna de descubrir los hilo del complot. Colérico, Trujillo ordenó que se les llamara a la Capital. El Procurador General de la Nación – equivalente al Ministro de Justicia en otros países -los hizo llevar a su despacho para pedirles cuenta. Ellos estaban haciendo rodar el rumor de que el Gobierno había asesinado a su hermano, y eso tenía una grave pena según ellos no ignorarían. El doctor Víctor Manuel Ramírez y su hermana Genoveva supieron responder:

-Nosotros no acusamos a nadie; simplemente relatamos los pormenores, tal como nos fueron comunicados por una de las víctimas antes de morir.

El productor General no esperaba esa respuesta; ni podía sospechar que puestos en procura de datos, los hermanos del muerto principal en aquella sangrienta orgía del trujillato sabían más cosas de las que convenían al régimen. Por ejemplo, que el martes treinta de mayo el general Fiallo y el ex capitán Ferrando habían llegado a San Juan en avión, habían hablado más de dos horas con el jefe de la guarnición, y habían preparado los detalles del crimen; sabían los nombres de todos los oficiales que tomaron parte de la triste acción y la forma en que actuó cada uno. Además, a la hora de su entrevista con el Procurador General, no había aparecido el cadáver de Porfirio Ramírez y un cadáver no puede perderse misteriosamente sin que haya complicidad de las autoridades.

Cogido en la trampa de su legalismo, el funcionario no tuvo más remedio que iniciar un proceso y desde luego, avisar a Trujillo. La próxima llamada que recibió el doctor Ramírez Alcántara, partió del Palacio presidencial. Allí le tocó ver de frente al monstruo. Allí oyó a Trujillo hacer protestas de inocencia, asegurar que el general Fiallo había obrado sin órdenes suyas, afirmar que la justicia de su régimen caería


Angela Mendez
Jose Enrique, se que eran muchos los revolucionarios de los años 50, porque los recuerdo a casi todos, porque vivi en carne propia esa epoca, pues mi padre al que no conoci era Porfirio Ernesto Ramirez Alcantara ( Prin) el comerciante que desaparecieron en el Número entre Azua y BANI,el nombre de mi hermano (hijo de Prin) es Angel Bienvenido Ramirez Mendez, se quedó sin nombrar a mi tio Quirico Mendez el cual participó activamente en contra de regimen, fue preso torturado en la 40, luego en la Victoria. gracias mil por ese trabajo tan lindo que estas haciendo........


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Damocles Méndez Rosado La familia Ramirez,como lo señala Angela Mèndez, aportò con el sacriificio de sus familiares el precio de la libertad del pueblo dominicano.El asesinato de Prim Ramirez no tiene ejemplo en la regiòn.Esa familia de los Ramirez,de la rama de doña Miminye,de la calle Mella,militò en la resistencia antitrujillista,Fueron a la 40 y torturados,es el caso de Quirico,de Babi...Quirico fue de los primeros que organizò el 1J4 en San Juan,en la calle Colon y luego en la Trinitaria y recibió a Manolo en el Hotel Maguana.

Tambien Angela: una dama de los Ramirez Méndez se casó con un veterano antitrujillista ,me parece que con Josue o con Florisel Erickson.Quirico y Babi están en el libro titulado COMPLOT DEVELADO, con las fotos de ambos,tambien esta parte de los Rami↓ez esta ligada a otros heroes y martires de gestas gloriosas como es el caso de José Horacio Rodriguez , comandante de la expediciòn del 59.y tambien se vinculan a la linea de Manolo Tavarez mediante la unión de un hijo de Josè Horacio Rodriguez con una hija de Manolo.Es decir hay un vinculo entre luchadores antitrujillistas,Juancito Rodriguez,Josè Horacion Rodriguez.Miguel Angel Ramirez,su hija y los nietos de Manolo son los nietos de Josè Horacio.Ademas recordar la muerte de UNITO Ramirez por los esbirros trujillista.
 
Fuente:  
http://identidadsanjuanera.blogspot.com/2011/01/una-orgia-de-sangre-en-la-tierra-de.html

domingo, 25 de septiembre de 2011

Se cumplen este domingo 48 años del golpe a Bosch

       Por almomento.net

Juan Bosch después del golpe de Estado
Fue uno de los episodios que más repercusiones tuvo en la vida nacional en la etapa de la democratización

SANTO DOMINGO.- Este domingo 25 de septiembre se han cumplido 48 años del golpe de Estado al gobierno constitucional de Juan Bosch, uno de los episodios que más repercusiones tuvo en la vida nacional en la etapa de la democratización.

Tras la muerte del tirano Rafael L. Trujillo y el fin de la dictadura, las primeras elecciones libres dominicanas fueron convocadas para el 20 de diciembre del 1962.  Las fuerzas políticas más importantes que emergieron fueron la Unión Cívica Nacional (integrada por sectores oligárquicos, conservadores y de derecha), el Partido Revolucionario Dominicano (con un fuerte arraigo popular) y el Movimiento 14 de Junio (compuesto por revolucionarios e izquierdistas).  Losd candidatos favoritos fueron Bosch, del PRD, y Viriato Fiallom, de la UCN.

Bosch ofreció un programa político fundamentado en justicia social, tierra, alimentación y trabajo, el cual popularizó a través de alocuciones radiales que se convirtieron en verdaderas enseñanzas populares de sociología política.

Para frenar el impulso de la revolución cubana, iniciada dos años antes por Fidel Castro, los Estados Unidos apoyaban las elecciones dominicanas.  La oligarquía iniciaba un proceso de recomposición.  El principal adversario que Bosch encontró, aún desde la campaña electoral, fue la Iglesia Católica, que le acusaba -entre otras cosas- de comunista.

Durante un debate televisado, dos días antes de las elecciones, un representante de la Iglesia Católica, el sacerdote Láutico García, no pudo demostrar a Bosch que era comunista.  Este fortaleció su popularidad pues aprovechó el debate para denunciar la miseria en que se encontraba el pueblo.  Finalmente ganó abrumadoramente las elecciones.

Período de inestabilidad

Tras ser proclamado ganador y antes de asumir el poder, Bosch visitó naciones europeas y los Estados Unidos.  Paralelamente comenzaron aquí las gestiones para modificar la Constitución en base a un proyecto elaborado por los perredeístas.  El Consejo de Estado y otros sectores reaccionaron en contra de ese proyecto considerando que no protegía la propìedad privada ni la inversión extranjera, atentaba contra la propiedad privada de la tierra y desconocía el rol de la Iglesia Católica y sus méritos, de acuerdo a lo establecido por el Concordato.

Una serie de huelgas en medio del período de transición hicieron tambalear al Consejo de Estado, cuyos miembros amenazaron con renunciar en por lo menos dos oportunidades.

Bosch, de su lado, mantenía recelo hacia los militares y prefería ser cuidado por civiles armados. No quería mezclarse con los Estados Unidos y en su discurso de retorno al país atacó a la empresa norteamericana Esso Standard Oil. Además, dejó sentado que no cedería ante las demandas de la Iglesia Católica de que se hreformara el texto constitucional.

Abuso de las libertades públicas

El líder perredeísta asumió el poder el 27 de febrero del 1962 y trató de apoyarse única y exclusivamente en el Congreso Nacional, como instrumento del pueblo, pero sin contar con un movimiento populista y fuerte.  Intentó hacer un régimen de democracia representativa al estilo europeo, con muchas libertades públicas que fueron utilizadas en exceso por las mismas masas populares que lo eligieron, las cuales comenzaron a presionar al nuevo gobierno mediante huelgas y demandando reivindicaciones.   La oligarquía, la Iglesia y los militares comenzaron a sentirse amenazados por el influjo de las masas populares en el gobierno y las inminentes hreformas que -a su entender- lesionarían las estructuras vigentes.  El gobierno de los Estados Unidos no objetaba las hreformas pero no veía con buenos ojos las presiones del gobierno dominicano a la Esso Standard Oil y sus amenazas a la inversión extranjera.

Los partidos de izquierda, desde el principio, mostraron en su mayoría disposición de presionar de manera contundente al gobierno.  Consideraban que Bosch y el PRD contituían un retardo para la revolución. Una parte de ellos, entre los que estaba el Movimiento 14 de Junio, sin embargo, apoyó al nuevo régimen.

Amplios sectores de la derecha, de su lado, presionaban al gobierno aduciendo que no atacaba a los comunistas.  Su principal vocero fue el periodista Rafael Bonilla Aybar, quien había sido director del periódico oficial La Nación y usó la planta televisora Rahintel para transmitir mensajes conspirativos.  A esta campaña se sumó el periódico El Caribe.

Fricciones con su propio partido
Bosch tuvo fricciones con su propio partido, el Revolucionario Dominicano (PRD), cuyos dirigentes se quejaban porque no se les había tomado en cuenta en la Administración Pública, y sus masas demandaban empleos y el cumplimiento de las hreformas ofrecidas durante la campaña electoral.  Incluso, una huelga que a mediados de julio sacudió a la compañía South Puerto Rico Sugar, en La Romana, dirigida por el Partido Socialista Popùlar y el Movimiento 14 de Junio, fue apoyada poir Angel Miolán, secretario general del PRD.

El primer enfrentamiento directo entre Bosch y los militares se registró el viernes 12 de julio cuando estos últimos le solicitaron la deportación de los comunistas.  Bosch, en respuesta, amenazó con renunciar ante la Asamblea Nacional.  Muchos analistas ahora coinciden al afirmar que, ciertamente, Bosch no era comunista pero quiso utilizar a los comunistas para infundir temor a la oligarquía y demás sectores conservadores.

El nuevo Presidente no mejoró sus relaciones con la Iglesia.  En cambio, se abstuvo de darle participación en la toma de decisiones. 

Una de las peores crisis
A mediados de julio el gobierno enfrentaba una de sus peores crisis.  En ese mes acusó al capellán Marcial Silva de estar instigando a militares de San Isidro, especialmente a las fuerzas dirigidas por Wessin, para que ejecutaran un golpe de Estado.  El padre Láutico García, el mismo que había acusado a Bosch de comunista durante la campaña electoral, llamó a una "jornada de afirmación cristiana".

El 3 de agosto los obispos emitieronn una "Declaración" en la que señalaron que "los acontecimientos políticos que viejnen sucediéndose no han logrado establecer el reinado de la verdadera paz, que abrase por igual a todos los hombres, sea cual sea su posición".

Consciente de la magnitud de la crisis, el dirigente socialcristiano Angel Liz se ofreció como emdiador entre la oposición y el Gobierno, pero Bosch rechazó su´mediación.

Los empresarios y la Unión Cívica Nacional convocaron a una huelga general para el 20 de diciembre de 1963, cuyo único objetivo era derrocar al gobierno sin importar las consecuencias.  El llamado fue rechazado por algunos sindicatos pero otros la apoyaron.

Bosch estaba consciente de que esa huelga era la ofensiva final de sus opositores para derrocarle, pero no hizo nada para detenerla.  Su estrategia era aparentemente la de esperar a que se agudizara la crisis para, cuando los militares lo presionaran, dimitir ante el Congreso Nacional.

Esperaba pacientemente el golpe
El 23 de septiembre el Presidente esperaba pacientemente el golpe de Estado y asií se lo manifestó al Embajador de los Estados Unidos, John Barlow Martin, según éste lo escribió años después.  Este diplomático íntentó persuadiarlo para que actuase y se brindó incluso para ir a San Isidro a detener a los golpistas, pero Bosch se negó.   Martin dice que el 24 de septiembre en la noche le propuso a Bosch acompañarlo al Palacio Nacional mientras los militares estaban en San Isidro planificando el golpe, y también rechazó la propuesta.

Finalmente, a las 4:15 de la madrugada del miércoles 25 de septiembre, Bosch fue detenido conjuntamente con algunos de sus ministros.  El golpe se produjo pacíficamente sin el derramamiento de una sola gota de sangre.  
El líder político fue deportado hacia Puerto Rico. 
 
 

jueves, 1 de septiembre de 2011

Un testamento de Juan Bosch



Notario inventarió las pertenencias del derrocado presidente
Escrito por: ANDRÉS L. MATEO
El tres de mayo del año 2007 publiqué en el desaparecido periódico “Clave” el acta de los muebles y efectos personales de la Familia Bosch-Quidiello, levantada por el notario Francisco Sánchez Báez, unos días después del golpe de Estado de 1963.  El acta del notario se ha transformado en un testamento revelador. Quiero reproducir ese artículo pidiéndoles a los lectores que lean atentamente las descripciones del notario, y que piensen, no sin sonrojos, en lo que ocurre hoy. He aquí el artículo:
 “A las siete de la mañana del día 28 de septiembre de 1963, el abogado notario de los del número del Distrito Nacional, doctor Francisco Sánchez Báez, entró a la casa del profesor Juan Bosch, Presidente de la República que hacía tres días había sido derrocado. Los golpistas le habían confiado la misión al notario de levantar un acta de comprobación de los muebles y efectos que había en la residencia del expresidente derrocado.
Acompañado de un contingente militar, y en presencia de testigos, el notario Sánchez inventarió una por una las pertenencias del profesor Juan Bosch y su esposa, detallando con minuciosidad jacobina cada objeto: “Una mesa  de metal de hierro con tope de vidrio y seis sillas, dos mesas más del mismo material, dos mamparas, una de tela, otra de pajilla con marcos de madera; una alfombra de guano, dos alfombras de algodón, un juego de muebles de ratán acojinados color verde, compuesto de cuatro butacas y dos mesas; una televisión Admiral con pantalla de veintiuna pulgadas, una consola color crema, una lámpara de pie de bambú, un adorno de pared con motivos indígenas, dos juegos de muebles estilos danés acojinados color caoba, compuestos de siete sillones y cuatro mesas; dos lámparas de sala, una con pantalla de cabuya y una de cartón; siete cuadros ornamentales y una Virgen de la Altagracia, dos camitas gemelas de madera americana pintadas de gris con sendos colchones, dos camitas sin espaldar con sus colchones, cuatro mecedoras de madera simulando bambú o pajilla, un archivador de metal color gris de dos gavetas, una máquina de escribir UnderwoodFive, color gris; un escritorio de playwood y formica con sillón forrado de cuero color negro, un tintero de mármol con dos plumas fuentes, una lámpara de mesa con base de metal y tubo de vidrio, un cuadro holográfico del señor Juan Bosch y varias fotografías del mismo, un escudo nacional labrado de caoba, un cofre de caoba, una mesita para teléfono de caoba, tres tomos de la obra “Tres años de Gobierno Democrático”, por Rómulo Betancourt, ciento setenta y dos volúmenes de libros y revistas diversos, dos ídolos de madera, una grabadora, un cenicero de mármol blanco, un cortapapel y una tijera cromados, un cofre de madera forrado de metal, tres floreros y trece ceniceros.
Esos eran los modestos objetos caseros del Presidente Bosch, y el acta no habría sido más que un aburrido documento jurídico si en la misma el apurado notario no hubiera consignado que: “Los muebles y efectos descritos precedentemente, según declaración de la señora Carmen Quidiello de Bosch, son propiedad de ella y de su esposo, señor Juan Bosch, y que muchos de estos muebles han sido adquiridos en ventas a plazos y serán devueltos a los vendedores correspondientes por no haber sido pagados en su totalidad”.
Esa aclaración convierte esta acta en un documento histórico, y nos permite recuperar unas cuantas emociones ineludibles. ¿Un Presidente de la República con siete meses en el ejercicio del poder, coge fiao a plazos los muebles de la casa en que vive? A los funcionarios peledeístas de hoy esto les debe parecer una vanidad inocente, pero todos esos nuevos ricachones deben saber que son esas epifanías las que transforman a un líder en un personaje decisivo e inevitable. Ese Juan Bosch que debía los muebles cuando lo derrocaron, no cabe en los afanes de enriquecimiento de un discipulado que enarbola una hipocresía insolente cuando lo nombra, y que exhibe un confort ofensivo. Diómedes Núñez Polanco debería mandar a enmarcar esta acta notarial, y ponerla en las oficinas públicas, junto a la foto de Leonel Fernández, para que muchos sepan por qué yo llamo a Juan Bosch moralista problemático”.  

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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