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sábado, 31 de marzo de 2012

Piero Gleijeses desnuda políticos y critica actitud de los “gringos”



Dijo que García Godoy y Balaguer eran cínicos
Escrito por: Yanet Féliz


Santo Domingo.-El reconocido politólogo e historiador italiano Piero Gleijeses calificó de “cínico” al expresidente provisional Héctor García Godoy; criticó de atrasada la política de Norteamérica hacia los pueblos de América Latina y otros países del mundo, al tiempo que ponderó la postura de Antonio Guzmán en defensa de la democracia ante los “gringos”.
“García Godoy fue tremendamente cínico y Balaguer lo mismo. García tenía que pagar un precio  para ser presidente provisional, y el precio era entregar el mando militar a los norteamericanos, usando lo que a los “gringos” les parecía mejor en el sentido humano”, puntualizó.
El profesor e investigador de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, de Washington, autor entre una decena de libros de la “Esperanza desgarrada”, sobre la revolución constitucionalista y la intervención militar de Estados Unidos,  puesto a circular  aquí, dijo que si bien es cierto que los “gringos” están avanzados tecnologícamente, en cuanto a la cultura política y cívica están tremendamente atrasados.
Citó como ejemplo el racismo norteamericano y recordó que el primer embajador latino, nombrado   en   1961 en Costa Rica, tuvo muchos  problemas con su embajada, ya que la actitud “gringa” siempre ha sido egocéntrica hacia América Latina.
Al participar en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicación Corripio,  Gleijeses  pasó revista a los acontecimientos históricos ocurridos luego del ajusticiamiento del tirano Rafael Leonidas Trujillo, la Revolución de Abril de 1965 y la invasión norteamericana.
Explicó que a raíz de una petición que le hiciera  hace un año  la presidenta del Instituto de Historia de Cuba para que le publicara una edición cubana de su libro, entendió válido publicar los nuevos documentos,  que considera una  novedosa contribución hacia la República Dominicana. 
Al referirse a la postura de Antonio Guzmán ante las exigencias que le  hacían los norteamericanos de entregarles a unos ocho presuntos comunistas, dijo que este les dio cátedras de honestidad y de dignidad  y se negó,  pese a no ser un hombre de izquierda. 
Significó que Guzmán suspendió  una negociación  porque los “gringos”   vieron su postura  como un exabrupto y endurecieron su posición, pese a que habían ablandado algunos aspectos. 
Para el historiador, Fidelio Despradel representa lo peor del Movimiento 14 de Junio en términos humanos, teóricos  y  en  valores personales. 
Dijo que Despradel y parte  del grupo político chantajearon a Manolo Tavárez Justo  con amenazas de denunciarlo  como traidor y cobarde, porque éste sabía que la guerrilla de  Las Manaclas era un suicidio. 
“La esperanza desgarrada”
 “La esperanza desgarrada” fue puesto en circulación el martes  en el Paraninfo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Será la primera edición dominicana de la obra, publicada por primera vez en español en México en 1980, y ahora ampliada con nuevos documentos del Gobierno de Estados Unidos que han sido desclasificados.
El mismo reseña el  período de inestabilidad vivido tras el   ajusticiamiento de Trujillo en 1961, para concentrarse en la revolución constitucionalista y la invasión militar norteamericana de 1965.
El lilibro también será puesto en circulación en el Centro León de Santiago hoy,   a las 7:00  de la noche.
Piero Gleijeses vino al país como invitado del  telediario Uno+Uno, que dirige   Juan Bolívar Díaz, en ocasión de su  25 aniversario.

Fuente www.hoy.com.do

REPORTAJE Manolo, el 1J4 y Piero Gleijeses



Reacción. Fidelio Despradel escribe este trabajo en respuesta a las afirmaciones de Piero Gleijeses, quien aseguró que él representa lo peor del Movimiento 14 de Junio en términos humanos, teóricos y de valores personales
Fidelio Despradel
La Historia tiene quienes la hacen y aquellos que la comentan. A quienes nos ha tocado de alguna manera el rol de hacerla, estamos siempre expuestos a ser enjuiciados por nuestras acciones.
Desde    1959, cuando a los 22 años me inicié en  la militancia política revolucionaria, ahora cincuentenaria, he sido   blanco de diferentes tipos de juicios donde nunca han faltado las acusaciones y diatribas de tipo personal. Mi actitud siempre ha sido no contestar ese tipo de distracciones.
Si en esta ocasión he decidido dedicarle unas líneas a las recientes declaraciones hechas por el señor Piero Gleijeses contra mi persona, lo hago fundamentalmente porque en su esencia sus palabras no me buscan a mí, sino a la figura de Manolo Tavárez, el apóstol y más grande líder habido en el país en toda nuestra historia republicana, y al Movimiento Revolucionario 14 de Junio, que es al decir de muchos historiadores: “la más significativa organización revolucionaria habida en el país en toda su historia”.
Entonces, por Manolo y su generación política y por el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, me he sentido en la obligación moral de aclarar ciertos datos históricos, principalmente, porque existen en nuestro país más de una generación de dominicanas y dominicanos que no vivió la experiencia del 14 de Junio y de la Guerra de Abril.
En primer lugar, recuerdo que supe de Piero Gleijeses cuando éste sostuvo una larga entrevista con Baby Mejía, mi hermano de lucha e ideales, y debido a los rumores de que  Gleijeses pudiera ser un agente enemigo, como secretario general del 14 de Junio, instruí a los demás compañeros, como medida precautoria, para que no le concedieran más entrevistas.
En la última versión de su libro (La Esperanza Desgarrada), el señor Piero Gleijeses plantea en la página 244 que me realizó una entrevista en el año 1970, y se apoya en esa entrevista –la única que según él realizó a Fidelio  Despradel- para confirmar muchas de las peregrinas afirmaciones que vierte en su libro. Pero resulta que en el año 1970 yo tenía más de dos años viviendo clandestinamente en una remota sección rural del Noroeste del país denominada “Villa Lobo Adentro”, integrado a la producción como obrero agrícola, con el seudónimo de Gerardo; que regresé a la ciudad de Santo Domingo a finales de ese año y que lo hice en forma clandestina porque en esos años el régimen de Balaguer impulsaba una feroz persecución contra todos nosotros, y que es imposible, en esas condiciones, que el señor Piero Gleijeses me hubiera entrevistado.
Las medalaganarias conclusiones del señor Gleijeses sobre mi persona expuestas en su libro las hace sobre la base de testimonios de “terceros”, quienes en su mayoría protagonizaron una lucha feroz y sucia contra el sector político donde militábamos Polo Rodríguez, Juan Miguel Román, Baby Mejía, Homero Hernández, Orlando Mazzara, Amaury Germán, Pichi Mella, Osvaldo Vásquez, Roberto Duvergé, Rodrigo Lozada, Luis Parrisch, Reyes Saldaña, Aniana Vargas, Marinita, Mercy Ogando, Iván Rodríguez, Rafael Chaljub Mejía, Federico Díaz, Sonia Macías y un sinnúmero más de militantes de “los duros” del 14 de Junio, como los ha bautizado el señor Gleijeses.
Pero como dije, las acusaciones de este señor a Fidelio Despradel no me interesan; nunca he respondido tal tipo de acusaciones. Me interesa muchísimo más defender la integridad de las figuras de Manolo Tavárez y de Minerva Mirabal, para que las próximas generaciones no hereden héroes decorativos, sino ejemplos vivos para las luchas que deberán ser libradas contra las injusticias sociales que hoy más que nunca se imponen en República Dominicana.
Manolo era un gigante, como Juan Pablo Duarte; líder de las mejores causas del pueblo dominicano. Un cierto grupo de personajes, algunas y algunos que militaron junto a él, lo quieren proyectar como un ser carente de carácter, pequeño burgués en su fundamento ideológico, avasallado por la gran personalidad de su amada esposa y compañera de lucha e ideales.
 Contra estos atentados luchamos aquellos revolucionarios que acompañamos a Manolo en su gran aventura de vida, y que hoy continuamos, por otros medios, pero con las mismas convicciones políticas y humanas.
Presentar a Manolo como un líder que podía ser “chantajeado” por un grupo de sus seguidores, todos fieles a su liderazgo y quienes no superaban los veintidós y veintitrés años, sin la experiencia e inmenso prestigio que ya el líder había acumulado, es una falacia histórica que solo ha encontrado eco en espíritus mediocres prestos a contribuir, con esa deuda pendiente de la oligarquía dominicana y del imperialismo, a desprestigiar al gigante de Manaclas.
Se suman a este coro muchos que han cobrado y cobran factura por su participación en aquel trozo de nuestra historia, a los que les conviene evocar la memoria de un Manolo Light, como memoria hueca, sin sustancia ni repercusión futura, alejado del marxismo como corriente política y método para analizar la sociedad; un Manolo para la rendición de los revolucionarios.
Manolo, además de antiimperialista consecuente; de revolucionario de una sola palabra, que hacía coincidir su palabra con su acción, era un estudiante y difusor del marxismo. Todos nosotros nos iniciamos en estas lides bajo su férrea voluntad y capacidad de otear el porvenir.
La insurrección guerrillera constitucionalista se inscribe dentro de una línea de actuación que empezó con la decisión, desde la reunión constitutiva del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, en Mao (enero de 1960), de “trabajar para organizar la insurgencia del pueblo dominicano” contra el régimen de Trujillo; que continuó con la carta personal de Manolo a Fidel Castro solicitándole ayuda de la revolución para entrenar militarmente a cuadros de nuestra organización; que prosiguió con la creación de una academia político militar después de ajusticiado Trujillo, y con el famoso discurso de Manolo el 14 de junio de 1962.
Todo ello era parte de esta cadena, y llevó a nuestra organización a producir la insurrección guerrillera de noviembre de 1963, que se hizo bajo la bandera política de la Constitución de 1963 y del derrocamiento del Triunvirato.
En un afán de minimizar a Manolo y al 14 de Junio, el señor Gleijeses procura golpear a Fidelio Despradel para omitir o tergiversar vulgarmente los hechos.
Lo mismo hace cuando aborda el tema de la Guerra de Abril. Fue el grupo de “los duros” (como él nos denomina), el que convocó la histórica reunión del Comité Ejecutivo Provisional (página 342 de su libro) en la tarde del 25 de abril, en el apartamento del padre de Amín Abel.
Fuimos nosotros quienes propusimos el apoyo militante del 14 de Junio a la insurrección en curso, y quienes propusimos, primero, la asignación de todos los cuadros dirigentes y los militantes en diferentes puntos de la ciudad y que los compañeros Juan Miguel Román y Rafael (Fafa) Taveras fueran los responsables militares para toda la organización (todo ello para preservar la unidad de la organización, contrario a lo que usted plantea)
Fidelio Despradel, y con él todos los cuadros militares y políticos bajo nuestra influencia, respetamos este acuerdo, incluso después de la caída de Juan Miguel Román, que para la fecha de su muerte, el 19 de mayo, era ya el líder militar indiscutible del 14 de Junio.
Muchas de las más importantes decisiones de la guerra se tomaron con mi participación, o por iniciativa mía. Me refiero, tan solo como ejemplo: a la creación de la Academia Militar 24 de Abril, que fue una iniciativa del Buró Militar; la ocupación de las Aduanas por parte de un comando del 14 de Junio (que fue propuesta a Francis Caamaño por Fidelio Despradel y Fafa Taveras); la fortificación del vulnerable cordón de las Aduanas (el flanco más débil de la Zona Constitucionalista), bajo mi exclusiva iniciativa y responsabilidad; la inspección y construcción de todo el perímetro de defensa, después del ataque artero del ejército norteamericano de los días 15 y 16 de junio; y principalmente, las revolucionarias relaciones con el coronel Caamaño, con quien desarrollé una relación de amistad y confianza mutua que trascendió la Guerra de Abril, como está ilustrado por múltiples publicaciones y por mi libro: Operación Verdad: De Héroes y Traidores.
ZOOM
Sobre Fidelio
Al participar en el almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio, Gleijeses aseguró  que Fidelio Despradel representa lo peor del Movimiento 14 de Junio en términos humanos, teóricos  y de valores personales. Dijo que Despradel,  junto a otros miembros del grupo político, chantajeó a Manolo Tavárez Justo con amenazas de denunciarlo como traidor y cobarde porque  sabía que la guerrilla de  Las Manaclas era un suicidio. “Fidelio Despradel no me impresionaba, como tampoco Roberto Duvergé; de los súper sabios el único que me impresionaba era Juan Miguel Román”.
Fuente www.hoy.com.do

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Renacer de la Guerra de Abril

Por HAMLET HERMANN*
...los cubanos buscan en la historia universal aquellos eventos que nunca mueren

El 19 de noviembre de 2011, estuvimos reunidos en la Plaza de Armas, la más antigua de La Habana. Cuatro miraguanas, cuatro palmeras reales y cuatro fuentes rodean la estatua del patriota Carlos Manuel de Céspedes, donde estuvo el corazón de la capital cubana cuatro siglos atrás. Los bancos de mármol completan el bello escenario, uno de los más agradables de La Habana Vieja.

Allí nos reunimos ciudadanos de diversas nacionalidades para el tradicional Sábado del Libro. Se presentó “La Esperanza Desgarrada”, obra de Piero Gleijeses sobre la crisis dominicana de 1965. Nacido en Italia, Piero es profesor de política exterior estadounidense en la Escuela de Altos Estudios Internacionales de la Universidad Johns Hopkins, en Washington.

Advirtió que esta no es la misma obra que presentó para obtener su doctorado y publicara en 1978. Es algo muy diferente. Entonces dice: “Lo que ofrezco aquí no es un viejo edificio con una nueva mano de pintura, sino un edificio nuevo, una edición profundamente revisada”.

Se decidió a estudiar este episodio histórico dominicano en 1968 y durante tres años profundizó el tema. Vivió año y medio en Santo Domingo y el resto en Estados Unidos, buscando documentos y entrevistando protagonistas.

Logró entonces lo que muchos dominicanos consideramos el mejor libro que se ha escrito sobre “la guerra de abril”. Y este sábado volví a encontrarlo para sorprenderme con todo lo nuevo que aparece entre lo viejo.

Algunos extraños preguntan: ¿por qué se edita y presenta en La Habana un libro escrito por un ciudadano del mundo en el que narra un episodio de la historia de República Dominicana? La respuesta lógica es que los cubanos buscan en la historia universal aquellos eventos que nunca mueren.

El Instituto Cubano del Libro expresó el año pasado su interés en ese tema y el académico Gleijeses se dedicó entonces a revisar la avalancha de documentos relacionados con el caso y desclasificados en años recientes por el gobierno de Estados Unidos.

Dijo: “Lo que pasó hace más de medio siglo en República Dominicana, la invasión que desgarró la esperanza de un pueblo, sigue siendo parte del presente, hoy más que nunca”.
A pesar de la intensa revisión, Piero alega que sus conceptos son los mismos de la primera obra que escribió sobre ese episodio.

“Mis conclusiones no han cambiado ni una jota, aún cuando la documentación se ha enriquecido. En cambio, mis conclusiones sobre la política estadounidense se han modificado algo”, expresó. “Los documentos desclasificados en Estados Unidos arrojan una luz muy intensa sobre la política de Washington hacia República Dominicana y hacia América Latina. Esa política aparece más escuálida, etnocéntrica y, para hablar sin rodeos, cruel y más torpe de lo que había pensado”.

Lamenta el autor que episodios como el de Santo Domingo en 1965 no hayan logrado permanecer en la memoria del pueblo estadounidense.

Pocos en ese país recuerdan que 42,413 marines, paracaidistas y fuerzas de mar y aire invadieron y ocuparon un país soberano.

Dice Piero: “Para los pocos que se acuerdan, la palabra ‘invasión’ es demasiado dura y, por ende, no optan por aplicarla para describir la política de Estados Unidos. Se engañan ellos mismos al decir que la “intervención” fue una respuesta necesaria a la agresión Castro-comunista”.

“Sin embargo, lo que pasó en Santo Domingo en 1965, rebasó el marco de la guerra fría, las intenciones no fueron bue nas y los resultados tampoco. La invasión fue un eslabón más de una política que empezó con Thomas Jefferson, quien soñaba con anexar a Cuba, y ha continuado a lo largo de dos siglos, pasando por Wilson, Franklin Roosevelt, Kennedy y Barack Obama”.

“Disfrazada unas veces como intervención humanitaria, otras como protección de los pueblos contra sus propios gobiernos, o como defensa contra la amenaza extracontinental, esta política siempre tiene la misma finalidad: afianzar el control imperial de Estados Unidos sobre el hemisferio.”

Como constitucionalista leal a Caamaño, disfruté a Piero Gleijeses y su obra en la Plaza de Armas, así como compartí con todos los allí reunidos que acogieron con vivo entusiasmo la obra de este ciudadano del mundo que, paradójica y valientemente, vive en Washington y viaja sin temor a Cuba.

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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