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martes, 22 de marzo de 2022
Álbum de la Muerte. Los 12 Años de Balaguer (1966 - 1978) en República Dominicana.
domingo, 18 de diciembre de 2011
Zhang Yimou estremece con su visión de la guerra, "The Flowers of War"
Miller acaba refugiado en la iglesia del sacerdote con dos grupos de chicas bien diferentes: unas niñas huérfanas y unas prostitutas, entre ellas la bella Yu Mo

PEKÍN, China (EFE).- Hasta en un hecho tan inhumano como la matanza de Nankín (1937), en la que los invasores japoneses mataron a 300.000 chinos, en su mayoría civiles, queda un rincón para la belleza y la humanidad: es lo que propone el último filme de Zhang Yimou, "The Flowers of War", estrenado hoy.
La estremecedora película, la más cara de la historia de China y una de las pocas de su cine que tiene a un actor de Hollywood como protagonista (un impecable Christian Bale), ofrece lo que su título indica: flores en la guerra, personas que en medio del horror más atroz son capaces de cometer la más grande heroicidad.
El enterrador John Miller (Bale), viaja a Nankín y queda atrapado en uno de los momentos más infames de la humanidad, lo que los chinos conocen como "la violación de Nankín", iniciada el 13 de diciembre de 1937.
Miller acaba refugiado en la iglesia del sacerdote con dos grupos de chicas bien diferentes: unas niñas huérfanas y unas prostitutas, entre ellas la bella Yu Mo (encarnada por la debutante actriz china Ni Ni), por la que el sepulturero se siente atraído.
"The Flowers of War", que dentro de una semana llega a los cines de Estados Unidos y el próximo año al resto del mundo, representará al cine chino en los próximos Oscar
La película -que no rehuye escenas terriblemente gráficas y sangrientas, combinadas con otras en las que Zhang Yimou vuelve a demostrar a ser uno de los mejores escenógrafos del mundo- va contando el paso de los protagonistas por el horror de la guerra, y cómo éste les convierte desde seres egoístas y materiales a héroes inolvidables.
Se trata de la primera incursión en el cine bélico de Zhang Yimou, famoso en Occidente especialmente por sus películas de los 80 y 90 ("Vivir", "La linterna roja"), que lograron numerosos premios en los festivales europeos con un cine muy social.
Tras una última década de películas comerciales y con muchas artes marciales, pero algo frías, ("Héroe", "La casa de las dagas voladoras") y su trabajo como coreógrafo en los JJOO de Pekín, el mago de Xian regresa a su cine más sentido, aunque ambientado esta vez en un conflicto.
Con todo, las trepidantes escenas de disparos y bombardeos son pocas, pero suponen los momentos más dramáticos del filme, que alcanza sus tramos más terroríficos cuando retrata la rapiña del invasor japonés, que 70 años después sigue siendo para los chinos un enemigo irreconciliable con el que se asusta a los niños.
La película, que además supone un interesante regreso de Bale al tema de la invasión japonesa de China, 25 años después de haber protagonizado como niño "El Imperio del Sol" (Steven Spielberg), va directo al corazón del espectador, al estilo de los mejores dramas bélicos, recordando a obras maestras como "La lista de Shchindler" o "El pianista".
Bale, cuya actuación servirá para enganchar a la audiencia occidental en medio de un reparto de desconocidos actores chinos, ha estado esta semana en China para promocionar el filme y hablar de él en su estreno a los medios, el 11 de diciembre; la visita ha tenido un lado amargo, ya que el actor intentó reunirse con un disidente chino y fue atacado por la policía, aunque no resultó herido.
"The Flowers of War", que dentro de una semana llega a los cines de Estados Unidos y el próximo año al resto del mundo, representará al cine chino en los próximos Oscar, y se postula como firme candidata a llevarse la primera estatuilla a la mejor película extranjera para el cine chino (la laureada "Tigre y Dragón", de Ang Lee, era taiwanesa).
Ya está nominada a los Globos de Oro, donde compite con "La piel que habito", de Pedro Almodóvar, y consiga o no alguno de los galardones, dejará a los espectadores completamente destrozados por los horrores de la guerra, pero emocionados al reflexionar que, en el atroz campo de batalla, también pueden crecer flores. EFE
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Zhang Yimou
domingo, 16 de octubre de 2011
Emerge el pasado nazi de los dueños de BMW
La familia Quandt, una de las más ricas de Alemania, evitó durante décadas que se investigara su pasado. Hasta que un documental reveló el oscuro origen de su patrimonio. Hoy confiesan sin tapujos que el tercer Reich apuntaló su imperio.
Juan Gómez

Además de su maña para sobrevivir a guerras y cambios de régimen, los Quandt reúnen otras cualidades de la más rancia oligarquía empresarial alemana: rechazan la publicidad, amontonan cantidades fabulosas de dinero, tienen fama de tacaños y saben que entre sus patriarcas hubo nazis redomados.
La familia Quandt se cuenta entre las más ricas e influyentes del país y, por tanto, del mundo. La fortuna combinada de sus integrantes, propietarios entre otras cosas de la automotriz BMW, supera los 23.000 millones de euros. La bancarrota moral de Alemania entre 1933 y 1945 no acarreó la bancarrota económica de la que pervive como última gran dinastía fabril del país. Al contrario. Según certifica la concienzuda biografía familiar que presentó este lunes en Múnich Joachim Scholtyseck, los 12 años de nazismo apuntalaron un imperio en pleno ascenso al olimpo corporativo.
Günther y Herbert Quandt, nazi el padre y nazi el hijo, participaron desde primera fila en el esfuerzo bélico de Hitler y en el gran expolio de bienes judíos orquestado por el régimen hasta 1945. Han corrido ríos de tinta sobre la supuesta "fascinación" que los nazis ejercían sobre los alemanes, pero se habla menos de la colosal rapiña que llamaron arisierung: la apropiación de los bienes de los judíos de Alemania y los territorios ocupados. El Deutsche Bank, por poner un ejemplo ilustre, afanó la berlinesa Banca Mendelssohn. Pero también muchos pequeños tenderos se lucraban gracias al boicot a la competencia judía, lo mismo que algunos funcionarios ascendían gracias al despido de sus superiores por razones "raciales". A principios del siglo XX había más de 600.000 judíos en Alemania. Su paulatina deshumanización legal desde 1933 y su posterior exilio o supresión biológica (asesinato y cremación) presentaron una oportunidad de medro y de lucro para millones. No solo de ideología vive el hombre.
Al teléfono desde Baviera, Scholtyseck confirma que el nazismo de Günther y Herbert Quandt fue "oportunista". Günther decía que los nazis lo "persiguieron implacablemente". Es cierto que pasó unas semanas en la cárcel de Moabit, víctima de una oscura intriga sin mayores consecuencias. El empresario, ya entonces muy rico, tomó buena cuenta de la arbitrariedad de la dictadura y "decidió conscientemente sacar partido de ella". Las grandes empresas alemanas, lo mismo que el Ejército y las instituciones públicas, se convirtieron en los compinches necesarios de Hitler. Los Quandt "fueron parte del régimen".
Así pudieron, entre otras maniobras "contrarias a la decencia", apropiarse de las fábricas del judío Henry Pels en 1937. Durante la guerra siguieron ojo avizor sobre cualquier otra presa. La fábrica de baterías AFA (hoy Varta) de Hanóver obtuvo además su propio campo de trabajos forzados. Allí se fabricaban acumuladores eléctricos para la flota submarina y para los cohetes V-2. Günther (1881-1954) y Herbert (1910-1982) eran nazis de última hora, pero bastaba. El padre se hacía fotografiar con varias condecoraciones en la solapa: su insignia del NSDAP, la medalla al Mérito de Guerra y una que lo distinguía honoríficamente como wehrwirtschaftsführer (líder de la industria de defensa).
Günther decía tras la guerra que fue un "enemigo acérrimo" de Joseph Goebbels. Amigos no eran. El ministro de Propaganda se casó con su exmujer, Magda, en 1931. Le quitó a su hijo Harald para educarlo junto a los seis vástagos que tuvo con esta. Por suerte para él, Harald estaba preso de los británicos cuando Joseph y Magda Goebbels envenenaron a sus seis hijos para que no vieran el hundimiento del régimen. Harald Quandt murió en 1967 en un accidente de su avión privado. Su hija Gabriele dice que él "quería mucho a sus seis hermanastros" asesinados por los Goebbels en el búnker de Hitler. La mayor solo tenía 12 años.
Nazis los hubo en las mejores familias. Fritz Thyssen, magnate del acero y tío político de Carmen Thyssen-Bornemisza, escribió él mismo un libro titulado Yo financié a Hitler.Tuvieron sus nazis los Krupp, fabricantes de tremendos cañones y otros ingenios para las carnicerías europeas. También nazi y también archimillonario fue Friedrich Flick, el mismo que se hizo famoso en España cuando el entonces presidente Felipe González aseguró en el Parlamento que "ni Flick, ni Flock" habían financiado ilegalmente al PSOE. Krupp y Flick (sin noticias de Flock) fueron condenados por crímenes de guerra en los juicios de Núremberg. La reputación de los Quandt, en cambio, salió indemne de sus muy lucrativas aventuras nazis. Hasta 2007.
Nadie antes que Scholtyseck había podido hurgar sin restricciones en los archivos de los Quandt. Se lo permitieron hace tres años, después de que un documental de la televisión pública NDR llevara a las salas de estar de toda Alemania la historia de los dueños de BMW. Muestra el regreso del superviviente del campo de trabajo de AFA Carl-Adolf Soerensen. Uno de los 50.000 esclavos que trabajaron gratis para los Quandt: "Siempre que sueño estoy aquí de vuelta, en el campo". Habla en danés sobre las condiciones de trabajo que mataron a decenas de sus compañeros. "Era el infierno". El partisano antinazi danés rompe a llorar y se disculpa en alemán, "es demasiado".
En el documental de 2007, esta escena viene seguida de una entrevista a Sven Quandt. Resulta pasmoso cómo el hijo de Herbert y nieto de Günther, nacido en 1956, se enreda en una estrambótica negación del pasado nazi de su padre y de su abuelo antes de zanjar: "Todas las familias tienen su lado oscuro". La fortuna familiar y ciertos negocios le permiten dedicarse a lo que más le gusta, que es correr rallies y conducir deportivos. Aquellas declaraciones pusieron a los Quandt en la picota y les llevaron a encargar el informe del profesor Scholtyseck.
Del resto de los Quandt se sabe poco. Johanna Quandt, tercera y última esposa de Herbert, fue al principio su secretaria. Los 5.200 millones de euros en los que se tasa el patrimonio de la octogenaria empalidecen solo en comparación con los 9.000 millones de su hija Susanne.
Susanne Klatten (49 años), hermanastra de Sven, comparte BMW con su madre y su hermano Stefan. Es dueña absoluta de la química Altana, uno de los gajos de AFA. No concede entrevistas. Hace tres años destapó (muy a su pesar) un sonado escándalo de chantaje, cuando un suizo llamado Helg Sgarbi le sacó 7,5 millones de euros a cambio de no revelar sus relaciones íntimas. Klatten está casada desde 1990, pero terminó denunciando al gigoló. Fue condenado a seis años de prisión en 2009. Las escapadas de Klatten al adulterio de clase media en el Holiday Inn de Múnich dieron que hablar en medio mundo. Rüdiger Jungbluth, uno de los pocos periodistas que ha tratado a Klatten, cree que el escarnio público "debió de resultarle muy duro". Pero supo regresar a su vida normal de madre de familia, conductora de un Mini y mujer más rica de Alemania.
Empujado por la inminente publicación del libro de Scholtyseck, Stefan Quandt (45 años; 4.900 millones de euros) concedió el 23 de septiembre su primera entrevista, junto a su prima Gabriele. Preguntados por el semanario Die Zeit, ambos aceptan con pocas reservas el contenido del libro. Explica la hija de Harald Quandt que su contenido "es doloroso y nos avergüenza".
Las potencias aliadas no persiguieron a Günther ni a ningún otro Quandt. Recompusieron el imperio tras la rendición incondicional. En 1959, Herbert se hizo con BMW en las mismas narices de la omnímoda Mercedes-Benz. Su anciana esposa y sus hijos Susanne y Stefan controlan el gigante automotriz de 100.000 empleados y 35.000 millones de euros.
Benjamin Ferencz, que fue fiscal en los juicios de Núremberg, evaluó en 2007 la implicación de Günther Quandt en el entramado económico del nazismo a la luz de las nuevas investigaciones: fue "tan culpable como todos los demás". Como Krupp, como Flick y como Thyssen. Criminales de guerra.
jueves, 21 de julio de 2011
Nixon se apiadó de Rudolf Hess
Por EMILI J. BLASCO
Rudolf Hess, a la derecha con la cabeza apoyada en la mano, escucha el veredicto de los jueces. / EFE
Documentos secretos desclasificados revelan que los soviéticos impidieron liberar al famoso cabecilla nazi
Nixon se apiadó de Rudolf Hess
Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler en el partido nazi, pudo haber salido de la prisión de Spandau en 1974, justo al cumplir 80 años, si los soviéticos no hubieran bloqueado una tentativa británica que contaba con el apoyo de EE UU y Francia.
Según documentos secretos desclasificados ahora por los Archivos Nacionales británicos, Richard Nixon llegó a comprometer su apoyo a salida de Hess de la cárcel por razones humanitarias, aunque sometido a algún tipo de confinamiento, pero Moscú se mostró inflexible. El diario ruso Pravda escribió entonces: «La conciencia popular dicta que el lugarteniente de Hitler debe beber su retribución hasta las heces del cáliz».
Hess perdió su libertad en 1941 tras su enigmático vuelo a Escocia, probablemente sin el conocimiento de Hitler, con el intento de negociar una paz en el frente occidental. El régimen nazi presentaría esa acción como fruto de un arrebato de locura de Hess, pero la historiografía ha rastreado algunos contactos que hicieron creer al jerarca nazi que el Gobierno de Churchill estaba dispuesto a una negociación. No se ha aclarado la implicación real de las autoridades británicas en lo que pudo ser un cebo o un acercamiento real.
Apresado entonces, Hess fue condenado a cadena perpetua en los juicios de Nuremberg e ingresó en la cárcel de Spandau, junto a Berlín. La muerte o cumplimento de la condena de los demás capitostes nazis le dejaron como único morador de la prisión, vigilado por 32 guardas militares, 20 carceleros y cuatro gobernadores de la penitenciaría (uno por cada una de las potencias vencedoras de la guerra).
Llevaba ya ocho años completamente solo cuando se aproximó su 80 cumpleaños y una campaña internacional movilizó apoyos para su liberación.
Algunos de los documentos ahora desclasificados indican que los británicos proponían que al menos se suavizaran las condiciones en las que vivía Hess, con la posibilidad de tener televisión y radio, «un sillón y una alfombra».
Sin clemencia
Pero no hubo clemencia. Hess moriría el 17 de agosto de 1987; se suicidó con un cable eléctrico en el jardín de la prisión a los 93 años, aunque su familia y el movimiento neonazi mantiene que fue asesinado por sus guardianes.
Las disputas entre la URSS y los aliados occidentales en relación al régimen disciplinario de Hess ya fueron apareciendo en su momento. Lo que los nuevos documentos muestran son las comunicaciones oficiales entre Washington, Londres y París; también se dan detalles sobre personas que intercedieron por Hess, como un abogado alemán que pedía ser encerrado con él «porque no fue sentenciado a la soledad».
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