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domingo, 29 de mayo de 2011

Las misteriosas muertes de gobernantes que impactaron al mundo

Por: EL MERCURIO (CHILE) 

Hitler
Este era el pasaporte de Adolf Hitler, uno de los líderes políticos más importantes del mundo.
Foto: Archivo EL TIEMPO
  

De los fallecimientos de Hitler, Stalin y John F. Kennedy, entre otros, hay muchas teorías.

Para los historiadores, las circunstancias en que murió Salvador Allende estaban claras. El doctor Patricio Guijón siempre ha sostenido que el 11 de septiembre de 1973, estaba cerca del Presidente cuando éste se disparó con un fusil AK-47 tras resistir el ataque a La Moneda.
El pasado lunes 23 de mayo se volvió a exhumar su cadáver para someterlo a una autopsia con el fin de determinar judicialmente qué provocó su muerte, debido a testimonios que han generado discrepancias con la versión de Guijón.
A la espera de esta verdad judicial, los misterios sin resolver en este caso traen a la memoria muertes de otros gobernantes -en el poder por las urnas o las armas-, que también se han visto rodeadas de enigmas o dudas que nunca se han aclarado.
Hitler: ¿Morir como un cobarde o como un gran general?
Si Hitler se disparó o se envenenó, fue un misterio que se guardó como secreto de Estado en la ex Unión Soviética, cuyo ejército fue el primero en pisar Berlín en la II Guerra Mundial.
La tradición castrense mide a los grandes generales por la forma en que eligen morir. Envenenarse implica un último acto de cobardía, a diferencia de optar por una bala para reafirmar las acciones seguidas en vida. Por ello, a la propaganda soviética le convenía establecer que el 30 de abril de 1945, ya derrotado en su bunker, el dictador alemán había optado por ingerir una cápsula de cianuro.
Con los años, los rusos fueron entregando evidencias a gotas. En 1955, por ejemplo, divulgaron detalles odontológicos para demostrar que encontraron los restos incinerados de su enemigo
Para muchos, las dudas llegaron a su fin en abril del año 2000, cuando, por motivos de una exposición titulada 'Agonía del Tercer Reich', un museo de Moscú exhibió un fragmento del cráneo de Hitler, en el que se ve perfectamente el agujero producido por una bala. La prueba fue cuestionada posteriormente y los enigmas continúan, aunque ya pocos historiadores descartan que no muriera en su bunker, escuchando la intermitente caída de las bombas sobre Berlín.
John F. Kennedy: ¿Víctima de un golpe de Estado?
Lee Harvey Oswald, el presunto asesino de John F. Kennedy, negó haber realizado los disparos que acabaron con la vida del 35 de Presidente de EE. UU., asegurando que él fue un señuelo. Versión que sólo aumentó las suspicacias, ya que también fue acribillado dos días después del magnicidio por otro personaje misterioso, Jack Ruby, un empresario nocturno de poco éxito vinculado al hampa.
Las teorías son innumerables. Algunas aseguran que Kennedy fue víctima de un golpe de Estado encubierto impulsado por organismos de su Gobierno. Pero la lista de sospechosos es infinita e incluyen al Sistema de Reserva Federal, la CIA, la KGB, la Mafia, el director del FBI, J. Edgar Hoover, incluso Richard Nixon, el ejército de EE.UU y el régimen cubano. Sin embargo, oficialmente se señala que un tirador solitario es el único culpable: Oswald.
Juan Pablo I: ¿El Papa que enfrentó a la mafia?
Sólo 33 días alcanzó a liderar la Iglesia Católica el Papa Juan Pablo I. El Vaticano señaló que un infarto agudo al miocardio acabó con su vida, mientras leía. La película El Padrino III insinúa que la mafia estuvo involucrada en su muerte.
¿Qué hay de cierto en eso? Muchas teorías conspirativas, alimentadas básicamente porque, tras fallecer el 29 de septiembre de 1978, hubo versiones contradictorias del círculo cercano de Albino Luciani, nombre real de Juan Pablo I, sobre las horas previas y posteriores a su muerte.
Primero se informó que, a petición de sus familiares, no se le hizo autopsia. Pero un benedictino que trabajaba en la Secretaría de Estado dio a conocer que sí la hubo. El resultado de los peritajes forenses arrojó que murió por una dosis fortísima de un vasodilatador, fármaco que le habría recetado su médico personal, versión que el especialista negó con los años.  También se duda del infarto, ya que una persona que lo sufre, no muere con "una sonrisa" mientras lee, sino que deja pistas evidentes de lucha y dolor por tal padecimiento.
Versiones siempre desmentidas por el Vaticano, apuntan a que Juan Pablo I pagó el precio por sus arriesgadas decisiones, como intervenir el Banco Vaticano, tras asumir los costos de 240 millones de dólares por la quiebra de su socio, el Banco Ambrosiano, además de hacer frente a la masonería y a la mafia.
Stalin: ¿Un complot mortal?
Los rusos aún no se ponen de acuerdo sobre el legado de Stalin, cuyos largos años en el poder le significaron a la ex Unión Soviética convertirse en una superpotencia, a costa de 20 millones de personas muertas en purgas y ejecuciones.
Desde el momento que se comunicó su deceso, el 5 de marzo de 1953, los soviéticos no creyeron que éste se produjo de forma natural debido un derrame cerebral causado por la hipertensión.
Versiones extraoficiales atribuyeron la muerte de Stalin a un malintencionado tratamiento médico al que fue sometido, pero que lo terminó envenenando. Se sospecha del jefe de los servicios secretos, Lavrenti Beria, quien quiso adelantar la muerte del líder  ya que, según archivos de la época, Stalin se preparaba para dejar el poder, lo que incluía la eliminación de Beria. Así, en tratamientos de sauna, se lo habría expuesto a bacterias modificadas capaces de afectar a órganos humanos.
Cierto o no, Stalin agonizó varios días en su cama, acompañado, entre otros, de Beria, quien al verlo recuperar la conciencia, le pedía que se recuperara. Pero lo insultaba en cuanto volvía a caer en un estado comatoso, hasta que no despertó más.
Napoléon: Demasiados enemigos para morir en paz
Odiado por gran parte de las monarquías europeas, Napoléon Bonaparte fue desterrado por los británicos a la isla de Santa Elena en el Atlántico. Allí, acompañado de 'amigos' obligados a seguirlo, amantes y personas que más que admiración le temían, se dedicó a escribir sus memorias, mientras un fuerte dolor intestinal fue minando su salud, hasta fallecer de un cáncer al estómago el 5 de mayo de 1821.
Al menos así se creyó por más de 180 años, hasta que en mayo de 2000,el FBI confirmó las sospechas: el emperador fue víctima de un envenenamiento progresivo con arsénico.
La conclusión del estudio, presentado en París por expertos a la "Sociedad Napoleónica Internacional", llegó a los mismos resultados de previos análisis realizados a restos de cabello del general, en poder de distintas personas que los heredaron.
Éstos estaban tan impregnados de arsénico, que es inevitable no pensar que fue la causa de su muerte. Aún falta saber quién o quienes lo mataron. Se sospecha del general Charles-Tristan de Montholon, el único que tenía acceso a los alimentos y vino de Napoleón. Pero es difícil de determinar cuando se tienen tantos enemigos.
EL MERCURIO (CHILE)

domingo, 8 de mayo de 2011

Profetas por la Izquierda: El culto a la personalidad



Suele ocurrir en muchas ocasiones que los partidos de izquierda cuando tienen un dirigente o “líder” con importante apoyo popular son muy dados a caer en el culto a la personalidad y repetir patrones propios de la derecha. El culto a la personalidad es una forma de alienación de responsabilidades, de inmadurez ética y política. Intentaremos explicar el porqué y la forma de evitarlo.
En las sociedades primitivas junto a la democracia directa surgieron poco a poco los jefes tribales que fueron acumulando derechos hasta pasar a hacerlos hereditarios mediante su alianza con la jerarquía religiosa. De este modo, a los años, llegaron los faraones, emperadores, reyes, etc. Con el auge de la sociedad industrial, el capitalismo, la burguesía y el movimiento obrero arribaron primero las democracias censitarias y más tarde las representativas burguesas con sufragio universal y leyes distorsionadoras del sufragio popular como la Ley de Hont, el cociente de Droop o el sistema de Hare entre otros. Éste es el momento en el que estamos en la mayoría del mundo actual, en puridad: rodeados de democracias censitarias más populares que las primeras del siglo XIX donde sólo votaban los hombres ricos, pero censitarias al fin y a la cabo. Ahora votamos hombres y mujeres, ricos y pobres, pero las opciones mayoritarias, normalmente apoyadas por el poder de los dólares o los euros, obtienen más porcentaje de representación que las minoritarias debido a los sistemas electorales anteriormente citados. Una forma de distorsionar la voluntad popular a favor del control de unos pocos partidos por parte de la élite dirigente.
El poder de unos pocos siempre beneficia a unos pocos y la lucha por el progreso de la humanidad es la lucha por el poder de unos muchos para que esos muchos vivan libres. Lo que trato de explicar es cómo el culto a la personalidad es una rémora del pasado que está costando mucho ser superada y que nos trae numerosos disgustos a las filas de la Izquierda.
El culto a la personalidad se da incluso entre aquellos que se creen “la vanguardia” del proletariado o de las luchas populares. Baste recordar los casos de Stalin, Mao Zedong ( 毛泽东 ), Kim il Sung o Kim Jong-il . Pero es que también podríamos fijarnos en el caso paradigmático de Hugo Chávez en Venezuela. Con esto no quiero decir que sean comparables, ni que todos los citados sean dictadores, me estoy centrando simplemente en el tema del culto a la personalidad. Pero es que no hace falta llegar tan alto, podemos irnos a un terreno mucho más cercano como la política local y encontraremos el germen de lo mismo.
Ahora en España, por ejemplo, estamos a punto de celebrar las elecciones municipales y es curioso cómo muchos políticos de la Izquierda (por si lo dudaban no estoy incluyendo al PSOE), incluso extraparlamentaria, copian los modelos comunicativos de los partidos de derecha, de los partidos que los escandinavos llamarían “burgueses”.
Por ejemplo, es común que en no pocos carteles electorales salga la típica figura solitaria del candidato a la alcaldía, del nº 1 de esa formación política. Y se podría pensar: “Bueno, es normal, al fin y al cabo la ciudadanía tiene derecho a saber quién podrá ser su alcalde, ¿qué hay de malo en ello?”. Pero estamos hablando de partidos que tienen muy pocas posibilidades de llevar a sus candidatos a la alcaldía, ¿por qué se repiten estos esquemas? E incluso si tienen posibilidades de ganar las elecciones al consistorio, ¿es bueno esa personificación de la política en unos pocos políticos profesionales? ¿Dónde queda el resto de militantes y ciudadanos?
El problema es que los partidos de izquierda y sus militantes muchas veces se pliegan a la lógica sistémica sin saberlo, de manera sinérgica debido a su debilidad formativa. ¿No es la izquierda horizontalidad, democracia de base, redistribución del poder, etc.? ¿Por qué esta vuelta a los sistemas piramidales?¿Por qué esta vuelta a las monarquías absolutas y los vasallajes medievales bajo siglas “revolucionarias”?
Una respuesta posible es la falta de estudio y concienciación de muchos militantes de la Izquierda junto al desprestigio/descuido social tradicional por las cuestiones formales heredado por parte de una sociedad que otorga mayor pedigrí a las ciencias naturales, a todo el sector científico-técnico, en contraposición a las llamadas “ciencias humanas”. Esta incultura humanista, permite una escisión entre “ejecutar” acciones y “analizarlas” que desde luego favorece a los poderes establecidos en tanto se aseguran un no cuestionamiento de los procesos socioproductivos y una repetición alienante de los mismos, de cara a garantizar los privilegios y la acumulación de capital de la élite dirigente.
Los partidos y organizaciones de izquierda, debido al bajo nivel de estudio que tienen en general sus militantes, de análisis de sus propios autores más importantes, de su tradición democrático-plebeya, se sienten acomplejados de no parecer “serios” de cara a los medios de comunicación masivos controlados por las élites capitalistas. Por eso, a regañadientes, comienzan por ponerse una chaqueta, para parecer más “respetables” y acaban pensando como los que llevaron chaqueta y corbata toda la vida. Pero realmente es mucho más que esto: empiezan a modelar su vocabulario, cambian “trabajo” por “empleo”, capitalistas por “empresarios”, “explotación” por “abuso” y ceden de esta manera a la hegemonía liberal. Dicen que no quieren asustar a la gente y que todavía les voten menos, pero no hacen nada por explicar a esa misma gente, ni siquiera a sus activistas, por qué hay que llamar trabajo al trabajo, y capitalistas financieros a los “mercados”.
Necesitamos una ofensiva cultural, una reconquista socialista de las mentes de las clases populares y para ello requerimos tres pasos: darnos cuenta de su necesidad, organizarnos y estudiar. Los militantes deben perderle el miedo al estudio y aprender a pensar por sí mismos. No es cierto que esa sea tarea exclusiva para los intelectuales y los profesores de universidad. Como decía Gramsci todos podemos ser intelectuales, todos debemos serlo. Y si no le hacemos caso y aceptamos la separación entre trabajo manual e intelectual, estaremos aceptando el status quo capitalista, con todo lo que ello conlleva.
Si alguna vez la humanidad llega al socialismo mundial, éste sólo se podrá asentar en la corresponsabilidad crítica de toda la ciudadanía respecto a sus representantes, sobre la exigencia de revocabilidad de todos los cargos en cualquier momento, por importantes que sean. Nadie puede permanecer inmune ni vedado a la crítica. Por eso los personalismos son tan peligrosos y tanto interesan al bloque social dominante. Si un proceso revolucionario o un gobierno municipal dependen cada vez más de una persona, proporcionalmente se irá haciendo más débil, más derribable, porque será tan fácil acabar con él como acabar físicamene con esa persona concreta, comprarla o volverla loca. La concentración de voluntades en un individuo es “monarquía pura” la mayor parte del tiempo excepto cada 3, 4, 5 o 6 años que lleguen las votaciones, donde tendremos un día de democracia y miles de monarquía ¿y a esa mentira nos atreveremos a llamarla “democracia”?
Comprar un líder o forzarlo a hacer lo que las élites capitalistas mundiales quieran es tan relativamente sencillo como amenazarlo de muerte, a él o a los suyos. Decirle que cuando baje del cargo acabarán con él sin la protección de los cuerpos de seguridad del Estado, agasajarlo con los vicios que tenga o incluso chantajearlo con materiales “complicados” que se consigan de ellos por los servicios secretos de países o de importantes corporaciones. ¿Arriesgaremos tanto esfuerzo desde el campo popular de este modo? Necesitamos evolucionar o seguiremos anclados en la miseria que se extiende sobre la diferencia entre nuestros grandes objetivos y nuestras raquíticas acciones.
La Izquierda necesita que no haya nadie imprescindible y que los revolucionarios no se asienten en el poder porque confunden su vida, su persona, con los procesos. No es sano para la persona en cuestión y mucho menos para los militantes: a la primera la aleja paulatinamente de la realidad haciéndole creerse con “poderes especiales” de por vida, como una especie de ser mitológico o semi-Dios; mientras que a los segundos los deja vendidos a la voluntad de la primera. Se llega a una personificación de los procesos de cambio que pone en juego el sacrificio y el esfuerzo de muchos militantes anónimos. Esto debería ser considerado inadmisible por cualquier partido u organización que quiera remar hacia la superación de este sistema depredador en el que vivimos. Si la Izquierda “endiosa” a un determinado líder le está dando un cheque en blanco para que haga con sus sueños y esfuerzos lo que decida.
El culto a la personalidad también funciona psíquicamente como un modo de enajenación de responsabilidades por parte de los activistas, en primer lugar la de pensar por uno mismo. Siempre es más sencillo que nos den hechas las opiniones, que nos las sirvan como puré y así nos ahorremos el esfuerzo de masticar. Pero en esta vida, la energía no desaparece, sino que se transforma. Y si no queremos hacer esfuerzos pagaremos las consecuencias. Vivir en sí mismo es un esfuerzo energético y un triunfo de la vida sobre la muerte siempre latente. No esforzarnos es sinónimo de morir en vida.
Un activista que quiere caminar hacia el Socialismo pero no quiere pensar es un zoombie, un muerto viviente. Y los zoombies “de izquierda” son una especie muy peligrosa. Porque como perros enloquecidos harán lo que les digan los líderes iluminados de turno, dirán amén al Papa-Rey-Comandante-Líder Supremo y cualquier opinión contraria desde los militantes de izquierda que piensen por sí mismos será atacada como si viniese de mortales enemigos. La discrepancia y el cuestionamiento serán catalogados de alta traición al “Líder”. Y la cadena que se puede desarrollar a partir de aquí es muy peligrosa: se comienza por censurar y se puede acabar por el exterminio físico. No es una exageración, lo hemos visto muchas veces en el siglo XX, depende de coyunturas, del fanatismo alcanzado y de disponer del suficiente poder para hacerlo. Son dos formas de violencia de distinta intensidad, pero violencia al fin y al cabo.
Por eso la Izquierda debe luchar contra las estructuras de la derecha, no dejarse moldear para caber en ellas. Debe vivir en tensión permanente y no olvidar que nosotros somos caballos de Troya. Pero si el caballo se despedaza antes de pasar por la puerta de las instituciones nucleares del Estado, luego no podrá cabalgar ni pegar coces. Ya no tendremos un caballo de izquierda, sino un caballo muerto, o zoombie.
La Izquierda debe amar la crítica, dejar un espacio blindado para ella, protegerlo como su más preciado tesoro y aprender a cuestionar a sus propios “líderes” desde el cariño. Pero también a saber hacerlo desde la intransigencia fruto de la fortaleza de la convicción, cuando se vea claramente que éstos reman en dirección contraria a los que los sustentan. No se debe sembrar el seguimiento acrítico ni el fanatismo religioso que encumbre tanto al “líder” como para presentarlo como infalible. Esto es (des)educación revolucionaria en estado puro.
Para superar estas carencias la Izquierda debe institucionalizar espacios en sus propias organizaciones donde se garantice y promueva la crítica a cualquier miembro o política concreta de la organización, por muy importante que éste o ésta sean. La crítica y el estudio. Para garantizar de este modo que efectivamente, en los puestos claves, estarán siempre los mejores en cada momento. Seguro que así no habrá líder que veinte años dure y sí revolución o movimiento revolucionario que en veinte años crezca.

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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