martes, 26 de octubre de 2010

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965

Boletín del Archivo General de la Nación


Año LXX, Vol. XXXIII, Núm. 122

Historia oral

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965

Pedro De León C.

"La misión de nosotros era salir a robarle a los yanqui,

pero no éramos muchos, nada más estábamos 2 y 3…

lo invitábamos a la zona (a los estadounidenses),

se agarraba y agarrábamos los Jeep de ellos…"

Gisela Antonia Mercedes ( De la entrevista a Gisela Antonia Mercedes. El Seibo. Sábado 03 de marzo
de 2007. Explica que utilizaban técnicas de atracción al ofrecer al soldado yanqui intimidad personal, y en compañía secreta de un Hombre Rana procedían a tomar vehículo y armas al extranjero. Afirma que en limitadas ocasiones fue eliminado físicamente el embaucado militar)


Al ofrecer linealmente los sucesos de la Guerra Civil y Guerra Patria

de 1965, especificando sobre relieve la actuación de la mujer en

los acontecimientos acaecidos entre los meses de abril y septiembre,

es loar la memoria de la lucha en esa perspectiva social que

han mantenido sistemáticamente las féminas a nivel nacional.

En los archivos del Área de Producción de Fuentes Orales del Departamento

de Investigación y Divulgación del AGN se encuentran

en audio digital, además de cientos de fotografías con sus respec-

tivas descripciones, testimonios a través de los cuales se pueden

apreciar las vivencias de mujeres, como también ex-combatientes,

en los que se subraya con vehemencia el protagonismo mostrado

por las mismas durante el proceso bélico de 1965.

Estos sucesos quedan establecidos en el contexto de sus recuerdos, eran jóvenes –en ocasiones adolescentes– que hoy

comparten con nosotros sus experiencias sobre el evento que

consideran el de más impacto en la historia contemporánea dominicana

y que significó un aporte genuino de dominicanidad y

apego sincero a la vida nacionalista del país.

Con la necesaria puntualización que, a nuestro juicio, demandaba

la situación socio-cultural dominante en la década del 1960,

sobre lo que significaba ser mujer, donde su rol se limitaba a ciertos

parámetros, restringida a señaladas participación política- social,

por encima de esa realidad y considerándola oportuna al momento

de enjuiciar, valorar o analizar los conceptos presentes en los testimonios,

sus actuaciones y funciones presentadas a continuación:

Testimonio de Venecia Juan  (Entrevista realizada en Santo Domingo (Las Cañitas) el 11 de abril de

2007)
Integración a la Revolución

Pedro De León C. (PDL) Cuéntenos señora Venecia ¿Cómo se integró

usted al Movimiento Revolucionario? ¿Dónde usted estaba?

Venecia Juan (VJ) Aquí.

PDL: ¿Y cómo se entera?

VJ: Me enteré por los mismos muchachos. Entonces éramos un

grupo de jóvenes, cuando empezamos esa guerra… yo salí y había

gente que me avisaban. Yo era rebelde del Partido Revolucionario

Dominicano –en el 1965 me apunté en el PRD–, pero era amiga de

todos, yo respetaba a todos. Entonces yo fui a Ciudad Nueva, de
aquí salí, que iba hacia mi trabajo; pero yo en el comando La Vega

tenía una responsabilidad con la comida; mis hermanos, mis primos,

cocinábamos, y de día yo hacía mi trabajo, y cualquier cosa

que tenía que hacer lo hacía, con orden, porque había mucho

orden, mucho amor, mucha unión. En Ciudad Nueva hubo una

unión lindísima, porque había respeto también, ahora, el que

fuera a hacer su desorden era otra cosa, pero el que quería ser

respetado había respeto.

La Operación Limpieza. Escuela Salomé Ureña (Comando).

Batalla del Puente Duarte.

PDL: Sobre los sucesos de abril, ¿qué más le impactó a usted?,

cuando hablamos de la guerra, del CEFA en la llamada «Operación

Limpieza», ¿usted recuerda ese incidente?

VJ: Sí

PDL: ¿Cómo fue?

VJ: Bueno esa «Operación Limpieza» fue fea. Aquí hay una

amiga mía, ahí en la diez, que perdió un hijo. Aquí eso estaba feo,

demasiado feo. Yo conocí esa limpieza, era tremenda; pero al limpiar

ese grupo de gente inmediatamente me fui.

PDL: ¿Para la Zona Constitucionalista?

VJ: Sí, me fui para allá abajo. Inmediatamente vinieron a buscarme.

PDL: ¿Y esto aquí, con quien se quedó?

VJ: Tranqué, y gracias a Dios nadie me abrió esa puerta, pegué

candado. Tenía una niña que tenía cinco años –ella lavaba–, yo la

ponía a que me lavara las medias de los guardias. Esa niña que

me lavaba la…, ya está grande –ya tiene 40 y pico de años–, tiene

nietos. Pues salimos inmediatamente, me vinieron a buscar, yo

tenía un hermano muy activo, Mateo (se murió), y él vino a buscarnos…,

un primo que vive en la Romana. Entonces ahí mismo

fuimos para abajo.

PDL: ¿Y dónde se hospedaron?

VJ: Yo me hospedé en la escuela Señorita Salomé Ureña de

648 Pedro De León C.

Henríquez, eso queda en la Padre Billini, ahí nosotros estuvimos.

Formamos un comando.

PDL: ¿Y dónde estaba el comando?

VJ: Ahí en la escuela.

PDL: ¿En la misma escuela?

VJ: Sí, porque todos se fueron, y nosotros cogimos ese comando.

Yo creo que tenía como setecientos y pico de guardias.

PDL: El nombre del comando, ¿usted lo recuerda?

VJ: Creo que comando La Vega, si no me equivoco. Sí, porque

había muchos muchachos de la Vega, por eso le pusieron comando

La Vega.

Los heridos, las emergencias

PDL: ¿Cómo era la vida en el Centro Médico? ¿Cómo usted veía

los heridos? ¿Había suficientes médicos, enfermeras?

VJ: Había muchos médicos –nosotros amanecíamos a veces–, y

uno de los jefes era Báez Acosta, y yo no me acuerdo de los otros,

pero con el que yo traté más fue con Báez Acosta, además que era

un hombre del Partido Revolucionario, ése es un doctor muy vivo.

Báez yo lo puedo recomendar como un [buen] doctor, luchó por

salvar vidas. [Una vez] trajeron un muchacho con todas esas tripas

afuera, ¡ay Dios mío!, un ojo menos, un brazo menos. ¿Usted sabe

lo que hizo ese hombre tan inteligente?: pásame esa pinza, pásame

esto, pásame lo otro, mire, era un trabajo rápido y bueno.

PDL: ¿Usted llegó a ver heridas graves?

VJ: A nosotros se nos han muerto gentes en la mano. Hemos

visto cosas feas: un brazo menos, una tripa afuera, pero él [el doctor

Báez] salvó muchas vidas, muchas vidas.

PDL: ¿Hubo suficiente medicamento?

VJ: Sí, había muchos medicamentos, ahí mismo ellos operaban.

Una vez que vi un muchacho con las tripas afuera…, ellos tenían

todos sus equipos, había suficiente equipo. Yo digo que parece que

la guerra estaba preparando su cosa bien, porque yo no entiendo,

aquí había mucha comida, mucho de todo. Hubo momento que

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 649

faltaba algo, pero un comando con otro comando, ellos se combinaban

–llamaban uno al otro. Una cosa muy bonita.

PDL: ¿Cuál de los comandos, según su interpretación, tuvo más

actividad? ¿Cuál participó más? ¿Cuál se movía más?

VJ: Donde yo me movía estaba cerca de la salud, también me

movía mucho allá en el comando donde yo estaba, y teníamos que

ir al Padre Billini a trabajar. También había un dispensario allá en

San Carlos –nosotros teníamos que ir a San Carlos–, cuando nos

mandaban íbamos el grupo de mujeres.

PDL: En grupo. ¿Cuántas eran más o menos?

VJ: Había muchas.

PDL: ¿Quién las mandaba?

VJ: Los doctores

PDL: ¿Del Padre Billini para que asistieran al centro médico

que estaba en San Carlos? ¿Era donde estaba un teatro?

VJ: Sí, hay un dispensario que hicieron ahí, provisional, pero

donde estábamos fijos, fijos, era aquí en la Clínica San Luis.

PDL: ¿Y cuando la enviaban, la enviaban con refuerzo para que

la protegieran?

VJ: Sí, a nosotras no nos enviaban así no, íbamos preparadas,

fue una guerra muy bien preparada.

Ofensiva Yanqui

PDL: Y cuéntenos sobre esos días, la ofensiva yanqui, cuando ya

estaban disparando de una forma terrible, que se pensó que ellos

iban a llegar a la Zona Constitucionalista.

VJ: Sí, pero esos constitucionalistas no eran fáciles tampoco.

Mire, ese Caamaño no era fácil. Caamaño era un muchacho muy

valiente, ése no tenía miedo. Se dividió Caamaño y Elías Wessin,

porque al ver cómo estaban esos grandes, cómo estaba la moral

–la cosa en Santo Domingo–, estos dos muchachos, tanto Caamaño,

siendo guardia, y Elías Wessin se combinaron. Entonces, no sé

qué fue lo que pasó, pero Caamaño fue que cogió la parte baja y

Elías Wessin tiró para allá, que empezó a tirar su bomba y su cosa,
pero Caamaño hizo un buen trabajo. Yo siempre estaba atrás de

él, él me puso «La diablona.» Óyete por qué: Habían mujeres aquí

abajo que bajaban a vivir con americanos, y cuando yo encontraba

alguna –yo tengo una cadena, ésa me la dio un catorcista–,

cuando yo agarraba una mujer enamorada de esos americanos le

daba una pela. Me daba ese asco –esa cosa– ver que las mujeres

dominicanas, viendo que los americanos están tirando bomba a

nuestro muchachos, muriendo los muchachos bajo bomba, entonces

vienen y caen en eso. Eso fue lo más malo para mí, cuando

veía eso yo me indignaba, y además yo tenía una sangre de juventud

y Caamaño me puso «La diablona» por eso.

PDL: ¿Y cómo se dio cuenta él de eso, quién se lo contó?

VJ: Hay momentos de guerra, pero hay momentos que estamos

tranquilos, entonces los muchachos hacían los cuentos, a contar

lo que estaba pasando…, y entonces él me puso «La diablona».

Caamaño daba un discurso muy lindo, trabajó bien con nosotros,

no era uno de esos hombres que tenía día, sino siempre capaz,

con disciplina como militar que fue. En la Policía armada había

varios hombres muy educados.

Traiciones y persecuciones

VJ: Yo vi muchos muchachos muertos por la lengua de los chivatos,

las chivatas. En el tiempo de Balaguer habían muchas chivatas

de la Banda Colorá –la gente mala. Y gente que me conocía

en Ciudad Nueva tenían problemas en los pueblos y mandaban

aquí un amiguito mío que se llamaba Fello, que estaba en otro

sitio, y él me decía: «A mi casa no entra gente chivata, no busque

can con esas mujeres». Yo sabía que había mucha gente chivata

pero yo no dejaba que entraran allá. Allá había un cuarto, en ese

cuarto estaban los muchachos, [yo] buscaba comida, le daba comida

y gracias a Dios hay muchos de ellos que están fuera. Pero

me dice un señor, que un grupo de muchachos que estaban en

una mesa, eso fue en una reunión allá, preguntaron por mí, que

si yo estoy viva y él dijo que sí. Me llamó hace como tres semanas:

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 651

«tú no sabes que en Nueva York hay un grupo de muchachos que

te están mentando, que dicen que tú les salvaste la vida durante

la Guerra, que no te importaba nada». Yo me quedé con dos vestiditos,

vistiendo a los muchachos de mujer para salvarle la vida, le

ponía chancleta, sus medias.

PDL: ¿A dónde iban ya vestidos de mujer?

VJ: Los mandaba para acá, y de aquí los mandaba a otro lugar.

Testimonio de Edith Altagracia Ferreira4

Experiencia en la Clínica Santa Lucía

Ángel Encarnación (AE): ¿Cómo se produce tu involucramiento

en el Estallido de Abril del 65?

Edith Altagracia Ferreira (EAF): Cuando lo anunciaron. Pues,

[en] el barrio de Villa Francisca, que era donde yo vivía, en la calle

Barahona, había una compañera llamada Gladis Doché, hermana

de un médico, el doctor Doché. Espontáneamente, nos pusimos

una bata blanca con una cruz roja y salimos a pedir a la pulpería

para nosotros estar en esa clínica del doctor Rivera, que era en la

Santa Lucía, quedaba en la Barahona. Y, pues ahí también cocinábamos,

porque ahí había unos Hombres Rana que nosotros, unos

que otros…, no recuerdo el nombre ahora de dos compañeros

que mataron en ese momento. Yo atendí a un muchacho apellido

García, que era cadete, no sé si era de la Marina, que lo llevaron

herido de un bazucazo, ahí en la Clínica Santa Lucía. Yo recuerdo

que le metimos la mano así en la espalda, casi un hoyo que tenía,

y de ahí llamamos a los bomberos a que vinieran a buscar una

ambulancia. Y a los muchos años, trabajando yo en el hospital de

Bonao, él me ubicó –ese muchacho–, y por casualidad el director

de ese hospital era el doctor García, tío de él; pero no sé, parece

que él se puso a investigar quién fue la persona que lo ayudó,

porque a él lo internaron en el hospital que está ahí en la UASD

(Universidad Autónoma de Santo Domingo), que se llamaba el

Hospital Marión, y todos esos meses que terminó la Revolución

estuvo él interno. Y me ubicó trabajando yo en el 1970, en el Hospital

de Bonao, –me ubicó allá, y no sé, hizo sus investigaciones– y

me dio las gracias por yo haberlo ayudado en ese momento. A

otro cadete nos lo llevaron allá, porque parece que ellos estaban

combatiendo en la parte norte, [ya que] eso comenzó en la parte

norte y fueron bajando los gringos y los constitucionalistas, y de

ahí fue que nos lo trajeron.

Ese doctor Rivera jugó un buen papel. Yo no sé qué de ese

hombre, no lo volví a ver más en esa Clínica Santa Lucía, que yo

voy al barrio siempre, ese barrio donde yo vivía, de los pocos que

quedan porque ya Plaza Lama ha comprado y han desbaratado

muchas casas y lo que han hecho son parqueos, y esa clínica la

desbarataron. Él jugó un gran papel ahí.

Ahí iba Montes Arache, iban algunos Hombres Rana que andaban

por ahí en esos momentos, porque la lucha fue desde que

estaban combatiendo en la parte norte. Fueron bajando, bajando

hasta que los gringos fueron empujando hasta que la trinchera

estaba en la Caracas y ya eso era parte constitucionalista, la Duarte

–uno bajando–, Gazcue y todo eso.

AE: Edith, háblame de tu experiencia médica durante todo el

proceso de la Revolución.

EAF: Yo todavía no era enfermera, pero sí el doctor Bautista y

otros médicos me enseñaron cosas. Yo cocinaba y cuando terminaba

de cocinar ellos nos [daban] unos cursitos a un grupo de mujeres

y de ahí comenzó mi vida. Ahí nacieron muchos niños, que

venían mujeres con su barrigota, que no podían cruzar para la maternidad

y ahí iban, y el doctor Bautista y un grupo de médicos…,

ahí aprendí a hacer parto. Pero yo entré en realidad a estudiar medicina

en la Escuela Nacional, en el 66 [1966]. Entré yo a la Escuela

de Enfermería, porque ahí nació mi vocación, fui enfermera profesional

y después, un año después, hice mi licenciatura en la UASD

y mi tesis está [ofrendada] a la Revolución Constitucionalista del

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 653

24 de Abril; Francisco Alberto Caamaño Deñó y al doctor Bautista

fueron las personas que yo les dediqué mi tesis de la UASD.

AE: Y dentro de lo que fue tu experiencia motivadora para tus

posteriores estudios ¿Cuál de esos hechos dejó un recuerdo más

profundo en ti?

EAF: Me dejó un recuerdo muy profundo, en la Revolución, un

muchacho moreno (alto, fuertón, con un espaldón) que estaba

con una carabina, con una 30. Estaba en la Duarte esquina creo

que era La Noria, y lo fogonearon de allá para acá –creo que fue

con una 50– y el muchacho cayó estrellado de espalda, lo recuerdo

porque lo internaron ahí en la Clínica, el doctor Bautista y un

grupo de médicos que estaban, y yo personalmente le entregaba

los alimentos cuando los cocinaba. No murió –él no–, a él lo hirieron;

pero la herida no fue problema, sino que con el impacto

de la 50– él estaba con una 30–, cayó explotado en una acera y ahí

lo internaron en la clínica que estábamos nosotros y duró mucho

tiempo ahí, pero él salió bien de ahí, eso nunca se me ha olvidado.

Y otro, ése de los morterazos del 15 o 16 de Junio, inclusive mi hermano

pintó un cuadro que se llama «15 y 16 de Junio», un cuadro

grandísimo, alegoría a la Revolución y toda esa sangre que yo veía

correr por los contenes. Al otro día, todas esas cajas de muertos en

filas, así, en la casa del frente. Y antes hacían las gentes las paredes

con hojas de zinc y cuando se explotaba ese morterazo aparecían

guardias así…

Mutilados de la Guerra, 31 de agosto de 1965

EAF: Recuerdo que cuando terminó la Revolución, el doctor

Bautista, el doctor Eddy Joseph, el doctor Abelito del Orbe, que él

es del PLD, creo que es abogado, y su esposa Yani (Yanini Rodríguez)

que es francesa y otros, formamos un grupo que se llamaba

«Mutilados de la Guerra.» Entonces, todo el que quedó más o

menos –que pudimos encontrar mutilado–, con una pierna menos,

un brazo menos, un balazo... había una muchachita, Eddy

Ogando, creo que se llamaba, que un balazo le arrancó el maxilar
inferior, [y] el doctor Bautista y un grupo se comunicaron con

unos médicos franceses, [entre los que] estaban el doctor Cribina,

una doctora que se llamaba Jaquelín, vinieron acá y le hicieron el

diagnóstico de lugar, aquí…, les sacamos pasaporte –la Coronela

me ayudó muchísimo, es una fortuna ella– y [los] mandamos en

Aerolínea Quisqueyana, porque ya estaba el gobierno de García

Godoy y no dejaron entrar un avión de la Air France, que no tenían

permiso, qué sé yo. Entonces, la gente (los dueños) de Aerolínea

Quisqueyana, que no recuerdo cómo se llamaban, que tuvieron

en la Revolución, nos prestaron un avioncito y todos esos mutilados

–preparados con su pasaporte– ya sabían dónde los iban a

llevar. El doctor Cribina ya tenía todo eso preparado en Francia,

porque él vino primero. Este avioncito aterrizó en una islita que

pertenece a Francia, y ahí estaba esperando ese avión [en] donde

se fueron los mutilados de la Guerra. Yani –que es la esposa de Abelito

Rodríguez Del Orbe, que era francesa– los acompañó. Y esos

muchachos estuvieron en Francia, ahí se socializan, [comienzan]

a rehabilitarse; su pierna, su brazo, lo que tenían que hacer; pero

también le enseñaron un oficio. Aquí vinieron muchachos sastres

–muy buenos–, otros vinieron especialistas en qué sé yo qué, no

recuerdo bien eso, y duraron como un año, año y pico.

Recuerdo cuando fuimos el doctor Bautista y yo al aeropuerto

a buscarlos: «¡Qué llegan los muchachos!», que sé yo qué. Nos

llevaron presos porque cuando los muchachos se fueron desmontando

del avión, ya rehabilitados, cantamos el himno de la

Revolución, lo cantamos ahí –nos detuvieron. Había un jefe de

la Policía –ese jefe de la Policía– que no recuerdo el nombre de

él…, y nos llevaron al Palacio de la Policía. Yo lo que tenía en las

manos eran unos discos que los muchachos nos trajeron… le dije

que la música era internacional, que no había música comunista,

ni música democrática; un libro, que trajeron también, que se

llama Así se templó el acero5, me lo quitaron –no recuerdo cuál

es el autor, que lo tengo todavía el libro ahí– y regalitos y cosas.

5 Se refiere a la novela de Nikolai Ostrovski.

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 655

Les quitaron el pasaporte a los muchachos, se los llevaron a ellos

también, pero después nos soltaron...

Testimonio de Fiume Bienvenida Gómez Sánchez6

Emisora portátil

Fiume Bienvenida Gómez Sánchez (FBGS): Pero quiero decir

algo, el 24 de abril en la noche, Euclides Gutiérrez y Blanco Fernández

me llevaron a mi casa una emisorcita de esas portátiles,

de aficionados, y desde ahí, desde mi casa en la calle Cambronal

No. 6, tercer piso, comenzamos a bombardear consignas patrióticas;

el Himno Nacional y cosas que motivaran, como una forma

de mantener a la ciudadanía [para] que tuviera conocimiento de

lo que estaba pasando, y también como incentivando a la lucha.

Entonces, en mi casa duró esa noche del 24, 25, 26, 27 y 28, y

allá, a casa, iban los compañeros y las compañeras. Estuvo en mi

casa Bernarda Jorge, durmió en mi cama… ella estuvo conmigo

allá, Piky (Josefina Lora) también, antes de coger para la clínica;

entonces, ella se fue también con Grey (Coiscou), cuando ya no

teníamos otra actividad porque la cuestión de la Escuela Militar

tuvo su cierre también, y desde allá fue que comenzamos nosotros

a concienciar a la gente, a la población, por esa pequeña emisora,

y eso era en mi casa y era yo la que la manejaba. Después,

los compañeros de la Radio Televisión Dominicana, cuando ya

Caamaño se instala allá en el Conde, entonces fue que salió un

grupo que estaba con la Revolución y esa gente ya entonces se

apoderó de la emisora…

PDL: ¿Y cómo usted se hizo? Porque del 24 al 28 son varios días

de varias madrugadas.

FBGS: Porque se hacía, por ejemplo, venía el compañero y me

traía un documento, entonces uno lo leía, uno cantaba el Himno

Nacional, decía consigna, porque la aprendía, porque era de esas

aficionadas, era una cosita así.

PDL: ¿Y qué otras compañeras suya usted recuerda, los nombres?

FBGS: ¡Ah Dios!, ahí estaba Cristinita (Díaz) –éramos contemporáneas–,

que estaba frente a frente a mi casa, y su papá iba

todos los días a mi casa, yo decía: «¡Váyase tranquilo don Juan!,

no se preocupe, que yo se la cuido». Pero [era como] un padre,

como yo era huérfana, siempre yo me hacía dueña de los papás

ajenos… y él iba todos los días, todos los días a ver cómo habíamos

amanecido, porque ellos vivían en Gazcue pero en la parte

que no estaba tomada, sí. Estaba Cristinita Díaz, ahí estaba Iberia

Jiménez que es la mujer de Henry Acosta, creo que es del PRD

ahora, pero que era muy amigo de Minerva Tavárez; mi hermana

Mirta Gómez. Estaba mi prima Escarlet Sánchez –que tenía 14

años–, ésa que fue basketbolista del año y que es doctora, ésa era

una muchachita, está ahí en la foto, muy bien, pero tú la ves una

muchachita, 14 años.

Estaba Elsa María González, estaba Clarisa Brioso que era de

San Cristóbal; Teresa Espaillat. Estaba Sagrada Bujosa, la hermana

del Chino. Doña María, la mamá de ella era más revolucionaria

que toditos los hijos completo. Doña Marina, Marina Mieses de

Bujosa, ésa era una, porque a ella le mataron un hermano –esas

gentes eran muy, muy antitrujillistas. Ella cocinaba para darle

comida a todo el mundo, todo el mundo iba allá, una señora excelente,

sin embargo yo no he visto que la hayan recordado, pero

una señora muy revolucionaria. Pero también había otra muy

revolucionaria, de mucha edad, la mamá de Amaurys Millalba,

doña Francia, pero una mujer también; pero eran señoras mayores,

muy mayores, de 60 años te estoy hablando.

PDL: ¿Ahí estaba, por si acaso, la familia Ruiz, de San Francisco

de Macorís, que nos han referido… incluso, que una finca llegaron

a esconder algunos, Peña Jaques, entre otros?7

7 Haciendo referencia al testimonio de Lourdes Ruiz del 25 de septiembre

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 657

FBGS: Yo lo he oído mencionar, sí: Chaljub –a esta niña–, la

mujer de Peña Jaques, yo la ayudé a irse a Cuba después de la guerra,

yo fui que la metí en el trote, a Quisqueya, que luego ya ella se

casó con el hermano de Lalane José, que lo mataron después.

PDL: ¿Pero fue el que murió en el 73?

FBGS: Sí, sí, con Caamaño.

Traslado de Armas

FGS: Y yo recuerdo que yo me cambiaba bien cuando iba para

la Victoria, porque tú sabes que «el hábito es lo que hace al monje»,

pero tenía que andar…, no ibas a andar como una loca. Y tengo una

experiencia con respecto a eso, y fue en la insurrección de Abril del

65: Fidelio Despradel me manda a llevarle un material a Luís Genao

Espaillat, que era dirigente del partido y lo habían cogido preso,

entonces, él pedía una maquinita de afeitar, que esto, que lo otro,

qué sé yo qué, y recuerdo que Euclides Gutiérrez era mi vecino, mi

amigo, y era vice ministro de Interior y Policía, me dio dos sacos de

arroz –qué sé yo qué–, pantalones, de todo. Pero yo cometí el error

de buscar un carro grande y el carro estaba de lado de la carga

que tenía el baúl, pero nos fuimos bien cambiadas, me acompañó

Cristinita Díaz y otra compañerita, creo que es Marisela Germán

–que fue con nosotras–, y nos cogieron subiendo la Duarte, nos

pararon. Y yo cogí, no me tocaba morir en eso –le dije: «Bueno,

Cristinita, déjame hablar», porque nos iban a llevar para… ¿cómo

se llamaba?, donde llevaban a la gente, a los presos, y yo salí de mi

carro y le dije al policía: «¿Quién es el jefe de aquí?» –dice: «Ah, ese

coronel», yo era actriz, entonces yo me fui a tirar al ruego, cogí, le

metí la mano a mi hombre por aquí8, le dije: «Que hay papi, ¿cómo

tú ta’? Eso es para aflojar la gente de aquí adentro, que me dieron

eso, yo tengo un negocito, qué sé yo cuánto, ve cuando tú quieras,

de 2006, San Francisco de Macorís, quien valora la actitud de su madre

y hermana en distintos hechos y en lo que respecta a su experiencia a

partir de 1965 en la Cruz Roja.

8 Señala el costado izquierdo del vientre.

658 Pedro De León C.

y no sé qué», le pasé la mano a mi hombre y me dijo: «Sí, váyase,

vete, vete, vete», me hizo así y me fui.

Sobre Juan Miguel Román

FBGS: 1965, en plena guerra. Pues bien, me va a gustar decirte

algo sobre la guerra, fíjate, a Juan Miguel Román Fernández el

Partido lo encargó para trabajar con las mujeres porque él era un

hombre que tenía mucha visión, y les tenía un sitial, el que merecíamos.

Usted sabe lo obtuso que era la gente en aquella época;

pero él, un hombre de avanzada, entonces él era que nos orientaba.

En mi casa, allá en la Cambronal No. 6, tercer piso hacíamos

las reuniones; por ejemplo, mi casa estaba llena de gente y el

baño con un ropero, lleno de ropas sucias –yo le dije: «Bueno Juan

Miguel, aquí todo el mundo viene y echa la ropa y aquí no hay

lavadora, entonces, si nosotros tenemos que hacer las diligencias,

tenemos que ir a la Academia Militar, tenemos que cocinar, yo no

puedo lavar», «Deje la ropa ahí, que cuando ellos las vean ahí, que

pasen días, ellos recogerán su ropa, cada uno tiene que hacer lo

suyo», decía; o sea, cosas así hacía Juan Miguel, y yo recuerdo y

Gladis González Morel –vecina–,[vivía] frente a frente allá, en la

calle Cambronal, amiga mía y comadre después.

Testimonio de Milagros Concepción9

Estallido de la Guerra de Abril. Ambiente en La Vega

Milagros Concepción (MC): Cuando estalla la Guerra, yo particularmente

no sabía del Movimiento que se estaba gestando,

fue una sorpresa para mí, y creo que muchos de los compañeros

del Comité Provincial, no sé si lo sabían algunos; Mario era del

Comité, probablemente él lo sabía, porque ése estaba involucra-

9 Entrevista realizada en Santo Domingo (AGN) el 23 octubre de 2006.

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 659

do (Mario Fernández.) E inmediatamente estalla la Guerra, pues

corrimos hacia el Partido, estaba cerrado, entonces nos reunimos

en el Parque. Mario fue, nos dijo, nos explicó lo que estaba sucediendo,

me dijo que partía inmediatamente; Rafa Gamundi fue,

que era perredeísta pero tenía muy buenas relaciones con nosotros.

Nos explicaron y nos dijeron que nos quedáramos en la Vega

porque no podíamos hacer ninguna acción fuera de las órdenes

de la dirigencia. Pero había un momento que había que actuar

con mucha disciplina, y un grupo sí se fue de una vez, pero nos

dejaron, nos dijeron que nos quedáramos a gran parte de la directiva.

Y entonces, que nuestro papel era que si iban a necesitar

alimentos y cosas, comenzar a preparar alimentos para mandar

en camión, camioneta –para acá–, para la capital. E inmediatamente

al otro día comenzamos en la casa de Gladis Abreu –si mal

no recuerdo– a preparar sándwich, latas de jugos, a empacar cosas

y a alguien de ese grupo venían a traerlo, y nos daban la media

noche, que eso, en esa época, de estar a las 12 de la noche en una

tarea, era poco visual, preparando las cosas que íbamos a mandar

para acá. Esos fueron los primeros días de la Guerra.

Luego comenzamos a desesperarnos porque no teníamos noticia.

Fueron algunos compañeros allá siempre, a tranquilizarnos, a

decirnos que nos quedáramos ahí, que la Guerra se iba a extender.

Entonces, comenzaron los preparativos de los de San Francisco,

Mao, ahí que iban a hacer acciones, que nos tuviéramos tranquilos,

pero yo particularmente no me estaba tranquila, yo sabiendo lo que

estaba pasando.

Un buen día llegó la compañera Teresa (Espaillat), justamente

que andaba en una de esas misiones, tenía que ir hasta Santiago,

estaban con la coordinación –el esfuerzo que se hizo por tratar de

expandir la Guerra, que luego sabemos todos en lo que terminó–,

fue a mi casa, recuerdo que llevó una tela de caki –me dijo: «Mira,

hazme este pantalón», yo cosía, «hazme un pantalón porque yo

creo que tú vas a tener que tomar una decisión», además ya los

pueblos se estaban complicando con la represión, porque en los

primeros días sí, todos en las Fuerzas Armadas estaban de acuer-

660 Pedro De León C.

do, pero desde el 28 de abril, cuando vinieron los norteamericanos,

pues la correlación cambió inmediatamente; y los miembros

de las Fuerzas Armadas y las dotaciones policiales y del Ejército,

que decían, porque solamente lo decían: apoyar la Revolución de

Abril, pues inmediatamente se cambiaron y ya comenzó a ponérsele

muy estrecho a uno el ambiente en el pueblo; entonces ella

me dijo: voy a Santiago, no sé qué cosa. Pasó por aquí otra vez,

cuando llego yo no pude regresar con ella, pero al otro día vine

para la capital, eso fue… a finales de junio, que ya había pasado

más de un mes que había empezado la Guerra. Inmediatamente

llegué, me incorporé, hice contacto con los compañeros: «¡Tú

eres terca, te dijimos que te quedaras allá!». Pero que va, entonces

los primeros días de la Guerra me quedé en la 30 de Marzo [con]

unas personas que eran de la Vega y habían muchos compañeros

combatientes que vivían ahí, era el Hotel República, de unos

veganos que estaban todos muy involucrados, creo que hay una

clínica ahora, al lado de la telefónica.

Jesús Díaz (JD): ¿En la 30 de Marzo?

MC: Sí, sí.

JD: ¿Dos veces nada más fue a la Victoria?

MC: A la Victoria, sí, otra tarea que me encomendaron en una,

ya después que se había hecho la división, la ruta que hicieron los

norteamericanos para dividir la Zona Norte de Ciudad Nueva…

JD: El cordón, sí.

MC: El «cordón de seguridad», que hicieron ellos para proteger

a la gente de San Isidro y que masacraran, y que era su «operación

chapeo», limpieza y todo eso. Me mandaron en una ocasión a pasar

las líneas, también a entrevistarme a una reunión y a llevarle

algo a unos compañeros en la parte alta. Fui con una compañera

–mandaron dos personas–, dejaban pasar a uno los americanos;

miraban, chequeaban, pero uno en ese momento iba con una

actitud frívola, de que una carajita que entra y sale, que no está

en nada. Creíamos nosotros que podíamos engañarlos, no sé si

los engañábamos; pero podíamos cumplir. Pude cumplir con la

misión que me mandaron, eso fue una sola vez.

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 661

Luego ya las cosas se complicaron más, no salíamos más, no

nos permitían salir de la Zona porque ya comenzó a ponerse muy

arriesgado, y ya conocían, ya ellos tenían nota, tenían el listado de

las personas que estábamos ahí; su inteligencia comenzó a… Entonces

no nos dejaban salir, y comenzó la actividad en la Clínica,

en la Academia, hasta el final, cuando un 3 de septiembre volvimos

a nuestro pueblo, derrotados militarmente pero con la moral muy

en alto y con la condición de que los pueblos nunca son derrotados.

Además nos sentamos en la mesa de condensación, tuvieron que

pactar y aunque a medias, pero eso fue…, no nos sacaron como

ellos hubieran querido: corriendo y ellos detrás tirándonos. Así no

salimos de la Zona intramuros, salimos con dignidad.

…Entonces de ahí participaba en todas las cosas, en las reuniones.

No recuerdo bien si había empezado la Academia –creo que

todavía no había empezado– pero se hacían reuniones. Comenzaron

a darle nociones a uno, principalmente en esos primeros

días, como yo no estaba quemada todavía, parecía que yo llegué

de visita; me dieron una misión de ir a la Victoria. Habían algunos

compañeros que habían caído preso desde el principio, entre

ellos: Antonio Mirabal10, que era del Comité Provincial de La Vega,

de la dirección de la Vega. Entonces me dijeron: «Bueno, como

tú eres de la Vega te vamos a mandar a hablar con Antonio», me

explican todo, «también hay que llevarle algunas cosas, un poco

difícil porque te van a revisar mucho, pero tienes que ingeniártela

para llevárselas, algunos documentos, y tú dices que eres familia

de él, porque son de La Vega».

Y entonces recuerdo que en las compras, éste es una anécdota,

en las compras que le llevábamos, recuerdo que preparamos en

la casa de Fiume Gómez las cajitas de avena con mucho cuidado;

la abríamos por debajo, con todo el cuidado del mundo –una

obra artística– entrábamos los documentos y volvíamos a cerrarlo

10 Del frente guerrillero Juan De Dios Ventura Simó que operó en las Lomas

de Bonao-Ocoa en diciembre de 1963, junto con Hipólito Rodríguez

(Polo) Comandante del frente.

662 Pedro De

con mucho cuidado, y solamente poníamos la caja mitad o tres

cuartos de avena – y así yo me recuerdo de lo de la avena–; pero

habían diferentes técnicas, y yo llevaba y alguna otra compañera.

Me recuerdo que la primera vez que fui fue otra compañera conmigo,

que se llamaba Chiri, recuerdo un apellido raro. Chiri y yo

nos mandaron a mí con la misión de hablar y enfrentarme con Antonio

Mirabal y a ella con Luís Genao que resultó ser un traidor...

Y hay una anécdota, que no recuerdo si en ese viaje –porque

yo volví–, fui dos veces, porque no mandaban a la misma personas

muchas veces, creo que la segunda vez que voy, ya cuando

estoy en la fila hay unos muchachitos que siempre ayudan con

las compras; se te ponen ahí para que uno le de 5 centavos –en

esa época–, 10 centavos. Entonces hay un niño que me coge la

compra para montarla en una carretillita para entrarla, y adentro

la revisaba la policía en la puerta y la revisaban otra vez adentro

y a uno también, una revisión, bueno, bien minuciosa; y el niño

llega y coge una lata de avena y le dice a otro que también está en

eso: «Ay oye, no e’ avena na’», yo hice así y reaccioné muy rápido

y dije: «¡Agente, agente!, sáqueme estos niños de aquí que me van

dañar mi compra, con tanto sacrificio que uno viene aquí a traerle

esto a sus presos y esos muchachos me van a romper esas cosas.

Quíteme estos niños de aquí, ayúdeme agente, hágame el favor,

ayúdeme usted mismo», entonces: «Sí, sí, sí, cómo no señorita»,

y el agente vino y: «quítense de ahí» y cogió el agente la caja que

tenía el niño y todas las cosas: «Yo la ayudo señorita», y yo seguí

del lado de él con mucha tranquilidad aparente, cuando revisaron

no miraba, para no… sino que estaba muy… mirando para el otro

lado, para disimular los nervios. Y nada, ellos revisaron todo y no

encontraron nada.

JD: No pasó nada.

MC: Sí.

JD: ¿Y qué tipo de documentos le llevaban?

MC: Bueno, no sé, mandaban documentos, no sé lo que decían,

y otras cosas que había que decírselas. Y llevamos los documentos

más pequeños escritos en letritas chiquitas, eso más bien era casi

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 663

en la boca, como si fuera chicle envuelto en un plástico, pero ya

las cosas más grandes se llevaban ahí.

JD: ¿Cómo era que usted nos decía, quitaban…? ¿Por qué no se

perdía parte del material al romper la caja?

MC: No, no, no, porque eso era pegado, se entraba y se volvía y

se arreglaba, eso era una obra de artista, yo no participaba porque

el trabajo estaba muy dividido. Yo no participaba en los arreglos,

sí veía, porque como lo iba a llevar tenía que ver y saber en cuál

estaban.

JD: ¿Y qué otras formas utilizaban para pasar documentos,

cualquier otro mecanismo de esos?

MC: Bueno, yo ése era el que conocía, en los alimentos y en la

boca, como le digo, Porque en el cuerpo era imposible, porque le

quitaban la ropa a uno.

JD: ¿Era difícil, eh?

MC: Sí, aunque habían mujeres que lo llevaban en el cuerpo,

siempre hay personas, en esos momentos uno se arriesga, yo nunca

lo llevé en el cuerpo, pero habían personas que lo llevaban.

Entrenamientos en la Academia

JD: ¿Usted dice que participó en los entrenamientos?

MC: Sí, eso era todas las tardes un ritual, entrenamientos de

arme y desarme…Elaboración de explosivo, no solo elaboración,

sino cómo manejarlo, eso era Piky, que nos daba esa clase de explosivos,

arme y desarme.

JD: ¿Quién le daba arme y desarme?

MC: Bueno, al grupo mío, Teresa Espaillat y también un compañero

que se llamaba Yuri –no sé si está vivo–, ellos dos, Yuri y

Teresa. También ejercicio físico –no recuerdo el entrenador que

me tocaba, pero era un hombre–, trepar por escalera de soga, pasar

alambrada, ranear, mucho ejercicio físico, correr, correr con

un fusil, vacío nos lo ponían, a veces de madera [risas], porque

en realidad hacíamos la práctica, pero la mayoría que estábamos

ahí, raras excepciones, no usamos armas nunca.


JD: Otra de las misiones que usted tuvo; trabajar en la Clínica

¿Y cómo fue eso?

MC: Bueno, este…, ya le digo, en esas clínicas era un trabajo

muy fuerte, porque habían muchos compañeros que habían sido

heridos –que estaban en tratamiento–, que llevaban un tratamiento

ambulatorio; tenían que ir a inyectarse los antibióticos,

vitaminas, porque se conseguían vitaminas y como la comida

escaseaba, pues a los combatientes se le ponía vitamina. Iban

personas enfermas, todo, una clínica.

Y por la mañana –a esta hora– eso era una fila, porque era muy

pequeña y la entradita de la clínica es pequeña, y eso no se entendía

ahí, esos hombres iban con sus fusiles, algunos de manera

muy ruda: «Póngase esa inyección bien, que si no te pego un tiro».

Porque ya la gente estaba…, en la Guerra participó fue el pueblo

y ya habían personas en esos meses, principalmente ya a partir

de agosto, a finales de julio, que estaban desmoralizadas y la conducta

se estaba descomponiendo. Y por eso entonces venían las

reuniones de noche, para la charla sobre la moral, sobre la ética,

para mantener los actos culturales que se hacían con los artistas

que estaban ahí, pues todo eso ayudó a mantener la moral. Pero

siempre había personas rudas y de toda clase que participaron y

que tuvieron papel importantísimo, ¿verdad?, que sin ellos no se

hubiera podido lograr las cosas que se lograron, y esa epopeya

fuera de la magnitud que fue, el pueblo, ¿verdad? Entonces, pues

teníamos que ponerle inyecciones a esos combatientes…

Esa clínica estaba dirigida por el doctor Eduardo Segura y José

Bautista. José Bautista11 (Javier) era un combatiente…fue un guerrillero,

era catorcista; y había un grupo de médicos ahí, también

del PCD (Partido Comunista Dominicano), donde estaba Malté

Durán, como yo le decía. Yo trabajaba en el consultorio de Malté

Durán, él me enseñó a poner inyecciones, a curar, a cambiar venda,

ese tipo de cosas.

11 Del frente guerrillero Francisco del Rosario Sánchez que operó en las

lomas de Enriquillo a finales de 1963.

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 665

Estaba también la compañera Rochi (Mireya Batista), que

era enfermera, estaba ahí junto con Bautista y Segura dirigiendo

todo, y se hacía un trabajo, eran pocas las clínicas que había aquí

abajo; estaba el Padre Billini, que era grande, ¿verdad?, está la Abel

González, que se quedaron dando el servicio, y estaba la Clínica

San Luis, ésa que yo le digo, que estaba en la Padre Billini con Estrelleta,

no recuerdo si habían otras más pero recuerdo esas tres.

Y entonces a las compañeras del 14 nos dividieron entre la San

Luis y la Abel González, porque en el Padre Billini eran más bien

gentes del PRD que estaban. Yo nunca fui al Padre Billini, pero por

ejemplo, Emma Tavárez estaba en la Abel González, yo estaba en

la San Luis.

JD: ¿Qué cantidad de gente fluía diariamente a la Clínica?

MC: Bueno, [risas] yo nunca la conté, pero era mucha gente,

era mucha. Yo le digo, quizás, uno lo veía [de esta forma] más

por lo estrecho que era el espacio. Ese edificio está ahí todavía,

es un edificio estrecho... Y entonces el espacio de la entrada era

estrecho, pero la fila era hasta la calle, por la calzada. Por ejemplo,

cuando yo tenía que inyectar eran filas de más de veinte y siempre

estábamos una compañera y yo en eso, y uno pasaba ahí la

mañana, y después para curar gentes también eran muchas, así,

se ponían así mismo.

JD: ¿Llevaban heridos también?

MC: Sí, llevaban heridos.

JD: ¿Y usted aprendió, dice, allá mismo?

MC: Sí, sí el doctor Malté y una enfermera –que no recuerdo

quién era– me enseñaron a esas cosas: a curar, a poner inyecciones,

a cambiar venda.

JD: ¿Eso fue una decisión del Partido?

MC: Del Partido, sí, de involucrarnos para que no estuviéramos

sin hacer nada por la mañana. Habían otras compañeras que

tenían que involucrarse con la tarea de la comida, que cocinar

[risas].

JD: ¿En la clínica?

MC: Bueno, en la clínica, las mandaban a diferentes sitios, los

666 Pedro De León C.

comandos, otros tenían que hacer limpiezas. A mí me tocó una

vez limpiar el baño de donde estábamos, una sola vez, porque

como siempre tenía que estar en la clínica, en la tarde ese tipo

de cosas no me tocaban. Nos asignaban diferentes tareas, nadie

estaba ocioso, todo el mundo sabía lo que tenía que hacer.

JD: ¿Quién se lo asignaba?

MC: El partido.

JD: ¿Pero cada día o había alguien?

MC: No, no, cada día no, [para] eso ya nos reuníamos y cada

uno sabía su tarea desde el primer día. Lo mandaban a un comando

y normas de conducta y todo, y en cada lugar donde

estábamos había personas responsables de la casa. Por ejemplo,

cuando estábamos en la casa, ahí frente a la bomba que yo le

digo, ahí estaba Ivelisse Acevedo, que era una dirigente Nacional,

y todas las mujeres que estábamos ahí éramos toditas militantes

catorcistas, aunque algunas no eran militantes, eran simpatizantes,

pero allegadas. Por ejemplo, esta Fifí, no era militante pero

era simpatizante, estaba ahí. Había otra que se encargaba de la

cocina, que era simpatizante. Pero la mayoría que estábamos ahí;

Sagrada Bujosa, Emma Tavárez, yo, Sonia Vargas, Chiry –que no

recuerdo el apellido–, bueno, ese grupo éramos todas militantes.

Después nos trasladaron con los hombres al comando Santa

Clara, era un bastión del 14 de Junio, y ahí estaba Aniana y el compañero

al mando de eso, el compañero…, cómo se llamaba…,

Roberto Duvergé, que era el que estaba al mando ahí, y entonces

ahí pues ya estábamos juntos. No teníamos que trasladarnos a las

reuniones políticas, se hacía todo ahí.

Y cuando nos mandaron a Santa Clara ya fue la época en que

se estaba preparando la retirada. Entonces sacaron a las personas

que no eran militantes y les dijeron que se fueran a su pueblo, porque

el 14 no quería tener responsabilidad con esas personas que

no eran militantes, o que se fueran donde algún familiar, además

la comida y todas las cosas estaban escaseando, y desbaratamos,

¿verdad?, la casa de la Independencia y otras casas, y nos concentraron

en lugares, en comandos. Ya el 14 de Junio concentró sus

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 667

cuadros tanto femenino como masculino en Santa Clara, ahí al

lado de la Fortaleza Ozama, y ya se estaba preparando la retirada

¿verdad? Ya estando ahí se hizo la clausura de la Academia y

todos los preparativos, ya eran reuniones de otro tipo: preparando,

discutiendo cómo íbamos a reestructurar las direcciones del

partido, porque ya a partir de ahí fue otra cosa, ya era otro 14 de

Junio ¿verdad? Y entonces todas las responsabilidades nuevas que

nos esperaban y todo eso, ya se tornaron las cosas más políticas,

ya los militares pasaron a un segundo plano y los políticos pues

comenzó a…

JD: ¿Sacaron armas?

MC: Sí, sacamos armas en esa misma caravana que iba a ser

muy revisada, ahí mismo sacamos armas. Yo recuerdo que regresé

en un vehículo que iba manejado por un tío mío, Orlando Concepción,

que vive en Nueva York, y ese vehículo llevaba armas en

las puertas, no recuerdo que tipo de vehículo era, no recuerdo,

pero el vehículo era verde. Mi tío, que era vendedor y eso, antes,

y tenía como el vehículo, no sé si de la compañía o de él, y en

ese vehículo sacamos armas y nos hicieron todos los registros del

mundo…

Testimonio de Elvira Grecia Johnson Ortiz12

Llevaba gasolina a los combatientes en la Zona

Constitucionalista, Santo Domingo, 1965

Ponssy Alexis Javier (PA): Todavía en la Revolución de Abril,

usted nos contaba ahorita que usted tenía como una especie de

misión.

Elvira Grecia Johnson Ortiz (EJ): Ah, llevar gasolina allá abajo.

PA: ¿Esa misión, quién le da esa orden? ¿Quién le asigna esa

tarea?

12 Entrevistada en Santo Domingo (AGN) el 10 de enero de 2007.

668 Pedro De León C.

EJ: Yo.

PA: ¿Usted misma?

EJ: Sí, porque yo decía: «Hay que cooperar con esto, estas

gentes están en algo bueno, estas gentes quieren salvarnos, estas

gentes quieren destruir todo el daño que ha hecho otra gente», sí,

yo. Y yo me impuse la tarea de llevar, porque yo no podía cooperar

con otra cosa, yo me impuse la tarea; no podía llevar comida,

no podía cocinar ¿Qué es lo que yo podía hacer?, no podía ir allá

abajo corriendo a coger un fusil, porque yo no soy… que yo no

tengo madera de coger un fusil, como otras personas. Piky Lora,

ésa cogió su fusil, yo no. No, no me siento pa' coger un fusil.

Ahora, yo sí, yo ayudo en todo lo que sea, en lo que yo pueda, ¿tú

entiendes? Yo sé lo que podía hacer; ¿dar gasolina? claro, ésa era

mi cooperación, Independencia ahí por el frente de la Clínica…

Abel González no, la Clínica que está por ahí, ¿cómo se llama?, la

Doctor… ahí mismo estaba el Palacio de Justicia, ahí mismo, por

el Parque Eugenio María de Hostos. Yo ahí era que llevaba gasolina,

y muchas veces que de ahí me devolvía.

Yo quería mucho a uno que le decían «Cibao», que lo mataron

ahí en esa esquina, muy buen muchachito para mí, no sé, muy

cabeza caliente, «Cibao».

Muy buena relación tuve yo con Oscar Santana, muy buena

relación, yo lo quería muchísimo a Oscar Santana; lloré mucho

cuando lo mataron. Pero ya es como te digo, ya mi hermano estaba

deportado, ya yo lo que hacía era que llevaba mi gasolina,

que era lo que yo podía, capacitada para hacer, llevar gasolina.

Ambiente en la Zona Constitucionalista, Santo Domingo, 1965

PA: ¿Cómo transcurrían los días, la cotidianidad, lo que ustedes

percibían, ya ahí en la Zona Constitucionalista, cuando usted iba,

llevaba la gasolina y veía el ambiente? ¿Qué usted veía?

EJ: Un ambiente efectivo de triunfo, efectivo de triunfo. Todo

el mundo creía en Caamaño, creían que él iba a ser el vencedor

–todo el mundo–, hasta yo creía. Él tenía muchas gentes que lo

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 669

rodeaban, que a mi entender eran personas sanas, que podían

hacer algo, pero, volvemos a decir nos equivocamos. La razón,

¿cómo es que se dice? ¿Ayúdame a equivocarme todos los días un

chin más?

PA: Aunque usted no haya participado directamente, pero ¿Podría

narrarnos aquí momentos de combate, lo que usted escuchaba?

EJ: Los aviones, los aviones disparando y un barco que disparó.

Eso sí yo lo vi eh. Y los aviones cuando…, principalmente cuando

los aviones estaban tirando, los P-51; uno los veía, uno veía

los P-51. Y como te digo, yo no sé si sería muy largo o muy corto,

–porque yo eso, o sea–, pero yo sí tengo entendido que hubo un

barco que tiró unos cuantos cañonazos para el Palacio Nacional.

Yo me recuerdo, en la calle Sánchez, que mataron la hija de un

médico que corrió del patio a delante y los aviones tiraron y la

mataron, una muchachita jovencita.

PA: ¿Y qué usted sentía cuando usted veía eso?

EJ: Impotencia, impotencia. Insistía en que creía que podíamos

ganar, y cada vez que uno oía, decía: «¡Que los están sacando, que

los están sacando!». Mira, por ejemplo, cuando la batalla del Puente

Duarte, por lo menos todo el mundo creía que la Revolución estaba

triunfando, porque era que los iban alejando, alejando, alejando.

Por ejemplo, en la Fortaleza Ozama, ahí salió todo el mundo huyendo,

a nado, y cruzaron el río a nado. Entonces uno creía que esto

era triunfo realmente, en todo momento yo creía que la Revolución

iba a Triunfar. Yo creía que íbamos a tener por muchos años [se ríe]

a Juan Bosch presidente, por muchos años, sinceramente, porque

ese fue un presidente muy demócrata y muy abierto.

PA: ¿Entonces, sucedían los días, usted veía que en algún momento

ya mermaba o mermó ese dinamismo o siempre se mantuvo?

EJ: Se mantuvo. Por ejemplo, eso era como diferente, por ejemplo

tú caminabas el Conde y había un triunfalismo; en Ciudad

Colonial, tú veías ahí a Caamaño –al otro Caamaño–, a Claudio,

tú veías todas esas gentes y tú tenías la esperanza de que sí, yo en

ningún momento la perdí, yo la perdí ya en septiembre, en agosto,

cuando ya firmaron y todo eso. Y nunca pensé tampoco que

670 Pedro De León C.

los iban a sacar de aquí, porque aquí sacaron a todas las gentes de

la Revolución, los sacaron, todos, uno nunca se imaginó que eso

iba a suceder, pero quizás nosotros fuimos los equivocados.

Testimonio de Gisela Antonia Mercedes13

Ataque en el Puente

Pedro De León C. (PDL): ¿Y sobre el famoso ataque al Puente?

Gisela Antonia Mercedes (GAM): En el Puente, ahí se pegaban

los tanques, ¿verdad? Y lo que nos sucedió fue que metieron

también los aviones, y había un desastre que tú no sabías de

dónde era un brazo, de dónde era una cabeza, de dónde era un

pie, porque ahí se acabó con todo el que fue; todo el que cogió

para ahí los aviones lo bombardearon, porque no se esperaba,

fue que engañaron a uno, ¿usted lo sabía? El general engañó a

uno, porque lo que estábamos esperando eran los tanques, y no

fue con tanque, eso fue aviones y dijo que si su mamá iba, a su

mamá bombardeaba, dijo él, eso está escrito, eso está escrito en

la historia.

PDL: ¿En qué parte estaba usted en ese momento?

GAM: Cuando se declaró eso yo estaba en la Jacinto de la Concha,

y cuando íbamos a coger para allá nos paró Payillo, y dice:

«¡No sigan, que van a acabar con todo el mundo, no sigan!», y nos

retrocedió, para atrás, y la gente desesperada así, y tú ves que paraban

los carros y seguían corriendo, y yo dije: «¡Pero hay que ir a

verlo porque nos vamos a morir aquí!» «¡No sigan, no sigan, que

están los aviones!», dijo. Y nos devolvimos un grupo, porque era

un grupo que íbamos para ahí.

PDL: ¿Y los heridos?

GAM: No, ahí no se salvó nadie –ahí se murió todo el mundo–,

se regó gasolina y le pegaron fuego, porque es que nada más ha-

13 Entrevistada el 3 de marzo de 2007 en El Seibo.

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 671

bía muertos. Ahí se quemaron gentes que eso fue lo último, era

un bajo que duró siglo; porque, ¿a dónde lo enterraban?, no había

dónde enterrarlos, nadie podía buscar un cadáver dizque: ahí me

mataron un hermano, lo que había era que quemarlo para que

no se lo comieran los perros, y perros habían pocos porque con

ese bombardeo y todas esas cosas que hubo… Y después cuando

metieron toda esa trinchera que ya tú sabes que cuando metieron

esa trinchera, fue que se fue calmando dizque un poquito la cosa,

pero eso estaba al rojo vivo, al rojo vivo.

El día a día en la Revolución

PDL: Cuéntenos, para imaginarnos un día en la Revolución, el

día a día ¿Cómo era un día suyo en medio de la Guerra de Abril?

GAM: No, un día movido, porque ahí no se podía dormir, movido,

y si había que hacer una misión: ¡hay que ir a tal calle, hay que

esto!, había que estar pendiente todo el tiempo, activo.

PDL: En cualquier momento se daban esas misiones, de día o de

noche, a cualquier hora.

GAM: A cualquier hora, ahí no había horario, en la revolución

no había horario, usted tiene que estar en guardia todo el tiempo,

todo el tiempo tiene que estar en guardia, porque es que uno no

puede dormir.

La comida

PDL: ¿Y la comida cómo era?

GAM: Cocinábamos, yo también era de las que cocinaba, lo

que apareciera cocinábamos; pero nunca pasamos hambre ahí

porque en ese comando, Montes Arache siempre llevaba saco

de arroz, saco de esto…, igual que en los otros comandos, no se

pasaba hambre porque los jefes de llevaban; entonces las mujeres

cocinábamos, cualquiera, no había dizque: ¡mira, tú tienes que ir

a cocinar para San Carlos!...

672 Pedro De León C.

Seducían a los yanquis y los llevaban a callejones para

quitarles los vehículos y las armas

PDL: ¿Usted y la otra mujer los invitaban, los seducían?

GAM: Y Freddy, ahí parado.

PDL: ¿Un solo hombre los acompañaba?

GAM: Un solo hombre, pero competía tú sabes con cuántos,

con 5 hombres. Ese hombre es mentado, ese hombre salió en revista,

él trabajaba en Radio Santo Domingo.

PDL: ¿Y cómo cuantas misiones de estas ustedes hicieron?

GAM: Bueno, duramos mucho en ésa.

PDL: ¿A Principio de la revolución se orquestó ese plan?

GAM: No, ese plan estaba ya orquestado para cuando lo planificáramos

bien.

PDL: ¿Y como cuántas bajas ustedes le hicieron a los contrarios?

GAM: Mira muchacho, nosotros conseguimos más de 20 Jeep.

Porque salíamos tres, pero había sitios donde estaban pendientes

para cuando bajáramos con los Jeep, eso no era ni Freddy, ni María,

ni yo.

PDL: ¿Y para qué lugar ustedes los llevaban?

GAM: Los metíamos para los callejones.

PDL: ¿Participaron mujeres ahí?

GAM: Participamos dos mujeres, La Ñiñí y yo, porque las otras

estaban para otra misión, es que nos mandaban por grupo. [Había]

veces que iba una mujer e iban dos hombres, y así, porque no

podíamos aglomerarnos todas.

PDL: ¿Y tenían armas ustedes?

GAM: No, lo que teníamos eran pistolas. A nosotras no nos

daban ametralladoras, a algunas [nos daban] revólveres

Participación de la mujer en la Guerra de Abril de 1965 673

Testimonio de Ana Joaquina Viñel Taveras (La China)14

Integración al movimiento armado de Abril de 1965

Ángel Encarnación (AE): Esta entrevista es con Ana Joaquina

Viñel Taveras, mejor conocida como La China, combatiente civil en

la Guerra de Abril y militante popular. China, háblame un poquito

de tu vida de juventud y de tu pueblo de donde provienes.

Ana Viñel (AV): Yo soy de Valverde, Mao. Para la Revolución

ya yo estaba viviendo aquí, estaba celebrando el cumpleaños de

Miguelón, Miguel Ángel Corporán... iba pasando un grupo por mi

casa, con palo, con piedras, nosotros lo seguimos a ellos, lo seguimos

para el puente, en el puente comenzamos la batalla y luego

nos desprendimos del puente y salimos hacia fuera. Teníamos el

comando en la Once (11) esquina Juana Saltitopa, ahí Miguelón

era que entrenaba a los muchachos, ahí comenzamos haciendo

servicio de noche, de día, luego cuando los tanques empezaron

a entrar por la Máximo Gómez , iban para la Diecisiete (17) con

Juana Saltitopa, nosotros estábamos en el Comando de la Juana

Saltitopa con Once (11), ahí nos fuimos bajando, nos mataron un

compañero llamado Juancito, hijo del señor Juan, un señor que

hacia latas ahí en la Trece (13), luego cuando comenzaron los tanques

nosotros fuimos bajando, le dijimos a Juancito: «No te quede

ahí». No, yo le hago frente de aquí, de una mata, dijo

Pero, ¿qué sucede?, que él se quedó en la mata y ahí fue que lo

mataron, lo tumbaron, el tanque, porque nosotros lo que teníamos

era fusil. Luego Miguelón vino y se emplazó ahí en el Aeropuerto

de la Leopoldo Navarro, ahí estaba él con un tanque apuntando

para la emisora Santo Domingo, luego de ahí, él dejó eso. Cuando

comenzaron a atacarnos por la Juana Saltitopa nos fuimos bajando

hacia Radio Guarachita, nos estacionamos en el comando,

debajo de Radio Guarachita y ahí nos juntamos todos...

AE: ¿Cómo se llamaba ese Comando?

AV: No sé si era el Pichirilo. Luego de ahí yo pasaba las granadas,

las llevaba al campo de caña de San Luís; pero cuando me

descubrieron yo le hice un zigzag a los gringos y me le fui por

abajo, salí por Villa Mella, al salir al Cruce de Boca Chica, seguí

para San Pedro, pero bien no había llegado a San Pedro cuando ya

me estaban esperando para matarme, nos fuimos de San Pedro

a Santa Fe. Cuando llegamos a Santa Fe, nos dicen ahí mismo:

problema, que nos estaban esperando para matarnos, luego de

ahí nos fuimos a San Pedro de Macorís, cuando me dicen: «Mis

hijos, váyanse de aquí, que los van a matar, los están buscando

para matarlos»; nos tiramos al campo de caña, en el campo de

caña duramos tres meses yo y Miguelón, a los tres meses salimos;

pero que cuando salimos, a él lo buscaban como quiera

para matarlo, él tuvo que irse para los Estados Unidos, llegó a

Estados Unidos, vino operado del corazón con un marcapaso y

aquí murió.

AE: ¿En qué comando usted desarrolló sus labores?

AV: En la Juana Saltitopa esquina 11 con el entrenador

Miguelón, Miguel Ángel Corporán.

AE: ¿Cuál fue su primera prueba de fuego, su primer enfrentamiento

armado en el movimiento?

AV: En la Juana Saltitopa con Federico Velásquez, ahí marchamos,

el pueblo.

AE: ¿Y en la batalla del Puente? ¿Usted estuvo ahí?

AV: Sí, ahí fue que comenzó la batalla.

AE: ¿Como usted describiría la batalla del Puente?

AV: Bueno, mire, ya yo ni me quiero acordar [de] eso, no fue

fácil, después que un señor, que era militar, me encontré con él en

la Duarte con 13, y él me dijo: «¿Tú estás aquí?» Estoy en esto, dije.







Nos siguió, pero él estaba en la Normal era, estacionado.



6 Entrevista realizada el 20 de marzo de 2007 en Santo Domingo. (AGN)


14 Entrevistada en Santo Domingo en el 2005

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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