martes, 8 de noviembre de 2011

Apuntes sobre desobediencia civil

Por MILLIZEN URIBE

En una sociedad más mecánica que racional las palabras vienen y van y muy pocos se detienen, en esta prisa postmoderna, a pensar y a analizar. Producto de esto hay términos  desacreditados sobre los que se ciernen las cortinas más densas de la ignorancia. Desobediencia civil es uno de ellos y su uso. A su alrededor hay toda una carga negativa y la percepción popular dista mucho de su significado real.
Para llegar a la esencia de este término, debemos viajar al pasado ya que la misma fue dada y construida a fuerza de acción y teoría por el escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau, quien en 1846 se negó a pagar impuestos  al gobierno americano debido a su oposición a la guerra contra México y a la esclavitud en Estados Unidos. Producto de esta actitud fue encarcelado y de sus reflexiones y experiencia sobre este hecho escribió el tratado "La desobediencia civil", un texto  pionero en proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia.
Es justo en este tratado donde podemos encontrar, sin llamarnos a engaño, la concepción original de la desobediencia civil, que según Thoreau es "el derecho a negarse a la obediencia y poner resistencia al gobierno cuando éste es tirano o su ineficiencia es mayor e insoportable."
Agrega que ante la existencia de leyes injustas impuestas por gobiernos que no gobiernan de forma justa los ciudadanos justos están en el deber y en el derecho de  incumplirlas porque son injustas.
Más adelante, la conceptualización en torno a la desobediencia civil fue ampliándose y enriqueciéndose. Sobre el objetivo de esta práctica Hannah Arendt (1973), una influyente filósofa política alemana de origen judío, explicó que la desobediencia civil implica una quiebra consciente de la legalidad vigente, no con la finalidad  de incumplir a modo personal un deber general de todos los ciudadanos, sino de suplantar la norma transgredida por otra que es postulada como más acorde con los intereses generales.
En tanto que sobre su validez  el filósofo Hugo A. Bedau (1991) explicó que  la desobediencia civil recoge en sentido amplio aquellas formas de insumisión que, no obstante ilícitas, guardan lealtad constitucional.
No obstante la conceptualización, los mitos en torno a la desobediencia civil abundan. Muchos creen que es una práctica egoísta y violenta. ¡Nada más falso! Es el mismo Bedau quien intentando clarificar lo que la desobediencia civil es realmente, con independencia de su justificación ética o política, sostiene que: Alguien comete un acto de desobediencia civil, si y sólo si, sus actos son públicos, no violentos, conscientes, realizados con la intención de frustrar leyes, programas o decisiones de gobiernos, porque se entienden injustos.
Sin embargo, en el marco de una sociedad mecánica, donde el objetivo es que los ciudadanos obedezcan porque sí, la práctica de la desobediencia civil ha sido desacreditada y distanciada del público a tal punto que el pueblo rehúye de ella, le teme, renuncia a este derecho y de generación en generación se van traspasando un único mensaje: "La ley es inviolable" y "Debemos cumplir la ley", pero ningunos o muy pocos se preguntan ¿Cumplen nuestro soberanos la ley? O ¿Qué hacemos entonces si los que elegimos para hacer cumplir la ley son los primeros en violarla? ¿Esperamos pacientemente unos cuatro años?
Un vivo y reciente ejemplo de los efectos del descrédito y desconocimiento de la práctica de desobediencia civil lo encontramos en el contexto dominicano con la ocupación a la Escuela República de Argentina por un grupo de jóvenes llamados lxs libertaris.
La ocupación fue hecha en el marco de la conmemoración del 167 aniversario de la Constitución de la República Dominicana, y de acuerdo a su manifiesto, decidieron  hacer una toma pacífica y simbólica con el objetivo de llamar la atención de los y las dominicanas, de denunciar el sistema de ilegalidad que se impone desde el Estado, la inseguridad jurídica, la crisis de representatividad y la violación de los derechos consagrados en la Constitución.
Asimismo, requerían del Estado dominicano el cumplimiento en lo inmediato del artículo No. 197 de la Ley General de Educación 66-97 que otorga al sector el 4% del PIB o el 16% del presupuesto nacional, y abogaban por la mejoría de la calidad educativa soportado en la dignificación del oficio docente, su profesionalización y mejores condiciones salariales.
Finalmente, exigían  el acondicionamiento de este plantel educativo, que por más de una década ha estado esperando la promesa de los arreglos por parte del Ministerio de Educación. Mientras tanto alrededor de 800 estudiantes de niveles medio y de básica toman clases en condiciones físicas deplorables.
Si consideramos la naturaleza pacífica de esta ocupación, la toma de la escuela y la demanda de que el actual presupuesto de educación sea sustituido por uno más justo, entenderíamos que este acto cumplía con algunos de los rasgos esenciales de la desobediencia civil.
Es entonces cuando llama la atención la respuesta de algunos sectores de la población dominicana, en muchos casos los reaccionarios, interesados y acomodados de siempre. El miedo, la contra información fueron los elementos centrales y de nuevo la mecánica sentencia: "No podemos violar la ley".
Es ante esta situación que hemos de plantearnos lo siguiente: La lucha por el 4% para educación agotó todas las medidas pacifistas y de concienciación. Durante muchos meses la población se movilizó, se vistió de amarillo, portó sombrillas y dialogó acerca de la importancia de que la educación reciba la partida presupuestaria que según la ley le corresponde. ¿Cuál fue la respuesta? ¡La ignorancia total por parte de un Congreso que vergonzosamente violó la voluntad popular de quienes le eligieron!
Fue así como algunos de los demandantes del 4% para educación llevaron la lucha a otro estadio, ocuparon la escuela y en cuestión de horas lograron que al menos una demanda, la remodelación de la Escuela República Argentina, sea inmediatamente acatada.
¿Lecciones aprehendidas? Están muy claras. Están las vías de hecho y las vías de derecho. Cuando se agotan las de derecho existe el recurso de las de hecho.
También quedan preguntas sobre la mesa: ¿Por qué a muchas personas le  molesta y le preocupa  tanto la desobediencia civil de estos jóvenes y son totalmente indiferentes  a la desobediencia constitucional de los funcionarios dominicanos?
Más de este hecho una pregunta obtiene una contundente respuesta: ¿Qué nos queda a los jóvenes? ¡Es el mismo Benedetti quien responde!  Nos queda no decir amén, no dejar que nos maten el amor. Recuperar el habla y la utopía. Inventar paz, así sea a ponchazos.

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MILLIZEN URIBE

Periodista

Sobre mí

Estudió periodismo en la UASD. Locutora. Activista social. Militó en Juventud Rebelde. Actualmente es miembra fundadora del grupo juvenil Forjando Patria. Miembra del Comité por la Unidad y la Defensa de los Derechos de la Mujer (CUDEM). Miembra del Colectivo Latinoamericano de Jóvenes. De ideología liberal y humanista, aboga por un mundo equitativo a nivel económico, social y político. Fue fundadora del segmento juvenil Voces Nuevas de Uno + Uno, que se transmite los viernes en Teleantillas canal 2. Actualmente cursa una maestría en España.

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