lunes, 14 de noviembre de 2011

Una historia para enseñar

Por Paulo Menotti.- La historiadora Laura Benadiba reflexiona y cuenta cómo se puede aplicar la historia oral como una buena herramienta en el aprendizaje mediante talleres en los que los chicos toman un rol protagónico.

En los últimos tiempos la palabra memoria refleja el interés por conocer hechos y procesos del pasado que parecían ocultos para las nuevas generaciones. Sin embargo, en un punto, el propio concepto aparece como un desafío sobre la cuestión de cómo ponerlo en práctica. ¿Qué es la memoria?, ¿por qué recordar?, y ¿qué recordar? son cuestiones de peso. Desde la antigüedad, el pasado fue transmitido de generación en generación a través de la oralidad pero el carácter científico y meramente narrativo que cobró la historia en el siglo XIX –y que logra dormir a los estudiantes– desestimó esa dinámica. La profesora e historiadora Laura Benadiba viene desarrollando talleres de historia oral tanto en Argentina como en otros países de América latina y Europa. Y en las últimas semanas lo hizo en Rosario: la Biblioteca Argentina fue escenario de su despliegue, una combinación de herramientas que despiertan en los participantes –principalmente jóvenes de la escuela media– el interés por el pasado y, como consecuencia inmediata, el rescate de la memoria con el trasfondo de la entrevista de historia oral como herramienta pedagógica. Y con esa idea los chicos que participaron del taller enfocaron el trabajo final en una entrevista a un veterano de la guerra de Malvinas.
“Yo vengo del campo de la historia y siempre me preocupó la metodología de enseñanza. Al mismo tiempo, desde esta materia, desde este campo siempre sentí que era desde donde se podían hacer más cosas para enseñar”, sostiene.
—¿Cómo y cuándo empezó a utilizar la historia oral como herramienta pedagógica?
—Cuando me recibí de profesora no me sentí conforme con la metodología con la que me decían que tenía que trabajar, porque seguía siendo la misma de siempre. No estaba de acuerdo con la postura únicamente expositiva del docente. Estuve buscando la forma de revertir ese tipo de enseñanza porque tampoco quería que los chicos me preguntaran: “¿Para qué sirve esto?”. Después me quedé trabajando en la Escuela Técnica ORT, de Buenos Aires, y ahí empecé a hacer el proyecto que tenía en mente, además porque ahí no había gente que me dijera que no se podía hacer determinada cosa. Empecé a armar mi proyecto educativo a partir de las herramientas que me ofrecía la escuela. En 1993 vi por primera vez a alguien haciendo una entrevista en historia oral. Para mi sorpresa, era un chico de 16 años quien la estaba haciendo. Entonces me di cuenta de lo que le pasaba a ese estudiante. Ese mismo año y bajo el impulso de la historiadora Dora Schwarzstein, una pionera en historia oral, se empezó a hacer el archivo de entrevistas que realizaban los estudiantes para la escuela ORT y el tema fue “la migración”. En esa escuela también hay una comunidad judía importante, así que el tema del holocausto fue un motivo de interés. Así fue que terminamos conformando un archivo, que aún hoy sigue funcionando, de entrevistas orales que ya tiene entrevistas filmadas. Cuando me incorporo a la confección del archivo, en 1996, me interesó la cuestión pedagógica de los estudiantes porque me inquietaba saber cómo hacer para que los chicos se sintieran parte del presente, que son resultado de un proceso para que puedan comprometerse con ese proceso.
—¿Cómo llegó al formato de talleres con adolescentes?
—Yo empecé a transcribir las entrevistas y a realizar una base de datos. Cuando me suman como coordinadora del proyecto en la escuela ORT empecé a armar grupos de trabajo. Hasta ese momento, del trabajo participaban solamente los chicos más grandes de la escuela, así que a partir de entonces empecé a centrarme en observar los beneficios que trae al aprendizaje la utilización de la historia oral sino también los compromisos que generaba la tarea en los estudiantes, particularmente en los más conflictivos. Había gente que se sentía que no servía para nada, en realidad para nada convencional, y en esto participaron muy bien, por lo que tuvimos muy buenos resultados. En estos momentos participan unos 140 chicos. Yo los capacito en la teoría de la historia oral y se preparan para empezar a hacer entrevistas. Incluso, muchos estudiantes que terminaron la escuela secundaria se incorporaron a la organización Otras Memorias.
—¿Qué es Otras Memorias?
—Es una organización que se dedica a realizar trabajos de historia oral a partir de sus socios en nuestro país y en el extranjero. Al trabajar con las escuelas y con la práctica, fui armando otro cuerpo teórico. Más tarde fue surgiendo la organización que es multidisciplinar, ya que aceptamos trabajos hechos a partir de otra metodología que no tiene que ser únicamente de la historia oral. Por eso también trabajamos con pintores, con actores, escultores, con periodistas porque lo que interesa es la utilización, más que la construcción, de la fuente en distintos ámbitos. Eso es lo que hace que al día de hoy seamos 600 socios y tengamos un año de existencia. Eduardo Galeano es uno de los socios honorarios. Nuestra forma de trabajo es horizontal y por eso cualquier tipo de aporte de los integrantes tiene importancia al tiempo que vamos a trabajar a barrios populares, a escuelas medias e incluso a la universidad. Ya tenemos la personería jurídica y uno de los principales socios es Osvaldo Bayer. Incluso él donó a la asociación sus entrevistas hechas cuando investigó los sucesos de la Patagonia Trágica. Con esta agrupación me di cuenta que la historia oral sirve para incluir a la gente, que es una buena herramienta para llegar a otras culturas. Ahora me voy a Junín de los Andes a trabajar con los mapuches, estuve en Tijuana haciendo un taller, ahora me estoy yendo a la Universidad Autónoma de México (Unam). A su vez, desde donde hay contactos, socios, recibimos trabajos. En la página de la asociación, www.otrasmemorias.com.ar, nosotros subimos los trabajos que hace la gente desde distintos lugares. Por eso, en cada ciudad tenemos un responsable que se encarga de coordinar los trabajos presentados. La cuestión es que se formen distintos colectivos humanos que pueden ser por lugares, como ser el de Venezuela, o por temáticas como son los militantes políticos que intentan recuperar su participación en el pasado de nuestro país. El sitio de internet tuvo repercusión porque la Asociación Internacional de Historia Oral eligió un trabajo de éstos para ponerlo en su página. Se trata de una entrevista que hicieron unos jóvenes colombianos. También en el sitio pusimos actividades para que docentes puedan trabajar con sus alumnos.
—¿Qué actividades hizo en Rosario?
—Cuando trabajo con alumnos me gusta que estén los docentes, para que puedan ver de qué manera se enganchan los estudiantes con la temática. Acá trabajamos con un ex combatiente de Malvinas que se llama Rodolfo Caminos, el autor de un video que se llama “No somos héroes”, y que brindó una entrevista a todo un grupo de estudiantes. A los chicos los capacitamos sobre historia oral y de acuerdo al tema a investigar consultamos fuentes, nos informamos. Y con todo eso después hicimos un cuestionario para el entrevistado.

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire

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