viernes, 19 de agosto de 2011

Faltan respuestas integrales para las mujeres violentadas


SEMlac
Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe
Adital
Por Mirta Rodríguez Calderón
Después de nueve años haciendo terapia a mujeres violentadas en el Núcleo de Apoyo a la Mujer de Santiago de los Caballeros, la segunda capital de República Dominicana, la psicóloga Xiomara García pasó a dirigir la Casa Modelo de Acogida, donde buscan protección mujeres de todo el país: en 18 meses han pasado por allí 87.
El hecho de que, a estas alturas del año, haya casi 150 feminicidios permite presumir que 2010 será un año terrible para las dominicanas. ¿Cómo lo ve usted?
Sí, las estadísticas superan las de años anteriores. Y hay que agregar a dominicanas asesinadas en otros países. No hay duda que será un año terrible.
¿Qué es lo más difícil al tratar con las mujeres acogidas? ¿Les persiguen hasta allí sus agresores?
Para mí ha sido una experiencia un poco frustrante, ya que me encuentro cada día con el gran obstáculo de que el sistema no tiene respuestas integrales que ofrecer a las mujeres, ni en la justicia ni en la salud.
El sistema de justicia es muy deficiente para apresar a los agresores. A partir de abril de 2009, hemos recibido casi 100 mujeres y el sistema de justicia sólo ha dado respuesta limitada a 10 por ciento de los casos. La mayoría de los agresores no son sometidos. Y hay algunos con un perfil de violencia muy alto. Otro obstáculo son las limitaciones del Estado para el sostenimiento de estos programas, que limitan la calidad de los servicios.
Se tiene la impresión, desde fuera, de que las Casas de Acogida resuelven poco, puesto que las mujeres violentadas permanecen por escaso tiempo, ¿y después qué?
En mi opinión personal, las casas de acogida constituyen una forma de privar las de sus derechos, ya que estando albergadas pierden libertad, trabajo, estudios. No obstante, en un país como el nuestro, que no tenía la experiencia en refugios, es una respuesta parcial a las situaciones que viven las mujeres que, de cierto modo, pueden salvar la vida temporalmente. En mi experiencia, en la Casa han tenido un tiempo para estar acompañadas por profesionales que les han permitido fortalecerse, trabajar su autoestima y salir con una visión diferente de su situación de violencia. Pero ellas necesitan la respuesta de otros sectores. Y el programa del refugio debe ser ampliado para ofrecer seguimiento y apoyo para su empoderamiento personal de forma integral: salud emocional, trabajo, estudio…
¿Por qué quienes trabajan con mujeres violentadas no han podido hacer valer la ley de que se entregue a las Casas de Acogida el cuatro por ciento del dinero preveniente de la incautación de armas ilegales y las multas que pagan los agresores? ¿Se conoce suficientemente esa ley?
La ley es poco conocida. Cuando se promocionó el servicio de las Casas de Acogida en las diferentes fiscalías del país, se socializaba la ley y, aún así, el personal que trabaja en justicia no la conoce. En relación con los fondos, me parece que ese cuatro por ciento se desvía para otras actividades, aunque hablo sin fundamento de prueba.
¿Qué experiencias ha tenido en la Casa de Santiago?
Se aprende mucho de las mujeres por la oportunidad de permanecer con ellas durante cierto tiempo. La mayoría de las que han estado en la Casa, después de cierto tiempo, se interesan por salir porque sienten que tienen que valerse por sí mismas. Esto rompe un poco el mito de que las mujeres se acomodarían en los refugios y se volverían dependientes. Como lo recursos son tan limitados, he confirmado la importancia del trabajo en redes: la coordinación con ONGs, centros de cuidado infantil, de capacitación, me ha permitido dar mejores respuestas a las mujeres.
20 años de los 16 Días
Históricamente, la Campaña de los 16 Días ha jugado un papel instrumental en emplear un marco de los derechos humanos para atraer la atención internacional al problema mundial de la violencia contra las mujeres. En los primeros años de la campaña (1991-1992), las activistas de los 16 Días iniciaron una petición internacional con el fin de hacer un llamado a las Naciones Unidas a colocar los problemas de los derechos humanos de las mujeres en la agenda de la Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos, que fue llevada a cabo en junio de 1993 en Viena, Austria. Antes de la apertura de la conferencia se había recopilado medio millón de firmas de 124 países y en 23 idiomas. La petición ayudó a conseguir una declaración formal en la Declaración de Viena de que los derechos humanos de las mujeres son derechos humanos y que la violencia contra las mujeres es una violación de derechos humanos. En 1999, la Campaña de los 16 Días formó parte de los esfuerzos exitosos para convencer a las Naciones Unidas a declarar el 25 de noviembre como el Día Internacional para la Eliminación de Violencia Contra las Mujeres. A nivel local, nacional y regional, las activistas han tenido éxito mediante sus actividades diversas, que incluyen campañas hacia los medios de comunicación, manifestaciones en los colegios y las universidades, exposiciones de arte, cabildeo hacia los/las funcionarios/as públicos/as, mesas redondas, obras teatrales, tribunales y talleres. Para información sobre los eventos realizados alrededor del mundo en los varios años en la campaña, por favor consultar los Calendarios de Actividades entre 1991 y 2009, que se puede encontrar en Internet:
http://www.cwgl.rutgers.edu/16days/kit09/calendar.html

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